ALVARO CUHNAL: MENTIRAS Y VERDADES SOBRE EL 25 DE ABRIL PORTUGUÉS
¿Fue la "Revolución de los Claveles" una "transición democrática" o una oportunidad histórica neutralizada desde dentro y desde fuera?
El 25 de abril de 1974 derribó una de las dictaduras más largas de Europa y abrió en Portugal un tiempo de esperanza, conflicto y cambios profundos. Medio siglo después, aquel proceso sigue siendo terreno de disputa. En "Verdades y mentiras de la Revolución de Abril", Álvaro Cunhal defiende que la revolución no sólo enfrentó fuerzas internas, sino también intervenciones exteriores decididas a frenar aquel potente impulso transformador. Este reportaje reconstruye esa batalla política y moral que todavía resuena en el presente-
Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Según cuentan, Lisboa amaneció aquel 25 de abril de 1974 con un ruido extraño. No era el estruendo de una guerra, ni
tampoco el rugido de una multitud indignada. Era el sonido seco de los motores militares avanzando por las calles y, poco después, el murmullo creciente de una ciudad que empezaba a comprender que algo histórico estaba ocurriendo.
En unas pocas horas, una de las dictaduras más largas de Europa occidental se derrumbaba. Los fusiles comenzaron a llenarse de claveles rojos. El miedo, después de casi medio siglo, comenzaba a retroceder.
Sin embargo, algunas revoluciones no terminan cuando cae el régimen al que combaten. Continúan después, en los libros, en los periódicos, en los discursos oficiales, en la memoria pública. Eso lo entendió muy bien Álvaro Cunhal cuando escribió el libro "A Verdade e a Mentira na Revolução de Abril" —La verdad y la mentira en la Revolución de Abril—, una obra monumental donde no sólo recuerda aquellos acontecimientos, sino que combate una segunda batalla: la batalla por el relato de lo ocurrido. Porque para Cunhal, el 25 de Abril no fue una simple transición ordenada, ni una reforma inteligente realizada desde arriba. Fue una ruptura histórica. Y como toda ruptura verdadera, generó enemigos poderosos que se empeñaron en reducirla, domesticarla o deformarla. Este reportaje reconstruye esa mirada.
¿QUIÉN ERA ÁLVARO CUNHAL Y POR QUÉ SU VOZ, DESPUÉS DE MUERTO, SIGUE PESANDO?
Hablar de Álvaro Cunhal es hablar de una de las figuras más decisivas del Portugal contemporáneo. Dirigente histórico del Partido Comunista Portugués, opositor frontal a la dictadura salazarista, pasó largos años en prisión y sufrió persecución política durante la dictadura. Su célebre fuga de la cárcel de Peniche en 1960 lo convirtió en una leyenda de la
resistencia clandestina.
Pero Cunhal no fue sólo un símbolo de oposición. También fue protagonista directo del proceso revolucionario abierto en 1974. No escribió, pues, como espectador. Su relato fue el de alguien que estuvo dentro del conflicto, que conoció las negociaciones, las tensiones militares, las movilizaciones obreras, las presiones internacionales y la lucha abierta entre proyectos de país.
Eso le da a su testimonio una fuerza especial: mezcla memoria, interpretación política y ajuste de cuentas histórico.
En las primeras páginas del libro deja clara su intención. Quiere responder a lo que él consideró una manipulación sistemática del pasado. Habla de cómo la historia puede ser escrita no para esclarecer, sino para encubrir. Y denuncia que la mentira política suele presentarse con ropaje académico o periodístico. El testimonio que comentamos no fue escrito para recordar con nostalgia. Lo escribió para disputar el sentido del presente.
LA DICTADURA NO CAYÓ POR DESGASTE NATURAL
Uno de los puntos centrales de Cunhal consiste en desmontar una idea muy acomodada en los relatos oficiales o semioficiales: que el régimen portugués había caído porque estaba viejo y agotado, casi por inercia.
Según su interpretación, la dictadura cayó porque fue derrotada. Durante décadas, Portugal había vivido bajo el Estado Novo, primero con Salazar y después con Marcelo Caetano. Censura, policía política, represión sindical, persecución de opositores y ausencia de libertades básicas definían el sistema. Pero a comienzos de los años setenta la estructura ya mostraba grietas profundas.
LA GUERRA COLONIAL
Portugal mantenía conflictos armados en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau. Miles de jóvenes eran enviados a campañas largas y costosas. El desgaste humano, económico y moral era enorme. El Ejército empezó a fracturarse. Oficiales jóvenes cuestionaban una guerra interminable librada para sostener un imperio en abierta descomposición.
Cunhal insiste en que esa crisis colonial fue decisiva, pero no única. También existía malestar obrero, desigualdad social, atraso económico y una sociedad cansada de obedecer en silencio. La dictadura no cayó sola: la empujaron las contradicciones acumuladas durante décadas. Es una diferencia importante. No es lo mismo que un régimen envejezca a que sea vencido.
NO FUE SÓLO UN GOLPE MILITAR: FUE UNA IRRUPCIÓN POPULAR
Muchos relatos internacionales presentan el 25 de Abril como un golpe militar limpio y casi romántico protagonizado por oficiales democráticos. Cunhal rechaza que esa explicación sea suficiente.
Reconoce el papel decisivo del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), pero subraya que el proceso se transformó con la entrada masiva del pueblo en escena.
Las calles se llenaron de gente. Se multiplicaron las asambleas. Los trabajadores exigieron derechos largamente negados. Los campesinos del sur ocuparon latifundios improductivos. En fábricas y barrios surgieron rápidamente nuevas formas de organización popular.
Lo que había comenzado como una acción militar contra la cúpula del régimen salazarista se convirtió rápidamente en algo mucho más profundo: una movilización social con voluntad de cambiar estructuras enteras.
Cunhal considera ese momento como la verdadera dimensión revolucionaria de Abril. No sólo cayó un gobierno, se cuestionaron relaciones de poder arraigadas.
Para entenderlo hoy, basta una comparación sencilla. Una cosa es cambiar al director de una empresa. Y otra bien distinta es que los trabajadores entren a discutir cómo funciona la empresa, cómo se reparten los beneficios y quién toma decisiones. Portugal vivió algo parecido, pero a escala nacional.
LOS MIEDOS DE LAS ÉLITES
Toda revolución produce entusiasmo en unos y alarma en otros. Mientras amplios sectores populares celebraban la apertura democrática, los grandes propietarios, ciertos grupos financieros, sectores conservadores del aparato estatal y aliados internacionales observaban con preocupación el rumbo de los acontecimientos.
Nacionalizaciones bancarias, reforma agraria, control obrero en algunas empresas, participación popular intensa y una izquierda muy organizada no eran señales tranquilizadoras para quienes habían prosperado bajo el viejo orden.
Cunhal sostiene en su libro que desde muy pronto comenzó una operación para contener el proceso. No siempre mediante violencia abierta. A menudo mediante campañas de prensa, maniobras institucionales, creación de miedos económicos y la construcción de una narrativa que presentaba cualquier cambio profundo como caos inminente.
La fórmula es conocida en muchas épocas: cuando no se puede defender abiertamente el pasado, se exagera el peligro del futuro.
![[Img #91282]](https://canarias-semanal.org/upload/images/04_2026/8669_intervencion.jpg)
LA CONTRARREVOLUCIÓN, SEGÚN CUNHAL
El libro de Cunhal es especialmente duro cuando aborda lo que llama la contrarrevolución. Con ese término no se refiere únicamente a un intento de restaurar la vieja dictadura. Habla de algo más sofisticado: vaciar el impulso revolucionario manteniendo formas democráticas.
Es decir, aceptar elecciones, pero poniendo límites estrictos a los cambios sociales; tolerar libertades, pero blindando a los poderes económicos; celebrar Abril como símbolo, mientras se neutralizaba su contenido transformador.
Para Cunhal, eso ocurrió progresivamente. Portugal consolidó una democracia parlamentaria formal positiva en términos de libertades públicas, pero que se fue alejando de las aspiraciones sociales nacidas en 1974 y 1975.
Su crítica no niega los avances democráticos que se produjeron. Pero denuncia la dramática reducción del horizonte político. En otras palabras: se permitía votar, pero estrechando rigurosamente los límites de lo que podía decidirse.
LA BATALLA POR LA MEMORIA
Quizá la parte más actual del libro no sea la dedicada a los hechos, sino la dedicada al recuerdo de los hechos. Cunhal acusa a determinados sectores de presentar la revolución como una etapa confusa, extremista o irresponsable de la que Portugal tuvo que “salvarse” regresando a la moderación.
Frente a eso, reivindica que muchas conquistas sociales nacieron precisamente de aquel impulso: derechos laborales, ampliación de servicios públicos, libertades sindicales y dignidad política para millones de personas que antes sólo obedecían.
La discusión no es sólo histórica. Cuando se desacredita una revolución pasada, aunque ésta fuera finalmente derrotada, a menudo se pretende con ello desactivar la imaginación política del presente. El mensaje implícito suele ser este: no intenten cambiar demasiado las cosas; ya vimos cómo termina.
Por eso Cunhal pelea tanto por la memoria. Sabe que quien domina el pasado condiciona el futuro.
¿QUÉ QUEDA HOY DEL 25 DE ABRIL?
Huelga decir que el Portugal de 2026 no es el Portugal de la dictadura de 1974.
Sin embargo, continúa arrastrando problemas que siguen haciendo actuales los reclamos de Cunhal: una gran precariedad laboral, enormes dificultades de acceso a la vivienda, una desigualdad creciente, total dependencia económica exterior, desafección política, auge de las nuevas derechas.
Las jovenes generaciones portuguesas conocen el 25 de Abril como una fecha escolar y una canción famosa. Pero de acuerdo con los datos de los que disponemos, conocen mucho menos la intensidad social que contuvo aquel proceso. Menos aún saben que durante un tiempo habia parecido posible reorganizar el país desde abajo.
Eso explica el valor inquietante de libros como el de Alvaro Cuhnal. Nos recuerdan que la democracia no nació sólo de pactos en despachos, sino sobre todo de la presión popular, del conflicto social y de las aspiraciones colectivas.
Y recuerdan otra cosa: que la historia nunca va estar cerrada.
CUNHAL, ENTRE LA PASIÓN Y LA POLÉMICA
Por supuesto, Cunhal no es un "cronista neutral". Tiene posiciones firmes, adversarios identificados y una mirada ideológica nítida. Su libro discute, acusa, rebate y combate.
Pero precisamente por eso resulta más valioso. Los grandes procesos históricos no pueden entenderse sólo con documentos administrativos o balances tecnocráticos. También se comprenden escuchando a quienes lucharon dentro de ellos, con sus certezas, errores y pasiones.
Cunhal escribe desde ese periodo histórico tan crucial de la historia reciente de Portugal con una convicción profunda. Abril fue una oportunidad histórica que no debía haber sido reducida a simple cambio de élites.
LOS CLAVELES Y LAS PALABRAS: EL LEGADO DE ABRIL
Aquel día de 1974, los soldados llevaban flores en los fusiles. Medio siglo después ya no quedan tanques en las avenidas ni multitudes improvisando asambleas en cada esquina. Quedan, sin embargo, las palabras y algunas preguntas. Preguntas sobre quién derribó la dictadura, sobre quién frenó los cambios y sobre cuánto puede transformarse realmente un régimen político si no se transforma también el sistema económico sobre el que este se ha construido.
Álvaro Cunhal escribió su libro para intervenir en esa disputa. Entendió algo esencial: las revoluciones pueden morir dos veces. Primero cuando son derrotadas. Y luego, si son olvidadas.
Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
Según cuentan, Lisboa amaneció aquel 25 de abril de 1974 con un ruido extraño. No era el estruendo de una guerra, ni
tampoco el rugido de una multitud indignada. Era el sonido seco de los motores militares avanzando por las calles y, poco después, el murmullo creciente de una ciudad que empezaba a comprender que algo histórico estaba ocurriendo.
En unas pocas horas, una de las dictaduras más largas de Europa occidental se derrumbaba. Los fusiles comenzaron a llenarse de claveles rojos. El miedo, después de casi medio siglo, comenzaba a retroceder.
Sin embargo, algunas revoluciones no terminan cuando cae el régimen al que combaten. Continúan después, en los libros, en los periódicos, en los discursos oficiales, en la memoria pública. Eso lo entendió muy bien Álvaro Cunhal cuando escribió el libro "A Verdade e a Mentira na Revolução de Abril" —La verdad y la mentira en la Revolución de Abril—, una obra monumental donde no sólo recuerda aquellos acontecimientos, sino que combate una segunda batalla: la batalla por el relato de lo ocurrido. Porque para Cunhal, el 25 de Abril no fue una simple transición ordenada, ni una reforma inteligente realizada desde arriba. Fue una ruptura histórica. Y como toda ruptura verdadera, generó enemigos poderosos que se empeñaron en reducirla, domesticarla o deformarla. Este reportaje reconstruye esa mirada.
¿QUIÉN ERA ÁLVARO CUNHAL Y POR QUÉ SU VOZ, DESPUÉS DE MUERTO, SIGUE PESANDO?
Hablar de Álvaro Cunhal es hablar de una de las figuras más decisivas del Portugal contemporáneo. Dirigente histórico del Partido Comunista Portugués, opositor frontal a la dictadura salazarista, pasó largos años en prisión y sufrió persecución política durante la dictadura. Su célebre fuga de la cárcel de Peniche en 1960 lo convirtió en una leyenda de la
resistencia clandestina.
Pero Cunhal no fue sólo un símbolo de oposición. También fue protagonista directo del proceso revolucionario abierto en 1974. No escribió, pues, como espectador. Su relato fue el de alguien que estuvo dentro del conflicto, que conoció las negociaciones, las tensiones militares, las movilizaciones obreras, las presiones internacionales y la lucha abierta entre proyectos de país.
Eso le da a su testimonio una fuerza especial: mezcla memoria, interpretación política y ajuste de cuentas histórico.
En las primeras páginas del libro deja clara su intención. Quiere responder a lo que él consideró una manipulación sistemática del pasado. Habla de cómo la historia puede ser escrita no para esclarecer, sino para encubrir. Y denuncia que la mentira política suele presentarse con ropaje académico o periodístico. El testimonio que comentamos no fue escrito para recordar con nostalgia. Lo escribió para disputar el sentido del presente.
LA DICTADURA NO CAYÓ POR DESGASTE NATURAL
Uno de los puntos centrales de Cunhal consiste en desmontar una idea muy acomodada en los relatos oficiales o semioficiales: que el régimen portugués había caído porque estaba viejo y agotado, casi por inercia.
Según su interpretación, la dictadura cayó porque fue derrotada. Durante décadas, Portugal había vivido bajo el Estado Novo, primero con Salazar y después con Marcelo Caetano. Censura, policía política, represión sindical, persecución de opositores y ausencia de libertades básicas definían el sistema. Pero a comienzos de los años setenta la estructura ya mostraba grietas profundas.
LA GUERRA COLONIAL
Portugal mantenía conflictos armados en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau. Miles de jóvenes eran enviados a campañas largas y costosas. El desgaste humano, económico y moral era enorme. El Ejército empezó a fracturarse. Oficiales jóvenes cuestionaban una guerra interminable librada para sostener un imperio en abierta descomposición.
Cunhal insiste en que esa crisis colonial fue decisiva, pero no única. También existía malestar obrero, desigualdad social, atraso económico y una sociedad cansada de obedecer en silencio. La dictadura no cayó sola: la empujaron las contradicciones acumuladas durante décadas. Es una diferencia importante. No es lo mismo que un régimen envejezca a que sea vencido.
NO FUE SÓLO UN GOLPE MILITAR: FUE UNA IRRUPCIÓN POPULAR
Muchos relatos internacionales presentan el 25 de Abril como un golpe militar limpio y casi romántico protagonizado por oficiales democráticos. Cunhal rechaza que esa explicación sea suficiente.
Reconoce el papel decisivo del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), pero subraya que el proceso se transformó con la entrada masiva del pueblo en escena.
Las calles se llenaron de gente. Se multiplicaron las asambleas. Los trabajadores exigieron derechos largamente negados. Los campesinos del sur ocuparon latifundios improductivos. En fábricas y barrios surgieron rápidamente nuevas formas de organización popular.
Lo que había comenzado como una acción militar contra la cúpula del régimen salazarista se convirtió rápidamente en algo mucho más profundo: una movilización social con voluntad de cambiar estructuras enteras.
Cunhal considera ese momento como la verdadera dimensión revolucionaria de Abril. No sólo cayó un gobierno, se cuestionaron relaciones de poder arraigadas.
Para entenderlo hoy, basta una comparación sencilla. Una cosa es cambiar al director de una empresa. Y otra bien distinta es que los trabajadores entren a discutir cómo funciona la empresa, cómo se reparten los beneficios y quién toma decisiones. Portugal vivió algo parecido, pero a escala nacional.
LOS MIEDOS DE LAS ÉLITES
Toda revolución produce entusiasmo en unos y alarma en otros. Mientras amplios sectores populares celebraban la apertura democrática, los grandes propietarios, ciertos grupos financieros, sectores conservadores del aparato estatal y aliados internacionales observaban con preocupación el rumbo de los acontecimientos.
Nacionalizaciones bancarias, reforma agraria, control obrero en algunas empresas, participación popular intensa y una izquierda muy organizada no eran señales tranquilizadoras para quienes habían prosperado bajo el viejo orden.
Cunhal sostiene en su libro que desde muy pronto comenzó una operación para contener el proceso. No siempre mediante violencia abierta. A menudo mediante campañas de prensa, maniobras institucionales, creación de miedos económicos y la construcción de una narrativa que presentaba cualquier cambio profundo como caos inminente.
La fórmula es conocida en muchas épocas: cuando no se puede defender abiertamente el pasado, se exagera el peligro del futuro.
![[Img #91282]](https://canarias-semanal.org/upload/images/04_2026/8669_intervencion.jpg)
LA CONTRARREVOLUCIÓN, SEGÚN CUNHAL
El libro de Cunhal es especialmente duro cuando aborda lo que llama la contrarrevolución. Con ese término no se refiere únicamente a un intento de restaurar la vieja dictadura. Habla de algo más sofisticado: vaciar el impulso revolucionario manteniendo formas democráticas.
Es decir, aceptar elecciones, pero poniendo límites estrictos a los cambios sociales; tolerar libertades, pero blindando a los poderes económicos; celebrar Abril como símbolo, mientras se neutralizaba su contenido transformador.
Para Cunhal, eso ocurrió progresivamente. Portugal consolidó una democracia parlamentaria formal positiva en términos de libertades públicas, pero que se fue alejando de las aspiraciones sociales nacidas en 1974 y 1975.
Su crítica no niega los avances democráticos que se produjeron. Pero denuncia la dramática reducción del horizonte político. En otras palabras: se permitía votar, pero estrechando rigurosamente los límites de lo que podía decidirse.
LA BATALLA POR LA MEMORIA
Quizá la parte más actual del libro no sea la dedicada a los hechos, sino la dedicada al recuerdo de los hechos. Cunhal acusa a determinados sectores de presentar la revolución como una etapa confusa, extremista o irresponsable de la que Portugal tuvo que “salvarse” regresando a la moderación.
Frente a eso, reivindica que muchas conquistas sociales nacieron precisamente de aquel impulso: derechos laborales, ampliación de servicios públicos, libertades sindicales y dignidad política para millones de personas que antes sólo obedecían.
La discusión no es sólo histórica. Cuando se desacredita una revolución pasada, aunque ésta fuera finalmente derrotada, a menudo se pretende con ello desactivar la imaginación política del presente. El mensaje implícito suele ser este: no intenten cambiar demasiado las cosas; ya vimos cómo termina.
Por eso Cunhal pelea tanto por la memoria. Sabe que quien domina el pasado condiciona el futuro.
¿QUÉ QUEDA HOY DEL 25 DE ABRIL?
Huelga decir que el Portugal de 2026 no es el Portugal de la dictadura de 1974.
Sin embargo, continúa arrastrando problemas que siguen haciendo actuales los reclamos de Cunhal: una gran precariedad laboral, enormes dificultades de acceso a la vivienda, una desigualdad creciente, total dependencia económica exterior, desafección política, auge de las nuevas derechas.
Las jovenes generaciones portuguesas conocen el 25 de Abril como una fecha escolar y una canción famosa. Pero de acuerdo con los datos de los que disponemos, conocen mucho menos la intensidad social que contuvo aquel proceso. Menos aún saben que durante un tiempo habia parecido posible reorganizar el país desde abajo.
Eso explica el valor inquietante de libros como el de Alvaro Cuhnal. Nos recuerdan que la democracia no nació sólo de pactos en despachos, sino sobre todo de la presión popular, del conflicto social y de las aspiraciones colectivas.
Y recuerdan otra cosa: que la historia nunca va estar cerrada.
CUNHAL, ENTRE LA PASIÓN Y LA POLÉMICA
Por supuesto, Cunhal no es un "cronista neutral". Tiene posiciones firmes, adversarios identificados y una mirada ideológica nítida. Su libro discute, acusa, rebate y combate.
Pero precisamente por eso resulta más valioso. Los grandes procesos históricos no pueden entenderse sólo con documentos administrativos o balances tecnocráticos. También se comprenden escuchando a quienes lucharon dentro de ellos, con sus certezas, errores y pasiones.
Cunhal escribe desde ese periodo histórico tan crucial de la historia reciente de Portugal con una convicción profunda. Abril fue una oportunidad histórica que no debía haber sido reducida a simple cambio de élites.
LOS CLAVELES Y LAS PALABRAS: EL LEGADO DE ABRIL
Aquel día de 1974, los soldados llevaban flores en los fusiles. Medio siglo después ya no quedan tanques en las avenidas ni multitudes improvisando asambleas en cada esquina. Quedan, sin embargo, las palabras y algunas preguntas. Preguntas sobre quién derribó la dictadura, sobre quién frenó los cambios y sobre cuánto puede transformarse realmente un régimen político si no se transforma también el sistema económico sobre el que este se ha construido.
Álvaro Cunhal escribió su libro para intervenir en esa disputa. Entendió algo esencial: las revoluciones pueden morir dos veces. Primero cuando son derrotadas. Y luego, si son olvidadas.































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