AL MINISTRO ALBARES LO CHULEA LA EMBAJADORA MARROQUÍ
"Un informe jurídico-policial que desmiente la versión de los temerosos lacayos"
El ministro Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, había convocado a la embajadora de Marruecos pero esta - escribe Luis Portillo Pasqual del Riquelme - no se había dignado aparecer porque estaba fuera de Madrid. ¿Y no tiene móvil?
Por LUIS PORTILLO PASQUAL DEL RIQUELME PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La embajadora se llama Karima Benyaich. He oído que alguien en el Congreso de los Diputados (y las Diputadas, por supuesto) ha dicho que el ministro Albares había convocado a la embajadora, pero que esta no se había dignado aparecer porque estaba fuera de Madrid. ¿Y no tiene móvil?, me pregunto.
Desde que sucedió la invasión, el 30/31 de julio, los españoles –a la hora de redactar estas líneas— no hemos sabido nada de esa importante medida adoptada, según cuentan, por el señor Albares. Ahora, por alguna extraña razón, nuestros gerifaltes se han dignado filtrarla indirectamente. Claro, hasta ahora no se sabía que había sido el Estado gamberro –término que emplea no solo Chomsky, sino también hasta el diario El País, menos sospechoso…– el responsable de la gamberrada y, por lo tanto, no había por qué llamarle la atención ni tampoco molestar al vecino.
Pero ahora resulta que, después de casi un mes de estar haciendo mutis por el foro, mirar a la luna, decir tururú y exculpar al vecino, ahora, digo, después de negarlo más tres veces –como hizo san Pedro–, ahora sí, ha aparecido un informe jurídico-policial que desmiente la versión de los temerosos lacayos. Y es entonces cuando nos hemos enterado de que el valiente Albares cumplió con su obligación y ejerció sus papeles constitucionales.
Lo cierto es que el uno y la otra (o viceversa) no hacen sino jugar al gato y el ratón y al juego de la pelota, de hacer la pelota, a ver quién la hace más. Y digo esto porque cuando un convocado no acude al requerimiento de un juez, este, por lo menos a la tercera, le echa los perros y manda a la Guardia Civil u otras fuerzas del orden a buscarlo y traerlo por las orejas. Y a lo peor, con la imposición de una multa o una pena de cárcel, según –que hay muchos segunes–, según la familia, los millones y los enchufes.
Entonces, digo yo, si el juez (o jueza) puede dar empleo y valerse de la Policía o la Guardia Civil para esas tareas constitucionales, ¿por qué el Sr. Albares –me pregunto yo— no hizo lo propio con la Legión, la muy noble y leal? Pues creo yo que nuestras eficaces fuerzas de choque hubieran encontrado a dicha subversiva señora, salvo que esta se hubiera bajado al moro –que es lo que afirman— y atravesado la frontera de Ceuta de vuelta a su Reino soberano y tiránico, como mandaba a todos los suyos (y también los ajenos) el Sr. Grande-Marlaska.
Aunque muy bien pudiera ser que esta incompareciente subversiva, ni más ni menos se hallare encerrada en su cuarto de baño afilándose las uñas. O tal vez hubiera emprendido el regreso a su patria a través del pasadizo secreto construido por el Mossad desde los bajos de la embajada de Marruecos, atravesando –como el suburbano— el subsuelo de la Península Ibérica. Claro que, visto lo visto y oído lo oído, los servicios secretos españoles desconocerán los intríngulis de ese desfiladero subterráneo. No sería el único en España, ¿verdad?
Pero es que, por parte del sr. Albares –el pretendiente a poner ¡firmes! a la amenazadora señora del “habrá consecuencias” (¡y cómo se las gastan!)–, no creo yo que su requisitoria fuera muy cierta; o, dicho más suavemente, tuviera efecto, fuera efectiva, dado que el Sr. Albares, nuestro ministro de Exteriores, es un fervoroso promarroquí que ya vino enseñado para ello de sus tiempos y sus ligues en la embajada española en París, escuela ideal para el “Oui monsieur” y la bajada de la cerviz.
Y a las pruebas me remito para afirmar mi valoración de este “petit superman” (¿recuerdan ustedes el “que te pego, leche”?), pues, después de más de cinco años, aún no se ha enterado –así se lo afirmó a una compañera de quien esto escribe— de que todos los lunes, frente a la puerta de su Ministerio en la madrileña Plaza de la Provincia (que, por todo el sufrimiento causado, debiera llamarse Plaza de la Provincia 53) se concentran los miembros del Movimiento por los Presos Políticos Saharauis (MPPS) encarcelados por Marruecos, reclamando que, como potencia administradora que es España –diga lo que diga el anormal de Trump–, el Sr. ministro se ocupe de que se respeten los derechos de esos presos y exija su libertad al rey Mohamed VI, a Hammouchi o a su amigo y homólogo marroquí Nasser Burita.
Pues si no, ¿para que se trae a escondidas a Madrid a su amigo Burita en pleno Jueves Santo, con nocturnidad, premeditación y alevosía? (Por eso digo lo del “petit Superman”). ¿A qué vino su amigo marroquí, a tomar chocolate? ¿Le exigió el respeto y la libertad para los presos políticos saharauis injustamente condenados a larguísimas penas de prisión, incluso a cadena perpetua por reclamar la libertad, la autodeterminación de su pueblo y la independencia de la patria saharaui?
Pues si el ministro Albares no se entera de lo que tiene ante su Ministerio, ¿cómo se va a enterar de lo que perpetra su adorado tirano marroquí allende Ceuta? ¿Ha “cooperado” –como le gusta decir a la gente de este régimen–, ha “cooperado” el gamberro Estado marroquí para traer ante la Justicia española a los doce (no once, doce) altos cargos militares y policiales marroquíes acusados de genocidio, once de ellos procesados por un tribunal de la Audiencia Nacional presidido nada menos que por el Sr. Grande-Marlaska? ¿Algún comentario sobre esta otra cuestión, Sr. Albares?
Ellos sí que se lo trabajan bien: pidieron la cabeza del periodista Ignacio Cembrero y la obtuvieron; la cabeza de su antecesora en el cargo, Arancha González Laya, y la obtuvieron; la de la directora de la Feria del Libro de Madrid, y la obtuvieron… Y ahora van a “la caza” –como dice Vox— del valiente patriota saharaui Taleb Alisalem… ¿Van a dejar usted y Marlaska que lo consigan? ¿Le van a poner protección? ¿O vamos a tener un segundo “Affaire Ben Barka” en casa? Porque ya saben ustedes –y también los saharauis— cómo se las gasta el vecino…
Ya quisieran muchos de ustedes tener gente como Taleb (y hay muchos Talebs, doy fe). Y en ese “muchos de ustedes” incluyo también al señor de las joyas, el defensor de los oprimidos, el de la caja fuerte, el señor ZP. Y al Sr. José Bono, el de los negocios hípicos, entre otros, ferviente propagandista al servicio de Marruecos. Y al también acérrimo promarroquí y eurodiputado socialista López-Aguilar, capaz de tragarse cuantos sapos sean necesarios para tener contento al tirano alauita.
¿Qué honor, qué dignidad, qué principios y qué Ceuta van a defender ustedes, si el día de la Fiesta del Trono de Mohamed VI, mientras in-va-dí-an Ceuta, estaba el representante del Gobierno español, el ferviente promarroquí Luis Planas, celebrando la fiesta en la embajada de Marruecos? Mientras se perpetraba la invasión, el representante del PSOE y del Gobierno tomaba té y pastitas en la embajada de la Sra. Benyaich, la prófuga del Sr. Albares. Todos comprados por Marruecos. O vendidos, tanto da. ¿Qué tal la merendola? No dijeron ustedes nada de eso a los españoles. Ni de eso, ni de otras muchas cosas.
Por cierto, la entonces ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, tampoco tenía “pruebas suficientes”, “información completa”, cuando las hordas coloniales marroquíes devastaban brutalmente el Campamento de Gdeim Izik, el Campamento saharaui de la Dignidad, algo que no cabe en las cajas fuertes. Y ya se sabe, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
(*) Luis Portillo Pasqual del Riquelme es doctor en Ciencias Económicas, miembro del Centro de Estudios sobre el Sáhara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela (CESO-USC) y autor de En defensa de la causa saharaui. Testimonios de denuncia, resistencia y solidaridad (Círculo Rojo, oct. 2024).
Por LUIS PORTILLO PASQUAL DEL RIQUELME PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
La embajadora se llama Karima Benyaich. He oído que alguien en el Congreso de los Diputados (y las Diputadas, por supuesto) ha dicho que el ministro Albares había convocado a la embajadora, pero que esta no se había dignado aparecer porque estaba fuera de Madrid. ¿Y no tiene móvil?, me pregunto.
Desde que sucedió la invasión, el 30/31 de julio, los españoles –a la hora de redactar estas líneas— no hemos sabido nada de esa importante medida adoptada, según cuentan, por el señor Albares. Ahora, por alguna extraña razón, nuestros gerifaltes se han dignado filtrarla indirectamente. Claro, hasta ahora no se sabía que había sido el Estado gamberro –término que emplea no solo Chomsky, sino también hasta el diario El País, menos sospechoso…– el responsable de la gamberrada y, por lo tanto, no había por qué llamarle la atención ni tampoco molestar al vecino.
Pero ahora resulta que, después de casi un mes de estar haciendo mutis por el foro, mirar a la luna, decir tururú y exculpar al vecino, ahora, digo, después de negarlo más tres veces –como hizo san Pedro–, ahora sí, ha aparecido un informe jurídico-policial que desmiente la versión de los temerosos lacayos. Y es entonces cuando nos hemos enterado de que el valiente Albares cumplió con su obligación y ejerció sus papeles constitucionales.
Lo cierto es que el uno y la otra (o viceversa) no hacen sino jugar al gato y el ratón y al juego de la pelota, de hacer la pelota, a ver quién la hace más. Y digo esto porque cuando un convocado no acude al requerimiento de un juez, este, por lo menos a la tercera, le echa los perros y manda a la Guardia Civil u otras fuerzas del orden a buscarlo y traerlo por las orejas. Y a lo peor, con la imposición de una multa o una pena de cárcel, según –que hay muchos segunes–, según la familia, los millones y los enchufes.
Entonces, digo yo, si el juez (o jueza) puede dar empleo y valerse de la Policía o la Guardia Civil para esas tareas constitucionales, ¿por qué el Sr. Albares –me pregunto yo— no hizo lo propio con la Legión, la muy noble y leal? Pues creo yo que nuestras eficaces fuerzas de choque hubieran encontrado a dicha subversiva señora, salvo que esta se hubiera bajado al moro –que es lo que afirman— y atravesado la frontera de Ceuta de vuelta a su Reino soberano y tiránico, como mandaba a todos los suyos (y también los ajenos) el Sr. Grande-Marlaska.
Aunque muy bien pudiera ser que esta incompareciente subversiva, ni más ni menos se hallare encerrada en su cuarto de baño afilándose las uñas. O tal vez hubiera emprendido el regreso a su patria a través del pasadizo secreto construido por el Mossad desde los bajos de la embajada de Marruecos, atravesando –como el suburbano— el subsuelo de la Península Ibérica. Claro que, visto lo visto y oído lo oído, los servicios secretos españoles desconocerán los intríngulis de ese desfiladero subterráneo. No sería el único en España, ¿verdad?
Pero es que, por parte del sr. Albares –el pretendiente a poner ¡firmes! a la amenazadora señora del “habrá consecuencias” (¡y cómo se las gastan!)–, no creo yo que su requisitoria fuera muy cierta; o, dicho más suavemente, tuviera efecto, fuera efectiva, dado que el Sr. Albares, nuestro ministro de Exteriores, es un fervoroso promarroquí que ya vino enseñado para ello de sus tiempos y sus ligues en la embajada española en París, escuela ideal para el “Oui monsieur” y la bajada de la cerviz.
Y a las pruebas me remito para afirmar mi valoración de este “petit superman” (¿recuerdan ustedes el “que te pego, leche”?), pues, después de más de cinco años, aún no se ha enterado –así se lo afirmó a una compañera de quien esto escribe— de que todos los lunes, frente a la puerta de su Ministerio en la madrileña Plaza de la Provincia (que, por todo el sufrimiento causado, debiera llamarse Plaza de la Provincia 53) se concentran los miembros del Movimiento por los Presos Políticos Saharauis (MPPS) encarcelados por Marruecos, reclamando que, como potencia administradora que es España –diga lo que diga el anormal de Trump–, el Sr. ministro se ocupe de que se respeten los derechos de esos presos y exija su libertad al rey Mohamed VI, a Hammouchi o a su amigo y homólogo marroquí Nasser Burita.
Pues si no, ¿para que se trae a escondidas a Madrid a su amigo Burita en pleno Jueves Santo, con nocturnidad, premeditación y alevosía? (Por eso digo lo del “petit Superman”). ¿A qué vino su amigo marroquí, a tomar chocolate? ¿Le exigió el respeto y la libertad para los presos políticos saharauis injustamente condenados a larguísimas penas de prisión, incluso a cadena perpetua por reclamar la libertad, la autodeterminación de su pueblo y la independencia de la patria saharaui?
Pues si el ministro Albares no se entera de lo que tiene ante su Ministerio, ¿cómo se va a enterar de lo que perpetra su adorado tirano marroquí allende Ceuta? ¿Ha “cooperado” –como le gusta decir a la gente de este régimen–, ha “cooperado” el gamberro Estado marroquí para traer ante la Justicia española a los doce (no once, doce) altos cargos militares y policiales marroquíes acusados de genocidio, once de ellos procesados por un tribunal de la Audiencia Nacional presidido nada menos que por el Sr. Grande-Marlaska? ¿Algún comentario sobre esta otra cuestión, Sr. Albares?
Ellos sí que se lo trabajan bien: pidieron la cabeza del periodista Ignacio Cembrero y la obtuvieron; la cabeza de su antecesora en el cargo, Arancha González Laya, y la obtuvieron; la de la directora de la Feria del Libro de Madrid, y la obtuvieron… Y ahora van a “la caza” –como dice Vox— del valiente patriota saharaui Taleb Alisalem… ¿Van a dejar usted y Marlaska que lo consigan? ¿Le van a poner protección? ¿O vamos a tener un segundo “Affaire Ben Barka” en casa? Porque ya saben ustedes –y también los saharauis— cómo se las gasta el vecino…
Ya quisieran muchos de ustedes tener gente como Taleb (y hay muchos Talebs, doy fe). Y en ese “muchos de ustedes” incluyo también al señor de las joyas, el defensor de los oprimidos, el de la caja fuerte, el señor ZP. Y al Sr. José Bono, el de los negocios hípicos, entre otros, ferviente propagandista al servicio de Marruecos. Y al también acérrimo promarroquí y eurodiputado socialista López-Aguilar, capaz de tragarse cuantos sapos sean necesarios para tener contento al tirano alauita.
¿Qué honor, qué dignidad, qué principios y qué Ceuta van a defender ustedes, si el día de la Fiesta del Trono de Mohamed VI, mientras in-va-dí-an Ceuta, estaba el representante del Gobierno español, el ferviente promarroquí Luis Planas, celebrando la fiesta en la embajada de Marruecos? Mientras se perpetraba la invasión, el representante del PSOE y del Gobierno tomaba té y pastitas en la embajada de la Sra. Benyaich, la prófuga del Sr. Albares. Todos comprados por Marruecos. O vendidos, tanto da. ¿Qué tal la merendola? No dijeron ustedes nada de eso a los españoles. Ni de eso, ni de otras muchas cosas.
Por cierto, la entonces ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, tampoco tenía “pruebas suficientes”, “información completa”, cuando las hordas coloniales marroquíes devastaban brutalmente el Campamento de Gdeim Izik, el Campamento saharaui de la Dignidad, algo que no cabe en las cajas fuertes. Y ya se sabe, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
(*) Luis Portillo Pasqual del Riquelme es doctor en Ciencias Económicas, miembro del Centro de Estudios sobre el Sáhara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela (CESO-USC) y autor de En defensa de la causa saharaui. Testimonios de denuncia, resistencia y solidaridad (Círculo Rojo, oct. 2024).






























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