Viernes, 24 de Abril de 2026

Actualizada

Viernes, 24 de Abril de 2026 a las 07:51:37 horas

| 355
Viernes, 24 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

CANARIAS SE SECA: EL AVISO QUE ANTICIPA UNA CRISIS DEL AGUA EN TODA ESPAÑA

Canarias ya vive una crisis del agua que también golpea a otras zonas del Estado español

Menos lluvias útiles, acuíferos bajo presión y una demanda creciente dibujan en Canarias el avance de un problema que también golpea a la Península y Baleares. El agua entra en una nueva era de escasez. Y las soluciones ya no pueden esperar.

Por EUGENIO FERNÁNDEZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

  Mientras buena parte del debate público sigue refiriéndose cambio climático como si fuera una amenaza lejana, en las islas canarias ya adopta una forma concreta y material: menos agua disponible. No es una metáfora. Es menos agua en los acuíferos, menos humedad en los suelos, más presión sobre las desaladoras, más costes energéticos, más tensión entre agricultura, turismo y consumo urbano.

 

  Y aquí surge la primera incógnita: si Canarias está rodeada de mar, ¿cómo puede faltarle agua?  La respuesta obliga a desmontar una confusión muy extendida. Tener mar no significa tener agua potable. El agua marina necesita ser desalada, transportada, almacenada y pagada. Eso exige energía, infraestructuras y dinero. El agua natural que históricamente sostuvo la vida insular no venía del océano, sino de la lluvia, la infiltración subterránea, la niebla captada por los bosques y la recarga lenta de acuíferos volcánicos. Ese equilibrio empieza a resquebrajarse.

 

  Los estudios más recientes sobre balance hídrico en Canarias concluyen que todas las islas sufrirán descensos significativos de sus reservas naturales durante este siglo. En algunos escenarios, zonas enteras podrían perder casi por completo su capacidad natural de recarga

 

   Otra pregunta aparece enseguida. Si en algunos lugares la lluvia no cae mucho menos que antes, ¿por qué falta agua? Porque no importa solo cuánto llueve. Importa cuánto se pierde. El aumento sostenido de las temperaturas provoca más evapotranspiración. Traducido al lenguaje cotidiano: una parte creciente del agua vuelve a la atmósfera antes de infiltrarse en el suelo, alimentar manantiales o recargar acuíferos. El agua “rinde menos”. Ese es el corazón del problema climático en territorios secos: aunque las precipitaciones no se desplomen, el calor vacía el sistema desde dentro.

 

GRAN CANARIA Y EL HIERRO: DOS ALERTAS DISTINTAS

  Gran Canaria ofrece una imagen muy clara de este proceso. Sus principales reservas naturales se concentran en medianías y zonas montañosas del norte y centro. Son bolsas hídricas frágiles. En escenarios climáticos adversos, podrían reducirse hasta niveles mínimos o desaparecer en amplias áreas.

  

   El Hierro muestra otro tipo de amenaza. Allí algunas proyecciones estiman reducciones del balance hídrico de entre el 50% y el 75% a finales de siglo. Para una isla pequeña, abrupta y dependiente del agua subterránea, eso no es una estadística: es un cambio estructural.

 

   Unas islas sufren más que otras porque el clima no actúa sobre un mapa vacío. Actúa sobre territorios con relieve distinto, acuíferos diferentes, usos económicos desiguales y capacidades técnicas también distintas.

 

LANZAROTE Y FUERTEVENTURA: EL LABORATORIO EXTREMO

  Pero si hay dos territorios donde ya puede verse cual puede ser este problema del agua en un futuro cercano sson Lanzarote y Fuerteventura.

 

  El balance hídrico natural de estas dos islas ya es casi nulo. Dependen ampliamente de la desalación y de una gestión milimétrica del recurso. Allí el problema no es que se pase de abundancia a escasez. El problema es sostener la vida económica y social en condiciones de escasez permanente.

  

  Eso explica una contradicción central de nuestro tiempo: para resolver la falta de agua, muchas veces se necesita más energía. Y si esa energía sigue dependiendo de combustibles fósiles, se alimenta la misma crisis climática que agrava la sequía.

 

TENERIFE, LA PALMA Y LA GOMERA: NI LAS ZONAS HÚMEDAS ESTÁN A SALVO

  Durante décadas se pensó que las zonas verdes y húmedas de las islas occidentales eran una garantía natural. Tenerife norte, Garajonay en La Gomera o áreas húmedas de La Palma parecían reservas seguras.

 

  Pero incluso allí aparecen señales preocupantes. Los bosques de monteverde y laurisilva captan niebla, conservan humedad y funcionan como esponjas ecológicas. Si suben las temperaturas y cambian los regímenes atmosféricos, esa función también se debilita.  Es decir: no solo peligra el agua que vemos. También la que los ecosistemas fabrican silenciosamente.

 

LO QUE PASA EN CANARIAS YA PASA EN LA PENÍNSULA

  Este problema, en cualquier caso, no afecta exclusivamente al Archipiélago canario. 

 

   Los estudios estatales del CEDEX llevan años advirtiendo reducciones generales de recursos hídricos en España, especialmente en el sur y sureste peninsular. Las cuencas del Guadalquivir, Guadiana, Segura, Júcar y mediterráneas andaluzas figuran entre las más expuestas.

 

  Aquí vuelve otra paradoja: en algunos casos la lluvia podría caer un 10% o un 14%, pero la escorrentía y la recarga bajar mucho más. Exactamente la misma lógica observada en Canarias: el calentamiento multiplica las pérdidas.   Eso significa más restricciones agrícolas, más tensión urbana, más conflictos entre territorios y más dependencia de embalses cada vez menos fiables.

 

BALEARES: EL ESPEJO MEDITERRÁNEO

Si Canarias representa el laboratorio atlántico, Baleares es el espejo mediterráneo. Allí el abastecimiento depende en gran medida de acuíferos, con fuerte presión turística y ciclos de sequía recurrentes. También crece la desalación y la reutilización de aguas depuradas como salida estructural. El patrón se repite: clima seco, turismo intensivo, población creciente, acuíferos sobreexplotados y necesidad de infraestructuras caras. No son problemas aislados , sino expresiones territoriales de un mismo modelo.

 

EL ERROR DE CREER QUE TODO SE ARREGLA PRODUCIENDO MÁS AGUA

 

  Durante años la respuesta dominante fue aumentar oferta: más pozos, más embalses, más trasvases, más desaladoras. Pero esa estrategia tropieza con sus límites. No se puede bombear indefinidamente un acuífero sin agotarlo. No se puede trasvasar agua inexistente. No se puede desalar sin costes energéticos y ambientales. No se puede urbanizar sin límite en territorios secos esperando milagros tecnológicos. La pregunta correcta ya no es “cómo traer más agua”, sino “cómo reorganizar la demanda”.

   Eso implica reducir pérdidas en redes urbanas, modernizar regadíos, reutilizar aguas depuradas, proteger acuíferos, vincular desalación a renovables y, sobre todo, planificar el crecimiento turístico y urbanístico según límites reales.

   Porque aquí está la última incógnita, y quizá la más importante: ¿puede crecer indefinidamente una economía basada en atraer más población flotante y consumir más recursos finitos? La respuesta física parece clara: no.

   Canarias no es una excepción pintoresca. Es una advertencia avanzada. Lo que en el Archipiélago aparece con más crudeza —menos lluvia útil, más calor, acuíferos presionados, dependencia tecnológica y conflicto entre usos— resume el desafío que se extiende por buena parte del Estado español.

 

 
 
 
 
 
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.79

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.