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Lunes, 01 de Diciembre de 2025 Tiempo de lectura:

EL ESPEJISMO DE ESPARTA: EL GRAN ISRAEL ANTE EL OCASO DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE

"Estados Unidos actúa como un zombie geoestratégico".

El analista político José Manuel Rivero sostiene que la actual escalada en Oriente Medio revela algo más que una simple alianza estratégica. A su juicio, el centro real de poder dentro del bloque occidental se está desplazando, mostrando el desgaste del imperio estadounidense y el creciente protagonismo del proyecto geopolítico israel

 

Por JOSÉ MANUEL RIVERO (*) PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

[Img #90288]  La historia no se repite, pero a menudo rima con una crueldad asombrosa. Si observamos el tablero actual a través del prisma de la Guerra del Peloponeso, resulta imposible no identificar a los actores de este drama terminal. Estados Unidos, la Atenas de nuestra era, una talasocracia (dominio de los mares) hiper-extendida y presa de sus propias contradicciones internas, se encuentra hoy encadenada a una "Gran Esparta" en Oriente Medio, Israel. Benjamín Netanyahu no oculta su ambición: la consolidación del proyecto del Gran Israel, una entidad cuya razón de ser es la expansión territorial y la hegemonía regional absoluta. Sin embargo, en esta versión moderna del conflicto, el aliado menor no busca la protección del imperio, sino que lo fagocita, ocupando su lugar y arrastrándolo a un abismo de desgaste que ha culminado en la agresión conjunta iniciada el 28 de febrero de 2026 contra la República Islámica de Irán.

     Como bien ha señalado el analista Andrei Martyanov, estamos asistiendo a una inversión de la jerarquía de poder donde la "Gran Esparta" israelí ha logrado neutralizar la autonomía estratégica de Washington. Este proceso alcanzó un punto de inflexión con la caída de Siria en diciembre de 2024. Lo que se presentó como una liberación fue, en realidad, el desmantelamiento de un Estado soberano para someterlo a una tutela asfixiante de la alianza EE. UU.-Israel, paradójicamente apoyada en facciones del yihadismo terrorista que antes se decían combatir. Esta alianza contra natura, diseñada para fragmentar el eje de resistencia, no solo ha desestabilizado la región, sino que ha servido de continuidad agendada y que hoy presenciamos: sigue acentuándose el genocidio en Gaza y una campaña de aniquilación en el Líbano, extendiendo las llamas del conflicto hasta el corazón de Irán mediante la agresión directa iniciada el 28 de febrero pasado.

  

    En la lógica de Martyanov, el poder militar real no se mide solo en el despliegue de portaaviones, sino en la capacidad de sostener una guerra de alta intensidad y en la soberanía de la toma de decisiones. Hoy, EE.UU. actúa como un "zombie geoestratégico". Sin embargo, el análisis debe ir más allá: no es solo un arrastre, es una suplantación orgánica. El sionismo ha ocupado el lugar del imperialismo estadounidense, parasitando sus recursos, su logística y su paraguas atómico para ejecutar una agenda que ya no responde a los intereses nacionales de Washington, sino al delirio expansionista del Gran Israel. El ataque conjunto de 2026 es la prueba fehaciente de que el centro de gravedad de la toma de decisiones se ha desplazado definitivamente hacia Tel Aviv.

 

  Este fenómeno de ocupación no es accidental. Aquí es donde entra en juego la dimensión más oscura de la geopolítica de la coerción. Los archivos de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, con sus vínculos documentados con la inteligencia del Mossad, representan el elemento de chantaje necesario para garantizar esta simbiosis. No hablamos de diplomacia, sino de Kompromat (material comprometido) a escala industrial. La captura de las élites occidentales mediante operaciones de inteligencia asimétrica ha permitido que el sionismo se instale en la médula espinal del aparato estatal estadounidense. Es la degradación absoluta de la política, convertida en un sistema de rehenes donde la "Gran Esparta" no solo dicta la marcha fúnebre de su protector, sino que se ha revestido con su armadura para librar sus propias guerras.

 

   El resultado de esta deriva es el desgaste acelerado de lo que alguna vez fue la hegemonía de Atenas. Mientras la base material y manufacturera de Washington se agota en una guerra de exterminio que solo beneficia al proyecto sionista, las potencias euroasiáticas: Rusia y China —la verdadera "Macedonia" que espera al acecho— observan el proceso de canibalización interna del sistema occidental. Para Martyanov, la ceguera estratégica de los generales del Pentágono es el síntoma de una sustitución de mando. Al igual que Atenas perdió su esencia tras la desastrosa expedición a Sicilia, Estados Unidos ha dejado de existir como entidad soberana para convertirse en la plataforma logística de un tercero. El espejismo de la Gran Esparta no solo está redibujando el mapa de Oriente Medio con sangre; está asegurando que, cuando el imperio estadounidense  forjado en la Constitución de 1787 caiga, lo haga habiendo sido previamente transformado para ocupar inmediatamente, sin solución de continuidad, su lugar a través de un sistema imperialista estadounidense sionista evangélico, en alianza con el Gran Israel, impregnado de una ideología que ha hecho del genocidio y la agresión su única razón de Estado para dominar el mundo que conocemos y el que aún está por conocer.

 

(*) José Manuel Rivero es abogado y analista político.

 

 
 
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