BRUSELAS QUIERE PONER 10 BILLONES DE LOS AHORROS Y PENSIONES EUROPEOS AL SERVICIO DEL RESCATE DEL GRAN CAPITAL
¿Estamos ante una estrategia para defender a “Europa” o ante un intento de reforzar a las grandes empresas, bancos y fondos que dominan su economía?
Los grandes cambios no siempre llegan con una ruptura espectacular. A veces avanzan lentamente, mediante decisiones que parecen aisladas y que solo adquieren sentido cuando se observan juntas. Venezuela ofrece un ejemplo especialmente revelador: durante años fueron apareciendo señales económicas, laborales y políticas que apuntaban a una transformación del proceso bolivariano. La pregunta no es solo qué cambió, sino por qué a no pocos les costó tanto verlo.
![[Img #94114]](https://canarias-semanal.org/upload/images/09_2026/2998_2019__titulo.jpg)
POR HANSI QUEDNAU, DESDE ALEMANIA, PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hay frases que parecen inocentes hasta que uno empieza a
preguntarse qué es lo que significan realmente. Ursula von der Leyen acaba de pronunciar una de ellas.
Europa, -vino a decir la señora-, tiene unos 10 billones de euros de ahorro de los hogares en cuentas bancarias y necesita poner ese dinero «al servicio de sus empresas». Dicho así, podría incluso parecer razonable. Si Europa necesita inversiones y los europeos tienen enormes cantidades de dinero ahorrado, ¿por qué no juntar ambas cosas?
El problema comienza cuando hacemos cinco preguntas muy sencillas:
¿quién pone el dinero?,
¿quién lo administra?,
¿quién lo utiliza?,
¿quién obtiene los beneficios?
y ¿quién soportará las pérdidas si las cosas salen mal?
Porque detrás de la frase de von der Leyen no hay simplemente una recomendación para que las familias obtengan unos eurillos más de rentabilidad. Existe un proyecto económico mucho más ambicioso. Y comprenderlo no exige saber economía. Nos basta con seguir el recorrido del dinero.
DIEZ BILLONES QUE NO ESTÁN DURMIENDO EN UN CAJÓN
El punto de partida es cierto: los hogares europeos conservan aproximadamente 10 billones de euros en depósitos bancarios, y Bruselas quiere conseguir que una mayor parte de ese dinero termine financiando empresas e inversiones europeas. Las informaciones que han desencadenado esta polémica explican precisamente esa intención. La propia Comisión Europea sostiene que una proporción extraordinariamente elevada del patrimonio financiero de las familias permanece en depósitos y considera que podría proporcionar mayor rentabilidad si una parte se invirtiera en los mercados de capitales.
Pero conviene aclarar inmediatamente una cosa: el dinero depositado en un banco no está parado. Los depósitos forman parte de la financiación bancaria. Los bancos conceden préstamos a familias y empresas, compran activos y realizan multitud de operaciones económicas con esos recursos. No existen diez billones de euros acumulando polvo en una gigantesca caja fuerte europea.
Por tanto, Bruselas no está intentando poner en movimiento un dinero que estuviera inmóvil. Lo que pretende modificar es el camino por el que circula una parte de ese ahorro.
Simplificándolo mucho: actualmente, una parte importante sigue este recorrido: familia → depósito → banco → crédito. El modelo que quiere ampliar la Unión Europea sería: familia → fondo, acción, seguro o pensión → mercado financiero → empresa.
Parece una mera diferencia técnica. Pero no lo es. Cambia quién administra ese dinero, quién cobra por administrarlo y, sobre todo, cambia parte del riesgo que soporta el propietario de esos ahorros.
¿POR QUÉ Y PARA QUÉ NECESITA AHORA EUROPA TANTO DINERO?
Esta es la verdadera pregunta. Europa afronta un enorme problema de inversión. La Comisión calcula, siguiendo el diagnóstico del informe Draghi, que serán necesarios entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales cada año hasta 2030 para modernizar la economía europea. ¿De qué estamos hablando? Hablamos de digitalización, redes eléctricas, energía, inteligencia artificial, nuevas industrias, infraestructuras, tecnologías estratégicas y empresas capaces de competir internacionalmente. Y sobre todo, eso de lo que estamos hablando es de un gigantesco aumento del gasto militar.
Europa está intentando renovar una parte sustancial de su aparato productivo porque está perdiendo terreno frente a los China y Estados Unidos. Necesita fábricas, centros de datos, tecnología, energía barata, cadenas de suministro propias y, sobre todo, empresas de carácter militar que lleguen a alcanzar dimensiones globales. En un mundo caracterizado por fortísimas pulsiones interimperialistas, no se puede hacer una política económicamente expansionista sin que exista un ejército tecnológicamente bien pertrechado que la respalde, y semejante transformación cuesta muchísimo dinero.
(*)Sobre este último apartado, recomiendo a los lectores españoles la lectura del libro "El Gran Reajuste", cuya autoría corresponde a dos colegas colaboradores de este mismo periódico digital, que con un rigor poco común en nuestros días abordan en profundidad y de manera didáctica esta tan poco estudiada etapa que está viviendo la humanidad .
Y en este punto es donde aparece nuevamente lo de los 10 billones de euros. La propia Comisión Europea ha calculado que, si los hogares europeos redujeran el peso de los depósitos en su patrimonio financiero hasta aproximarse al comportamiento de las familias estadounidenses, hasta 8 billones de euros podrían desplazarse potencialmente hacia inversiones de mercado, lo que equivaldría a unos 350.000 millones de euros anuales. No significa que Bruselas haya decidido retirar ocho billones de las cuentas bancarias. Es un cálculo sobre la enorme cantidad de capital que podría movilizarse.
Y es entonces donde las palabras de Von der Leyen empiezan a entenderse mejor: Europa necesita cantidades gigantescas de capital y ha descubierto delante de sus ojos una enorme reserva de dinero acumulada por sus propios ciudadanos. ¡Al asalto, pues!
NADIE VA A ENTRAR EN NUESTRA CUENTA: EL MECANISMO ES OTRO
Conviene desechar cualquier exageración. No existe ningún plan para confiscar nuestros depósitos ni para ordenar a los ciudadanos que compren acciones. El mecanismo es bastante más sencillo y eficaz: conseguir que sean las personas decidan voluntariamente trasladar una parte de sus ahorros hacia los mercados financieros.
¿Y cómo se consigue eso? Creando cuentas de inversión atractivas, ofreciendo ventajas fiscales, promoviendo la educación financiera, facilitando la contratación de fondos y ampliando los sistemas complementarios de pensiones.
Si alguien mantiene 20.000 euros en una cuenta que apenas proporciona rentabilidad y el Estado le ofrece ventajas fiscales por invertir una parte en un fondo, la decisión parecerá lógica.
Pero la cuestión es que la política fiscal nunca ha sido neutral. Cuando el Estado reduce impuestos para favorecer un determinado comportamiento, está utilizando recursos públicos, porque deja de recaudar dinero que podría destinarse a otras finalidades sociales .
El propio Banco Central Europeo se ha preocupado en advertir que determinados incentivos fiscales pueden beneficiar especialmente a las rentas altas, precisamente porque quienes más ingresos tienen disponen también de mayor capacidad para invertir y pueden aprovechar mejor esas deducciones. Al pan, pan: una ventaja fiscal concedida para llevar dinero hacia los mercados constituye también una forma de apoyo público a ese proceso.
ENTRE EL AHORRADOR Y LA EMPRESA HAY ALGUIEN QUE COBRA
Aquí aparece un actor fundamental que en los discursos políticos suele ocupar poco espacio: la industria financiera. Si millones de ciudadanos comienzan a trasladar parte de sus depósitos hacia acciones, fondos, seguros financieros o planes de pensiones, alguien tendrá que gestionar esos productos. Aparecerán entonces los bancos, aseguradoras, gestoras de fondos, fondos de pensiones, plataformas de inversión, asesores y custodios.
Y todos ellos viven de cobrar por administrar dinero. No hace falta imaginar conspiraciones. El interés económico está a la vista. Cuanto mayor sea la cantidad de ahorro que circule a través de productos financieros, mayor será la masa de activos sobre la que estas instituciones pueden cobrar comisiones.
La principal organización europea de gestoras, EFAMA, ha defendido abiertamente las cuentas de inversión con tratamientos fiscales favorables y considera que ampliar las pensiones complementarias ayudaría a desarrollar los mercados europeos de capitales. Las aseguradoras defienden planteamientos similares.
No resultará difícil entender por qué. Si una parte creciente del ahorro de millones de europeos abandona el depósito bancario tradicional y entra en fondos, seguros y pensiones financieras, el volumen de negocio potencial aumenta extraordinariamente.
LAS PENSIONES SON LA OTRA GRAN RESERVA
La cuestión no termina en el dinero que ya tenemos ahorrado. Existe otra bolsa de capital todavía mucho más atractiva: el dinero que ahorraremos durante las próximas décadas.
La Comisión quiere fomentar las pensiones complementarias y los sistemas de inscripción automática, mediante los cuales el trabajador queda incorporado a un plan aunque pueda posteriormente abandonarlo. También pretende facilitar que los fondos de pensiones inviertan una proporción mayor de sus recursos en los mercados.
Debe dejarse claro que Bruselas presenta estas pensiones como complementarias, no como sustitutas de las pensiones públicas. Pero económicamente la operación tiene truco: cada mes, durante veinte, treinta o cuarenta años, una parte del ahorro de millones de trabajadores puede convertirse en una corriente permanente de capital hacia fondos y mercados financieros.
Para el trabajador es ahorro para la jubilación. Para el sistema financiero es capital disponible durante décadas. Ambas cosas son ciertas a la vez.
CUANDO EL CAPITAL PRIVADO TIENE MIEDO, APARECE EL ESTADO
Es aquí donde nos encontramos otra de las grandes contradicciones. Durante años se nos estuvo explicando que el mercado privado era eficiente porque los inversores arriesgaban su propio dinero. Mentira podrida: cuando Europa necesita realizar inversiones gigantescas, el sector público reaparece en todas partes.
Garantías, subvenciones, coinversiones, fondos europeos, Banco Europeo de Inversiones, tratamientos regulatorios favorables y mecanismos destinados expresamente a reducir el riesgo de determinadas operaciones privadas.
Esto no significa que cualquier pérdida empresarial vaya automáticamente a pagarla el contribuyente. Pero sí significa algo muy sencillo: cuando determinadas inversiones son demasiado arriesgadas para atraer suficiente capital privado, las instituciones públicas intervienen para convertirlas en más atractivas.
Es decir, el Estado no desaparece ante el mercado. Muchas veces prepara las condiciones para que ese mercado pueda existir y resultar rentable.
Y ENTONCES APARECEN LAS ARMAS
Hasta aquí podríamos pensar que hablamos solamente de inteligencia artificial, microchips, redes eléctricas o industria verde. Pero no nos hemos referido a una parte fundamental de la operación: la defensa.
La estrategia europea establece expresamente que la nueva Unión de Ahorros e Inversiones debe contribuir a movilizar capital privado hacia el sector militar. Europa ha iniciado un mastodóntico proceso de rearme y necesita ampliar rápidamente su capacidad para producir munición, vehículos blindados, misiles, drones, sistemas electrónicos, satélites y toda la infraestructura asociada.
Por tanto, una parte sustancial del nuevo esfuerzo financiero europeo terminará directa o indirectamente relacionada con la industria militar.
Conviene otra vez evitar caricaturas. Bruselas no va a retirar directamente dinero de nuestra cuenta corriente para comprar tanques. El mecanismo es mucho más largo y proceloso: ahorro familiar → producto financiero → fondo o mercado → financiación empresarial → sectores considerados estratégicos, incluida, claro, la defensa.
Cuando se observa toda la cadena, la frase «poner nuestros ahorros al servicio de las empresas» adquiere, como puede verse, un significado bastante más profundo.
EL GRAN ENGAÑO DE HABLAR DE «LOS AHORROS DE LOS EUROPEOS»
Queda una cuestión fundamental. Cuando alguien habla de «los 10 billones de euros que tienen ahorrados los europeos» parece que esos diez billones estuvieran repartidos más o menos proporcionalmente entre todos. Está claro que no es así.
Hay unos pocos hogares con cientos de miles o millones de euros disponibles para invertir y hay familias cuyo único patrimonio financiero son 5.000, 10.000 o 20.000 euros reservados para sobrevivir a un despido, reparar el coche, afrontar una enfermedad familiar o responder a cualquier emergencia.
Para quien posee un gran patrimonio, un depósito puede representar capital que busca una rentabilidad mayor. Para una familia trabajadora puede representar simplemente seguridad. Por eso llamar «ahorro perezoso» o «dinero improductivo» a toda esa masa monetaria oculta una diferencia social decisiva. El dinero cumple funciones diferentes dependiendo de quién lo posea.
El gran patrimonio pregunta: «¿Cuánto puedo ganar?». La familia muchas veces pregunta: «¿Qué ocurrirá si mañana tengo un problema?». No es lo mismo.
AL PAN, PAN: NO ESTÁN RESCATANDO A EUROPA, SINO AL GRAN CAPITAL EUROPEO
Conviene romper una ficción que atraviesa buena parte del discurso oficial: “Europa” no tiene un único interés económico. No ocupa el mismo lugar un gran accionista, un banco o una multinacional que una familia trabajadora con unos pocos miles de euros ahorrados para afrontar las emergencias. Viven en el mismo continente, pero no esperan lo mismo de la economía ni se benefician de ella de la misma manera.
Lo que hoy está realmente en juego es la capacidad del gran capital europeo para mantener su posición frente a China y a Estados Unidos. Esa batalla les exige gigantescas inversiones en industria, tecnología, energía, mercados financieros y, sobre todo, en defensa. Y para financiarla, Bruselas ha puesto también los ojos en los 10 billones de euros acumulados por los hogares europeos.
La operación se presenta como una necesidad común: “Europa necesita invertir”, “Europa debe ser más competitiva”, “Europa tiene que movilizar sus ahorros”. Pero esa forma de hablar borra la cuestión principal: ¿quién necesita realmente esa inversión y quién se beneficiará de ella?
El trabajador puede terminar siendo empujado a participar en este esfuerzo por varias vías: como contribuyente, financiando garantías y programas públicos; como ahorrador, trasladando parte de sus depósitos hacia fondos y productos financieros; y como futuro pensionista, aportando durante años a sistemas complementarios que alimentarán los mercados de capitales. Mientras tanto, las decisiones esenciales seguirán en manos de bancos, fondos, aseguradoras, grandes empresas y gobiernos.
Dicho de forma sencilla: se amplía la base social que financia la acumulación, pero no la base social que controla sus resultados.
Además, no todos los ahorros significan lo mismo. Para una gran fortuna, mover dinero de un depósito hacia un fondo puede ser simplemente una forma de buscar mayor rentabilidad. Para una familia trabajadora, esos mismos 10.000 o 20.000 euros pueden representar seguridad frente al paro, una enfermedad, una avería o cualquier otro imprevisto.
Por eso hablar de “los ahorros de los europeos” oculta una diferencia esencial: los intereses de las élites económicas europeas no son los intereses de los pueblos europeos.
La operación puede generar beneficios para grandes empresas, bancos, fondos y aseguradoras. Algunos pequeños inversores también podrán obtener una cieta rentabilidad. Pero nada garantiza que ese esfuerzo termine convertido en mejores salarios, servicios públicos más fuertes, vivienda más accesible o mayor seguridad económica para la mayoría.
Y ahí está el núcleo del problema. Se pretende presentar como una causa común una operación destinada, en buena medida, a reforzar la posición de las clases económicas dominantes europeas en su competencia con otros grandes bloques capitalistas.
La pregunta de fondo es, por tanto, inevitable: ¿por qué razones quienes viven de su trabajo deberían poner sus ahorros, sus impuestos y parte de sus futuras pensiones al servicio de una batalla por la rentabilidad y la posición mundial del gran capital europeo, cuando no controlan esa batalla ni tienen garantizado participar de sus beneficios?
FUENTES
- el Economista.es — Declaraciones de Von der Leyen y los 10 billones de euros de ahorro europeo.
- Comisión Europea — Savings and Investments Union.
- Comisión Europea — Plan de competitividad y necesidades de inversión europea.
- Comisión Europea — Pensiones complementarias y sistemas de autoinscripción.
- Comisión Europea — ReArm Europe / Readiness 2030 y financiación privada de la defensa.
- Banco Central Europeo (BCE) — Ahorro de los hogares, distribución patrimonial e incentivos fiscales.
- Banco Europeo de Inversiones (BEI) — Garantías, titulizaciones y financiación de sectores estratégicos y defensa.
- EFAMA — Posición de las grandes gestoras sobre cuentas de inversión, fiscalidad y pensiones.
- Insurance Europe — Papel de aseguradoras y ahorro previsional en la Unión de Ahorros e Inversiones.
- BlackRock — Propuestas sobre cuentas de inversión y desarrollo de los mercados europeos de capitales.
- Amundi — Titulización europea y oportunidades para la industria de gestión de activos.
- EIOPA — Riesgos de mercado en pensiones e inversiones de los hogares.
![[Img #94114]](https://canarias-semanal.org/upload/images/09_2026/2998_2019__titulo.jpg)
POR HANSI QUEDNAU, DESDE ALEMANIA, PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hay frases que parecen inocentes hasta que uno empieza a
preguntarse qué es lo que significan realmente. Ursula von der Leyen acaba de pronunciar una de ellas.
Europa, -vino a decir la señora-, tiene unos 10 billones de euros de ahorro de los hogares en cuentas bancarias y necesita poner ese dinero «al servicio de sus empresas». Dicho así, podría incluso parecer razonable. Si Europa necesita inversiones y los europeos tienen enormes cantidades de dinero ahorrado, ¿por qué no juntar ambas cosas?
El problema comienza cuando hacemos cinco preguntas muy sencillas:
¿quién pone el dinero?,
¿quién lo administra?,
¿quién lo utiliza?,
¿quién obtiene los beneficios?
y ¿quién soportará las pérdidas si las cosas salen mal?
Porque detrás de la frase de von der Leyen no hay simplemente una recomendación para que las familias obtengan unos eurillos más de rentabilidad. Existe un proyecto económico mucho más ambicioso. Y comprenderlo no exige saber economía. Nos basta con seguir el recorrido del dinero.
DIEZ BILLONES QUE NO ESTÁN DURMIENDO EN UN CAJÓN
El punto de partida es cierto: los hogares europeos conservan aproximadamente 10 billones de euros en depósitos bancarios, y Bruselas quiere conseguir que una mayor parte de ese dinero termine financiando empresas e inversiones europeas. Las informaciones que han desencadenado esta polémica explican precisamente esa intención. La propia Comisión Europea sostiene que una proporción extraordinariamente elevada del patrimonio financiero de las familias permanece en depósitos y considera que podría proporcionar mayor rentabilidad si una parte se invirtiera en los mercados de capitales.
Pero conviene aclarar inmediatamente una cosa: el dinero depositado en un banco no está parado. Los depósitos forman parte de la financiación bancaria. Los bancos conceden préstamos a familias y empresas, compran activos y realizan multitud de operaciones económicas con esos recursos. No existen diez billones de euros acumulando polvo en una gigantesca caja fuerte europea.
Por tanto, Bruselas no está intentando poner en movimiento un dinero que estuviera inmóvil. Lo que pretende modificar es el camino por el que circula una parte de ese ahorro.
Simplificándolo mucho: actualmente, una parte importante sigue este recorrido: familia → depósito → banco → crédito. El modelo que quiere ampliar la Unión Europea sería: familia → fondo, acción, seguro o pensión → mercado financiero → empresa.
Parece una mera diferencia técnica. Pero no lo es. Cambia quién administra ese dinero, quién cobra por administrarlo y, sobre todo, cambia parte del riesgo que soporta el propietario de esos ahorros.
¿POR QUÉ Y PARA QUÉ NECESITA AHORA EUROPA TANTO DINERO?
Esta es la verdadera pregunta. Europa afronta un enorme problema de inversión. La Comisión calcula, siguiendo el diagnóstico del informe Draghi, que serán necesarios entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales cada año hasta 2030 para modernizar la economía europea. ¿De qué estamos hablando? Hablamos de digitalización, redes eléctricas, energía, inteligencia artificial, nuevas industrias, infraestructuras, tecnologías estratégicas y empresas capaces de competir internacionalmente. Y sobre todo, eso de lo que estamos hablando es de un gigantesco aumento del gasto militar.
Europa está intentando renovar una parte sustancial de su aparato productivo porque está perdiendo terreno frente a los China y Estados Unidos. Necesita fábricas, centros de datos, tecnología, energía barata, cadenas de suministro propias y, sobre todo, empresas de carácter militar que lleguen a alcanzar dimensiones globales. En un mundo caracterizado por fortísimas pulsiones interimperialistas, no se puede hacer una política económicamente expansionista sin que exista un ejército tecnológicamente bien pertrechado que la respalde, y semejante transformación cuesta muchísimo dinero.
(*)Sobre este último apartado, recomiendo a los lectores españoles la lectura del libro "El Gran Reajuste", cuya autoría corresponde a dos colegas colaboradores de este mismo periódico digital, que con un rigor poco común en nuestros días abordan en profundidad y de manera didáctica esta tan poco estudiada etapa que está viviendo la humanidad .
Y en este punto es donde aparece nuevamente lo de los 10 billones de euros. La propia Comisión Europea ha calculado que, si los hogares europeos redujeran el peso de los depósitos en su patrimonio financiero hasta aproximarse al comportamiento de las familias estadounidenses, hasta 8 billones de euros podrían desplazarse potencialmente hacia inversiones de mercado, lo que equivaldría a unos 350.000 millones de euros anuales. No significa que Bruselas haya decidido retirar ocho billones de las cuentas bancarias. Es un cálculo sobre la enorme cantidad de capital que podría movilizarse.
Y es entonces donde las palabras de Von der Leyen empiezan a entenderse mejor: Europa necesita cantidades gigantescas de capital y ha descubierto delante de sus ojos una enorme reserva de dinero acumulada por sus propios ciudadanos. ¡Al asalto, pues!
NADIE VA A ENTRAR EN NUESTRA CUENTA: EL MECANISMO ES OTRO
Conviene desechar cualquier exageración. No existe ningún plan para confiscar nuestros depósitos ni para ordenar a los ciudadanos que compren acciones. El mecanismo es bastante más sencillo y eficaz: conseguir que sean las personas decidan voluntariamente trasladar una parte de sus ahorros hacia los mercados financieros.
¿Y cómo se consigue eso? Creando cuentas de inversión atractivas, ofreciendo ventajas fiscales, promoviendo la educación financiera, facilitando la contratación de fondos y ampliando los sistemas complementarios de pensiones.
Si alguien mantiene 20.000 euros en una cuenta que apenas proporciona rentabilidad y el Estado le ofrece ventajas fiscales por invertir una parte en un fondo, la decisión parecerá lógica.
Pero la cuestión es que la política fiscal nunca ha sido neutral. Cuando el Estado reduce impuestos para favorecer un determinado comportamiento, está utilizando recursos públicos, porque deja de recaudar dinero que podría destinarse a otras finalidades sociales .
El propio Banco Central Europeo se ha preocupado en advertir que determinados incentivos fiscales pueden beneficiar especialmente a las rentas altas, precisamente porque quienes más ingresos tienen disponen también de mayor capacidad para invertir y pueden aprovechar mejor esas deducciones. Al pan, pan: una ventaja fiscal concedida para llevar dinero hacia los mercados constituye también una forma de apoyo público a ese proceso.
ENTRE EL AHORRADOR Y LA EMPRESA HAY ALGUIEN QUE COBRA
Aquí aparece un actor fundamental que en los discursos políticos suele ocupar poco espacio: la industria financiera. Si millones de ciudadanos comienzan a trasladar parte de sus depósitos hacia acciones, fondos, seguros financieros o planes de pensiones, alguien tendrá que gestionar esos productos. Aparecerán entonces los bancos, aseguradoras, gestoras de fondos, fondos de pensiones, plataformas de inversión, asesores y custodios.
Y todos ellos viven de cobrar por administrar dinero. No hace falta imaginar conspiraciones. El interés económico está a la vista. Cuanto mayor sea la cantidad de ahorro que circule a través de productos financieros, mayor será la masa de activos sobre la que estas instituciones pueden cobrar comisiones.
La principal organización europea de gestoras, EFAMA, ha defendido abiertamente las cuentas de inversión con tratamientos fiscales favorables y considera que ampliar las pensiones complementarias ayudaría a desarrollar los mercados europeos de capitales. Las aseguradoras defienden planteamientos similares.
No resultará difícil entender por qué. Si una parte creciente del ahorro de millones de europeos abandona el depósito bancario tradicional y entra en fondos, seguros y pensiones financieras, el volumen de negocio potencial aumenta extraordinariamente.
LAS PENSIONES SON LA OTRA GRAN RESERVA
La cuestión no termina en el dinero que ya tenemos ahorrado. Existe otra bolsa de capital todavía mucho más atractiva: el dinero que ahorraremos durante las próximas décadas.
La Comisión quiere fomentar las pensiones complementarias y los sistemas de inscripción automática, mediante los cuales el trabajador queda incorporado a un plan aunque pueda posteriormente abandonarlo. También pretende facilitar que los fondos de pensiones inviertan una proporción mayor de sus recursos en los mercados.
Debe dejarse claro que Bruselas presenta estas pensiones como complementarias, no como sustitutas de las pensiones públicas. Pero económicamente la operación tiene truco: cada mes, durante veinte, treinta o cuarenta años, una parte del ahorro de millones de trabajadores puede convertirse en una corriente permanente de capital hacia fondos y mercados financieros.
Para el trabajador es ahorro para la jubilación. Para el sistema financiero es capital disponible durante décadas. Ambas cosas son ciertas a la vez.
CUANDO EL CAPITAL PRIVADO TIENE MIEDO, APARECE EL ESTADO
Es aquí donde nos encontramos otra de las grandes contradicciones. Durante años se nos estuvo explicando que el mercado privado era eficiente porque los inversores arriesgaban su propio dinero. Mentira podrida: cuando Europa necesita realizar inversiones gigantescas, el sector público reaparece en todas partes.
Garantías, subvenciones, coinversiones, fondos europeos, Banco Europeo de Inversiones, tratamientos regulatorios favorables y mecanismos destinados expresamente a reducir el riesgo de determinadas operaciones privadas.
Esto no significa que cualquier pérdida empresarial vaya automáticamente a pagarla el contribuyente. Pero sí significa algo muy sencillo: cuando determinadas inversiones son demasiado arriesgadas para atraer suficiente capital privado, las instituciones públicas intervienen para convertirlas en más atractivas.
Es decir, el Estado no desaparece ante el mercado. Muchas veces prepara las condiciones para que ese mercado pueda existir y resultar rentable.
Y ENTONCES APARECEN LAS ARMAS
Hasta aquí podríamos pensar que hablamos solamente de inteligencia artificial, microchips, redes eléctricas o industria verde. Pero no nos hemos referido a una parte fundamental de la operación: la defensa.
La estrategia europea establece expresamente que la nueva Unión de Ahorros e Inversiones debe contribuir a movilizar capital privado hacia el sector militar. Europa ha iniciado un mastodóntico proceso de rearme y necesita ampliar rápidamente su capacidad para producir munición, vehículos blindados, misiles, drones, sistemas electrónicos, satélites y toda la infraestructura asociada.
Por tanto, una parte sustancial del nuevo esfuerzo financiero europeo terminará directa o indirectamente relacionada con la industria militar.
Conviene otra vez evitar caricaturas. Bruselas no va a retirar directamente dinero de nuestra cuenta corriente para comprar tanques. El mecanismo es mucho más largo y proceloso: ahorro familiar → producto financiero → fondo o mercado → financiación empresarial → sectores considerados estratégicos, incluida, claro, la defensa.
Cuando se observa toda la cadena, la frase «poner nuestros ahorros al servicio de las empresas» adquiere, como puede verse, un significado bastante más profundo.
EL GRAN ENGAÑO DE HABLAR DE «LOS AHORROS DE LOS EUROPEOS»
Queda una cuestión fundamental. Cuando alguien habla de «los 10 billones de euros que tienen ahorrados los europeos» parece que esos diez billones estuvieran repartidos más o menos proporcionalmente entre todos. Está claro que no es así.
Hay unos pocos hogares con cientos de miles o millones de euros disponibles para invertir y hay familias cuyo único patrimonio financiero son 5.000, 10.000 o 20.000 euros reservados para sobrevivir a un despido, reparar el coche, afrontar una enfermedad familiar o responder a cualquier emergencia.
Para quien posee un gran patrimonio, un depósito puede representar capital que busca una rentabilidad mayor. Para una familia trabajadora puede representar simplemente seguridad. Por eso llamar «ahorro perezoso» o «dinero improductivo» a toda esa masa monetaria oculta una diferencia social decisiva. El dinero cumple funciones diferentes dependiendo de quién lo posea.
El gran patrimonio pregunta: «¿Cuánto puedo ganar?». La familia muchas veces pregunta: «¿Qué ocurrirá si mañana tengo un problema?». No es lo mismo.
AL PAN, PAN: NO ESTÁN RESCATANDO A EUROPA, SINO AL GRAN CAPITAL EUROPEO
Conviene romper una ficción que atraviesa buena parte del discurso oficial: “Europa” no tiene un único interés económico. No ocupa el mismo lugar un gran accionista, un banco o una multinacional que una familia trabajadora con unos pocos miles de euros ahorrados para afrontar las emergencias. Viven en el mismo continente, pero no esperan lo mismo de la economía ni se benefician de ella de la misma manera.
Lo que hoy está realmente en juego es la capacidad del gran capital europeo para mantener su posición frente a China y a Estados Unidos. Esa batalla les exige gigantescas inversiones en industria, tecnología, energía, mercados financieros y, sobre todo, en defensa. Y para financiarla, Bruselas ha puesto también los ojos en los 10 billones de euros acumulados por los hogares europeos.
La operación se presenta como una necesidad común: “Europa necesita invertir”, “Europa debe ser más competitiva”, “Europa tiene que movilizar sus ahorros”. Pero esa forma de hablar borra la cuestión principal: ¿quién necesita realmente esa inversión y quién se beneficiará de ella?
El trabajador puede terminar siendo empujado a participar en este esfuerzo por varias vías: como contribuyente, financiando garantías y programas públicos; como ahorrador, trasladando parte de sus depósitos hacia fondos y productos financieros; y como futuro pensionista, aportando durante años a sistemas complementarios que alimentarán los mercados de capitales. Mientras tanto, las decisiones esenciales seguirán en manos de bancos, fondos, aseguradoras, grandes empresas y gobiernos.
Dicho de forma sencilla: se amplía la base social que financia la acumulación, pero no la base social que controla sus resultados.
Además, no todos los ahorros significan lo mismo. Para una gran fortuna, mover dinero de un depósito hacia un fondo puede ser simplemente una forma de buscar mayor rentabilidad. Para una familia trabajadora, esos mismos 10.000 o 20.000 euros pueden representar seguridad frente al paro, una enfermedad, una avería o cualquier otro imprevisto.
Por eso hablar de “los ahorros de los europeos” oculta una diferencia esencial: los intereses de las élites económicas europeas no son los intereses de los pueblos europeos.
La operación puede generar beneficios para grandes empresas, bancos, fondos y aseguradoras. Algunos pequeños inversores también podrán obtener una cieta rentabilidad. Pero nada garantiza que ese esfuerzo termine convertido en mejores salarios, servicios públicos más fuertes, vivienda más accesible o mayor seguridad económica para la mayoría.
Y ahí está el núcleo del problema. Se pretende presentar como una causa común una operación destinada, en buena medida, a reforzar la posición de las clases económicas dominantes europeas en su competencia con otros grandes bloques capitalistas.
La pregunta de fondo es, por tanto, inevitable: ¿por qué razones quienes viven de su trabajo deberían poner sus ahorros, sus impuestos y parte de sus futuras pensiones al servicio de una batalla por la rentabilidad y la posición mundial del gran capital europeo, cuando no controlan esa batalla ni tienen garantizado participar de sus beneficios?
FUENTES
- el Economista.es — Declaraciones de Von der Leyen y los 10 billones de euros de ahorro europeo.
- Comisión Europea — Savings and Investments Union.
- Comisión Europea — Plan de competitividad y necesidades de inversión europea.
- Comisión Europea — Pensiones complementarias y sistemas de autoinscripción.
- Comisión Europea — ReArm Europe / Readiness 2030 y financiación privada de la defensa.
- Banco Central Europeo (BCE) — Ahorro de los hogares, distribución patrimonial e incentivos fiscales.
- Banco Europeo de Inversiones (BEI) — Garantías, titulizaciones y financiación de sectores estratégicos y defensa.
- EFAMA — Posición de las grandes gestoras sobre cuentas de inversión, fiscalidad y pensiones.
- Insurance Europe — Papel de aseguradoras y ahorro previsional en la Unión de Ahorros e Inversiones.
- BlackRock — Propuestas sobre cuentas de inversión y desarrollo de los mercados europeos de capitales.
- Amundi — Titulización europea y oportunidades para la industria de gestión de activos.
- EIOPA — Riesgos de mercado en pensiones e inversiones de los hogares.




























Saburo | Miércoles, 02 de Septiembre de 2026 a las 08:43:25 horas
Primero acapararon los excedentes, luego los recursos, las armas, más tarde las leyes y parlamentos, siguieron con nuestra necesidades (vivienda, sanidad,educación), quieren apoderarse de nuestras pensiones..... lo que nu nca admitirán serán sus fracasos y quiebras. Para eso sí que son socialistas, para repartir pérdidas nunca los beneficios.
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