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Lunes, 20 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

LUKASHENKO: “METERSE EN CUBA PODRÍA RESULTAR MUY CARO PARA EEUU”.

"Cuba está cerca de la mansión del presidente... Cuba no estaría sola, habrá naciones que la apoyen discretamente”. avisó Lukashenko

La advertencia lanzada desde Bielorrusia sobre una intervención en Cuba parece mucho más que una frase diplomática. Detrás de ella parece asomar el regreso del Caribe como zona caliente de la disputa mundial.

 

POR VICTORIA MARTÍNEZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Las recientes declaraciones del presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, reproducidas por la Agencia de prensa [Img #91149]cubana Prensa Latina,  no parecen  haber caído en el vacío. Menos aún cuando estas se han referido a Cuba, a Estados Unidos y a una eventual guerra en el Caribe.

 

   Esta misma semana, el primer mandatario bielorruso lanzó lo que ha sido generalmente interpretado como una advertencia directa a EEUU:

 

“Meterse en Cuba podría resultar muy caro para EEUU”.

   

   No parecía ser una frase improvisada, ni tampoco un gesto retórico menor. Sonaba más a una señal política cuidadosamente emitida desde Minsk.

 

NO HABLA SOLO DE CUBA: HABLA DEL MUNDO

   Cuando un dirigente situado en el ámbito estratégico de Rusia, menciona el coste de una intervención estadounidense en Cuba, no está describiendo solo una hipótesis militar. Está enviando, además, tres mensajes simultáneos.

 

    El primero va dirigido a Washington: cualquier aventura sobre la isla podría tener consecuencias imprevisibles. En sus declaraciones, Lukashenko recordó que

Cuba no estaría sola y que “habrá naciones que la apoyen discretamente”.

   Traducido al lenguaje geopolítico: una intervención podría abrir un nuevo frente internacional, político, económico e incluso logístico.

 

   El segundo mensaje va dirigido a La Habana: no está aislada. En un momento de presión energética, sanciones y asfixia económica, estas palabras funcionan como respaldo diplomático. No prometen tropas, pero sí acompañamiento.

 

    El tercero se dirige al llamado Sur Global: el tiempo de las invasiones fáciles ha terminado. El mundo actual ya no es el de 1991, cuando una sola potencia imponía su voluntad casi sin resistencia.

 

¿ES REAL UNA INVASIÓN?

    Hablar de invasión total quizá sea exagerado. Estados Unidos  es conocedor de los costes políticos de abrir guerras cercanas, largas e impopulares. Además, Cuba no es Irak ni Panamá. Está a noventa millas de Florida, con enorme carga simbólica para la política interna estadounidense y con capacidad de convertir cualquier conflicto en una crisis continental.

 

    Lo más probable no sería un desembarco clásico, sino que podrían ser fórmulas híbridas: bloqueo más duro, operaciones encubiertas, incidentes fabricados, guerra psicológica, sabotaje económico, apoyo a una desestabilización interna o, incluso, una guerra aérea selectiva. Es decir, métodos menos visibles y más baratos.

 

   Precisamente por eso, la frase de Lukashenko resulta llamativa: intenta elevar el precio previo de cualquier escalada. Recordarle a Washington que incluso una operación limitada podría desbordarse.

 

EL FANTASMA DE 1962

     Cada vez que Cuba entra en la ecuación estratégica, aparece la sombra de la Crisis de los Misiles. Entonces el Caribe estuvo al borde del abismo. Hoy el contexto es muy distinto, pero la lógica de fondo permanece: cuando una gran potencia aprieta demasiado cerca de otra zona sensible, la respuesta puede llegar por los lugares más inesperados.

 

    Lukashenko subrayó igualmente que Cuba está “cerca de la mansión del presidente”. La frase no parece ser casual. Está diciendo que la geografía importa. Lo que sucede en el Caribe repercute dentro de Estados Unidos, electoralmente, mediáticamente y también en términos de seguridad personal: la mansión maimense de Trump podría estar "al alcance de proyectil".

 

UNA ADVERTENCIA CON TONO DE ENSAYO GENERAL

    También cabe otra lectura más amplia. Quizá Lukashenko no esté hablando solo de Cuba, sino ensayando el discurso de una futura etapa internacional donde los aliados de Washington serán presionados en distintas regiones y sus rivales responderán señalando vulnerabilidades recíprocas.

 

   En otras palabras: si Estados Unidos aprieta en Eurasia, otros recordarán que también tiene fronteras sensibles y zonas próximas expuestas.

 

   Las declaraciones de Lukashenko, en cualquier caso, no permiten "hacerse ilusiones". Antes del 3 de enero, no  eran pocos los personajes  que se atrevían a citar las armas rusas y chinas que resultarían disuasorias para Washington a la hora de decidir su intervención militar en Venezuela. Y luego sucedió lo que sucedió;  entraron con helicópteros, secuestraron al mandatario caribeño y desde las baterías venezolanas no se disparó un solo tiro. 

 

     Cuba, por múltiples razones que no viene al caso citar ahora,  no es Venezuela. Todo indica que, pese a haber sido uno de los pueblos más solidarios del planeta, no está esperando que su defensa vaya a depender de lo que se haga por ellos desde el exterior. Y todo anuncia que esa Revolución va a ser defendida por los propios cubanos. 

 

   Pero aunque las palabras de Lukashenko no están anunciando necesariamente una guerra,  sí revelan que Cuba vuelve a ocupar un lugar simbólico en el tablero global. Cuando un dirigente extranjero advierte públicamente a Washington sobre la Isla, significa que el conflicto entre potencias ya está apuntando a proyectarse nuevamente sobre el Caribe.

 

 

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