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COLOSAL DESCONCIERTO TRUMPISTA EN ORMUZ: EL PRESIDENTE DA ÓRDENES DE "TIRAR A MATAR"

La nueva "guerra de guerrillas" marítima iraní sorprende a Trump y convulsiona el tablero

Lo que durante años parecía imposible ya está ocurriendo en el estrecho de Ormuz: Irán ha inaugurado una nueva "guerra de guerrillas" marítima basada en lanchas rápidas, maniobras sorpresa y desgaste constante contra fuerzas muy superiores. Según el autor de este artículo, nuestro colaborador Manuel Medina, la irrupción de esta nueva táctica en el estrecho de Ormuz, ha desconcertado a Washington, elevando la tensión en la zona y demostrando que incluso los mayores imperios pueden perder la calma cuando es el adversario el que obliga a cambiar las reglas del juego.

 

POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Durante años, Washington y Tel Aviv han estado hablando de una hipotética “guerra final” contra Irán como quien comenta una operación quirúrgica limpia, rápida y sin complicaciones.

 

  Bombardeos precisos, superioridad tecnológica, mando absoluto del mar y del aire. Una especie de videojuego geopolítico donde los adversarios solo existen para perder. Pero la realidad, siempre grosera con los guiones prefabricados, acaba de irrumpir por el estrecho de Ormuz con motor fuera borda, maniobra veloz y olor a gasolina.

 

    Lo que se ha visto estos días no es un episodio menor, sino una novedad estratégica de gran calado: Irán ha trasladado al mar la lógica de la guerra de guerrillas. Y lo ha hecho en uno de los puntos más sensibles del planeta.

 

    El estrecho de Ormuz no es una esquina olvidada del mapa, sino la garganta por donde respira buena parte del comercio energético mundial. Allí, donde durante décadas se daba por hecho que solo mandaban los grandes portaaviones, han aparecido enjambres de lanchas rápidas, operaciones de captura y una presión táctica que rompe la vieja imagen de invulnerabilidad occidental.

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   No estamos ante una improvisación nacida del momento. Esto revela algo mucho más serio: Irán llevaba años preparándose para un choque desigual. Mientras sus enemigos soñaban con la guerra relámpago, Teherán estaba estudiando cómo convertir la inferioridad convencional en ventaja asimétrica. Es decir: si no puedes igualar al gigante en tonelaje, lo obligas a pelear en espacios estrechos; si no puedes competir en flotas clásicas, saturas con velocidad, dispersión e incertidumbre.

 

LA FLOTA MOSQUITO Y EL FIN DEL DESPRECIO

    La llamada “flota mosquito” iraní resume bien esa doctrina. No pretende dominar los océanos ni desfilar con estética imperial. Pretende algo más modesto y más eficaz: complicarle la vida al adversario hasta volver prohibitivo cualquier avance. Lanchas pequeñas, móviles, numerosas, difíciles de neutralizar en bloque, pero capaces de hostigar a unidades considerablemente superiores. Lo barato contra lo carísimo. Lo flexible contra lo mastodóntico.

 

   La historia militar —fuente de inspiración para los más clarividentes— está llena de estos momentos. Caballerías ligeras frente a ejércitos pesados. Guerrillas rurales frente a ocupantes mecanizados. Que se lo pregunten a los soviéticos, sin los que la victoria contra Hitler no hubiera sido posible. O a los vietnamitas.

 

   Ahora ha venido a  sumarse una versión marítima del mismo principio. Irán parece haber entendido que en ciertas guerras no gana quien más posee, sino quien obliga al otro a gastar más, dudar más y exponerse más.

 

   Y aquí aparece el dato central: durante mucho tiempo se presentó a Irán como una potencia aparatosa pero atrasada, ruidosa pero ineficiente. Sin embargo, cuando ha llegado la presión real, lo que emerge es una estructura paciente, adaptada y con pensamiento operacional propio. Quienes se burlaban de las lanchas hoy descubren que una lancha en el lugar correcto vale más que un discurso en una rueda de prensa.

 

 

TRUMP Y EL ARTE DE GRITAR CUANDO NO ENTIENDES

   En este contexto ha irrumpido Donald Trump con una de esas órdenes que parecen redactadas por un guionista cansado: “¡disparen a matar!” a los barcos que minen Ormuz. También añadió que Irán no sabe siquiera “quién es su líder”. El mensaje tenía el tono habitual del personaje: mucho verbo, mucha mayúscula emocional y esa convicción infantil de que subir la voz equivale a recuperar el control.

 

    Pero las amenazas desmesuradas suelen delatar lo contrario: desconcierto. Cuando una potencia domina la situación, calcula. Cuando no la domina, vocifera. El problema para Trump es que la escena no encaja en su teatro favorito. Él se mueve cómodo en el mundo binario del ultimátum: yo exijo, tú cedes. Sin embargo, Irán juega a otra cosa: desgastar, desordenar, mover el tablero y obligar al rival a reaccionar tarde.

 

   La orden de “tirar a matar” no transmite fortaleza serena, sino irritación. Es el equivalente geopolítico de golpear la mesa porque las piezas no obedecen. Y hay algo casi cómico en ver al autoproclamado maestro de la negociación enfrentado a un rival que no le concede ni siquiera el lujo de una negociación clara.

 

   Trump imaginaba partidas de póker televisadas. Se ha encontrado con  ajedrez en aguas estrechas.

 

 

LA GUERRA FINAL QUE NO LLEGA NUNCA

   Durante años se insistió en que Irán sería doblegado por sanciones, aislamiento, amenazas y demostraciones de fuerza. Después vendría la rendición o el colapso interno. Nada de eso ocurrió en la forma prometida. Lo que sí ocurrió fue una lenta adaptación iraní: diversificación logística, fortalecimiento regional, doctrina de represalia escalonada y capacidad de perturbar nodos estratégicos.

 

    Eso obliga a revisar una vieja ilusión imperial: creer que el tiempo siempre trabaja a favor del poderoso. A veces sucede lo contrario. El tiempo permite al acosado aprender, cavar trincheras invisibles, ensayar respuestas, convertir carencias en método. Mientras unos repetían consignas, otros hacían deberes.

 

   Por eso la novedad en Ormuz importa tanto. No es solo una mera maniobra naval. Es la demostración visible de una preparación silenciosa. Es el instante en que años de trabajo subterráneo emergen a la superficie del agua.

 

 

EL PRECIO DEL MANDO ABSOLUTO

    Toda hegemonía militar se sostiene también en una ficción psicológica: la idea de que nada serio puede desafiarla. Cuando esa ficción se agrieta, cada incidente pesa más. Un dron derribado, un buque retenido, una ruta amenazada, una respuesta retrasada. El problema no es únicamente material; es reputacional.

 

    Estados Unidos sigue poseyendo una capacidad militar gigantesca. Nadie va a discutir eso. Lo nuevo es que algunos actores regionales, - otros no-, han aprendido a elevar los costes de esa superioridad. Ya no necesitan vencer frontalmente. Les basta con volver incómoda la victoria ajena.

 

    Y esa es precisamente la pesadilla estratégica de Washington: guerras que no puede ganar limpiamente y retiradas que no puede admitir elegantemente.

 

 

EN AGUAS REVUELTAS

    Quizá lo más revelador de estas horas no sea lo que hace Irán, sino lo que revela de sus adversarios. Quienes prometían una guerra final descubren que las guerras reales empiezan llenas de niebla, errores y sorpresas. Quienes despreciaban al enemigo ahora le dedican amenazas nerviosas. Quienes hablaban de orden contemplan desorden.

 

   Y Trump, fiel a su estilo, responde como siempre: con frases de sheriff en una película donde ya nadie sigue el guion. El problema es que Ormuz no es un plató. Allí las lanchas no leen encuestas, los estrechos no obedecen mítines y la geografía no se intimida con un tuit.

 

   A veces la historia avanza así: una superpotencia grita desde el puente de mando mientras unas pequeñas embarcaciones le recuerdan que el mar también sabe reírse.

 

Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa misma materia y coautor  del libro de reciente aparición "El Gran Reajuste", editado por Amazon.

 

SORPRESAS IRANÍES

Lanchas contra portaaviones
Lo pequeño también muerde.

Ormuz en modo laberinto
El gigante no encuentra la salida.

Lo barato mete miedo
Millones contra miles de millones.

Trump grita, Irán maniobra
Cada uno juega a lo suyo.

Guerrilla en el mar
El manual viejo ya no sirve.

Nervios en Washington
Cuando sobran amenazas, falta control.

Golpe psicológico
No hunden barcos: hunden certezas.

Nueva regla regional
El débil aprendió a incomodar

 

 

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