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EL SIGNIFICADO DE LAS BOMBAS ATÓMICAS DE EE.UU. CONTRA JAPÓN

"El Gobierno de los EE.UU. quería asegurarse la superioridad estratégica ante la Unión Soviética"

El 26 de julio de 1945, los gobiernos de los EE.UU., Inglaterra y China enviaron al Japón un ultimátum conocido en la historia por el nombre de la Declaración de Potsdam. En él se exponían las condiciones en las que debería capitular Japón.

Por FEDERICO RUBIO HERRERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

   El 26 de julio de 1945, los gobiernos de los EE.UU., Inglaterra y China enviaron al Japón un ultimátum conocido en la historia por el nombre de la Declaración de Potsdam. En él se exponían las condiciones en las que debería capitular Japón: Separación de los militaristas del poder y supresión de su influencia; ocupación de los lugares señalados por los aliados; limitación de la soberanía japonesa a las islas de la metrópoli; resurgimiento y robustecimiento de las tendencias democráticas en el país; castigo de los criminales de guerra; supresión de la industria de guerra, y otras condiciones. Una de las exigencias principales era la capitulación incondicional de todas las Fuerzas Armadas japonesas. La declaración de Potsdam fue elaborada sin la participación de la URSS. No obstante, su contenido estaba en plena consonancia con los intereses de la Unión Soviética, y por ello se sumó a la Declaración el 8 de agosto de 1945.

 

   El Gobierno japonés rechazó la Declaración de Postdam. El 28 de julio, en una conferencia de prensa, el primer ministro de Japón, K. Suzuki, expresando la actitud del Gobierno respecto a esta declaración, dijo: "Hacemos caso omiso de ella. Seguiremos adelante con insistencia para acabar victoriosamente la guerra".

 

  El gabinete Suzuki decidió continuar combatiendo porque confiaba en la ruptura de la coalición antifascista. Con este fin, representantes japoneses sostuvieron conversaciones secretas con los EE.UU. y Gran Bretaña, trataban de mantener el poder imperial después de la guerra. En esencia, el Gobierno de Truman dió su conformidad. Solo la negativa de Japón a aceptar la exigencia de la capitulación incondicional hizo que las conversaciones con los EE.UU. no reportaran el resultado apetecido. Al mismo tiempo, las esferas gobernantes del Japón trataron vanamente de utilizar a la URSS como mediadora entre los EE.UU. y ellos. El Gobierno soviético informó en la Conferencia de Potsdam a las delegaciones norteamericana y británica de las maniobras diplomáticas del Japón. Fracasaron de nuevo las tentativas de romper la coalición antifascista.

 

   En el verano de 1945, el Gobierno de los EE.UU. decidió emplear en la guerra contra Japón la bomba atómica, inventada poco antes por científicos norteamericanos. Acordó hacerlo, aunque Japón estaba a punto de capitular y a pesar de que su destino había sido decidido por todo el curso de la segunda guerra mundial y de que la URSS entraría días después en la lucha contra este país, por las declaraciones de su Ministro de Defensa H. Stimson, aludiendo a las numerosas bajas que podrían tener si invadieran las principales islas japonesas.

 

   La primera bomba norteamericana estalló sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Su cegadora y ensordecedora explosión encendió el cielo e hizo temblar la tierra. Toda la ciudad quedó envuelta en enormes nubes de humo y polvo radioactivo. Cuando se disiparon las tinieblas, apareció un pavoroso espectáculo. Hiroshima yacía en ruinas. Por doquier se amontonaban cadáveres carbonizados. El 9 de agosto, los norteamericanos arrojaron la segunda bomba atómica sobre la ciudad costera de Nagasaki. El mismo cuadro apocalíptico. A consecuencia de los bombardeos atómicos de estas dos ciudades fueron muertos y horriblemente mutilados 447.300 civiles.

 

   Los círculos imperialistas norteamericanos habían perpetrado un crimen inaudito en la historia de la humanidad. El bombardeo atómico de las ciudades japonesas, su conversión en polígonos de experimentación de las armas nucleares fue un acto de absurda crueldad. El Gobierno de los EE.UU. quería asegurarse la superioridad estratégica ante todo sobre la Unión Soviética. Según el Gobierno norteamericano, la explosión de las bombas atómicas debería elevar su autoridad como único poseedor de la nueva y potente arma. Es justa la afirmación de los historiadores japoneses de que "el empleo de la bomba atómica fue para los Estados Unidos más que la última operación militar en la segunda guerra mundial, la primera seria batalla en la guerra fría que sostenían contra la URSS.

 

  Más el empleo de la bomba atómica por el Gobierno estadounidense no produjo en las esferas gobernantes del Japón el efecto que aquel esperaba. Al Gobierno japonés le inquietaba mucho más la actitud de la Unión Soviética respecto a ellos. Esta actitud fue conocida muy pronto en todo el mundo. El 8 de agosto el Gobierno de la URSS hizo una declaración en la que anunciaba la entrada en la guerra contra Japón.

 

Fuente: VV.AA-Instituto de Marxismo-Leninismo. Moscú.         

 
 
 
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