ESPAÑA: DOS PARTIDOS Y UN SOLO CAÑÓN
La alucinante "reconciliación presupuestaria" de dos partidos supuestamente "polarizados" y ubicados "en las antipodas"
Mientras España asiste al enésimo combate de cartón piedra entre PP y PSOE, hay un terreno donde las diferencias desaparecen con la velocidad de un crédito extraordinario: el gasto militar. Allí no hay bloques, ni trincheras, ni rojas líneas. Solo una vieja historia de amor entre dos siglas que discuten ante las cámaras y se entienden de maravilla cuando toca regar con dinero público la industria del cañón.
POR ANGEL CUETO PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
España es un país capaz de producir fenómenos extraordinarios. Aquí llueve barro, pueden llorar milagrosamente las vigenes hechas con yeso, se inauguran obras sin terminar y hay dos partidos que aseguran odiarse, pero ambos coinciden con puntualidad suiza cada vez que aparece una factura militar sobre la mesa.
El PP y el PSOE discuten como actores de sobremesa, se insultan con entusiasmo profesional y juran representar modelos opuestos de país. Pero cuando toca votar gasto militar, contratos de armamento, compromisos con la OTAN o ayudas públicas a la industria bélica, el amor reaparece como por arte de ensalmo. No hablamos de una sospecha. Hablamos de una costumbre.
Mientras sus portavoces se cruzan acusaciones sobre la patria, la democracia o la memoria histórica, ambos partidos conservan una admirable serenidad cuando llega el momento de aprobar miles de millones para cazas, fragatas, drones o munición de alta precisión. Debe de ser emocionante contemplar cómo dos almas tan distintas laten al mismo ritmo cuando suena la palabra “defensa”.
![[Img #91344]](https://canarias-semanal.org/upload/images/04_2026/7544_castino.jpg)
CUANDO EL DINERO NO FALTA NUNCA
Para sanidad faltan recursos. Para vivienda hay dificultades técnicas. Para dependencia conviene esperar. Para educación habrá que estudiar el margen presupuestario. Pero para gasto militar siempre, invariablemente, aparece una puerta lateral abierta.
Se trata de una vieja magia parlamentaria. Si se trata de hospitales, hay prudencia fiscal. Si se trata de misiles, hay sentido de Estado. Si lo que se pide son pediatras, se invoca la contención del déficit. Si se trata de blindados, cae en cascada una lluvia de millones como si el Tesoro escondiera un manantial secreto reservado para ocasiones patrióticas.
Los datos recientes lo retratan con crudeza. España figura
entre los países que más incrementan su gasto militar, según informes internacionales difundidos por la prensa . El titular casi parecía una medalla olímpica: campeones en subir el presupuesto de guerra.
Y ahí estaban, una vez más, los dos grandes partidos del desacuerdo permanente colaborando con ejemplar disciplina institucional.
LA INDUSTRIA DEL CAÑÓN COMO POLÍTICA INDUSTRIAL
Desde este mismo diario digital se ha insistido a lo largo de años en un asunto que a algunos suele provocarles retortijones intestinales: la producción de armamento no es un fenómeno lejano ni abstracto. Tiene nombres de empresas, apellidos de magnates, factorías, subvenciones públicas y respaldo político, mucho respaldo politico. Detrás de cada discurso sobre “seguridad” hay suculentos contratos concretos, accionistas concretos y beneficios muy concretos.
Lo fascinante es cómo cambia el lenguaje. Si una fábrica produce maquinaria agrícola, se habla de industria. Si produce piezas para bombarderos, también se habla de industria. Pero si se construye barcos de guerra, entonces se añade una música solemne: empleo de calidad, innovación tecnológica, soberanía estratégica.
La pregunta jodida nunca se formula: ¿de verdad un país moderno no puede ofrecer empleo sin depender de la fabricación de instrumentos diseñados para destruir ciudades, personas o infraestructuras? Parece que no. Según el catecismo bipartidista, entre el paro y el misil, siempre gana el misil.
EL CONGRESO: TEATRO ARRIBA, ACUERDO ABAJO
En el Congreso ocurre algo digno de un profundo estudio antropológico. Durante horas, PP y PSOE están representando una pelea de opereta: gritos, "me gusta la fruta", es usted un amigo de los terroristas, aspavientos, gestos ofendidos, manos alzadas y amenazadoras, titulares para redes sociales. Después llega la votación importante y la coreografía cambia automáticamente.
No hace mucho, ambos coincidieron para rechazar posiciones críticas con el aumento del gasto militar, como recogieron diversos medios alternativos . Es decir: se pelean para la grada y pactan para la caja fuerte.
Nada une tanto como un presupuesto de defensa.
Los ingenuos creen que la política consiste en programas electorales. Los veteranos saben que consiste en prioridades. Y cuando se observan las prioridades reales, el parecido entre ambos partidos ya no es un rumor: es un retrato en alta definición.
"TORTUGA" Y LOS HEREJES DEL SENTIDO COMÚN
Desde espacios antimilitaristas como el colectivo Tortuga se ha repetido una verdad tan simple que resulta revolucionaria: cada euro destinado al militarismo es un euro que no va a necesidades sociales. Parece una obviedad infantil, pero en España decir eso ha rozado siempre la subversión.
Porque aquí se ha logrado algo prodigioso: presentar el gasto militar como si no costara nada. Como si los miles de millones surgieran de una nube neutral y no de impuestos pagados por trabajadores, autónomos, pensionistas y consumidores.
Cuando un barrio pide un centro de salud, debe justificarlo. Cuando la industria militar pide ayudas, basta con llamarlo estrategia nacional.
Cuando una familia no puede pagar el alquiler, recibe consejos de responsabilidad financiera. Cuando se compran armas, nadie es capaz de preguntar por la factura.
DOS VOCES, UNA SOLA PARTITURA
El PP suele hablar de nación, firmeza, liderazgo occidental. El PSOE prefiere expresiones como seguridad compartida, compromiso europeo, estabilidad internacional. Cambia el perfume. Pero el contenido permanece.
Uno envuelve el rearme en bandera. El otro en diplomacia. Uno lo presenta como orgullo nacional. El otro como obligación internacional. Pero ambos llegan al mismo destino: más presupuesto militar, más contratos, más subordinación estratégica.
Es la gran virtud del sistema: ofrecer dos narradores para contar la misma historia. Así, cada votante puede sentirse representado mientras ambos le vacían el bolsillo con el argumento ideológico de su preferencia.
LA VERDADERA AMENAZA
Tal vez convendría preguntar a la población qué entiende por seguridad. Quizá muchos respondan que seguridad es tener empleo estable, alquiler asumible, atención médica rápida, transporte público digno, pensiones seguras o escuelas sin recortes.
Pero esas amenazas no desfilan en una parada militar. La precariedad no fabrica fragatas. Las listas de espera no reparten dividendos. La pobreza infantil no organiza ferias internacionales del armamento. Por eso reciben menos atención.
El enemigo útil siempre está lejos, difuso y geopolíticamente complejo. El enemigo real suele estar cerca: salarios bajos, servicios públicos debilitados y riqueza concentrada. Pero contra ese no se movilizan portaaviones.
NO ES CASUALIDAD, ES NEGOCIO
Cada cierto tiempo alguien se sorprende de la coincidencia entre PP y PSOE en asuntos esenciales. No hay motivo para la sorpresa. No es una anomalía. Es el funcionamiento normal del sistema.
Compiten por cargos, por relato y por electorado. Pero ambos cooperan en lo decisivo: garantizar que determinados intereses jamás se sientan amenazados. Y entre esos intereses ocupa lugar destacado la maquinaria militar-industrial, esa criatura siempre hambrienta que exige dinero público constante y discreción mediática.
Por eso seguirán gritándose en campaña y abrazándose en los presupuestos. Por eso uno fingirá escándalo ante el otro mientras ambos aprueban lo mismo.
Y por eso, cuando escuche usted que España vive polarizada, mire primero dónde va el dinero. Y es ahi donde suele esconderse la verdad.
PP y PSOE han conseguido la hazaña de convertir el desacuerdo en espectáculo y el acuerdo en rutina silenciosa. La bronca vende titulares. Pero el consenso militar mueve miles de millones. Lo demás es pura decoración.
POR ANGEL CUETO PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
España es un país capaz de producir fenómenos extraordinarios. Aquí llueve barro, pueden llorar milagrosamente las vigenes hechas con yeso, se inauguran obras sin terminar y hay dos partidos que aseguran odiarse, pero ambos coinciden con puntualidad suiza cada vez que aparece una factura militar sobre la mesa.
El PP y el PSOE discuten como actores de sobremesa, se insultan con entusiasmo profesional y juran representar modelos opuestos de país. Pero cuando toca votar gasto militar, contratos de armamento, compromisos con la OTAN o ayudas públicas a la industria bélica, el amor reaparece como por arte de ensalmo. No hablamos de una sospecha. Hablamos de una costumbre.
Mientras sus portavoces se cruzan acusaciones sobre la patria, la democracia o la memoria histórica, ambos partidos conservan una admirable serenidad cuando llega el momento de aprobar miles de millones para cazas, fragatas, drones o munición de alta precisión. Debe de ser emocionante contemplar cómo dos almas tan distintas laten al mismo ritmo cuando suena la palabra “defensa”.
CUANDO EL DINERO NO FALTA NUNCA
Para sanidad faltan recursos. Para vivienda hay dificultades técnicas. Para dependencia conviene esperar. Para educación habrá que estudiar el margen presupuestario. Pero para gasto militar siempre, invariablemente, aparece una puerta lateral abierta.
Se trata de una vieja magia parlamentaria. Si se trata de hospitales, hay prudencia fiscal. Si se trata de misiles, hay sentido de Estado. Si lo que se pide son pediatras, se invoca la contención del déficit. Si se trata de blindados, cae en cascada una lluvia de millones como si el Tesoro escondiera un manantial secreto reservado para ocasiones patrióticas.
Los datos recientes lo retratan con crudeza. España figura
entre los países que más incrementan su gasto militar, según informes internacionales difundidos por la prensa . El titular casi parecía una medalla olímpica: campeones en subir el presupuesto de guerra.
Y ahí estaban, una vez más, los dos grandes partidos del desacuerdo permanente colaborando con ejemplar disciplina institucional.
LA INDUSTRIA DEL CAÑÓN COMO POLÍTICA INDUSTRIAL
Desde este mismo diario digital se ha insistido a lo largo de años en un asunto que a algunos suele provocarles retortijones intestinales: la producción de armamento no es un fenómeno lejano ni abstracto. Tiene nombres de empresas, apellidos de magnates, factorías, subvenciones públicas y respaldo político, mucho respaldo politico. Detrás de cada discurso sobre “seguridad” hay suculentos contratos concretos, accionistas concretos y beneficios muy concretos.
Lo fascinante es cómo cambia el lenguaje. Si una fábrica produce maquinaria agrícola, se habla de industria. Si produce piezas para bombarderos, también se habla de industria. Pero si se construye barcos de guerra, entonces se añade una música solemne: empleo de calidad, innovación tecnológica, soberanía estratégica.
La pregunta jodida nunca se formula: ¿de verdad un país moderno no puede ofrecer empleo sin depender de la fabricación de instrumentos diseñados para destruir ciudades, personas o infraestructuras? Parece que no. Según el catecismo bipartidista, entre el paro y el misil, siempre gana el misil.
EL CONGRESO: TEATRO ARRIBA, ACUERDO ABAJO
En el Congreso ocurre algo digno de un profundo estudio antropológico. Durante horas, PP y PSOE están representando una pelea de opereta: gritos, "me gusta la fruta", es usted un amigo de los terroristas, aspavientos, gestos ofendidos, manos alzadas y amenazadoras, titulares para redes sociales. Después llega la votación importante y la coreografía cambia automáticamente.
No hace mucho, ambos coincidieron para rechazar posiciones críticas con el aumento del gasto militar, como recogieron diversos medios alternativos . Es decir: se pelean para la grada y pactan para la caja fuerte.
Nada une tanto como un presupuesto de defensa.
Los ingenuos creen que la política consiste en programas electorales. Los veteranos saben que consiste en prioridades. Y cuando se observan las prioridades reales, el parecido entre ambos partidos ya no es un rumor: es un retrato en alta definición.
"TORTUGA" Y LOS HEREJES DEL SENTIDO COMÚN
Desde espacios antimilitaristas como el colectivo Tortuga se ha repetido una verdad tan simple que resulta revolucionaria: cada euro destinado al militarismo es un euro que no va a necesidades sociales. Parece una obviedad infantil, pero en España decir eso ha rozado siempre la subversión.
Porque aquí se ha logrado algo prodigioso: presentar el gasto militar como si no costara nada. Como si los miles de millones surgieran de una nube neutral y no de impuestos pagados por trabajadores, autónomos, pensionistas y consumidores.
Cuando un barrio pide un centro de salud, debe justificarlo. Cuando la industria militar pide ayudas, basta con llamarlo estrategia nacional.
Cuando una familia no puede pagar el alquiler, recibe consejos de responsabilidad financiera. Cuando se compran armas, nadie es capaz de preguntar por la factura.
DOS VOCES, UNA SOLA PARTITURA
El PP suele hablar de nación, firmeza, liderazgo occidental. El PSOE prefiere expresiones como seguridad compartida, compromiso europeo, estabilidad internacional. Cambia el perfume. Pero el contenido permanece.
Uno envuelve el rearme en bandera. El otro en diplomacia. Uno lo presenta como orgullo nacional. El otro como obligación internacional. Pero ambos llegan al mismo destino: más presupuesto militar, más contratos, más subordinación estratégica.
Es la gran virtud del sistema: ofrecer dos narradores para contar la misma historia. Así, cada votante puede sentirse representado mientras ambos le vacían el bolsillo con el argumento ideológico de su preferencia.
LA VERDADERA AMENAZA
Tal vez convendría preguntar a la población qué entiende por seguridad. Quizá muchos respondan que seguridad es tener empleo estable, alquiler asumible, atención médica rápida, transporte público digno, pensiones seguras o escuelas sin recortes.
Pero esas amenazas no desfilan en una parada militar. La precariedad no fabrica fragatas. Las listas de espera no reparten dividendos. La pobreza infantil no organiza ferias internacionales del armamento. Por eso reciben menos atención.
El enemigo útil siempre está lejos, difuso y geopolíticamente complejo. El enemigo real suele estar cerca: salarios bajos, servicios públicos debilitados y riqueza concentrada. Pero contra ese no se movilizan portaaviones.
NO ES CASUALIDAD, ES NEGOCIO
Cada cierto tiempo alguien se sorprende de la coincidencia entre PP y PSOE en asuntos esenciales. No hay motivo para la sorpresa. No es una anomalía. Es el funcionamiento normal del sistema.
Compiten por cargos, por relato y por electorado. Pero ambos cooperan en lo decisivo: garantizar que determinados intereses jamás se sientan amenazados. Y entre esos intereses ocupa lugar destacado la maquinaria militar-industrial, esa criatura siempre hambrienta que exige dinero público constante y discreción mediática.
Por eso seguirán gritándose en campaña y abrazándose en los presupuestos. Por eso uno fingirá escándalo ante el otro mientras ambos aprueban lo mismo.
Y por eso, cuando escuche usted que España vive polarizada, mire primero dónde va el dinero. Y es ahi donde suele esconderse la verdad.
PP y PSOE han conseguido la hazaña de convertir el desacuerdo en espectáculo y el acuerdo en rutina silenciosa. La bronca vende titulares. Pero el consenso militar mueve miles de millones. Lo demás es pura decoración.



































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.77