Jueves, 27 de Agosto de 2026

Actualizada

Jueves, 27 de Agosto de 2026 a las 09:42:49 horas

| 1040
Jueves, 27 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

CUANDO ESPAÑA Y CANARIAS FUERON TAMBIÉN TIERRAS DE ESCLAVITUD

Una historia expulsada de nuestras memorias

La esclavitud negroafricana no fue una realidad lejana, desconocida, limitada a las colonias americanas. Durante siglos estuvo integrada en la economía y la vida cotidiana tanto de la Península como de Canarias. Según el autor de este artículo, Manuel Medina, tanto en un lugar como en el otro, miles de seres humanos fueron comprados, vendidos y explotados en puertos, hogares, talleres e ingenios azucareros.

POR MANUEL MEDINA (*) PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

   La memoria colectiva española ha situado la esclavitud al [Img #93988]otro lado del Atlántico, entre las plantaciones americanas, los ingenios cubanos y los barcos negreros que enlazaban África con el Nuevo Mundo.

 

   Sin embargo, miles de africanos y afrodescendientes fueron comprados, vendidos y explotados dentro del territorio español. Su trabajo enriqueció a comerciantes, propietarios y órdenes religiosas, mientras la pintura y la literatura los convertían en figuras subordinadas, exóticas o caricaturescas.

 

UNA HISTORIA EXPULSADA DE LA MEMORIA

    España no se limitó a transportar personas esclavizadas hacia sus posesiones ultramarinas. La propia Península fue durante siglos un mercado receptor y un espacio de explotación. La obra colectiva La esclavitud negroafricana en la historia de España. Siglos XVI y XVII, coordinada por Aurelia Martín Casares y Margarita García Barranco, reconstruye esta realidad mediante escrituras notariales, registros parroquiales, inventarios, documentación eclesiástica y representaciones artísticas.

 

  El libro citado recuerda que España fue el último país occidental en abolir completamente la esclavitud, con su desaparición legal en Cuba en 1886. Pero su principal aportación ha consistido en mostrar que la institución no perteneció únicamente a la historia colonial: estuvo arraigada en numerosas ciudades españolas y formó parte de su funcionamiento económico y cotidiano.

 

  Sevilla, convertida en centro del comercio con América, albergó durante el siglo XVI una importante población negra y mulata. Extremadura funcionó como vía de entrada desde Portugal y como territorio de redistribución hacia Castilla y Andalucía. En Cádiz, las guerras, el corso, la piratería y el comercio marítimo alimentaron un mercado en el que participaron militares, clérigos, comerciantes y particulares.

 

SEVILLA Y LAS REDES DEL NEGOCIO NEGRERO

    Durante las décadas centrales del siglo XVI, comerciantes portugueses vinculados a Lisboa, el Algarve y Cabo Verde construyeron en Sevilla una extensa red dedicada a la compraventa de seres humanos. La ciudad era simultáneamente mercado consumidor, centro financiero y puerta hacia las Indias.

 

   La investigación de Rafael Pérez García y Manuel Fernández Chaves ha identificado un núcleo de mercaderes portugueses asentados principalmente en la collación de San Salvador. Disponían de capitales importantes, concedían créditos y participaban en la Carrera de Indias. El comercio esclavista no constituía una actividad marginal o clandestina, sino un negocio documentado mediante contratos, licencias, cartas de pago y pleitos.

 

   Los protocolos notariales nos muestran hasta qué punto una persona podía ser tratada como un activo económico. En 1570, Pedro y Agustín Rodríguez, hijos de un comerciante portugués fallecido en Cabo Verde, entregaron al sacerdote que los mantenía, a Gregorio, un joven esclavizado de 18 años, para pagar una deuda de 87 ducados. La vida de Gregorio quedó reducida jurídicamente al valor necesario para saldar una cuenta.

 

    La propiedad de esclavos tampoco estuvo reservada exclusivamente a la gran nobleza. Comerciantes, militares, clérigos, artesanos y familias urbanas podían perfectamente adquirirlos, heredarlos, entregarlos como parte de una dote o incluirlos en sus inventarios patrimoniales.

 

DE EXTREMADURA A CÁDIZ

    La frontera extremeña fue otra de las puertas de entrada de esclavos. Cuando los portugueses controlaban buena parte del comercio esclavista peninsular, localidades como Zafra se convirtieron en centros de distribución hacia el interior de Castilla y Andalucía. Las escrituras permiten seguir los pasos de vendedores, intermediarios y compradores, así como conocer la edad, el sexo, la procedencia y el precio atribuido a las personas vendidas.

 

    Cádiz presenta una configuración diferente. Su relación con el mar hizo que el abastecimiento dependiera también de las capturas bélicas, el corso y la piratería. Entre 1650 y 1750, tomando solamente los años terminados en cero y cinco, Arturo Morgado García documentó nada menos que 3.481 compraventas de esclavos en la ciudad. Alrededor del 11 % de las ventas fueron realizadas por militares, que también figuraron entre los principales compradores.

 

   La prosperidad del llamado “Emporio del Orbe” no puede explicarse, por tanto, únicamente mediante la actividad de sus comerciantes europeos. Parte de aquella riqueza descansó sobre el trabajo y la privación de libertad de africanos, norteafricanos y otros cautivos.

 

CANARIAS, LABORATORIO DE LA ECONOMÍA ATLÁNTICA

    El Archipiélago canario ocupó una posición singular en este proceso. La conquista europea de las Islas estuvo acompañada por la captura y venta de indígenas canarios, muchos de ellos trasladados a la Península y Madeira. Posteriormente, la población aborigen esclavizada fue sustituida progresivamente por africanos negros y cautivos procedentes del litoral norteafricano.

 

    La expansión de los ingenios azucareros durante los siglos XV y XVI necesitó abundante mano de obra. En ellos convivieron trabajadores asalariados, técnicos europeos y esclavos empleados en los cañaverales y en las duras tareas de transformación de la caña. También hubo personas esclavizadas en el servicio doméstico, la agricultura, los talleres y las actividades urbanas.

 

    Su presencia no fue anecdótica. El historiador Alberto Marcos Martín localizó en los registros parroquiales de La Laguna correspondientes a la segunda mitad del siglo XVI a 188 personas esclavizadas: el 75,5 % aparece clasificado como negro y otro 10,6 % como “prieto”. Las investigaciones de Manuel Lobo Cabrera sobre las Canarias orientales sitúan igualmente por encima del 70% el peso de los negros entre la población esclavizada estudiada.

 

   Gran Canaria actuó, además, como lugar de recepción y punto de redistribución hacia América. El Archipiélago fue mercado, territorio de explotación y escala de la trata: una pieza temprana del sistema que conectaría Europa, África y el Nuevo Mundo.

 

LOS ESCLAVOS DENTRO DE LOS HOGARES

    La esclavitud no quedó encerrada en puertos, plantaciones o grandes explotaciones. Penetraba también en los hogares y en la vida diaria. Las esclavas realizaban principalmente servicios domésticos, aunque también eran empleadas en talleres, labores agrícolas y ventas callejeras. Sobre ellas se ejercía una dominación añadida: a la explotación laboral y la subordinación racial se sumaban también la violencia sexual y el control de su capacidad reproductiva.

 

  La manumisión (1) permitía que algunas personas alcanzaran la condición de libertas, pero no eliminaba el estigma social ni garantizaba una verdadera igualdad. Muchos libertos continuaban estrechamente ligados económica y personalmente a sus antiguos propietarios.

 

    Esta convivencia explica que la población negra aparezca con frecuencia en los archivos, aunque rara vez pueda escucharse su propia voz. Los documentos fueron redactados normalmente por quienes los compraban, los vendían, los bautizaban, los castigaban o los liberaban.

 

LA IGLESIA: EVANGELIZAR SIN LIBERAR

    La Iglesia desempeñó una función profundamente contradictoria. Los jesuitas establecidos en Sevilla organizaron la evangelización de los esclavos y examinaron la validez de los bautismos administrados en las costas africanas. El padre Diego Ruiz de Montoya redactó un catecismo y una instrucción religiosa que posteriormente fueron utilizados en América.

 

   Aquella preocupación reconocía a los esclavos como seres dotados de alma, pero no cuestionaba que sus cuerpos y su trabajo fueran propiedad de otra persona. La integración religiosa podía convivir perfectamente con la dominación económica: bautizar al esclavo no significaba liberarlo.

 

LA CULTURA QUE CONVIRTIÓ LA DOMINACIÓN EN ESTEREOTIPO

   La presencia negroafricana quedó reflejada en pinturas, imágenes religiosas, piezas teatrales y literatura de cordel. Sin embargo, casi siempre aparecía contemplada desde la mirada de la sociedad dominante: como sirviente, figura exótica, personaje infantil, tipo cómico o individuo de habla deformada.

 

    Las mujeres negras fueron representadas, además, mediante estereotipos sexuales que legitimaban su disponibilidad ante los hombres blancos. La cultura no se limitaba a documentar la desigualdad: además, ayudaba a naturalizarla.

 

    La esclavitud negroafricana fue así una realidad económica, doméstica, religiosa y cultural dentro de España. Su ausencia del relato nacional no demuestra que fuera marginal, sino el éxito de un largo proceso de olvido.

 

 Recuperar, pues,  esa historia significa reconocer que los esclavos no estuvieron siempre lejos: también caminaron por las calles de Sevilla, Cádiz, La Laguna o Las Palmas y contribuyeron, privados de libertad, a construir la riqueza de aquellas sociedades.

 (1) La manumisión era el acto jurídico mediante el cual una persona esclavizada era liberada por quien la poseía y adquiría la condición de liberta. Podía concederse gratuitamente, establecerse en un testamento o conseguirse mediante el pago de una cantidad. Sin embargo, obtener la libertad legal no garantizaba igualdad social ni independencia económica: muchos libertos continuaban vinculados a sus antiguos propietarios y sufrían discriminación racial.

(2) La literatura de cordel era una forma de literatura popular impresa en pliegos baratos que se exponían para su venta colgados de cuerdas o cordeles, de ahí su nombre,. Incluía romances, coplas, relatos de crímenes, acontecimientos extraordinarios, historias religiosas, sátiras y noticias.

 

(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa misma materia, y autor de varios libros, entre los que se encuentra el de reciente aparición "El Gran Reajuste": China, la arrolladora irrupción de la extrema derecha y la reconfiguración del sistema capitalista", editado por la Editorial Semilla en Amazon. 

 

Fuentes consultadas

 
 
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.30

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.