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WASHINGTON QUIERE ASFIXIAR A IRÁN, PERO CHINA Y ORMUZ PUEDEN CAMBIAR LAS REGLAS DEL JUEGO

¿Puede Estados Unidos aislar a Teherán sin provocar un choque económico con China y una nueva sacudida energética mundial?

La nueva "ofensiva de sanciones" de Estados Unidos busca cerrar las fuentes de ingresos de Irán y obligar a sus socios comerciales a elegir entre Teherán y el sistema financiero dominado por el dólar. Pero China se resiste a aceptar ese cerco y el estrecho de Ormuz sigue siendo la gran palanca iraní. Con buena parte de los flujos mundiales de petróleo afectados por guerras y una energía cada vez más cara, las consecuencias del conflicto ya se extienden mucho más allá de Oriente Próximo y empiezan a sentirse también en economías como la española.

 

REDACCIÓN CS

 

     Seis meses después del comienzo de la guerra, Estados Unidos está trasladando una parte creciente de su ofensiva contra Irán al terreno económico.

 

  Washington amenaza con castigar también a los países y empresas que continúen comerciando con Teherán, pero el movimiento tropieza con un problema enorme: China. Mientras Pekín rechaza las sanciones estadounidenses y el estrecho de Ormuz continúa funcionando muy por debajo de sus niveles anteriores al conflicto, el encarecimiento de la energía empieza a extender las consecuencias de la guerra a miles de kilómetros del campo de batalla. España ya ofrece un ejemplo muy concreto: los precios industriales aumentaron un 9,2% interanual en julio y en Canarias el salto alcanzó el 18,5%.

 

DE LOS BOMBARDEOS A LA GUERRA ECONÓMICA

    La guerra contra Irán está entrando en una fase distinta. Después de casi seis meses de conflicto, Washington intenta utilizar con mayor intensidad una de las armas que mejor domina: el acceso al dólar, a los bancos y al gigantesco mercado estadounidense. El objetivo consiste en tratar de hacer que comerciar con Irán resulte tan costoso para empresas y gobiernos extranjeros que estos terminen abandonando al país.

 

   El Departamento del Tesoro bautizó esta nueva ofensiva como Operation Economic Outcast. La medida anunciada el 24 de agosto sanciona a cerca de 60 personas, empresas y barcos relacionados con Irán y amplía el riesgo de sanciones a actividades vinculadas con petróleo, transporte marítimo, tecnología y otros mecanismos capaces de generar ingresos para Teherán. Washington pretende dificultar prácticamente cualquier vía que permita a Irán obtener recursos en el exterior.

 

   Pero hay una diferencia importante entre sancionar a Irán y obligar al resto del mundo a dejar de comerciar con Irán. Ahí aparece el verdadero alcance de la estrategia estadounidense. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que

  los países que mantengan determinados negocios con Teherán podrían terminar excluidos del sistema financiero basado en el dólar.

   

  Al mismo tiempo, Washington evitó aplicar inmediatamente las medidas más duras y concedió tiempo a los socios comerciales iraníes para modificar sus relaciones.

 

CHINA, EL GRAN OBSTÁCULO PARA EL AISLAMIENTO DE TEHERÁN

     La prudencia estadounidense tiene una explicación: China. Pekín es desde hace años el principal comprador del petróleo iraní y uno de los socios comerciales decisivos de Teherán. Washington podría intentar cerrar todavía más esa vía mediante sanciones contra bancos, refinerías o grandes compañías chinas. Sin embargo, hacerlo supondría convertir el cerco contra Irán en un enfrentamiento económico mucho más directo con la segunda potencia económica mundial.

 

    China ya ha marcado públicamente su línea roja. Pekín sostiene que su cooperación comercial con Irán se desarrolla dentro del derecho internacional y rechaza que Estados Unidos pueda imponer unilateralmente sus sanciones al resto de países. Además, ha advertido que adoptará las medidas necesarias para proteger sus intereses si Washington perjudica a compañías chinas.

 

   La contradicción es evidente. Estados Unidos quiere aislar económicamente a Irán, pero necesita evitar al mismo tiempo una ruptura económica con China. De hecho, las últimas sanciones alcanzaron empresas chinas y de Hong Kong, pero dejaron fuera a las grandes instituciones financieras chinas sospechosas de participar en los circuitos utilizados para el comercio petrolero iraní.

 

ORMUZ SIGUE SIENDO EL CENTRO DE LA BATALLA

    Es precisamente aquí donde una guerra regional empieza a adquirir dimensiones mundiales. El punto decisivo continúa siendo el estrecho de Ormuz. Antes de la guerra circulaban por allí más de 20 millones de barriles diarios, aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el planeta. El 24 de agosto los tránsitos habían caído a unos cinco millones de barriles diarios. Irán conserva así una herramienta de presión formidable: aunque su propia economía esté sufriendo enormes daños, puede encarecer simultáneamente la energía que necesitan sus adversarios y buena parte del mundo.

 

   El problema, además, no se limita a Irán. Los cálculos recopilados por la Agencia Reuters muestran que los países afectados actualmente por guerras y tensiones graves produjeron alrededor de 45 millones de barriles diarios en 2025, más del 43% del suministro mundial. A la guerra iraní se suman Ucrania y Rusia, los problemas de producción y refino asociados al conflicto, la inestabilidad libia y las restricciones que afectan al petróleo venezolano. Alrededor del 10% de la capacidad mundial de refino se encuentra fuera de servicio.

 

CUANDO LA GUERRA LLEGA A LA FACTURA DE LA LUZ

     Eso ayuda a entender por qué una guerra situada a miles de kilómetros puede terminar apareciendo en la factura eléctrica, en el transporte o en el precio de fabricar cualquier producto.

 

    España ofrece ya una fotografía bastante clara. El Índice de Precios Industriales aumentó en julio un 9,2% respecto al año anterior. Sin embargo, cuando se elimina la energía, la subida queda en el 3,5%. Esta diferencia explica buena parte del problema: la energía aumentó un 20,8%, mientras el refino de petróleo se encareció un 37,2%.

 

 En Canarias el golpe resulta todavía mayor. Los precios industriales crecieron un 18,5% interanual, la segunda subida más elevada de España, solamente por detrás de Asturias.

 

   Y este dato permite comprender quién termina pagando una parte de las guerras energéticas. Una fábrica que necesita electricidad paga más por producir. Un transportista paga más combustible. Una empresa que recibe mercancías por barco soporta mayores costes de transporte y seguros. Después, una parte de esas subidas termina trasladándose al precio de los productos. El conflicto viaja así desde Ormuz hasta una empresa canaria sin necesidad de que caiga una sola bomba en Europa.

 

LOS MERCADOS NO VEN TODAVÍA EL PEOR ESCENARIO

    La situación contiene, sin embargo, otra aparente paradoja. Los mercados petroleros reaccionaron con relativa tranquilidad a las nuevas sanciones estadounidenses. La explicación es que Washington evitó, al menos por ahora, las medidas capaces de provocar una ruptura inmediata del suministro.

 

   Eso revela hasta qué punto la Casa Blanca intenta caminar sobre una cuerda floja: necesita golpear la economía iraní, pero una escalada demasiado rápida podría disparar el precio del petróleo, aumentar la inflación y perjudicar también a la economía estadounidense y a sus aliados.

 

PRESIÓN ECONÓMICA Y NEGOCIACIÓN AL MISMO TIEMPO

     Porque mientras públicamente aumenta la presión, por debajo continúa funcionando la diplomacia. Pakistán está actuando como intermediario entre Washington y Teherán, e Irán ha mostrado disposición a recuperar las conversaciones. Paralelamente, Irán y Omán negocian fórmulas relacionadas con la navegación por Ormuz.

 

   La ofensiva económica estadounidense puede entenderse, por tanto, también como una negociación realizada bajo presión: debilitar económicamente a Irán para obligarlo a aceptar condiciones más favorables a Washington sin reabrir inmediatamente una fase de bombardeos masivos.

 

UNA GUERRA REGIONAL CON CONSECUENCIAS GLOBALES

    El problema es que esa estrategia tiene costes que Estados Unidos no controla completamente. Teherán conserva capacidad para alterar Ormuz; China se niega a aceptar que Washington determine con quién puede comerciar; y cada nuevo corte energético repercute sobre economías situadas muy lejos de Oriente Próximo.

 

   Seis meses después, la guerra demuestra así algo mucho más amplio que la resistencia de uno u otro contendiente. En una economía mundial profundamente conectada, intentar estrangular económicamente a un país situado sobre una de las principales arterias energéticas del planeta puede terminar trasladando la factura a millones de personas que jamás aparecerán en los partes de guerra.

 

FUENTES CONSULTADAS

Associated Press, Trump’s ‘economic D-Day’ threats become warnings for countries to sever financial ties with Iran, 24 de agosto de 2026, especialmente pp. 2-5.

Reuters, Iran vows to resist widened US sanctions, says Washington seeks talks, 25 de agosto de 2026, especialmente pp. 2-6.

Reuters, Six months into Iran war, almost half of global oil flows from war zones, 25 de agosto de 2026, especialmente pp. 2-4.

Clash Report, China Threatens Retaliation If US Disrupts Its Iran Trade, 25 de agosto de 2026, especialmente pp. 2-4.

Canarias Ahora / elDiario.es, Los precios industriales se disparan un 18,5% en julio en Canarias impulsados por el encarecimiento de la energía, 25 de agosto de 2026, especialmente 

 
 
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