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LA SEGUNDA MUERTE DE HUGO CHÁVEZ: EL FMI SE PREPARA PARA RECIBIR A UNA VENEZUELA ENTREGADA POR SU ÉLITE (VÍDEO)

"La ruptura con el FMI fue uno de los elementos definitorios del proyecto político impulsado por Chávez"

La disposición del Fondo Monetario Internacional a normalizar relaciones con Venezuela constituye mucho más que una noticia económica. Supone la confirmación de que el país que bajo Hugo Chávez convirtió su ruptura con el FMI en símbolo de soberanía antiimperialista se encamina ahora, bajo el nuevo gobierno tutelado por Washington, hacia su reintegración en la misma arquitectura financiera que durante décadas ha operado como instrumento de dominación estadounidense sobre los pueblos del Sur.

Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

[Img #91068]     Según ha informado Bloomberg -la agencia estadounidense especializada en información financiera y económica- el Fondo Monetario Internacional ha comenzado a consultar a sus países miembros para avanzar hacia el restablecimiento de relaciones formales con Venezuela, en un proceso destinado a normalizar plenamente sus vínculos con Caracas después de más de veinte años de ruptura financiera e institucional.

 

    La noticia, que se conocía apenas días después de que Donald Trump alabara públicamente su nueva relación con Venezuela y asegurara que esta funciona “de maravilla”, constituye otra señal inequívoca sobre la naturaleza del nuevo régimen surgido en Caracas tras la intervención estadounidense y sobre el lugar que hoy vuelve a ocupar Venezuela en el tablero internacional.

 

 

"La restauración del viejo orden no ha llegado de la mano de la derecha tradicional, sino de una élite que invoca a Chávez mientras ejecuta su negación más completa"

 

 

UNA INSTITUCIÓN DOMINADA POR LOS ESTADOS UNIDOS

   Conviene, en primer lugar, no engañarse sobre el significado de estos movimientos. Como es sobradamente conocido, en el FMI no ocurre nada relevante sin el visto bueno de Washington. Estados Unidos no solo controla en torno al 16,5 % de los derechos de voto del organismo, sino que dispone de poder de veto de facto sobre todas sus decisiones estratégicas. Cuando el Fondo activa un proceso dirigido a reincorporar a un país a su órbita, no estamos ante un procedimiento técnico autónomo ni ante una casual coincidencia diplomática: nos encontramos ante la expresión institucional de una decisión política tomada por la potencia que domina la arquitectura financiera internacional.

 

   Dicho de forma clara: si el FMI se apresta a abrir nuevamente sus puertas a Venezuela es porque Estados Unidos ha decidido que el actual gobierno venezolano ya resulta plenamente aceptable para sus intereses.

 

   Pocas noticias podrían simbolizar mejor, por tanto, hasta qué punto se ha consumado ya, a una velocidad de vértigo, una buena parte de la “transición” política en Venezuela que tutelan Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio.

 

DEL ANTIIMPERIALISMO DE CHÁVEZ A LA VIEJA SUMISIÓN NEOCOLONIAL

  Durante años, la ruptura con el FMI fue uno de los elementos definitorios del proyecto político impulsado por Hugo Chávez. No se trataba de una diferencia secundaria ni de un simple desacuerdo técnico sobre política económica.

 

    En consonancia con su planteamiento político antiimperialista, Chávez identificaba acertadamente al Fondo Monetario Internacional como uno de los principales instrumentos de dominación sobre América Latina, utilizado por Washington para mantener la subordinación histórica de la región sobre lo que siempre ha considerado su “Patio Trasero”.

 

   La justificada hostilidad de Chávez hacia el Fondo Monetario tenía, además, raíces profundas en la propia memoria histórica venezolana. Para millones de ciudadanos de ese país, el FMI no era una mera abstracción geopolítica, sino el organismo asociado al paquete de ajuste neoliberal de 1989 que desembocó en el Caracazo: aquella brutal explosión social reprimida a sangre y fuego tras la subida de combustibles, el encarecimiento del transporte y la aplicación de medidas draconianas alineadas con las recetas del Fondo.

 

 

"En Venezuela, el FMI  representa el recuerdo del Caracazo, de la represión que se ejerció contra el pueblo que se rebeló contra sus recetas"

 

 

   No es casual que Chávez evocara una y otra vez aquel episodio como demostración de lo que significaba someter la política económica nacional a los dictados de las instituciones de Bretton Woods. Bajo el gobierno del hoy difunto comandante, Venezuela canceló anticipadamente su deuda con el FMI, rompió toda cooperación financiera sustantiva con el organismo y anunció en 2007 su salida política del Fondo y del Banco Mundial, a los que denunció abiertamente como herramientas del dominio estadounidense sobre los pueblos del Sur.

 

   Aquella ruptura formaba parte de una estrategia más amplia de construcción de soberanía económica y de búsqueda de mecanismos alternativos de financiación e integración regional. El impulso al Banco del Sur respondía precisamente a esa lógica: crear instituciones propias capaces de sustraer a América Latina de la tutela del capital financiero internacional.

 

  Que ahora el FMI abra el proceso para reincorporar a Venezuela a su órbita no puede interpretarse, por tanto, como un simple ajuste pragmático. Constituye la negación práctica de uno de los pilares fundacionales del chavismo histórico, el antiimperialismo, y la constatación de la premura con la que la actual cúpula “encargada” del país se apresta a cumplir los dictados de Washington. 

 

 

FMI: EL ROSTRO FINANCIERO DEL IMPERIALISMO

  La magnitud de este giro solo puede entenderse si se profundiza un poco más en lo que representa el Fondo Monetario Internacional.

 

  Pese a la imagen tecnocrática y neutral con la que suele presentarse, el FMI ha sido durante décadas uno de los principales instrumentos de disciplinamiento económico de los países periféricos o del hoy llamado Sur Global.  Desde la crisis de la deuda de los años ochenta, su papel como gran gendarme financiero del capitalismo global quedó acreditado en América Latina, África y Asia.

 

  Su método de actuación ha sido siempre esencialmente el mismo. Cuando un país del Sur entra en dificultades financieras y necesita acceso a divisas o refinanciación, el Fondo ofrece “apoyo” a cambio de “reformas estructurales” que casi invariablemente implican austeridad fiscal, reducción del gasto público, privatizaciones, liberalización comercial y financiera, apertura al capital extranjero y subordinación de la política económica al pago de la deuda y a la confianza de los “mercados”.

 

    Autores como Éric Toussaint, entre otros, han descrito con detalle cómo este mecanismo convierte la deuda en un instrumento de subordinación política y económica de los Estados periféricos. El FMI no actúa como árbitro neutral ni como simple prestamista técnico: opera como garante de los intereses de acreedores, grandes inversores y las potencias dominantes, utilizando la necesidad financiera de los países endeudados para imponerles marcos de política favorables al capital transnacional.

 

 

"El ‘apoyo’ del Fondo siempre llega con una factura: recortes, privatizaciones y subordinación económica"

 

 

   Pero el poder del FMI no se ejerce únicamente sobre quienes aceptan sus préstamos. También se manifiesta, y de forma especialmente reveladora, en el trato dispensado a aquellos gobiernos que se niegan a someterse a su disciplina o que mantienen políticas incompatibles con el orden financiero dominado por Occidente. Países considerados "hostiles" o no alineados con la arquitectura imperial —como Cuba, excluida históricamente del Fondo, o la propia Venezuela durante la etapa de ruptura abierta con el chavismo— han permanecido al margen de sus mecanismos de financiación y bajo permanente presión económica y diplomática.

 

    El mensaje que los grandes capitales internacionales transmiten a través de este instrumento es tan simple como brutal: quien acepta las reglas del sistema accede al crédito, al reconocimiento y a lanormalización” internacional; quien desafía esas reglas queda aislado financieramente, privado de apoyo y sometido a una presión destinada a forzar su capitulación o su reemplazo político.

 

   También por ello, el hecho mismo de que el Fondo se disponga ahora a normalizar relaciones con la Venezuela de Delcy Rodríguez posee un significado político imposible de ignorar.

 

LA CONFIRMACIÓN DE QUE VENEZUELA CAMINA HACIA SU REINTEGRACIÓN EN EL ORDEN IMPERIAL

   En los últimos meses, el gobierno de Rodríguez ha desplegado una batería de reformas aceleradas orientadas a abrir al capital extranjero —y, en particular, a las multinacionales estadounidenses— sectores estratégicos como el petróleo, el gas y la minería. Ha modificado legislación clave para garantizar seguridad jurídica a los inversores y responder a las exigencias de Washington. Ha restablecido relaciones diplomáticas con la Administración Trump y ha recibido en Caracas a su encargada de negocios, Laura Dogu; al jefe del Comando Sur, el general Francis L. Donovan; y al mismísimo director de la CIA, John Ratcliffe. Ha aceptado, además, mecanismos de supervisión externa sobre la explotación de recursos estratégicos del país.

   

   Con este paquete de medidas —al que se suma la Ley de Amnistía exigida por Washington—, Rodríguez ha obtenido no solo el levantamiento de las sanciones personales que pesaban sobre ella, sino también el respaldo explícito de Donald Trump, que ha elogiado públicamente su excelente colaboración”.

 

 

"Los países no alineados con la arquitectura imperial, como Cuba, son excluidos del crédito y sometidos a permanente presión económica y diplomática"

 

 

  La anunciada disposición del Fondo Monetario Internacional a readmitir a Venezuela bajo su órbita encaja plenamente en ese mismo proceso. Porque el Fondo Monetario Internacional no reabre relaciones con gobiernos que desafían la hegemonía estadounidense. No normaliza vínculos con ejecutivos que cuestionan el orden financiero internacional. No integra en su estructura a países que mantienen una política de soberanía frente a Washington.

 

  Si hoy el Fondo Monetario Internacional prepara la normalización de relaciones con Venezuela es porque, en términos materiales, el poder estadounidense ha dejado de percibir al actual gobierno como un problema estratégico y lo considera ya un actor funcional a sus intereses en la región.

 

LIQUIDANDO EL LEGADO DE HUGO CHÁVEZ

   Tras la intervención militar estadounidense que provocó más de 100 muertes y concluyó con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, muchos han tratado de presentar cada concesión del actual gobierno venezolano como una suerte de "maniobra táctica", una retirada temporal o una adaptación inevitable a circunstancias excepcionales, recurriendo a insostenibles analogías históricas y otras coartadas igualmente falaces.

 

  Cada apertura al capital extranjero, cada reforma legal favorable a las multinacionales, cada gesto de sumisión a Washington han sido justificados por algunos sectores de la izquierda como parte de una supuesta estrategia de supervivencia.

 

  La disposición del FMI a normalizar relaciones con Venezuela vuelve aún más insostenible ese relato. Porque no existe símbolo más inequívoco de reintegración en el orden económico y geopolítico dominado por Estados Unidos que el regreso disciplinado al organismo que representa el rostro financiero del imperialismo.

 

   Nadie con un mínimo conocimiento sobre la naturaleza del FMI puede sostener, razonadamente, que se pueda volver a la tutela de este organismo como parte de un proyecto de soberanía, para desarrollar una vía autónoma de desarrollo o promover la independencia frente al capital internacional. Se vuelve al FMI cuando se acepta el marco general del orden que este administra, se busca legitimación de acreedores y mercados y, por encima de todo, cuando se ha asumido que el horizonte ya no es resistir al imperialismo, sino gestionar la mejor forma de integrarse en este sistema, como un actor plenamente subordinado. 

 

   La reapertura en curso del proceso para normalizar relaciones entre Venezuela y el Fondo Monetario Internacional constituye, por tanto, mucho más que una noticia económica. Es la certificación política definitiva de que el país que un día quiso emanciparse del entramado financiero dominado por Washington ha sido devuelto a él. No mediante un golpe de Estado tradicional que hubiera colocado al frente del país a la histórica oposición derechista, sino de la mano de una élite que todavía apela al legado de Chávez mientras representa, en la práctica, su negación más absoluta. 

 

 Un desenlace incluso más terrible para el chavismo que no desarma  solo en el plano político, sino también en el ideológico. Al ejecutarse bajo símbolos, discursos y referencias heredadas del proyecto bolivariano, esta "transición" contribuye a vaciar de contenido lo mejor de su legado y a generar una profunda desorientación y desmoralización en amplios sectores del pueblo venezolano. Se trata, en definitiva, de la segunda muerte, o el segundo asesinato, de Hugo Chávez. 

 

 

VÍDEO RELACIONADO: La opinión de Hugo Chávez sobre el FMI

 

 
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