LA GEOPOLÍTICA DEL DESPOJO Y EL OCASO DEL ORDEN UNIPOLAR: EUROPA COMO REHÉN ENERGÉTICO
"El poder militar atlantista se desangra en escenarios que no logra pacificar"
Para comprender la actual reconfiguración del tablero geopolítico mundial es preciso -afirma José Manuel Rivero - trascender la superficie de los acontecimientos bélicos y analizar la crisis estructural de hegemonía del bloque capitalista occidental desde una perspectiva materialista.
Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Para comprender la actual reconfiguración del tablero geopolítico mundial es preciso trascender la superficie de los acontecimientos bélicos y analizar la crisis estructural de hegemonía del bloque capitalista occidental desde una perspectiva materialista. Nos encontramos ante el choque ineludible entre un orden imperial en fase de declive relativo —capitaneado por los Estados Unidos y sostenido por su maquinaria de coerción militar y financiera, con la OTAN como brazo armado y la Unión Europea como espacio subalterno— y el emergente bloque de Estados soberanos que pugnan por consolidar un mundo multipolar: la Federación Rusa, la República Popular China, la República Islámica de Irán y la India. En esta encrucijada histórica, la Unión Europea ha abdicado de cualquier atisbo de autonomía estratégica para convertirse en un rehén energético y un mercado cautivo cuyo altísimo coste económico sirve exclusivamente para prolongar la agonía de la supremacía estadounidense en un escenario de deuda interna insostenible, que ya supera los 39 billones de dólares.
El punto de inflexión de esta subordinación, avalado por los propios informes de mercado del Financial Times, expone la realidad material del sometimiento con una claridad meridiana. Antes de 2022, la competitividad de la industria europea, y muy especialmente la alemana, descansaba sobre el suministro estable y asequible de energía rusa. La voladura del Nord Stream no fue un daño colateral, sino el acto de guerra económica más trascendental del siglo XXI: un sabotaje estratégico planificado para desmantelar de forma irreversible la soberanía industrial del viejo continente. Al dinamitar esta infraestructura, Washington ha forzado a Europa a sustituir el gas ruso por el costoso Gas Natural Licuado (GNL) norteamericano —vendido a precios de usura que cuadriplican el coste en origen—, condenando a las potencias europeas a sufragar con fondos públicos las cadenas de su propia esclavitud comercial. Como denunció el eurodiputado eslovaco Lubos Blaha, el objetivo de Washington era conquistar el mercado europeo para su gas licuado, y para lograrlo «lo que hay que hacer es bloquear todas las fuentes de gas procedentes de Rusia. En primer lugar, necesitan liquidar o eliminar el Nord Stream. Y lo hicieron».
Esta arquitectura de dependencia se proyecta con crudeza en el conflicto de Ucrania, donde el régimen de Kiev opera como un engranaje de intermediación para una colosal transferencia de rentas desde las arcas europeas hacia el complejo industrial-militar estadounidense. Lejos de la narrativa heroica simplificada, nos encontramos ante un Estado-Plataforma donde la guerra se ha convertido en un modelo de negocio. La corrupción estructural en Ucrania, caracterizada por sobreprecios en contratos de armamento y el desvío sistemático de fondos para el enriquecimiento de sus élites políticas, revela que el objetivo de Washington no es la paz, sino la prolongación del conflicto como mecanismo de renovación de sus propios inventarios y como barrera de contención contra cualquier competidor comercial en suelo europeo. La Fiscalía General ucraniana desmanteló en enero de 2026 un esquema de fraude multimillonario en el que una empresa privada, sin experiencia previa en manufactura, obtuvo contratos de defensa por 200 millones de euros y suministró minas defectuosas que estallaban en las manos de los soldados, provocando pérdidas de 70 millones de dólares a los contribuyentes ucranianos. Este caso es solo la punta del iceberg de un sistema de rapiña institucionalizada que la Unión Europea financia a costa de su propio bienestar social.
La ofensiva imperial, sin embargo, no se limita al frente oriental de Europa; se extiende con agresividad adaptativa hacia el Levante, Oriente Mediterráneo y el Golfo Pérsico. En Siria, la estrategia de expolio directo ha mutado hacia una arquitectura de dominación neo-colonial más sofisticada. Acuciado por su propio desgaste, el imperialismo estadounidense ha ido sustituyendo la ocupación militar directa por una hegemonía basada en la coerción diplomática y la asfixia económica. El objetivo es integrar al Estado sirio en la órbita del capital transnacional tras la caída del gobierno anterior, prometiendo una supuesta cooperación a cambio de subordinación geopolítica absoluta. Paralelamente, el país ha quedado expuesto como un espacio subalterno frente al expansionismo de Israel, que ha aprovechado el colapso institucional para violar sistemáticamente los acuerdos de separación territoriales. Siria ilustra así la nueva fase del ocaso unipolar: allí donde el imperio ya no puede sostener la ocupación directa, impone la dependencia financiera y delega el terror militar en sus gendarmes regionales.
Esta misma lógica de piratería estatal y agresión desesperada se despliega en múltiples frentes para intentar frenar la consolidación de potencias soberanas. Se manifestó con absoluta crudeza el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña de bombardeos masivos contra la República Islámica de Irán, en un intento fallido de decapitar a su liderazgo y neutralizar sus capacidades defensivas, en flagrante violación del Derecho Internacional y, concretamente, de la Carta de las Naciones Unidas. La primera oleada de ataques tuvo como blanco una reunión del alto mando en Teherán en la que se encontraban el Líder Supremo, el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y el comandante de la Guardia Revolucionaria, todos ellos abatidos en el bombardeo. Pero la dialéctica de la historia no obedece a los cálculos del Pentágono: en las horas siguientes, Irán respondió con una andanada de misiles balísticos y drones contra Israel y las bases estadounidenses en el Golfo, demostrando que la pretendida supremacía aérea israelí-estadounidense no se traduciría en una victoria rápida.
La extraordinaria capacidad de resistencia de Irán ha dejado al descubierto la fragilidad de la disuasión militar occidental. Dieciocho días después del inicio de las hostilidades,incluso, en la actualidad, la marina estadounidense seguía y sigue sin poder controlar el estratégico Estrecho de Ormuz. A pesar del mayor despliegue naval norteamericano en Oriente Medio desde 2003 —con los portaaviones Gerald R. Ford y Abraham Lincoln, apoyados por escuadrones de F-22 y F-35, anunciándose la llegada de nuevos portaviones- las aguas poco profundas, los campos de minas, las lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria y las tácticas de enjambre con drones de bajo coste neutralizaron la ventaja tecnológica de la flota invasora, obligándola a replegarse y alejarse del estrecho de Ormuz. El portaaviones, otrora símbolo indiscutido del poder yanqui, es hoy un activo vulnerable de una utilidad cuestionada frente a la tecnología asimétrica de las potencias emergentes.
Esta quiebra de la superioridad atlantista se replica en las montañas del sur del Líbano, donde Hezbolá mantiene una resistencia inquebrantable frente a la invasión israelí. La milicia libanesa ha demostrado que la maquinaria bélica sionista puede ser neutralizada mediante una disciplina táctica superior y un profundo enraizamiento popular, desbaratando los plazos de la ocupación y evidenciando los límites operativos del gendarme regional de Washington. En abril de 2026, el Secretario General de Hezbolá, Naim Qassem, reafirmó que la resistencia continuará «hasta el último aliento» y advirtió que «las localidades del norte de Israel nunca estarán seguras», en un desafío directo a la capacidad israelí de imponer una ocupación duradera.
Mientras el poder militar atlantista se desangra en escenarios que no logra pacificar, el núcleo duro de los BRICS avanza ineludiblemente en la construcción de mecanismos financieros alternativos. La liquidación de compras de crudo en yuanes, moneda china y las transacciones en monedas locales erosionan la centralidad del dólar como divisa hegemónica. En 2025, el comercio intra-BRICS superó el billón de dólares, con más del 67% liquidado en monedas nacionales; Rusia y China ya realizan cerca del 90 % de su intercambio bilateral en rublos y yuanes, mientras que Irán ha instituido un sistema de peaje de facto en el Estrecho de Ormuz, condicionando el paso seguro de los petroleros a pagos en yuanes. El intento de colonizar Europa y asfixiar económicamente al Sur Global está acelerando, paradójicamente, la desdolarización planetaria. El régimen imperialista estadounidense, en su actual fase de declive, recurre a la huida hacia adelante como única estrategia; sin embargo, la resistencia articulada de los pueblos soberanos está escribiendo, frente a la barbarie del despojo, las nuevas reglas irrevocables del mundo multipolar.
(*) José Manuel Rivero, Abogado y Analista Político.
Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Para comprender la actual reconfiguración del tablero geopolítico mundial es preciso trascender la superficie de los acontecimientos bélicos y analizar la crisis estructural de hegemonía del bloque capitalista occidental desde una perspectiva materialista. Nos encontramos ante el choque ineludible entre un orden imperial en fase de declive relativo —capitaneado por los Estados Unidos y sostenido por su maquinaria de coerción militar y financiera, con la OTAN como brazo armado y la Unión Europea como espacio subalterno— y el emergente bloque de Estados soberanos que pugnan por consolidar un mundo multipolar: la Federación Rusa, la República Popular China, la República Islámica de Irán y la India. En esta encrucijada histórica, la Unión Europea ha abdicado de cualquier atisbo de autonomía estratégica para convertirse en un rehén energético y un mercado cautivo cuyo altísimo coste económico sirve exclusivamente para prolongar la agonía de la supremacía estadounidense en un escenario de deuda interna insostenible, que ya supera los 39 billones de dólares.
El punto de inflexión de esta subordinación, avalado por los propios informes de mercado del Financial Times, expone la realidad material del sometimiento con una claridad meridiana. Antes de 2022, la competitividad de la industria europea, y muy especialmente la alemana, descansaba sobre el suministro estable y asequible de energía rusa. La voladura del Nord Stream no fue un daño colateral, sino el acto de guerra económica más trascendental del siglo XXI: un sabotaje estratégico planificado para desmantelar de forma irreversible la soberanía industrial del viejo continente. Al dinamitar esta infraestructura, Washington ha forzado a Europa a sustituir el gas ruso por el costoso Gas Natural Licuado (GNL) norteamericano —vendido a precios de usura que cuadriplican el coste en origen—, condenando a las potencias europeas a sufragar con fondos públicos las cadenas de su propia esclavitud comercial. Como denunció el eurodiputado eslovaco Lubos Blaha, el objetivo de Washington era conquistar el mercado europeo para su gas licuado, y para lograrlo «lo que hay que hacer es bloquear todas las fuentes de gas procedentes de Rusia. En primer lugar, necesitan liquidar o eliminar el Nord Stream. Y lo hicieron».
Esta arquitectura de dependencia se proyecta con crudeza en el conflicto de Ucrania, donde el régimen de Kiev opera como un engranaje de intermediación para una colosal transferencia de rentas desde las arcas europeas hacia el complejo industrial-militar estadounidense. Lejos de la narrativa heroica simplificada, nos encontramos ante un Estado-Plataforma donde la guerra se ha convertido en un modelo de negocio. La corrupción estructural en Ucrania, caracterizada por sobreprecios en contratos de armamento y el desvío sistemático de fondos para el enriquecimiento de sus élites políticas, revela que el objetivo de Washington no es la paz, sino la prolongación del conflicto como mecanismo de renovación de sus propios inventarios y como barrera de contención contra cualquier competidor comercial en suelo europeo. La Fiscalía General ucraniana desmanteló en enero de 2026 un esquema de fraude multimillonario en el que una empresa privada, sin experiencia previa en manufactura, obtuvo contratos de defensa por 200 millones de euros y suministró minas defectuosas que estallaban en las manos de los soldados, provocando pérdidas de 70 millones de dólares a los contribuyentes ucranianos. Este caso es solo la punta del iceberg de un sistema de rapiña institucionalizada que la Unión Europea financia a costa de su propio bienestar social.
La ofensiva imperial, sin embargo, no se limita al frente oriental de Europa; se extiende con agresividad adaptativa hacia el Levante, Oriente Mediterráneo y el Golfo Pérsico. En Siria, la estrategia de expolio directo ha mutado hacia una arquitectura de dominación neo-colonial más sofisticada. Acuciado por su propio desgaste, el imperialismo estadounidense ha ido sustituyendo la ocupación militar directa por una hegemonía basada en la coerción diplomática y la asfixia económica. El objetivo es integrar al Estado sirio en la órbita del capital transnacional tras la caída del gobierno anterior, prometiendo una supuesta cooperación a cambio de subordinación geopolítica absoluta. Paralelamente, el país ha quedado expuesto como un espacio subalterno frente al expansionismo de Israel, que ha aprovechado el colapso institucional para violar sistemáticamente los acuerdos de separación territoriales. Siria ilustra así la nueva fase del ocaso unipolar: allí donde el imperio ya no puede sostener la ocupación directa, impone la dependencia financiera y delega el terror militar en sus gendarmes regionales.
Esta misma lógica de piratería estatal y agresión desesperada se despliega en múltiples frentes para intentar frenar la consolidación de potencias soberanas. Se manifestó con absoluta crudeza el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña de bombardeos masivos contra la República Islámica de Irán, en un intento fallido de decapitar a su liderazgo y neutralizar sus capacidades defensivas, en flagrante violación del Derecho Internacional y, concretamente, de la Carta de las Naciones Unidas. La primera oleada de ataques tuvo como blanco una reunión del alto mando en Teherán en la que se encontraban el Líder Supremo, el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y el comandante de la Guardia Revolucionaria, todos ellos abatidos en el bombardeo. Pero la dialéctica de la historia no obedece a los cálculos del Pentágono: en las horas siguientes, Irán respondió con una andanada de misiles balísticos y drones contra Israel y las bases estadounidenses en el Golfo, demostrando que la pretendida supremacía aérea israelí-estadounidense no se traduciría en una victoria rápida.
La extraordinaria capacidad de resistencia de Irán ha dejado al descubierto la fragilidad de la disuasión militar occidental. Dieciocho días después del inicio de las hostilidades,incluso, en la actualidad, la marina estadounidense seguía y sigue sin poder controlar el estratégico Estrecho de Ormuz. A pesar del mayor despliegue naval norteamericano en Oriente Medio desde 2003 —con los portaaviones Gerald R. Ford y Abraham Lincoln, apoyados por escuadrones de F-22 y F-35, anunciándose la llegada de nuevos portaviones- las aguas poco profundas, los campos de minas, las lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria y las tácticas de enjambre con drones de bajo coste neutralizaron la ventaja tecnológica de la flota invasora, obligándola a replegarse y alejarse del estrecho de Ormuz. El portaaviones, otrora símbolo indiscutido del poder yanqui, es hoy un activo vulnerable de una utilidad cuestionada frente a la tecnología asimétrica de las potencias emergentes.
Esta quiebra de la superioridad atlantista se replica en las montañas del sur del Líbano, donde Hezbolá mantiene una resistencia inquebrantable frente a la invasión israelí. La milicia libanesa ha demostrado que la maquinaria bélica sionista puede ser neutralizada mediante una disciplina táctica superior y un profundo enraizamiento popular, desbaratando los plazos de la ocupación y evidenciando los límites operativos del gendarme regional de Washington. En abril de 2026, el Secretario General de Hezbolá, Naim Qassem, reafirmó que la resistencia continuará «hasta el último aliento» y advirtió que «las localidades del norte de Israel nunca estarán seguras», en un desafío directo a la capacidad israelí de imponer una ocupación duradera.
Mientras el poder militar atlantista se desangra en escenarios que no logra pacificar, el núcleo duro de los BRICS avanza ineludiblemente en la construcción de mecanismos financieros alternativos. La liquidación de compras de crudo en yuanes, moneda china y las transacciones en monedas locales erosionan la centralidad del dólar como divisa hegemónica. En 2025, el comercio intra-BRICS superó el billón de dólares, con más del 67% liquidado en monedas nacionales; Rusia y China ya realizan cerca del 90 % de su intercambio bilateral en rublos y yuanes, mientras que Irán ha instituido un sistema de peaje de facto en el Estrecho de Ormuz, condicionando el paso seguro de los petroleros a pagos en yuanes. El intento de colonizar Europa y asfixiar económicamente al Sur Global está acelerando, paradójicamente, la desdolarización planetaria. El régimen imperialista estadounidense, en su actual fase de declive, recurre a la huida hacia adelante como única estrategia; sin embargo, la resistencia articulada de los pueblos soberanos está escribiendo, frente a la barbarie del despojo, las nuevas reglas irrevocables del mundo multipolar.
(*) José Manuel Rivero, Abogado y Analista Político.





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.79