POR M. RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
Hay economistas que se limitan a interpretar las cifras. Y hay otros que intentan descubrir qué se esconde detrás de ellas.Michael Roberts pertenece claramente al segundo grupo.
Durante décadas trabajó en la City de Londres, uno
de los mayores centros financieros del mundo, pero esa experiencia no lo convirtió en un defensor de los mercados. Más bien ocurrió lo contrario. Desde dentro observó cómo funciona el sistema financiero, llegando a la conclusión de que muchas de las promesas del capitalismo moderno descansan sobre bases mucho más frágiles de lo que suele creerse.
Esa experiencia práctica, combinada con años de investigación económica, le llevó a desarrollar una visión crítica del funcionamiento de la economía mundial. Roberts no analiza las crisis como hechos excepcionales ni como simples errores de gestión. Para él, forman parte de una dinámica mucho más profunda. Esa es precisamente la idea central que desarrolla en una reciente entrevista publicada por World Socialist Research
LAS CRISIS NO SON ACCIDENTES
Uno de los aspectos más llamativos de su pensamiento es el rechazo a una explicación muy popular: la idea de que las crisis económicas aparecen por culpa de acontecimientos inesperados o de errores concretos de algunos dirigentes.
Según mantiene Roberts, las crisis forman parte del funcionamiento normal del sistema económico actual. No surgen porque un banco se gestione mal o porque un gobierno adopte una decisión equivocada. Esos factores pueden acelerar los problemas, pero no son el origen real. La causa de fondo debe buscarse en la propia lógica de funcionamiento de la economía capitalista.
Desde su punto de vista, el motor principal del sistema es la búsqueda constante de beneficios. Mientras esos beneficios aumentan, las empresas invierten, amplían instalaciones, contratan trabajadores y aumentan la producción. Sin embargo, cuando la rentabilidad empieza a disminuir, toda esa dinámica comienza a frenarse. La inversión cae, aparecen despidos y la economía entra en dificultades.
Para Roberts, ahí se encuentra la explicación fundamental de las grandes crisis contemporáneas.
EL PROBLEMA DE LA RENTABILIDAD
Durante décadas se ha explicado que las crisis aparecen porque las empresas producen demasiado o porque los consumidores compran demasiado poco. Roberts considera que esas explicaciones describen únicamente la superficie del problema.
Según su análisis, la cuestión decisiva es la rentabilidad. Cuando los beneficios comienzan a reducirse, las empresas intentan compensar esa caída aumentando las ventas o ampliando la producción. Pero esa estrategia tiene límites. Llega un momento en que el mercado no puede absorber toda la producción generada y aparecen dificultades crecientes para mantener la actividad económica.
Por eso sostiene que fenómenos como la sobreproducción no son el origen de las crisis, sino una consecuencia de problemas más profundos relacionados con la rentabilidad empresarial.
Lo interesante de esta explicación es que conecta fenómenos aparentemente muy distintos. El cierre de una fábrica, la reducción de inversiones o los despidos masivos pasan a formar parte de un mismo proceso económico.
EL PODER DE LAS FINANZAS Y SUS LÍMITES
Otro de los temas más interesantes abordados por Roberts es el papel de las finanzas en la economía moderna.
Durante las últimas décadas hemos asistido a un crecimiento espectacular de los bancos, los fondos de inversión y los mercados bursátiles. En ocasiones se ha llegado a afirmar que las finanzas se han convertido en el auténtico centro de la economía mundial y que la producción ha pasado a un segundo plano.
Roberts no comparte esa interpretación. Reconoce que el sector financiero ha adquirido un enorme poder, pero insiste en que la riqueza sigue generándose fundamentalmente en la producción de bienes y servicios. Detrás de cada movimiento financiero continúan existiendo fábricas, trabajadores, infraestructuras, tecnologías y actividades productivas reales.
En su opinión, las finanzas pueden amplificar los problemas o retrasarlos temporalmente, pero no pueden sustituir indefinidamente la creación real de riqueza.
UNA ADVERTENCIA SOBRE LOS MERCADOS FINANCIEROS
Quizá una de las observaciones más sorprendentes de la entrevista procede precisamente de alguien que trabajó durante años en los mercados financieros.
Roberts recomienda a los trabajadores mantener una actitud prudente respecto a la bolsa y a los productos financieros. Considera especialmente preocupante que millones de personas dependan para su jubilación de fondos de pensiones vinculados a mercados sometidos a constantes fluctuaciones.
Su experiencia le enseñó que los periodos de euforia suelen ir acompañados de una sensación de seguridad que desaparece bruscamente cuando llegan las turbulencias económicas. Por eso insiste en que muchos de los riesgos existentes permanecen ocultos durante los periodos de crecimiento y solo se hacen visibles cuando estalla la crisis.
¿SE ACERCA UNA NUEVA GRAN RECESIÓN?
La parte más impactante de la entrevista llega cuando Roberts analiza el futuro inmediato.
El economista recuerda que el siglo XXI ya ha vivido dos grandes terremotos económicos: la crisis financiera de 2008 y la recesión provocada por la pandemia en 2020. Sin embargo, considera que esos episodios no han resuelto los problemas fundamentales que arrastra la economía mundial.
Por el contrario, sostiene que existe una elevada probabilidad de que las economías occidentales sufran una nueva gran recesión antes de que termine esta década. Una crisis que, como ocurrió en ocasiones anteriores, acabaría extendiéndose a buena parte del planeta.
No se trata de una predicción basada en acontecimientos aislados, sino en tendencias económicas que, según él, llevan años acumulándose.
EL PELIGRO DE LAS EMPRESAS “ZOMBIS”
Entre los riesgos que más preocupan a Roberts destaca el crecimiento de las llamadas empresas zombis.
Se trata de compañías que sobreviven gracias al endeudamiento continuo. Sus beneficios son tan reducidos que apenas les permiten cubrir los intereses de las deudas acumuladas. Mientras continúe fluyendo el crédito, estas empresas pueden mantenerse en funcionamiento. Pero si las condiciones financieras empeoran o aumentan los costes de financiación, muchas podrían quebrar simultáneamente.
El problema no afecta únicamente a las empresas implicadas. Una oleada de quiebras tendría consecuencias sobre bancos, proveedores, trabajadores y consumidores, generando una reacción en cadena capaz de extender la crisis a sectores enteros de la economía.
LA LARGA SOMBRA DE LA CRISIS DE 2008
Roberts también defiende una idea que resulta especialmente provocadora: la economía mundial nunca llegó a recuperarse plenamente de la crisis financiera de 2008.
Aunque desde entonces se han producido años de crecimiento, considera que la expansión posterior ha sido mucho más débil que la observada en otras etapas históricas. La inversión productiva sigue siendo insuficiente en muchos países y el crecimiento económico avanza a un ritmo menor del que caracterizó a décadas anteriores.
Desde esta perspectiva, la pandemia no habría inaugurado una nueva etapa económica, sino que habría agravado tendencias que ya existían desde hacía años.
CHINA COMO EXCEPCIÓN RELATIVA
En medio de este panorama poco optimista, Roberts identifica una posible excepción: China.
A su juicio, la combinación de planificación estatal, fuerte inversión pública y desarrollo tecnológico ha permitido al país asiático afrontar mejor algunos de los problemas que afectan a las economías occidentales.
Eso no significa que China esté libre de riesgos ni de contradicciones económicas propias del capitalismo. Sin embargo, Roberts considera que dispone de instrumentos de intervención que muchos gobiernos occidentales han ido abandonando progresivamente durante las últimas décadas.
UNA PREGUNTA INCÓMODA PARA NUESTRO TIEMPO
Al terminar la lectura de la entrevista queda una sensación difícil de ignorar. Michael Roberts no se limita a comentar las fluctuaciones económicas del momento. Su objetivo es responder a una pregunta mucho más ambiciosa: por qué las crisis reaparecen una y otra vez a pesar de todos los avances tecnológicos, financieros y productivos.
Se puede perfectamente discrepar de sus conclusiones, pero resulta difícil negar la coherencia de su planteamiento y la claridad con la que expone cuestiones habitualmente reservadas a especialistas.
En un mundo marcado por el endeudamiento creciente, las tensiones geopolíticas, la desaceleración económica y la incertidumbre global, Roberts plantea una cuestión que sigue siendo profundamente inquietantes: ¿y si las crisis no fueran anomalías pasajeras del sistema, sino una parte inseparable de su propio funcionamiento?
FUENTE CONSULTADA:
Michael Roberts, “Una teoría marxista de la crisis en el mundo contemporáneo”, entrevista publicada por World Socialist Research
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