MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO: EL INTELECTUAL CATÓLICO QUE MANDABA A QUEMAR LOS LIBROS
Entre los libros que quemaba se incluian obras de la Ilustración, textos científicos y filosóficos que promovían ideas liberales y racionalistas
Cuando D. Marcelino Menéndez Pelayo fue nombrado miembro de la Comisión de Censura de la Biblioteca Nacional de España, una de las primeras tareas que se propuso realizar fue la de prohibir y destruir en la hoguera las obras que juzgaba perniciosas.
POR ALBERTO RAMOS PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-
Un suceso curioso y detestable en la vida de Marcelino Menéndez Pelayo, destacado erudito e historiador español del siglo XIX, tiene que ver con su papel en la censura y la quema de libros considerados peligrosos o heréticos.
Marcelino Menéndez Pelayo, conocido por su vasto conocimiento y su labor intelectual, también fue un ferviente defensor del catolicismo y un crítico severo del liberalismo y las ideas progresistas. Su compromiso con la defensa de la ortodoxia católica lo llevó a participar activamente en la censura de obras literarias y filosóficas que consideraba contrarias a la fe y la moral cristiana.
El hecho más destacado y detestable de esta faceta de su vida ocurrió cuando Menéndez Pelayo fue nombrado miembro de la Comisión de Censura de la Biblioteca Nacional de España. Desde esta privilegiada posición, dispuso de la autoridad para revisar y decidir sobre la inclusión o exclusión de libros en la biblioteca, y no dudó en utilizar su poder para prohibir y destruir obras que juzgaba perniciosas.
En una ocasión particularmente significativa, Menéndez Pelayo ordenó la quema de varios libros considerados heréticos y peligrosos. Estos libros incluían obras de la Ilustración, textos científicos y filosóficos que promovían ideas liberales, racionalistas y anticlericales. La quema de estos libros simbolizaba no solo una represión de ideas, sino también un rechazo al progreso intelectual y científico que caracterizaba a la Europa moderna.
Este acto de censura extrema y destrucción de conocimiento es detestable porque va en contra de los principios fundamentales de la libertad de expresión y el libre intercambio de ideas. Menéndez Pelayo, a pesar de su inmenso talento y contribuciones a la historia y la literatura, dejó una marca oscura en su legado al participar en la quema de libros, una práctica que históricamente ha sido sinónimo de opresión y autoritarismo.
El episodio de la quema de libros nos recuerda de paso que incluso los grandes intelectuales pueden caer en la trampa del dogmatismo y la intolerancia, utilizando su influencia no para iluminar, sino para oscurecer y reprimir el conocimiento y la diversidad de pensamiento.
POR ALBERTO RAMOS PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-
Un suceso curioso y detestable en la vida de Marcelino Menéndez Pelayo, destacado erudito e historiador español del siglo XIX, tiene que ver con su papel en la censura y la quema de libros considerados peligrosos o heréticos.
Marcelino Menéndez Pelayo, conocido por su vasto conocimiento y su labor intelectual, también fue un ferviente defensor del catolicismo y un crítico severo del liberalismo y las ideas progresistas. Su compromiso con la defensa de la ortodoxia católica lo llevó a participar activamente en la censura de obras literarias y filosóficas que consideraba contrarias a la fe y la moral cristiana.
El hecho más destacado y detestable de esta faceta de su vida ocurrió cuando Menéndez Pelayo fue nombrado miembro de la Comisión de Censura de la Biblioteca Nacional de España. Desde esta privilegiada posición, dispuso de la autoridad para revisar y decidir sobre la inclusión o exclusión de libros en la biblioteca, y no dudó en utilizar su poder para prohibir y destruir obras que juzgaba perniciosas.
En una ocasión particularmente significativa, Menéndez Pelayo ordenó la quema de varios libros considerados heréticos y peligrosos. Estos libros incluían obras de la Ilustración, textos científicos y filosóficos que promovían ideas liberales, racionalistas y anticlericales. La quema de estos libros simbolizaba no solo una represión de ideas, sino también un rechazo al progreso intelectual y científico que caracterizaba a la Europa moderna.
Este acto de censura extrema y destrucción de conocimiento es detestable porque va en contra de los principios fundamentales de la libertad de expresión y el libre intercambio de ideas. Menéndez Pelayo, a pesar de su inmenso talento y contribuciones a la historia y la literatura, dejó una marca oscura en su legado al participar en la quema de libros, una práctica que históricamente ha sido sinónimo de opresión y autoritarismo.
El episodio de la quema de libros nos recuerda de paso que incluso los grandes intelectuales pueden caer en la trampa del dogmatismo y la intolerancia, utilizando su influencia no para iluminar, sino para oscurecer y reprimir el conocimiento y la diversidad de pensamiento.




























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