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TRUMP CONTRA EL PAPA... ¿BOMBARDEARÁ EL VATICANO?

El imperio ya ni siquiera está tolerando que se condene la guerra

El choque entre Donald Trump y el papa León XIV ha ido mucho más allá de un simple enfrentamiento verbal. Revela hasta qué punto el poder occidental ha normalizado la guerra como instrumento político y rechaza cualquier condena moral a sus consecuencias. Según Trump, el Papa es “débil frente al crimen” y “terrible para la política exterior”...

 

REDACCIÓN CANARIAS SEMANAL.ORG

 

     Donald Trump ha vuelto a demostrar que para el poder estadounidense no existe autoridad  religiosa o política respetable cuando alguien osa cuestionar sus guerras.

 

    Esta vez el objetivo de su ira ha sido  el papa León XIV, al que ha atacado con una violencia verbal sin precedentes después de que el pontífice denunciara la matanza de civiles en Oriente Medio y condenara públicamente la escalada militar impulsada por Washington y sus aliados.

 

   La reacción de Trump fue la de quien no admite el menor cuestionamiento a la maquinaria bélica occidental.

 

   Acusó al Papa de ser débil frente al crimen” , “terrible para la política exterior” y de haber sido designado Papa gracias a él.  

 

  Pero fue aún más lejos. Agregó que

“  No quiero un papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear”,

una manipulación grotesca, destinada a presentar al pontífice como un aliado de los enemigos de Estados Unidos simplemente por atreverse a condenar la guerra.

 

   Pero el episodio alcanzó un nivel de degradación aún mayor [Img #90994]cuando Trump, en uno de los ejercicios de megalomanía política más obscenos que se recuerdan, difundió una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparecía caracterizado como una figura semejante a Jesucristo. El mensaje era transparente: no solo se cree por encima de sus adversarios políticos; se cree por encima de cualquier autoridad moral o espiritual que ose desafiarlo.

 

   La respuesta de León XIV fue tan inusual como demoledora: “No tengo miedo a Trump”,  Una frase histórica. Breve, seca, sin matices diplomáticos y que no muchos se han atrevido a hacerlo. Y después añadió: “Seguiré hablando contra la guerra”.

 

   León XIV no se limitó a defenderse. Contraatacó moralmente. Recordó la razón de su postura con una acusación que desnuda la hipocresía del discurso occidental sobre la “defensa de la libertad”: “Demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe alzar la voz”.

 

    Eso es, precisamente, lo que Trump no soporta: que alguien con autoridad internacional señale que bajo el lenguaje de la “seguridad”, la “democracia” o la “defensa de Occidente” se sigue escondiendo una realidad mucho más brutal y mucho más simple: muerte, destrucción y sangre civil convertidas en herramienta rutinaria de política exterior.

 

   Lo verdaderamente revelador no es que Trump ataque al Papa. Lo verdaderamente revelador es por qué lo hace. No porque el pontífice haya mentido. No porque haya insultado. No porque haya intervenido indebidamente en política. Sino porque ha cometido un pecado imperdonable para el poder imperial: denunciar públicamente la guerra mientras las bombas todavía caen.

 

    Trump actúa como actúan todos los poderes cuando se sienten moralmente desenmascarados: no responde al argumento, destruye al mensajero. Si el Papa condena la guerra, entonces hay que retratarlo como un ingenuo, un radical, un irresponsable o incluso como un aliado del enemigo. La vieja lógica de siempre: quien no aplaude la guerra pasa automáticamente a ser sospechoso.

 

    Pero el problema va mucho más allá de Trump. El presidente estadounidense es solo la expresión más grosera y desacomplejada de una lógica de poder que domina cada vez más el escenario internacional: la idea de que toda crítica al militarismo occidental constituye una traición, de que toda llamada a la paz favorece al adversario, de que incluso una institución tan prudente y conservadora como el Vaticano debe ser humillada si no se alinea con el discurso oficial.

 

   Que hayamos llegado al punto en que un presidente de Estados Unidos insulte públicamente al Papa por denunciar la muerte de inocentes debería hacer saltar todas las alarmas. Significa que la normalización del belicismo ha avanzado tanto que ya ni siquiera se tolera una objeción moral básica a la carnicería.

 

   Y por eso este choque importa. Porque cuando el poder más armado del planeta se siente amenazado por una simple condena verbal a la guerra, es que su legitimidad moral está mucho más erosionada de lo que aparenta.

 

    Y cuando incluso el Vaticano decide responder con un “no tengo miedo”, es porque la barbarie ha alcanzado un punto en el que callar empieza a ser más vergonzoso que enfrentarse al poder.

 

FUENTES CONSULTADAS

  • Reuters, Trump's AI image of himself as Jesus-like figure follows feud with Pope Leo (2026).
  • ACI Prensa, Trump arremete contra el papa León XIV y lo califica de débil y terrible para la política exterior (2026).
  • El País, El papa León XIV responde al presidente de EE UU: “No tengo miedo a Trump. Seguiré hablando contra la guerra” (2026).
  • The Independent / recopilación de declaraciones públicas de Trump y León XIV.

 

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