CANARIAS TAMBIÉN PAGA LA GUERRA DE TRUMP Y NETANYAHU: GASOLINA CARA, INFLACIÓN Y SALARIOS EN RETROCESO
El conflicto en Oriente Medio multiplica todas las debilidades estructurales de la economía canaria
La escalada bélica en Oriente Medio ya tiene consecuencias directas en Canarias: suben combustibles, repunta la inflación y aumenta la presión sobre hogares y empresas. El conflicto revela, una vez más, la debilidad estructural de una economía dependiente del exterior.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La guerra de Irán se libra a miles de kilómetros de Canarias, pero sus efectos se sienten en cada surtidor, en cada ticket del supermercado y en cada empresa que depende del transporte para sobrevivir. Lo que ocurre en Oriente Medio ha vuelto a demostrar una realidad incómoda: en una economía profundamente dependiente del exterior, cualquier sacudida internacional termina golpeando con especial dureza a la población trabajadora del archipiélago.
El conflicto desatado por Estados Unidos e Israel ha tensionado el mercado energético mundial, especialmente por la amenaza sobre el Estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo global. Cuando esa arteria tiembla, sube el precio del crudo. Y cuando sube el crudo, Canarias lo nota de inmediato.
Las islas cerraron marzo con una inflación interanual cercana al 3%, por debajo de la media estatal, pero con un repunte brusco en apenas un mes. Detrás de esa subida aparece un factor central: el encarecimiento de los carburantes y, con él, del conjunto de la cadena económica.
La gasolina sube primero, todo lo demás después
Los datos muestran un incremento rápido del precio de los combustibles desde el inicio de la guerra contra Irán. En pocos días, la gasolina y el gasóleo aumentaron entre siete y nueve céntimos por litro. Puede parecer una cifra moderada vista desde la estadística, pero en la vida diaria significa llenar el depósito por varios euros más cada semana.
Ese aumento no se queda en las estaciones de servicio. En Canarias, donde casi todos los productos llegan por barco o avión y luego deben distribuirse por carretera, el combustible es una pieza básica del precio final de cualquier producto. Si sube el transporte, sube la cesta de la compra. Si sube la logística, sube el coste de producir. Si sube la energía, se encarece toda la economía.
Por eso el conflicto no solo afecta al conductor particular. También alcanza al pequeño comercio, al repartidor autónomo, al agricultor que mueve mercancía, al pescador que sale a faenar y al hotel que recibe suministros cada día.
Una inflación que castiga más a quien menos tiene
Las cifras oficiales hablan de IPC, variaciones mensuales o tasas interanuales. Pero detrás de esos porcentajes hay una realidad social concreta: pérdida de poder adquisitivo.
Cuando los salarios no crecen al mismo ritmo que los precios, la población se empobrece aunque siga cobrando lo mismo. Ese es el fenómeno que vuelve a emerger en Canarias. Una parte cada vez mayor del sueldo se destina a cubrir gastos básicos: combustible, alimentación, alquiler, suministros.
Y como ocurre en casi todas las crisis inflacionarias, el golpe no se reparte por igual. Lo soportan con más dureza quienes ya vivían en el límite: familias obreras, pensionistas con ingresos bajos, trabajadores precarios, hogares monoparentales y autónomos con escaso margen financiero.
Canarias arrastra desde hace años elevadas tasas de pobreza y exclusión social. En ese contexto, una subida adicional de precios no es una molestia coyuntural: puede convertirse en un problema de supervivencia cotidiana.
La doble insularidad agrava el impacto
No todas las islas sufren igual. La geografía también marca diferencias económicas. En las islas no capitalinas y en muchas zonas periféricas, la dependencia del coche privado es mayor y las alternativas de transporte público son limitadas. Además, numerosos productos deben pasar por varios trayectos logísticos antes de llegar al consumidor final.
Eso significa que el llamado coste de la doble insularidad vuelve a hacerse visible. Cuando sube el combustible, subir en La Gomera, El Hierro, La Palma o Fuerteventura puede costar más que en los grandes núcleos de Tenerife o Gran Canaria.
La guerra, por tanto, no solo amplía desigualdades entre clases sociales. También profundiza desequilibrios territoriales ya existentes dentro del propio archipiélago.
Agricultura, pesca e industria: producir cuesta cada vez más
El sector primario canario vuelve a situarse entre los más perjudicados. No solo por el carburante necesario para maquinaria, transporte o faena pesquera, sino también por el aumento del precio de los fertilizantes, piensos e insumos industriales ligados al mercado energético internacional.
Para un agricultor o ganadero con márgenes estrechos, varios incrementos simultáneos pueden convertir la actividad en inviable. En la pesca ocurre algo parecido: salir al mar cuesta más, mientras vender mejor no siempre está garantizado.
La débil industria local, especialmente la agroalimentaria, también sufre. En una economía con escasa base productiva, cada shock externo refuerza la dependencia de importaciones y debilita aún más la producción interna.
Ese es uno de los grandes problemas estructurales de Canarias: consume mucho más de lo que produce y depende de cadenas exteriores para casi todo lo esencial.
Turismo: entre la oportunidad y la amenaza
El turismo, principal motor económico del archipiélago, vive una situación ambivalente.
Por un lado, Canarias puede beneficiarse del desvío de visitantes desde zonas percibidas como inestables. Cuando crece la inseguridad en destinos cercanos a Oriente Medio o el Mediterráneo oriental, las islas aparecen como refugio seguro para millones de europeos.
Pero al mismo tiempo el encarecimiento del combustible eleva el coste de los vuelos, de los paquetes vacacionales y de la operativa hotelera. Eso puede reducir estancias medias, contener gasto turístico o presionar márgenes empresariales.
En otras palabras: pueden llegar más turistas, pero dejar menos rentabilidad real si todo cuesta más producirlo. Además, el debate de fondo permanece intacto: una economía dependiente del turismo sigue siendo extremadamente vulnerable a cualquier crisis geopolítica, sanitaria o energética.
La respuesta del Gobierno canario
Ante la escalada de precios, el Gobierno autonómico ha aprobado un paquete de medidas de emergencia valorado inicialmente en cerca de 30 millones de euros, ampliable si la crisis continúa.
Entre las iniciativas destacan la rebaja del IGIC en combustibles y productos básicos, ayudas directas al sector primario e industrial, mejoras fiscales para pequeños autónomos y devoluciones reforzadas en impuestos ligados al combustible.
El objetivo es amortiguar el golpe y evitar que el shock internacional se traslade íntegramente al tejido social y productivo.
Se trata de medidas necesarias a corto plazo aunque insuficientes y con límites evidentes. Si la guerra se prolonga durante meses, el coste fiscal aumentará y las ayudas pueden resultar inútiles frente a una inflación persistente.
Además, reducir impuestos indirectos alivia temporalmente, pero no resuelve la raíz del problema: la dependencia energética y productiva del exterior.
El coste de tener una economía dependiente
Cada cierto tiempo, un acontecimiento externo recuerda la extrema fragilidad del modelo económico canario. Antes fue la pandemia. Después la inflación global. Ahora la guerra de Irán.
Cambia el detonante, pero no la vulnerabilidad de fondo. Canarias arrastra una fuerte dependencia energética del exterior, un peso excesivo del turismo dentro de su estructura productiva, una dependencia alimentaria e industrial, salarios bajos acompañados de elevadas tasas de precariedad laboral y una exposición permanente al coste del transporte derivada de su condición insular. Esa combinación explica por qué cada crisis internacional termina impactando con tanta intensidad sobre la economía y las condiciones de vida en el archipiélago.
La pregunta de fondo, por tanto, no es solo cuánto durará la guerra, ni cuánto subirá la gasolina. La pregunta es por qué Canarias continúa tan expuesta a decisiones tomadas a miles de kilómetros. La respuesta exige políticas de largo alcance: expansión de energías renovables, fortalecimiento del sector primario, reindustrialización selectiva, mejora salarial, diversificación económica y protección pública frente a shocks externos. Sin ese giro estratégico, cada nueva crisis repetirá la misma escena: beneficios concentrados arriba y sacrificios repartidos abajo. La guerra de Irán no ha creado los problemas de Canarias. Simplemente los ha dejado una vez más al descubierto.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La guerra de Irán se libra a miles de kilómetros de Canarias, pero sus efectos se sienten en cada surtidor, en cada ticket del supermercado y en cada empresa que depende del transporte para sobrevivir. Lo que ocurre en Oriente Medio ha vuelto a demostrar una realidad incómoda: en una economía profundamente dependiente del exterior, cualquier sacudida internacional termina golpeando con especial dureza a la población trabajadora del archipiélago.
El conflicto desatado por Estados Unidos e Israel ha tensionado el mercado energético mundial, especialmente por la amenaza sobre el Estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo global. Cuando esa arteria tiembla, sube el precio del crudo. Y cuando sube el crudo, Canarias lo nota de inmediato.
Las islas cerraron marzo con una inflación interanual cercana al 3%, por debajo de la media estatal, pero con un repunte brusco en apenas un mes. Detrás de esa subida aparece un factor central: el encarecimiento de los carburantes y, con él, del conjunto de la cadena económica.
La gasolina sube primero, todo lo demás después
Los datos muestran un incremento rápido del precio de los combustibles desde el inicio de la guerra contra Irán. En pocos días, la gasolina y el gasóleo aumentaron entre siete y nueve céntimos por litro. Puede parecer una cifra moderada vista desde la estadística, pero en la vida diaria significa llenar el depósito por varios euros más cada semana.
Ese aumento no se queda en las estaciones de servicio. En Canarias, donde casi todos los productos llegan por barco o avión y luego deben distribuirse por carretera, el combustible es una pieza básica del precio final de cualquier producto. Si sube el transporte, sube la cesta de la compra. Si sube la logística, sube el coste de producir. Si sube la energía, se encarece toda la economía.
Por eso el conflicto no solo afecta al conductor particular. También alcanza al pequeño comercio, al repartidor autónomo, al agricultor que mueve mercancía, al pescador que sale a faenar y al hotel que recibe suministros cada día.
Una inflación que castiga más a quien menos tiene
Las cifras oficiales hablan de IPC, variaciones mensuales o tasas interanuales. Pero detrás de esos porcentajes hay una realidad social concreta: pérdida de poder adquisitivo.
Cuando los salarios no crecen al mismo ritmo que los precios, la población se empobrece aunque siga cobrando lo mismo. Ese es el fenómeno que vuelve a emerger en Canarias. Una parte cada vez mayor del sueldo se destina a cubrir gastos básicos: combustible, alimentación, alquiler, suministros.
Y como ocurre en casi todas las crisis inflacionarias, el golpe no se reparte por igual. Lo soportan con más dureza quienes ya vivían en el límite: familias obreras, pensionistas con ingresos bajos, trabajadores precarios, hogares monoparentales y autónomos con escaso margen financiero.
Canarias arrastra desde hace años elevadas tasas de pobreza y exclusión social. En ese contexto, una subida adicional de precios no es una molestia coyuntural: puede convertirse en un problema de supervivencia cotidiana.
La doble insularidad agrava el impacto
No todas las islas sufren igual. La geografía también marca diferencias económicas. En las islas no capitalinas y en muchas zonas periféricas, la dependencia del coche privado es mayor y las alternativas de transporte público son limitadas. Además, numerosos productos deben pasar por varios trayectos logísticos antes de llegar al consumidor final.
Eso significa que el llamado coste de la doble insularidad vuelve a hacerse visible. Cuando sube el combustible, subir en La Gomera, El Hierro, La Palma o Fuerteventura puede costar más que en los grandes núcleos de Tenerife o Gran Canaria.
La guerra, por tanto, no solo amplía desigualdades entre clases sociales. También profundiza desequilibrios territoriales ya existentes dentro del propio archipiélago.
Agricultura, pesca e industria: producir cuesta cada vez más
El sector primario canario vuelve a situarse entre los más perjudicados. No solo por el carburante necesario para maquinaria, transporte o faena pesquera, sino también por el aumento del precio de los fertilizantes, piensos e insumos industriales ligados al mercado energético internacional.
Para un agricultor o ganadero con márgenes estrechos, varios incrementos simultáneos pueden convertir la actividad en inviable. En la pesca ocurre algo parecido: salir al mar cuesta más, mientras vender mejor no siempre está garantizado.
La débil industria local, especialmente la agroalimentaria, también sufre. En una economía con escasa base productiva, cada shock externo refuerza la dependencia de importaciones y debilita aún más la producción interna.
Ese es uno de los grandes problemas estructurales de Canarias: consume mucho más de lo que produce y depende de cadenas exteriores para casi todo lo esencial.
Turismo: entre la oportunidad y la amenaza
El turismo, principal motor económico del archipiélago, vive una situación ambivalente.
Por un lado, Canarias puede beneficiarse del desvío de visitantes desde zonas percibidas como inestables. Cuando crece la inseguridad en destinos cercanos a Oriente Medio o el Mediterráneo oriental, las islas aparecen como refugio seguro para millones de europeos.
Pero al mismo tiempo el encarecimiento del combustible eleva el coste de los vuelos, de los paquetes vacacionales y de la operativa hotelera. Eso puede reducir estancias medias, contener gasto turístico o presionar márgenes empresariales.
En otras palabras: pueden llegar más turistas, pero dejar menos rentabilidad real si todo cuesta más producirlo. Además, el debate de fondo permanece intacto: una economía dependiente del turismo sigue siendo extremadamente vulnerable a cualquier crisis geopolítica, sanitaria o energética.
La respuesta del Gobierno canario
Ante la escalada de precios, el Gobierno autonómico ha aprobado un paquete de medidas de emergencia valorado inicialmente en cerca de 30 millones de euros, ampliable si la crisis continúa.
Entre las iniciativas destacan la rebaja del IGIC en combustibles y productos básicos, ayudas directas al sector primario e industrial, mejoras fiscales para pequeños autónomos y devoluciones reforzadas en impuestos ligados al combustible.
El objetivo es amortiguar el golpe y evitar que el shock internacional se traslade íntegramente al tejido social y productivo.
Se trata de medidas necesarias a corto plazo aunque insuficientes y con límites evidentes. Si la guerra se prolonga durante meses, el coste fiscal aumentará y las ayudas pueden resultar inútiles frente a una inflación persistente.
Además, reducir impuestos indirectos alivia temporalmente, pero no resuelve la raíz del problema: la dependencia energética y productiva del exterior.
El coste de tener una economía dependiente
Cada cierto tiempo, un acontecimiento externo recuerda la extrema fragilidad del modelo económico canario. Antes fue la pandemia. Después la inflación global. Ahora la guerra de Irán.
Cambia el detonante, pero no la vulnerabilidad de fondo. Canarias arrastra una fuerte dependencia energética del exterior, un peso excesivo del turismo dentro de su estructura productiva, una dependencia alimentaria e industrial, salarios bajos acompañados de elevadas tasas de precariedad laboral y una exposición permanente al coste del transporte derivada de su condición insular. Esa combinación explica por qué cada crisis internacional termina impactando con tanta intensidad sobre la economía y las condiciones de vida en el archipiélago.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.79