ALEMANIA: LA DERECHA Y LA ULTRADERECHA SE REENCUENTRAN UNA VEZ MÁS EN LA HISTORIA
¿Por qué la cuando la extrema derecha crece cuando sus rivales conservadores le copian su discurso?
Alemania llegará a las elecciones de 2029 en un momento decisivo. La mayor economía de Europa arrastra desde hace años señales de desgaste industrial, tensiones sociales por el encarecimiento de la vida, debates cada vez más duros sobre inmigración y seguridad, y una creciente desconfianza hacia los partidos tradicionales. En ese clima, los comicios no se decidirán solo entre siglas, sino entre dos grandes pulsiones: quienes buscan estabilidad dentro del modelo actual y quienes quieren castigar un sistema que consideran agotado. Este reportaje analiza cómo el conservadurismo alemán esta contribuyendo a "normalizar" a la extrema derecha y, de paso, preparar las condiciones para una futura alianza... como en 1933
POR HANSI QUEDNAU DESDE ALEMANIA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Durante años, una parte importante de la derecha alemana repitió una frase con la solemnidad de quien cree estar pronunciando una suerte de ley natural:
“Nosotros somos el dique frente a la extrema derecha”, se atrevía a proclamar ufana la "derecha civilizada" alemana
Lo decían especialmente en Baviera, donde la poderosa CSU gobernó durante décadas con la seguridad de un propietario que
pasea por su finca. Según ese relato, el conservadurismo bávaro garantizaba estabilidad, orden y prosperidad, y al mismo tiempo impedía que fuerzas ultras crecieran como en otros países europeos.
La realidad, sin embargo, ha seguido otro camino. La extrema derecha no solo creció en Alemania, sino que logró instalarse como actor central del debate político. Y lo hizo, en parte, porque los sectores conservadores decidieron copiar su lenguaje, asumir sus marcos ideológicos y desplazar la conversación pública hacia el terreno del miedo, la exclusión y el resentimiento.
Baviera no ha sido un muro contra la AfD. Ha sido, demasiadas veces, un autentico laboratorio de normalización.
CUANDO LA DERECHA JUEGA CON FUEGO
La historia europea ofrece una lección repetida: las derechas tradicionales creen que pueden utilizar a los extremistas como herramienta coyuntural, absorber su electorado o instrumentalizar su agenda. Piensan que controlan el proceso. Piensan que mandan ellos. Piensan que el monstruo podrá ser domesticado. Luego terminan descubriendo que el monstruo aprendió a hablar mejor que ellos.
Eso mismo está ocurriendo ahora con la Alternative für Deutschland. Nacida inicialmente como una fuerza euroescéptica, la AfD mutó rapidamente en un partido nacionalista radical, antiinmigración, obsesionado con la identidad étnica, hostil a los sindicatos, al ecologismo y a la memoria antifascista. Su evolución no ha sido un accidente. Ha sido la respuesta política reaccionaria a una crisis profunda del capitalismo europeo: precariedad, desigualdad, desconfianza institucional y miedo social.
En ese contexto, parte del conservadurismo alemán eligió una estrategia tan vieja como irresponsable: competir con la extrema derecha en lugar de combatir sus causas.
BAVIERA: EL TERRITORIO IDÓNEO PARA "EL EXPERIMENTO"
Baviera reúne condiciones particulares: alto peso industrial, riqueza comparativa, fuerte identidad regional, mundo rural conservador y una larga hegemonía de la Union Social Cristiana . Durante décadas la CSU vendió una fórmula política aparentemente exitosa: paternalismo económico, valores tradicionales, discurso duro en seguridad y capacidad de gestión.
Pero el neoli
alismo también pasó por Baviera. Privatizaciones, presión inmobiliaria, desigualdades territoriales, encarecimiento de la vida y desgaste de servicios públicos fueron erosionando el viejo pacto social. Cuando las certezas materiales se debilitan, las derechas suelen ofrecer identidad en lugar de justicia. Resulta más barato prometer orgullo nacional que vivienda pública. Es mucho más sencillo culpar al extranjero que enfrentarse al poder financiero. Y, ni que decir que más rentable hablar de fronteras que de salarios.
LA ESTRATEGIA DE COPIAR AL ADVERSARIO
En vez de responder al malestar social con redistribución, protección laboral o democratización económica, una parte de la derecha bávara endureció su discurso sobre inmigración, islam, delincuencia y “cultura alemana”. Pensó que así frenaría a la AfD. Pero ocurrió todo lo contrario.
Cuando el centro-derecha repite las tesis de la extrema derecha, no la debilita: la legitima. Le dice al votante que quizá esta exagera en las formas, pero que en el fondo tiene razón . Convierte prejuicios en opinión respetable. Traslada el eje del debate hacia posiciones reaccionarias. Es algo así como combatir una inundación abriendo más compuertas.
MARKUS SÖDER Y EL ARTE DE MIRAR A DOS BANDAS
Markus Söder representa esa ambivalencia moderna del conservadurismo europeo. Puede presentarse como dirigente institucional responsable y, según convenga, adoptar tonos duros en migración o seguridad. Un día posa de moderado centrista; al siguiente compite con ultras en retórica identitaria. No es una contradicción. Es puro cálculo.
Söder entiende que una parte del electorado teme a la AfD pero comparte algunos de sus prejuicios. Su misión política consiste en tranquilizar a los primeros sin incomodar demasiado a los segundos. El problema consiste en que ese equilibrio exige siempre normalizar ideas peligrosas. Se condena el extremismo abstracto mientras se reciclan sus mensajes concretos.
EL "CASO AIWANGER": POPULISMO RESPETABLE
Otro ejemplo fue Hubert Aiwanger, líder de Free Voters y socio de gobierno en Baviera. Aiwanger cultivó una imagen de hombre del pueblo, antiélites, ruralista, desconfiado del Estado central y próximo a un tipo de malestar que también capitaliza la AfD.
Cuando estallaron controversias sobre materiales antisemitas ligados a su juventud, no se produjo el rechazo contundente que cabría esperar en Alemania. Hubo relativización, victimismo y defensa táctica. Permaneció en el poder. El mensaje fue cristalino: ciertos escándalos históricos pesan menos que conservar votos a la derecha.
Así es como se degrada la memoria democrática. No con grandes discursos revisionistas, sino con pequeñas cobardías administrativas.
EICHWALD: CUANDO EL SÓTANO SE EMPEÑA EN SUBIR AL ESCENARIO
El caso de Alexander Eichwald mostró algo todavía más revelador. Su discurso de estética hitleriana en un acto juvenil ligado al entorno ultra no escandalizó por introducir ideas nuevas, sino por exhibir sin maquillaje códigos que otros prefieren insinuar.
![[Img #91303]](https://canarias-semanal.org/upload/images/04_2026/3046_nazis.jpg)
La AfD y sectores conservadores entendieron enseguida el problema: Eichwald rompía la regla principal de la nueva derecha europea. No mostrar demasiado. No decirlo tan claro. No convertir en espectáculo lo que debe circular como susurro. Por eso molestó tanto. No era una anomalía total. Era una indiscreción. Los fanáticos disciplinados siempre son más útiles que los fanáticos sinceros.
LA GRAN ESTAFA: PRESENTAR EL RACISMO COMO PREOCUPACIÓN CIUDADANA
Una de las operaciones ideológicas más eficaces de estos años consiste en traducir viejos prejuicios en lenguaje tecnocrático. Ya no se habla de superioridad racial. Se habla de “integración problemática”. Ya no se proclama nacionalismo agresivo. Se invoca “defensa cultural”. No se ataca abiertamente al pobre extranjero. Se menciona “presión sobre servicios públicos”. Ya no se culpa al capital por la crisis de vivienda. Se culpa al migrante que alquila una habitación.
Es la misma lógica reaccionaria con mejores modales. Y cuando partidos tradicionales adoptan ese idioma, ayudan a convertir la xenofobia en sentido común.
LO QUE NO QUIEREN DISCUTIR
La expansión de la AfD no puede explicarse solo por propaganda. Existe un suelo material. Décadas de políticas neoliberales debilitaron sindicatos, fragmentaron el trabajo, precarizaron juventudes y transformaron la política en gestión tecnocrática distante. Mucha gente siente que trabaja más y vive peor. Que paga más y recibe menos. Que nadie escucha.
Ese vacío social no lo llenó la izquierda. Lo explotó la extrema derecha desviando la rabia horizontalmente: contra inmigrantes, ecologistas, pobres urbanos o funcionarios menores. Pero el verdadero responsable —la concentración de riqueza y poder— quedó fuera de foco. Es el truco historico clásico: mientras te dedicas a mirar al vecino, los de arriba te vacían los bolsillos.
LA RESPONSABILIDAD DE LA DERECHA BÁVARA
La CSU y aliados no crearon por sí solos a la AfD, pero sí contribuyeron a su ascenso al legitimar parte de su marco político. Cuando un partido tradicional insiste en que el principal problema nacional es la migración, aunque gobierne bancos desregulados, fondos especulativos y grandes desigualdades, está preparando el terreno para quien prometa soluciones más brutales. La derecha convencional se encarga de allanar el camino; la extrema derecha lo recorre a toda velocidad.
¿Y LA IZQUIERDA?
Una perspectiva de izquierdas debería ser capaz de reconocer los abultados errores propios. Allí donde la izquierda abandonó barrios obreros, lenguaje claro y conflicto social concreto, otros terminaron comiéndole ese espacio con mentiras identitarias. No basta denunciar el racismo moralmente y en abstracto. Hay que derrotarlo materialmente.
Y para empezar eso implicaría necesariamente:
- empleo digno y negociación colectiva;
- vivienda pública masiva;
- servicios públicos fuertes;
- impuestos reales a grandes fortunas;
- democratización de medios y plataformas;
- seguridad social robusta;
- integración basada en derechos, no en guetos laborales.
Cuando la vida mejora, el odio venderá mucho menos.
BAVIERA COMO ADVERTENCIA EUROPEA
Lo que ocurre en Baviera no es un asunto local. Resume
una dinámica continental. En Francia, las derechas clásicas terminaron asumiendo los discursos de Marine Le Pen. En Italia, conservadores abrieron paso a los ultras. En España, la derecha conservadora, con cada vez mas intensidad ha ido calcando a Vox.
En los EEUU, el Partido Republicano ha concluido siendo engullido por el trumpismo.
El patrón, pues, se repite: la derecha cree instrumentalizar a la extrema derecha hasta que termina imitándola.
¿Es este un fenómeno social y politico nuevo? Nada más lejos de la historia del ultimo siglo. Nos bastaría con acercarnos a la historia de las decadas de los veinte y los treinta del pasado siglo XX para encontrar secuencias historicas clónicas con las que hoy nos están tocando vivir. Y no se trata de que la "historia se repita o no se repita". Lo que sí pueden repetirse, y, de hecho se repiten frecuentemente, son las condiciones politicas e intereses económicos que determinan el comportamiento de las clases sociales dominantes.
NO EXISTEN CORTAFUEGOS HECHOS DE GASOLINA
Baviera viene a demostrar que no existe forma inteligente de normalizar el odio. No hay versión responsable del chivo expiatorio. No existe una xenofobia que pueda ser administrada con eficacia democrática. En definitiva: no hay cortafuegos que se pueda hacer con gasolina.
La tarea de la izquierda no es solo denunciar a la AfD o a sus mas elegantes imitadores . Tendra necesariamente que consistir en recuperar los barrios obreros, las fabricas, las universidades, el lenguaje claro y conflicto social concreto. En reconstruir una mayoría social que vuelva innecesario el veneno reaccionario. Donde haya seguridad material, solidaridad y esperanza, el miedo pederá mercado.
Y esa continúa siendo la gran batalla de nuestro tiempo.
POR HANSI QUEDNAU DESDE ALEMANIA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Durante años, una parte importante de la derecha alemana repitió una frase con la solemnidad de quien cree estar pronunciando una suerte de ley natural:
“Nosotros somos el dique frente a la extrema derecha”, se atrevía a proclamar ufana la "derecha civilizada" alemana
Lo decían especialmente en Baviera, donde la poderosa CSU gobernó durante décadas con la seguridad de un propietario que
pasea por su finca. Según ese relato, el conservadurismo bávaro garantizaba estabilidad, orden y prosperidad, y al mismo tiempo impedía que fuerzas ultras crecieran como en otros países europeos.
La realidad, sin embargo, ha seguido otro camino. La extrema derecha no solo creció en Alemania, sino que logró instalarse como actor central del debate político. Y lo hizo, en parte, porque los sectores conservadores decidieron copiar su lenguaje, asumir sus marcos ideológicos y desplazar la conversación pública hacia el terreno del miedo, la exclusión y el resentimiento.
Baviera no ha sido un muro contra la AfD. Ha sido, demasiadas veces, un autentico laboratorio de normalización.
CUANDO LA DERECHA JUEGA CON FUEGO
La historia europea ofrece una lección repetida: las derechas tradicionales creen que pueden utilizar a los extremistas como herramienta coyuntural, absorber su electorado o instrumentalizar su agenda. Piensan que controlan el proceso. Piensan que mandan ellos. Piensan que el monstruo podrá ser domesticado. Luego terminan descubriendo que el monstruo aprendió a hablar mejor que ellos.
Eso mismo está ocurriendo ahora con la Alternative für Deutschland. Nacida inicialmente como una fuerza euroescéptica, la AfD mutó rapidamente en un partido nacionalista radical, antiinmigración, obsesionado con la identidad étnica, hostil a los sindicatos, al ecologismo y a la memoria antifascista. Su evolución no ha sido un accidente. Ha sido la respuesta política reaccionaria a una crisis profunda del capitalismo europeo: precariedad, desigualdad, desconfianza institucional y miedo social.
En ese contexto, parte del conservadurismo alemán eligió una estrategia tan vieja como irresponsable: competir con la extrema derecha en lugar de combatir sus causas.
BAVIERA: EL TERRITORIO IDÓNEO PARA "EL EXPERIMENTO"
Baviera reúne condiciones particulares: alto peso industrial, riqueza comparativa, fuerte identidad regional, mundo rural conservador y una larga hegemonía de la Union Social Cristiana . Durante décadas la CSU vendió una fórmula política aparentemente exitosa: paternalismo económico, valores tradicionales, discurso duro en seguridad y capacidad de gestión.
Pero el neoli
alismo también pasó por Baviera. Privatizaciones, presión inmobiliaria, desigualdades territoriales, encarecimiento de la vida y desgaste de servicios públicos fueron erosionando el viejo pacto social. Cuando las certezas materiales se debilitan, las derechas suelen ofrecer identidad en lugar de justicia. Resulta más barato prometer orgullo nacional que vivienda pública. Es mucho más sencillo culpar al extranjero que enfrentarse al poder financiero. Y, ni que decir que más rentable hablar de fronteras que de salarios.
LA ESTRATEGIA DE COPIAR AL ADVERSARIO
En vez de responder al malestar social con redistribución, protección laboral o democratización económica, una parte de la derecha bávara endureció su discurso sobre inmigración, islam, delincuencia y “cultura alemana”. Pensó que así frenaría a la AfD. Pero ocurrió todo lo contrario.
Cuando el centro-derecha repite las tesis de la extrema derecha, no la debilita: la legitima. Le dice al votante que quizá esta exagera en las formas, pero que en el fondo tiene razón . Convierte prejuicios en opinión respetable. Traslada el eje del debate hacia posiciones reaccionarias. Es algo así como combatir una inundación abriendo más compuertas.
MARKUS SÖDER Y EL ARTE DE MIRAR A DOS BANDAS
Markus Söder representa esa ambivalencia moderna del conservadurismo europeo. Puede presentarse como dirigente institucional responsable y, según convenga, adoptar tonos duros en migración o seguridad. Un día posa de moderado centrista; al siguiente compite con ultras en retórica identitaria. No es una contradicción. Es puro cálculo.
Söder entiende que una parte del electorado teme a la AfD pero comparte algunos de sus prejuicios. Su misión política consiste en tranquilizar a los primeros sin incomodar demasiado a los segundos. El problema consiste en que ese equilibrio exige siempre normalizar ideas peligrosas. Se condena el extremismo abstracto mientras se reciclan sus mensajes concretos.
EL "CASO AIWANGER": POPULISMO RESPETABLE
Otro ejemplo fue Hubert Aiwanger, líder de Free Voters y socio de gobierno en Baviera. Aiwanger cultivó una imagen de hombre del pueblo, antiélites, ruralista, desconfiado del Estado central y próximo a un tipo de malestar que también capitaliza la AfD.
Cuando estallaron controversias sobre materiales antisemitas ligados a su juventud, no se produjo el rechazo contundente que cabría esperar en Alemania. Hubo relativización, victimismo y defensa táctica. Permaneció en el poder. El mensaje fue cristalino: ciertos escándalos históricos pesan menos que conservar votos a la derecha.
Así es como se degrada la memoria democrática. No con grandes discursos revisionistas, sino con pequeñas cobardías administrativas.
EICHWALD: CUANDO EL SÓTANO SE EMPEÑA EN SUBIR AL ESCENARIO
El caso de Alexander Eichwald mostró algo todavía más revelador. Su discurso de estética hitleriana en un acto juvenil ligado al entorno ultra no escandalizó por introducir ideas nuevas, sino por exhibir sin maquillaje códigos que otros prefieren insinuar.
![[Img #91303]](https://canarias-semanal.org/upload/images/04_2026/3046_nazis.jpg)
La AfD y sectores conservadores entendieron enseguida el problema: Eichwald rompía la regla principal de la nueva derecha europea. No mostrar demasiado. No decirlo tan claro. No convertir en espectáculo lo que debe circular como susurro. Por eso molestó tanto. No era una anomalía total. Era una indiscreción. Los fanáticos disciplinados siempre son más útiles que los fanáticos sinceros.
LA GRAN ESTAFA: PRESENTAR EL RACISMO COMO PREOCUPACIÓN CIUDADANA
Una de las operaciones ideológicas más eficaces de estos años consiste en traducir viejos prejuicios en lenguaje tecnocrático. Ya no se habla de superioridad racial. Se habla de “integración problemática”. Ya no se proclama nacionalismo agresivo. Se invoca “defensa cultural”. No se ataca abiertamente al pobre extranjero. Se menciona “presión sobre servicios públicos”. Ya no se culpa al capital por la crisis de vivienda. Se culpa al migrante que alquila una habitación.
Es la misma lógica reaccionaria con mejores modales. Y cuando partidos tradicionales adoptan ese idioma, ayudan a convertir la xenofobia en sentido común.
LO QUE NO QUIEREN DISCUTIR
La expansión de la AfD no puede explicarse solo por propaganda. Existe un suelo material. Décadas de políticas neoliberales debilitaron sindicatos, fragmentaron el trabajo, precarizaron juventudes y transformaron la política en gestión tecnocrática distante. Mucha gente siente que trabaja más y vive peor. Que paga más y recibe menos. Que nadie escucha.
Ese vacío social no lo llenó la izquierda. Lo explotó la extrema derecha desviando la rabia horizontalmente: contra inmigrantes, ecologistas, pobres urbanos o funcionarios menores. Pero el verdadero responsable —la concentración de riqueza y poder— quedó fuera de foco. Es el truco historico clásico: mientras te dedicas a mirar al vecino, los de arriba te vacían los bolsillos.
LA RESPONSABILIDAD DE LA DERECHA BÁVARA
La CSU y aliados no crearon por sí solos a la AfD, pero sí contribuyeron a su ascenso al legitimar parte de su marco político. Cuando un partido tradicional insiste en que el principal problema nacional es la migración, aunque gobierne bancos desregulados, fondos especulativos y grandes desigualdades, está preparando el terreno para quien prometa soluciones más brutales. La derecha convencional se encarga de allanar el camino; la extrema derecha lo recorre a toda velocidad.
¿Y LA IZQUIERDA?
Una perspectiva de izquierdas debería ser capaz de reconocer los abultados errores propios. Allí donde la izquierda abandonó barrios obreros, lenguaje claro y conflicto social concreto, otros terminaron comiéndole ese espacio con mentiras identitarias. No basta denunciar el racismo moralmente y en abstracto. Hay que derrotarlo materialmente.
Y para empezar eso implicaría necesariamente:
- empleo digno y negociación colectiva;
- vivienda pública masiva;
- servicios públicos fuertes;
- impuestos reales a grandes fortunas;
- democratización de medios y plataformas;
- seguridad social robusta;
- integración basada en derechos, no en guetos laborales.
Cuando la vida mejora, el odio venderá mucho menos.
BAVIERA COMO ADVERTENCIA EUROPEA
Lo que ocurre en Baviera no es un asunto local. Resume
una dinámica continental. En Francia, las derechas clásicas terminaron asumiendo los discursos de Marine Le Pen. En Italia, conservadores abrieron paso a los ultras. En España, la derecha conservadora, con cada vez mas intensidad ha ido calcando a Vox.
En los EEUU, el Partido Republicano ha concluido siendo engullido por el trumpismo.
El patrón, pues, se repite: la derecha cree instrumentalizar a la extrema derecha hasta que termina imitándola.
¿Es este un fenómeno social y politico nuevo? Nada más lejos de la historia del ultimo siglo. Nos bastaría con acercarnos a la historia de las decadas de los veinte y los treinta del pasado siglo XX para encontrar secuencias historicas clónicas con las que hoy nos están tocando vivir. Y no se trata de que la "historia se repita o no se repita". Lo que sí pueden repetirse, y, de hecho se repiten frecuentemente, son las condiciones politicas e intereses económicos que determinan el comportamiento de las clases sociales dominantes.
NO EXISTEN CORTAFUEGOS HECHOS DE GASOLINA
Baviera viene a demostrar que no existe forma inteligente de normalizar el odio. No hay versión responsable del chivo expiatorio. No existe una xenofobia que pueda ser administrada con eficacia democrática. En definitiva: no hay cortafuegos que se pueda hacer con gasolina.
La tarea de la izquierda no es solo denunciar a la AfD o a sus mas elegantes imitadores . Tendra necesariamente que consistir en recuperar los barrios obreros, las fabricas, las universidades, el lenguaje claro y conflicto social concreto. En reconstruir una mayoría social que vuelva innecesario el veneno reaccionario. Donde haya seguridad material, solidaridad y esperanza, el miedo pederá mercado.
Y esa continúa siendo la gran batalla de nuestro tiempo.





























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