GUANARTEME SE MUEVE: UN BARRIO POPULAR DE GRAN CANARIA FRENTE A LA ELITIZACIÓN URBANA
"Las formas de habitar reflejan las formas de dominación existentes en una sociedad"
En muchas ciudades del Estado español se repite hoy el mismo conflicto. Barrios populares que durante décadas fueron espacios de vida obrera, redes vecinales y memoria colectiva pasan a convertirse en objetivo prioritario del negocio inmobiliario (...).
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
En muchas ciudades del Estado español se repite hoy el mismo conflicto. Barrios populares que durante décadas fueron espacios de vida obrera, redes vecinales y memoria colectiva pasan a convertirse en objetivo prioritario del negocio inmobiliario. Lo que se presenta como modernización, renovación o progreso suele esconder otra realidad mucho más dura: la expulsión paulatina de quienes han construido esos lugares con su trabajo y su vida cotidiana.
Eso es lo que ocurre en Guanarteme, en Las Palmas de Gran Canaria. Este histórico barrio costero vive desde hace años una transformación acelerada marcada por el encarecimiento de la vivienda, la presión constructora y la pérdida progresiva de su tejido social. Frente a ello, distintos colectivos vecinales se han organizado para defender el derecho a seguir viviendo en su barrio y para denunciar un modelo urbano pensado para la rentabilidad privada antes que para las necesidades humanas.
Un barrio popular convertido en objeto de negocio
Guanarteme no nació como zona de lujo ni como escaparate turístico. Fue durante generaciones un barrio trabajador, levantado con esfuerzo popular, donde convivían pequeñas viviendas, comercio de proximidad - las llamadas "tiendas de aceite y vinagre"- , relaciones de ayuda mutua y una identidad muy arraigada.
Sin embargo, esa realidad ha comenzado a alterarse profundamente. El aumento sostenido del precio de la vivienda hace cada vez más difícil alquilar o comprar en la zona para quienes viven de su salario. A ello se suma la sustitución de casas tradicionales por nuevas promociones de mayor rentabilidad económica, muchas veces desconectadas de la escala urbana y de las necesidades reales del entorno.
Como consecuencia de ello, los vecinos de toda la vida no pueden asumir los nuevos precios, los pequeños negocios desaparecen, las calles se saturan y el barrio se va tranformando, paulatinamente, en una mercancía para e negocio inmobiliario más especulativo. Guanarteme está dejando de ser un hogar y un lugar de encuentro colectivo para sus vecinos para convertirse en una "oportunidad de inversión".
"Elitización, el término defendido por la geógrafa canaria Luz Marina García Herrera, describe la naturaleza del fenómeno con mucha mayor precisión que el anglicismo gentrificación"
La “elitización” describe el problema
Este proceso suele nombrarse con el anglicismo gentrificación. Sin embargo, la fallecida geógrafa canaria Luz Marina García Herrera defendió durante años el uso castellano, mucho más preciso, de elitización. La palabra “gentrificación”, importada del inglés, puede sonar técnica o neutral. En cambio, “elitización”, tal y como sostenía Luz Marina García Herrera, señala el contenido social del fenómeno: la sustitución de población trabajadora por sectores más acomodados y la reorganización del barrio en función de sus intereses y de los beneficios empresariales asociados. Es, por tanto, una palabra más clara y más fiel a lo que sucede.
"Las formas de habitar reflejan las formas de dominación existentes en una sociedad"
La ciudad como campo de conflicto
Una de las grandes aportaciones teóricas de Luz Marina García Herrera fue explicar que la ciudad no es una simple suma de edificios, calles y plazas. La ciudad expresa relaciones de poder. Quién posee el suelo, quién decide qué se construye, qué barrios reciben inversiones públicas, qué zonas se degradan deliberadamente o quién puede pagar una vivienda son preguntas profundamente políticas. Las formas de habitar reflejan las formas de dominación existentes en una sociedad.
Este marco teórico permite entener que lo que ocurre en Guanarteme, y otros miles de barrios populares de todo el Estado español, no es un accidente del mercado ni una consecuencia inevitable del crecimiento urbano. Es el resultado de decisiones económicas e institucionales que favorecen la rentabilidad inmobiliaria por encima del derecho a la permanencia de la población residente. Cuando un barrio popular se revaloriza, aparecen fondos de inversión, promotoras y propietarios interesados en extraer mayores beneficios. Si no existe protección pública suficiente, el desplazamiento vecinal acaba convirtiéndose en la lógica dominante.
El desalojo silencioso
La elitización no siempre adopta la forma brutal del desahucio inmediato. A menudo funciona como un desalojo lento y silencioso. Suben los alquileres. Se venden edificios enteros. Los contratos no se renuevan. Los comercios cotidianos son sustituidos por negocios orientados a consumidores con mayor renta o al turismo. Los jóvenes del barrio no pueden emanciparse allí. Las familias mayores quedan aisladas en un entorno que ya no reconocen.
Ese mecanismo también fue descrito por Luz Marina García Herrera como una "reconquista urbana por parte del capital". El objetivo de los actores económicos que lo controlan y se enriquecen con él es transformar el valor del suelo y extraer nuevas rentas, aunque para ello sea necesario expulsar población. Eso mismo puede observarse hoy en Guanarteme.
La importancia de la organización vecinal
Frente a este proceso, el barrio no permanece pasivo. Plataformas y colectivos ciudadanos, como Guanarteme se mueve, llevan tiempo denunciando la falta de planificación democrática, la especulación inmobiliaria y la pérdida de calidad de vida. Elpapel de estos colectivos es fundamental por varias razones.
Por un lado, porque visibilizan un conflicto que muchas veces es presentado por los medios de comunicación corporativos como una "simple evolución natural del mercado". Al mismo tiempo, documentan problemas concretos: presión urbanística, insuficiencia de servicios, impacto sobre la movilidad, desaparición de vivienda accesible o pérdida de identidad comunitaria. Finalmente, estas plantaformas ciudadanas sirven para reivindicar que los barrios pertenezcan a quienes los habitan y no a los grandes inversores.
Otra forma de rehabilitar la ciudad
La alternativa existe. Rehabilitación pública, mejora de espacios comunes, protección del pequeño comercio, vivienda asequible y garantía de permanencia de la población residente.
Es decir, regenerar sin expulsar. Un barrio puede modernizar infraestructuras, ganar zonas verdes, mejorar accesibilidad o recuperar edificios deteriorados sin convertirse en territorio hostil para sus habitantes tradicionales.
Pero conquistar este tipo de cambios exige llevar a otro nivel de la organización popular, integrar las luchas de diferentes barrios y por reivindicaciones diversas que tengan en común este anhelo de reapropiación colectiva del espacio público e imponer una una concepción de la vivienda como derecho social y no como activo financiero.
Mientras predomine la lógica especulativa, toda mejora urbana corre siempre el riesgo de transformarse en mecanismo de elitización.
Por eso la defensa de barrios populares como Guanarteme tiene un valor que supera sus límites geográficos. Expresa una disputa central de nuestro tiempo: si las ciudades estarán al servicio del capital o al servicio de quienes las hacen vivir cada día. Estamos ante una lucha por el derecho a permanecer, a habitar y a existir en la ciudad propia.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
En muchas ciudades del Estado español se repite hoy el mismo conflicto. Barrios populares que durante décadas fueron espacios de vida obrera, redes vecinales y memoria colectiva pasan a convertirse en objetivo prioritario del negocio inmobiliario. Lo que se presenta como modernización, renovación o progreso suele esconder otra realidad mucho más dura: la expulsión paulatina de quienes han construido esos lugares con su trabajo y su vida cotidiana.
Eso es lo que ocurre en Guanarteme, en Las Palmas de Gran Canaria. Este histórico barrio costero vive desde hace años una transformación acelerada marcada por el encarecimiento de la vivienda, la presión constructora y la pérdida progresiva de su tejido social. Frente a ello, distintos colectivos vecinales se han organizado para defender el derecho a seguir viviendo en su barrio y para denunciar un modelo urbano pensado para la rentabilidad privada antes que para las necesidades humanas.
Un barrio popular convertido en objeto de negocio
Guanarteme no nació como zona de lujo ni como escaparate turístico. Fue durante generaciones un barrio trabajador, levantado con esfuerzo popular, donde convivían pequeñas viviendas, comercio de proximidad - las llamadas "tiendas de aceite y vinagre"- , relaciones de ayuda mutua y una identidad muy arraigada.
Sin embargo, esa realidad ha comenzado a alterarse profundamente. El aumento sostenido del precio de la vivienda hace cada vez más difícil alquilar o comprar en la zona para quienes viven de su salario. A ello se suma la sustitución de casas tradicionales por nuevas promociones de mayor rentabilidad económica, muchas veces desconectadas de la escala urbana y de las necesidades reales del entorno.
Como consecuencia de ello, los vecinos de toda la vida no pueden asumir los nuevos precios, los pequeños negocios desaparecen, las calles se saturan y el barrio se va tranformando, paulatinamente, en una mercancía para e negocio inmobiliario más especulativo. Guanarteme está dejando de ser un hogar y un lugar de encuentro colectivo para sus vecinos para convertirse en una "oportunidad de inversión".
"Elitización, el término defendido por la geógrafa canaria Luz Marina García Herrera, describe la naturaleza del fenómeno con mucha mayor precisión que el anglicismo gentrificación"
La “elitización” describe el problema
Este proceso suele nombrarse con el anglicismo gentrificación. Sin embargo, la fallecida geógrafa canaria Luz Marina García Herrera defendió durante años el uso castellano, mucho más preciso, de elitización. La palabra “gentrificación”, importada del inglés, puede sonar técnica o neutral. En cambio, “elitización”, tal y como sostenía Luz Marina García Herrera, señala el contenido social del fenómeno: la sustitución de población trabajadora por sectores más acomodados y la reorganización del barrio en función de sus intereses y de los beneficios empresariales asociados. Es, por tanto, una palabra más clara y más fiel a lo que sucede.
"Las formas de habitar reflejan las formas de dominación existentes en una sociedad"
La ciudad como campo de conflicto
Una de las grandes aportaciones teóricas de Luz Marina García Herrera fue explicar que la ciudad no es una simple suma de edificios, calles y plazas. La ciudad expresa relaciones de poder. Quién posee el suelo, quién decide qué se construye, qué barrios reciben inversiones públicas, qué zonas se degradan deliberadamente o quién puede pagar una vivienda son preguntas profundamente políticas. Las formas de habitar reflejan las formas de dominación existentes en una sociedad.
Este marco teórico permite entener que lo que ocurre en Guanarteme, y otros miles de barrios populares de todo el Estado español, no es un accidente del mercado ni una consecuencia inevitable del crecimiento urbano. Es el resultado de decisiones económicas e institucionales que favorecen la rentabilidad inmobiliaria por encima del derecho a la permanencia de la población residente. Cuando un barrio popular se revaloriza, aparecen fondos de inversión, promotoras y propietarios interesados en extraer mayores beneficios. Si no existe protección pública suficiente, el desplazamiento vecinal acaba convirtiéndose en la lógica dominante.
El desalojo silencioso
La elitización no siempre adopta la forma brutal del desahucio inmediato. A menudo funciona como un desalojo lento y silencioso. Suben los alquileres. Se venden edificios enteros. Los contratos no se renuevan. Los comercios cotidianos son sustituidos por negocios orientados a consumidores con mayor renta o al turismo. Los jóvenes del barrio no pueden emanciparse allí. Las familias mayores quedan aisladas en un entorno que ya no reconocen.
Ese mecanismo también fue descrito por Luz Marina García Herrera como una "reconquista urbana por parte del capital". El objetivo de los actores económicos que lo controlan y se enriquecen con él es transformar el valor del suelo y extraer nuevas rentas, aunque para ello sea necesario expulsar población. Eso mismo puede observarse hoy en Guanarteme.
La importancia de la organización vecinal
Frente a este proceso, el barrio no permanece pasivo. Plataformas y colectivos ciudadanos, como Guanarteme se mueve, llevan tiempo denunciando la falta de planificación democrática, la especulación inmobiliaria y la pérdida de calidad de vida. Elpapel de estos colectivos es fundamental por varias razones.
Por un lado, porque visibilizan un conflicto que muchas veces es presentado por los medios de comunicación corporativos como una "simple evolución natural del mercado". Al mismo tiempo, documentan problemas concretos: presión urbanística, insuficiencia de servicios, impacto sobre la movilidad, desaparición de vivienda accesible o pérdida de identidad comunitaria. Finalmente, estas plantaformas ciudadanas sirven para reivindicar que los barrios pertenezcan a quienes los habitan y no a los grandes inversores.
Otra forma de rehabilitar la ciudad
La alternativa existe. Rehabilitación pública, mejora de espacios comunes, protección del pequeño comercio, vivienda asequible y garantía de permanencia de la población residente.
Es decir, regenerar sin expulsar. Un barrio puede modernizar infraestructuras, ganar zonas verdes, mejorar accesibilidad o recuperar edificios deteriorados sin convertirse en territorio hostil para sus habitantes tradicionales.
Pero conquistar este tipo de cambios exige llevar a otro nivel de la organización popular, integrar las luchas de diferentes barrios y por reivindicaciones diversas que tengan en común este anhelo de reapropiación colectiva del espacio público e imponer una una concepción de la vivienda como derecho social y no como activo financiero.
Mientras predomine la lógica especulativa, toda mejora urbana corre siempre el riesgo de transformarse en mecanismo de elitización.
Por eso la defensa de barrios populares como Guanarteme tiene un valor que supera sus límites geográficos. Expresa una disputa central de nuestro tiempo: si las ciudades estarán al servicio del capital o al servicio de quienes las hacen vivir cada día. Estamos ante una lucha por el derecho a permanecer, a habitar y a existir en la ciudad propia.


































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