TRUMP BLOQUEA ORMUZ Y PONE DE NUEVO A LA ECONOMÍA MUNDIAL "PATAS ARRIBA"
Amenaza con disparar la inflación global y evidencia el uso sistemático de la propaganda por parte de Trump para encubrir su aventurerismo militar.
La decisión de Donald Trump de imponer un bloqueo naval contra el tráfico marítimo vinculado a Irán en el estrecho de Ormuz ha abierto una nueva fase de máxima tensión internacional y amenaza con desencadenar un grave shock energético global. Mientras los mercados reaccionan con alarma (...)
REDACCIÓN CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Donald Trump ha dado un nuevo paso en su escalada de auauténtica temeridadmperial al ordenar el bloqueo naval de todo tráfico marítimo con origen o destino en Irán a través del estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más sensibles del planeta.
La medida, que Washington ha presentado como un instrumento de presión contra Teherán, constituye en realidad una apuesta de altísimo riesgo geopolítico y económico que amenaza con desestabilizar aún más el mercado energético mundial, disparar la inflación global y arrastrar a Occidente hacia una suerte de crisis autoinfligida.
El cierre de facto impuesto por Estados Unidos afecta a cualquier embarcación —sea cual sea su bandera— que tenga como origen o destino puertos iraníes. La Administración Trump ha advertido además que interceptará e incluso “eliminará inmediatamente” a los buques iraníes que desafíen el bloqueo, en una retórica de gangsterismo internacional que Teherán ya ha calificado de “piratería”.
Ormuz: el cuello de botella energético del planeta
La gravedad de la decisión no puede exagerarse. Por el estrecho de Ormuz transita históricamente alrededor de una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. Aunque Washington intenta presentar la operación como un bloqueo limitado, el simple hecho de militarizar aún más ese corredor estratégico introduce un factor de inestabilidad explosiva en un mercado energético extremadamente sensible.
El precio del gas ya se ha disparado y la Unión Europea reconoce abiertamente que la crisis en el Golfo está elevando de forma dramática su factura energética.
Trump, sin embargo, parece dispuesto a jugar a la ruleta rusa con la economía occidental con tal de mantener su estrategia de máxima presión contra Irán y exhibir fortaleza ante su electorado interno.
La gran contradicción de Trump
La paradoja resulta difícil de ignorar: el mismo dirigente que regresó al poder prometiendo combatir la inflación y abaratar el coste de la vida de los estadounidenses, está ahora adoptando decisiones que amenazan con encarecer brutalmente la energía, el transporte y el conjunto de la cesta de consumo en todo Occidente.
Lo que Trump presenta como una muestra de fuerza podría terminar traduciéndose en un severo deterioro económico para sus propios aliados y para amplios sectores de la población mundial, en un momento especialmente delicado para unas economías aún afectadas por la inflación acumulada de los últimos años.
El viejo truco propagandístico: fabricar una “victoria diplomática”
Pero quizá lo más revelador de esta nueva crisis no sea el bloqueo en sí, sino la inmediata maniobra propagandística con la que Trump ha tratado de revestirlo.
Pocas horas después de imponer unilateralmente el bloqueo, el presidente estadounidense declaró que “Irán ha llamado esta mañana” para pedir la reanudación de las negociaciones y que “quieren llegar a un acuerdo a toda costa”. No aportó prueba alguna. No identificó canales, interlocutores ni condiciones. Simplemente lanzó el mensaje.
La operación comunicativa responde a un patrón ya conocido: Trump genera una escalada extrema, fuerza una situación de máxima tensión y acto seguido presenta cualquier movimiento diplomático —real, parcial o incluso meramente hipotético— como prueba de que su brutalidad ha doblegado al adversario.
Es el mismo libreto que ha utilizado repetidamente: primero la amenaza máxima, después la supuesta capitulación del enemigo y, finalmente, la autoproclamación como negociador genial e inflexible.
Una narrativa desmentida por los hechos
Sin embargo, los propios datos disponibles desmienten esa narrativa triunfalista. Fuentes diplomáticas pakistaníes han señalado que las conversaciones entre Washington y Teherán no están rotas ni reabiertas por ninguna “llamada milagrosa”, sino simplemente en un punto muerto temporal, con la mayoría de los puntos ya negociados y apenas algunos asuntos pendientes. Es decir: no existe evidencia alguna de esa súbita rendición iraní que Trump pretende vender a la opinión pública.
Lo que sí parece claro es que la Casa Blanca necesita desesperadamente construir un relato triunfal de victoria.
Un bloqueo de alto riesgo militar
Expertos militares estadounidenses han advertido ya de que mantener un bloqueo efectivo en Ormuz requerirá un despliegue naval gigantesco y una operación extremadamente arriesgada.
Altos mandos retirados de la Marina estadounidense señalan que la misión exigirá varios grupos de combate, decenas de buques de guerra y una movilización militar colosal para sostenerse.
Todo ello para imponer un bloqueo cuya legalidad internacional es más que discutible, que numerosos actores internacionales rechazan y que incluso aliados occidentales contemplan con creciente incomodidad.
Aislamiento creciente de Washington
La OTAN se ha desmarcado de la operación, mientras varias potencias europeas buscan organizar mecanismos alternativos de protección marítima al margen de Washington.
Lejos de proyectar una imagen de liderazgo firme y cohesionador, la operación de Trump está incrementando la sensación de unilateralismo agresivo y de imprevisibilidad estratégica irresponsable dentro del propio bloque occidental.
Una política exterior convertida en espectáculo peligroso
La conclusión resulta difícil de evitar: lejos de reflejar una posición de fuerza serena y calculada, la decisión de Trump transmite la imagen de un dirigente cada vez más errático, que combina aventurerismo militar, chantaje económico y manipulación propagandística en una mezcla potencialmente explosiva.
Su bloqueo de Ormuz no es una muestra de liderazgo estratégico, sino un acto de coerción imperial de consecuencias imprevisibles.
Y su inmediata afirmación de que Irán “ha vuelto a negociar” no parece otra cosa que el enésimo intento de presentar como victoria diplomática lo que en realidad podría terminar siendo un monumental fracaso geopolítico.
Mientras tanto, el mundo entero queda convertido en rehén de una estrategia cuyo único principio visible es la escalada permanente.
Trump ha vuelto a demostrar que su idea de la diplomacia internacional consiste en lo mismo que su idea de la política interior: provocar el caos, elevar la tensión hasta el límite y luego proclamar, megáfono en mano, que todo ocurre exactamente según su plan.
El problema es que esta vez no está jugando con un plató de televisión. Está jugando con la economía mundial.
REDACCIÓN CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Donald Trump ha dado un nuevo paso en su escalada de auauténtica temeridadmperial al ordenar el bloqueo naval de todo tráfico marítimo con origen o destino en Irán a través del estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más sensibles del planeta.
La medida, que Washington ha presentado como un instrumento de presión contra Teherán, constituye en realidad una apuesta de altísimo riesgo geopolítico y económico que amenaza con desestabilizar aún más el mercado energético mundial, disparar la inflación global y arrastrar a Occidente hacia una suerte de crisis autoinfligida.
El cierre de facto impuesto por Estados Unidos afecta a cualquier embarcación —sea cual sea su bandera— que tenga como origen o destino puertos iraníes. La Administración Trump ha advertido además que interceptará e incluso “eliminará inmediatamente” a los buques iraníes que desafíen el bloqueo, en una retórica de gangsterismo internacional que Teherán ya ha calificado de “piratería”.
Ormuz: el cuello de botella energético del planeta
La gravedad de la decisión no puede exagerarse. Por el estrecho de Ormuz transita históricamente alrededor de una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. Aunque Washington intenta presentar la operación como un bloqueo limitado, el simple hecho de militarizar aún más ese corredor estratégico introduce un factor de inestabilidad explosiva en un mercado energético extremadamente sensible.
El precio del gas ya se ha disparado y la Unión Europea reconoce abiertamente que la crisis en el Golfo está elevando de forma dramática su factura energética.
Trump, sin embargo, parece dispuesto a jugar a la ruleta rusa con la economía occidental con tal de mantener su estrategia de máxima presión contra Irán y exhibir fortaleza ante su electorado interno.
La gran contradicción de Trump
La paradoja resulta difícil de ignorar: el mismo dirigente que regresó al poder prometiendo combatir la inflación y abaratar el coste de la vida de los estadounidenses, está ahora adoptando decisiones que amenazan con encarecer brutalmente la energía, el transporte y el conjunto de la cesta de consumo en todo Occidente.
Lo que Trump presenta como una muestra de fuerza podría terminar traduciéndose en un severo deterioro económico para sus propios aliados y para amplios sectores de la población mundial, en un momento especialmente delicado para unas economías aún afectadas por la inflación acumulada de los últimos años.
El viejo truco propagandístico: fabricar una “victoria diplomática”
Pero quizá lo más revelador de esta nueva crisis no sea el bloqueo en sí, sino la inmediata maniobra propagandística con la que Trump ha tratado de revestirlo.
Pocas horas después de imponer unilateralmente el bloqueo, el presidente estadounidense declaró que “Irán ha llamado esta mañana” para pedir la reanudación de las negociaciones y que “quieren llegar a un acuerdo a toda costa”. No aportó prueba alguna. No identificó canales, interlocutores ni condiciones. Simplemente lanzó el mensaje.
La operación comunicativa responde a un patrón ya conocido: Trump genera una escalada extrema, fuerza una situación de máxima tensión y acto seguido presenta cualquier movimiento diplomático —real, parcial o incluso meramente hipotético— como prueba de que su brutalidad ha doblegado al adversario.
Es el mismo libreto que ha utilizado repetidamente: primero la amenaza máxima, después la supuesta capitulación del enemigo y, finalmente, la autoproclamación como negociador genial e inflexible.
Una narrativa desmentida por los hechos
Sin embargo, los propios datos disponibles desmienten esa narrativa triunfalista. Fuentes diplomáticas pakistaníes han señalado que las conversaciones entre Washington y Teherán no están rotas ni reabiertas por ninguna “llamada milagrosa”, sino simplemente en un punto muerto temporal, con la mayoría de los puntos ya negociados y apenas algunos asuntos pendientes. Es decir: no existe evidencia alguna de esa súbita rendición iraní que Trump pretende vender a la opinión pública.
Lo que sí parece claro es que la Casa Blanca necesita desesperadamente construir un relato triunfal de victoria.
Un bloqueo de alto riesgo militar
Expertos militares estadounidenses han advertido ya de que mantener un bloqueo efectivo en Ormuz requerirá un despliegue naval gigantesco y una operación extremadamente arriesgada.
Altos mandos retirados de la Marina estadounidense señalan que la misión exigirá varios grupos de combate, decenas de buques de guerra y una movilización militar colosal para sostenerse.
Todo ello para imponer un bloqueo cuya legalidad internacional es más que discutible, que numerosos actores internacionales rechazan y que incluso aliados occidentales contemplan con creciente incomodidad.
Aislamiento creciente de Washington
La OTAN se ha desmarcado de la operación, mientras varias potencias europeas buscan organizar mecanismos alternativos de protección marítima al margen de Washington.
Lejos de proyectar una imagen de liderazgo firme y cohesionador, la operación de Trump está incrementando la sensación de unilateralismo agresivo y de imprevisibilidad estratégica irresponsable dentro del propio bloque occidental.
Una política exterior convertida en espectáculo peligroso
La conclusión resulta difícil de evitar: lejos de reflejar una posición de fuerza serena y calculada, la decisión de Trump transmite la imagen de un dirigente cada vez más errático, que combina aventurerismo militar, chantaje económico y manipulación propagandística en una mezcla potencialmente explosiva.
Su bloqueo de Ormuz no es una muestra de liderazgo estratégico, sino un acto de coerción imperial de consecuencias imprevisibles.
Y su inmediata afirmación de que Irán “ha vuelto a negociar” no parece otra cosa que el enésimo intento de presentar como victoria diplomática lo que en realidad podría terminar siendo un monumental fracaso geopolítico.
Mientras tanto, el mundo entero queda convertido en rehén de una estrategia cuyo único principio visible es la escalada permanente.
Trump ha vuelto a demostrar que su idea de la diplomacia internacional consiste en lo mismo que su idea de la política interior: provocar el caos, elevar la tensión hasta el límite y luego proclamar, megáfono en mano, que todo ocurre exactamente según su plan.
El problema es que esta vez no está jugando con un plató de televisión. Está jugando con la economía mundial.




























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