Por M.L. GONZÁLEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Aquel agosto parecería uno cualquiera, como tantos de otros años, más si cabe en la aldea de Oriente de Birán. Pero no, el hijo de Lina, Fidel, cambió aquel verano para ensayar cómo se cambiaba el mundo.
Muy lejos de esa aldea, un poeta de Granada, Federico, perfilaba ese agosto el texto de una obra de teatro que hablaba de enfrentarse al opresor, usando cualquier medio, al precio que fuera necesario pagar (1).
De forma caprichosa, extraña, atemporal, el niño y el poeta conectaron.
El poeta eligió dedicar su talento y sus esfuerzos para que la vida fuera buena y justa para todos; no privilegiada para unos pocos. El niño de la aldea de Oriente, años más tarde, hizo exactamente lo mismo, muy lejos de Granada.
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Federico García Lorca y Fidel Castro Ruz, de niños, en Granada y Birán.
Al poeta le gustaba la gente, el pueblo al que pertenecía más allá de parentescos; se inspiraba en él para retratarlo, y para darle la dignidad que le negaban por sistema. Trabajó mucho para acercar la cultura a cuanto rincón perdido de su país pudo llegar. En la misma camioneta donde iban el resto de hombres y mujeres que creyeron, como él, que el cielo estaba cerca y que todas y todos tenían derecho a alcanzarlo.
El niño de la aldea, ya hombre, pudo hacer algo más ambicioso. Antes había tenido que enfundarse las botas y el fusil para ganar una muy desigual contienda, pero logró alfabetizar a tod@s l@s cuban@s y hacer de la cultura un derecho real para su pueblo, tal como soñó el poeta de Granada para el propio. Después vendrían el deporte, la sanidad y la educación gratuitas, el trabajo digno, el internacionalismo donde y cuando hiciera falta. Fidel y la Revolución cambiaron el paradigma político durante décadas, más allá de las fronteras de Cuba. Aún hoy ese paradigma sigue siendo referente para millones de personas en este planeta.
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Popularizar la cultura fue una constante en el quehacer de García Lorca. En la imagen aparece el poeta granadino.
Federico rechazó con todas sus fuerzas las guerras que le tocó vivir, pero seguro se habría puesto del lado del Ejército Rebelde, si le hubiera dado tiempo. Para Fidel, en cambio, la guerra fue el único camino que le dejaron transitar para poder construir un futuro distinto para Cuba y lo recorrió hasta la victoria, sin dudar ni un momento, confiando, apoyándose siempre en el pueblo. Federico, de haber podido, lo habría abrazado por ello.
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Fidel consideraba la cultura como un elemento fundamental para lograr la emancipación del pueblo cubano. De hecho, la alfabetización fue la primera gran campaña que llevó a cabo el Gobierno revolucionario tras derrocar al dictador Fulgencio Batista (apoyado por EEUU), el 1 de enero de 1959.
Federico defendió la igualdad entre hombres y mujeres, aborreció la intolerancia y las normas rancias de una sociedad que se rebeló y rasgó sus arapos para vestirse, durante apenas un suspiro en la Historia, de una libertad desconocida. Fidel, en su tiempo, tuvo el coraje de reconocer que en la nueva conciencia con que Cuba se vestía había costuras mal hechas que era imprescindible corregir y, además, dijo que la Revolución consistía en eso (2).
¿Estaremos a la altura?
Hace 90 años unos fascistas asesinaron a Federico. El poeta de Granada todavía no tiene un pedazo de tierra que lleve su nombre; nadie lo busca, aunque vive en cada comarca, en cada río y en cada piedra de España. Tenemos la obligación moral de reclamarlo.
Desde hace 67, otros fascistas acosan, bloquean o miran para otro lado mientras se asfixia a la Cuba que nació de Fidel y son unos criminales por hacerlo.
Hoy se cumple un siglo de vida de Fidel y él ya no está físicamente entre nosotros, pero quienes hemos crecido con su ejemplo tenemos, también, la obligación moral de mantener vivas y pujantes sus ideas. No va a ser fácil porque siempre lo es más rendirse; no va a ser fácil porque, lejos de asentir, tendremos que desmontar, sin concesiones, argumentos fatuos que no pueden alejarse más de la visión y de la talla política y humana del Comandante en Jefe.
Fidel, el niño que nació aquel agosto en la aldea de Oriente de Birán, habría tardado más en pestañear.
Hoy su nombre es mucho más que un país…..y a Lorca le habría gustado conocerlo.
Notas:
(1) En 1926, año del nacimiento de Fidel, Federico García Lorca se dedicó, entre otras muchas tareas, a perfilar el texto de la obra teatral Mariana Pineda, que había escrito entre 1923 y 1925. La obra se estrenaría un año más tarde, en 1927.
(2) ¿Qué es Revolución? Discurso pronunciado por Fidel el 1 de mayo del año 2000, Día Internacional de la clase obrera, en la Plaza de la Revolución de La Habana.
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