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Lunes, 23 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura:

VENEZUELA 2026: LA DIALÉCTICA DE LA SUPERVIVENCIA BAJO EL TERROR DEL IMPERIALISMO

"Es preciso privilegiar la existencia misma del proyecto bolivariano"

Ante las críticas a su lectura estratégica del momento venezolano, José Manuel Rivero responde defendiendo la necesidad de adoptar medidas excepcionales en una coyuntura que considera límite y donde - dice- la preservación del proyecto bolivariano se impone sobre cualquier debate doctrinario.

Por JOSÉ MANUEL RIVERO (*) PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG..-

 

    En el rigor del análisis materialista y bajo la lente de una dialéctica que no admite dogmatismos, las discrepancias en el seno del campo revolucionario deben ser entendidas no como fracturas, sino como el motor necesario para precisar el análisis de la realidad concreta. Venezuela no se enfrenta hoy a un debate académico sobre la "pureza" del socialismo; se encuentra ante una descarnada estrategia de supervivencia nacional y de preservación del hilo constitucional frente a una nueva agresión criminal del imperialismo estadounidense en este siglo XXI. La agresión del 3 de enero de 2026 no fue solo un acto de guerra contra la República Bolivariana de Venezuela; fue una declaración de exterminio que exige una respuesta que privilegie la existencia misma del proyecto bolivariano sobre cualquier abstracción teórica.

 

 

"La agresión del 3 de enero de 2026 fue una declaración de exterminio que exige una respuesta que privilegie la existencia misma del proyecto bolivariano sobre cualquier abstracción teórica"

 

   Quiero insistir en que, cuando aludo al Tratado de Brest-Litovsk en mi artículo: “Brest-Litovks en el Caribe: la audacia leninista frente a la aniquilación”, no estamos ante una "analogía histórica" mecánica con la Rusia de 1918, sino ante una transposición dialéctica necesaria: la extracción de una lógica estratégica que dicta ceder espacio para ganar tiempo cuando la correlación de fuerzas es abrumadoramente desfavorable. La geografía del horror que habitamos es un hecho material irrefutable. El bombardeo estadounidense destruyó infraestructuras vitales en Venezuela —refinerías, subestaciones, viviendas, centros médicos de investigación y centros de mando—, segando la vida de centenares de personas, entre los que están 32 combatientes cubanos, cuyo sacrificio internacionalista está grabado en la memoria de los pueblos que luchan por su soberanìa e independencia. El secuestro del Presidente constitucional Nicolás Maduro y de la Diputada Cilia Flores no es un incidente accesorio; es el descabezamiento de la cadena de mando y un intento de sumir a la República en un limbo jurídico que solo beneficia al invasor.

 

   Esta agresión se manifiesta hoy con la crudeza que Luis Britto García ha descrito magistralmente: Venezuela negocia con una pistola en la nuca. La reciente presencia del Jefe del Comando Sur en territorio venezolano no debe leerse como un gesto de rendición, sino como la escenificación de una extorsión militar en tiempo real. El hecho de que el aparato de propaganda estadounidense borre durante la estancia del Jefe del Comando Sur  a la representación venezolana de la narrativa visual —esa "foto que no existe" con Delcy Rodríguez  como recoge el digital La Tabla Blog— es una táctica de guerra psicológica: el agresor impone su bota sobre el suelo patrio venezolano para exigir recursos y sumisión, pero pretende invisibilizar la soberanía de quien los custodia para no otorgar ni un ápice de legitimidad al Estado venezolano. Es la voluntad de encañonar al Gobierno Bolivariano mientras se le borra del relato oficial, una coacción absoluta que se complementa con las amenazas explícitas proferidas por Donald Trump contra la Presidenta encargada Delcy Rodríguez el 5 de enero: “si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro”.

 

 

"El mundo ha cambiado tras el genocidio en Gaza. El imperialismo comprobó que puede decapitar a una dirigencia y exterminar a un pueblo sin rendir cuentas ante ningún tribunal"

 

 

   Debemos ser taxativos: el mundo ha cambiado tras el genocidio en Gaza. Palestina ha servido como un macabro laboratorio donde el imperialismo comprobó que puede decapitar a una dirigencia y exterminar a un pueblo sin rendir cuentas ante ningún tribunal. Ante la insuficiencia fáctica de las alianzas estratégicas con Rusia y China para disuadir el ataque inicial, el Gobierno Bolivariano debe administrar una derrota militar momentánea con una audacia defensiva que priorice el regreso con vida de sus líderes y la continuidad del proyecto.

 

   En este tablero, la desarticulación de la quinta columna golpista y fascista emerge como un logro táctico de primer orden. Al establecer una interlocución directa el núcleo del poder imperial con el Gobierno Bolivariano —utilizando el petróleo como la palanca material que es—, se ha vaciado de contenido y utilidad táctica a la extrema derecha venezolana. Esta maniobra despoja a la vanguardia guarimbera de su función como intermediaria necesaria de la agresión, evidenciando que, ante la crudeza de los intereses materiales del capital, el imperialismo no duda en prescindir de sus peones locales. La extrema derecha fascista ha quedado huérfana de iniciativa, partida y desorientada mientras el Estado gestiona la agresión externa directamente con quien ostenta el mando del asedio.

 

"El Gobierno Bolivariano lleva a la práctica lo que Fidel Castro denominó 'sobrevivir para seguir siendo socialistas'" 

 

 

   La Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, sancionada por unanimidad en la Asamblea Nacional el 19 de febrero, es el bisturí político que amputa el pretexto de la "persecución" utilizado por el fascismo para justificar la invasión. No es una claudicación; es una herramienta para restañar heridas y reencauzar la justicia en un momento donde la paz es la condición de posibilidad para cualquier futuro socialista. Como profesional del derecho, entiendo, hay que estar ahí, que la celeridad en la revisión de casos y la búsqueda de un reencuentro nacional son pasos necesarios para despojar al conflicto del odio inoculado por el invasor. En definitiva, creo honestamente que,  en Venezuela, el Gobierno Bolivariano, lleva a la práctica lo que Fidel Castro denominó "sobrevivir para seguir siendo socialistas". Delcy Rodríguez, la Presidenta Encargada, en el acto de sanción y promulgación de la Ley de Aministía invocó su condición de Chavista.

 

  Nadie con conciencia revolucionaria puede alegrarse de las dolorosas concesiones actuales. Sin embargo, la alternativa de la confrontación suicida solo conduciría a la masacre definitiva y a la desaparición de cualquier esperanza revolucionaria en el continente Latinoamericano. Venezuela hoy no está claudicando; está administrando la supervivencia para que, cuando Maduro y Cilia regresen a casa: “Volverán”, encuentren un país con pulso y no un cementerio nacional. La historia juzgará la audacia de esta estrategia, pero el deber del presente es comprender que la supervivencia no es un adorno retórico, sino una necesidad material para que la Revolución Bolivariana junto y, sobre todo, con la, también, amenazada  Revolución Cubana, sigan siendo el faro emancipador de los pueblos en un mundo que se ve asolado por la barbarie imperialista, sin ningún vestigio de respeto al Derecho Internacional.

 

(*) José Manuel Rivero es abogado y analista político.

 
 
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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 23 de Febrero de 2026 a las 20:34:50 horas

    Lo infrascrito se entiende mal porque está ubicado al revés: como el espacio era insuficiente para tanta letra, envié la primera parte primero y después, la segunda. Como resultado, lo primero quedó segundo y viceversa. El escrito empieza "No es la primera vez que...", y termina "...lo que el futuro reserva a los pueblos del mundo".

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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 23 de Febrero de 2026 a las 18:58:48 horas

    Alegar la paz de Brest Litovsk como precedente análogo al entreguismo de la dirección bolivariana, presentando este como trasposición dialéctica de aquél representa un salto conceptual e histórico incompatible con la lógica formal y con la lógica dialéctica, porque oculta elementos esenciales y diferenciales de la realidad presente, la lenta conversión de la burocracia resultante del proceso revolucionario en clase dominante, con intereses propios, que pasan por vincular su dominio incontestable al control irrestricto de todos los aparatos del Estado, en particular los represivos, como ha tenido ocasión de sufrir y explicar el PCV, en el marco del trance de conversión acelerada del Imperio en el IV Reich, inaugurando desembozadamente la pesadilla de Orwell en el mundo. Es esta clase-casta la que necesitará, en la medida en que su jugada vaya minando su legitimidad, la cobertura y protección la dirección actual o futura del Imperio, consolidando así definitivamente su dominio, para establecer de iure una realidad instalada ya de facto.
    Por alguna razón, esta sí, estratégica, no parece casual que la mujer fuerte del régimen fungiera visita a Moscú al tiempo de a agresión (¿Alaska?), como no lo es que las robustas defensas antiaéreas compradas a Rusia brillaran ese día por su silencio estruendoso. Lo mismo que la dirección militar del país.
    Y no lo es, entre otros muchos factores de diversa índole, porque la agresión imperial no fue un rayo caído en cielo sereno. Toda esa maquinaria militar se anunció con tiempo sobrante para organizar una defensa eficiente y digna.
    Por eso, no parece que estemos ante una claudicación repentina. Al contrario, tal pareciera que nos encontramos ante una negociación previa claudicante, dictada por una visión despótica de la realpolitik, con una sola lógica estratégica: certificar la defunción de la soberanía democrática de Venezuela, abriendo un período peligroso de subordinación a los intereses variables del Imperio, mediante el refugio de las clases medias depauperadas bajo las baterías del despotismo imperial.
    Es en este punto que la “trasposición dialéctica”, siguiendo el caminito de la insoportable grandilocuencia de la dirección bolivariana, viene a ocultar lo esencial: el desplazamiento del poder de clase en el seno de la Revolución, que crea la necesidad objetiva de unidad con el sistema internacional de alianzas de las oligarquías fascistas que se está configurando en el mundo bajo la égida de la dirección imperial actual. Que está lección venga de Venezuela es la medida de lo que el futuro reserva a los pueblos del mundo.

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  • M.B.

    M.B. | Lunes, 23 de Febrero de 2026 a las 18:57:43 horas

    No es la primera vez que aparece en el horizonte de los pueblos la posibilidad de aniquilación física, ni la aniquilación física misma, desde los indios americanos a nuestros pobres e idealizados guanches. Pero sucede que, cuando el enemigo es lo suficientemente fuerte para eliminar nuestra huella de la faz de la Tierra, no basta con ceder un palmo: nos destruirá de todas las maneras, porque su interés no consiste en lo poco que nos pide ahora, sino en lo que poco a poco se irá apropiando. La riqueza de los pueblos de Nuestra América es esencial para enjuagar su propia crisis interna, creada en los último tres decenios de fiesta sin fin. Su esclavitud asalariada es fundamental para afrontar con éxito su competencia despiadada con las otras dos superpotencias que le cuestionan. No pedirán sólo una parte del pastel petrolero, pedirán todo el pastel y todos los pasteles de la quebradiza economía venezolana, que quedará así de nuevo subordinada a su interminable fiesta y a su interés sin disimulo. Lo esencial, y esto es lo que debe comprender el pueblo de la octava isla, es que destruirá la posibilidad de plantearle, en el escenario socio-histórico, una alternativa de desarrollo viable. Volverán el subdesarrollo y la superexplotación, si es que algún día se fueron.
    España (paz, piedad, perdón) planteó en algún momento varias formas de conciliación al ejército faccioso, pero éste aplastó esas pías intenciones, no porque no pudiera convivir en el mismo país con la mayoría parlamentaria, sino porque no podía coexistir con un modelo político que, por su propia inercia, conducía inevitablemente a la profundización de la democracia, de la instrucción popular y a la transformación social, es decir, al desplazamiento de las clases explotadoras en el dominio del Estado, aunque la clase en el poder no fuera necesariamente la clase obrera.
    En esa conciencia, la República -nuestra República- no transigió, no se puso de rodillas ante el fascismo, escribiendo una de las páginas más hermosas de la Historia humana. Sabía -sabíamos- que el fascismo no iba a perdonar, como no va a perdonar en Venezuela, como no perdonará a Cuba revolucionaria. El fascismo, por su propia esencia, no perdona, porque perdonando no puede determinar el futuro. Cuba lo sabe. sabe que la transigencia frente a las castas aristocráticas conduce al aplastamiento del pueblo, y a la liquidación de los sueños revolucionarios por incontables generaciones.
    Trump y los trumpistas exigen hoy el brazo, pero sólo como punto de apoyo para mañana asaltar el cuello. No es un acto, es un proceso por el que primero caen las fuerzas vivas de la nación y después la nación misma. La aspiración del pueblo venezolano a la vida soberana ha sido tendencialmente abolida ya, la subordinación al Imperio es una realidad presente. No cabe una retirada estratégica para después asaltar a las huestes imperiales y derrotarlas valientemente en combate. No habrá combate, hay sumisión y obediencia. No importa si por medios relativamente pacíficos o por medios relativamente violentos.
    Por eso, lo que dice Rivero no es una trasposición, y mucho menos dialéctica. Una trasposición dialéctica es aquella en que Marx “puso sobre los pies” a la dialéctica hegeliana, descubriendo en el modo de producción de los bienes materiales la determinación básica de la formación social, del “Espíritu”, incluso del “Espíritu Absoluto” de su incomparable maestro.

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