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LA VIVIENDA COMO NEGOCIO O COMO DERECHO: EL DEBATE QUE ENGELS ANTICIPÓ HACE 150 AÑOS

De Manchester a Madrid: ¿qué queda hoy del diagnóstico de Engels? Cuando una necesidad básica se convierte también en una fuente de beneficios

Más de ciento cincuenta años después de que Friedrich Engels analizara las dificultades de acceso a la vivienda durante la Revolución Industrial, el aumento de los alquileres y la emancipación tardía de los jóvenes han devuelto actualidad a una vieja pregunta: ¿es posible garantizar el derecho a la vivienda dentro de un sistema basado en la lógica del mercado?

POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-

 

    Para muchos jóvenes, acceder a una vivienda se ha convertido en uno de los mayores retos de la vida adulta. Encontrar un alquiler asequible, ahorrar para una entrada hipotecaria o independizarse antes de los treinta años son objetivos cada vez más difíciles de alcanzar.

 

  En España, la edad media de emancipación supera ya los 30 años, una de las más altas de Europa. Para miles de personas entre veinte y treinta años, compartir piso durante largos periodos o destinar una gran parte del salario al pago del alquiler forma parte de la normalidad.

 

    Sin embargo, este problema no es nuevo. Hace más de ciento cincuenta años, un pensador alemán formuló una explicación que hoy sigue generando debate por su sorprendente actualidad.

 

    Ese pensador fue Friedrich Engels (1820-1895), filósofo, economista y teórico social alemán. Aunque suele ser conocido por haber escrito junto a Karl Marx obras tan influyentes como "El Manifiesto Comunista", Engels desarrolló también investigaciones propias sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora durante la Revolución Industrial.

 

   Su experiencia en ciudades industriales inglesas, especialmente en Manchester, le permitió observar directamente la pobreza, el hacinamiento y las precarias condiciones en las que vivían miles de obreros.

 

   En 1872 publicó una serie de textos que posteriormente serían reunidos bajo el título Contribución al problema de la vivienda. En ellos defendía una idea que continúa siendo objeto de discusión en la actualidad: el problema de la vivienda no era un accidente pasajero ni una simple consecuencia de la falta de casas, sino una característica propia del funcionamiento del sistema capitalista.

 

   Pero ¿hasta qué punto tenía razón? ¿Siguen siendo válidas sus reflexiones en pleno siglo XXI?

 

¿QUÉ DECÍA REALMENTE ENGELS SOBRE LA VIVIENDA?

   Cuando Engels escribió sobre esta cuestión, Europa estaba experimentando enormes transformaciones económicas y sociales. La industrialización había provocado que millones de personas abandonaran el campo para trasladarse a las ciudades en busca de trabajo. El crecimiento urbano fue tan rápido que muchas ciudades no estaban preparadas para absorber a tanta población.

 

   Las consecuencias eran evidentes: barrios obreros superpoblados, viviendas insalubres y alquileres elevados en relación con los bajos salarios de la época.

 

   Sin embargo, Engels consideraba que el verdadero problema iba mucho más allá de la simple escasez de viviendas. Según él, mientras la vivienda estuviera sometida a las reglas del mercado, existiría una contradicción permanente entre dos formas de entenderla.

 

  Por un lado, la vivienda es una necesidad básica. Todos necesitamos un lugar donde vivir. Por otro, dentro de una economía capitalista, la vivienda también es una mercancía que puede comprarse, venderse o utilizarse para obtener beneficios económicos.

 

    Para Engels, esta segunda dimensión acababa imponiéndose  sobre la primera. En otras palabras, el mercado no construía viviendas únicamente para satisfacer  la necesidades habitacionales,  sino sobre todo para generar rentabilidad económica.

 

    Por ello sostenía que las dificultades de acceso a la vivienda no desaparecerían simplemente construyendo más casas o facilitando que cada familia pudiera convertirse en propietaria. El problema era más profundo y estaba relacionado con el funcionamiento general de la economía.

 

UN SIGLO Y MEDIO DESPUÉS, ¿HA CAMBIADO REALMENTE LA SITUACIÓN?

    A primera vista, podría parecer que las condiciones actuales poco tienen que ver con las del siglo XIX. Hoy existen normativas urbanísticas, sistemas de protección social, viviendas con estándares mínimos de calidad y un nivel de riqueza infinitamente superior al que conoció Engels. Sin embargo, el acceso a la vivienda sigue siendo una de las principales preocupaciones de millones de personas.

 

   En España, comprar una vivienda resulta prácticamente imposible para muchos jóvenes sin ayuda familiar. Los alquileres han aumentado considerablemente durante la última década, especialmente en grandes ciudades y zonas turísticas, Canarias entre ellas. Cada vez es más frecuente que personas con empleo estable tengan dificultades para encontrar una vivienda asequible.

 

  La paradoja es evidente: vivimos en sociedades mucho más ricas y desarrolladas que las del siglo XIX, pero el problema del acceso a la vivienda continúa siendo una realidad cotidiana. Y es precisamente aquí donde muchos consideran que Engels fue extraordinariamente perspicaz.

 

CUANDO LA VIVIENDA DEJA DE SER SOLO UN HOGAR

   Una de las ideas centrales de Engels era que la vivienda no funciona únicamente como un lugar donde vivir. También puede convertirse en una fuente de ingresos y beneficiosEsto es especialmente visible en la actualidad.

 

    Muchas viviendas se adquieren como inversión. Algunas se destinan al alquiler tradicional; otras se orientan al alquiler turístico; otras permanecen vacías a la espera de que aumente su valor en el mercadoAdemás, en las últimas décadas han aparecido nuevos actores, como fondos de inversión o grandes empresas inmobiliarias, que gestionan miles de propiedades como parte de estrategias financieras globales.

 

  Esto no significa que toda inversión inmobiliaria sea necesariamente negativa. El problema surge cuando la búsqueda de rentabilidad económica dificulta el acceso a quienes necesitan una vivienda para residir en ella.

 

     Por ejemplo, si destinar un piso al alquiler turístico genera mayores ingresos que alquilarlo a largo plazo, muchos propietarios optarán por la primera opción. Si una vivienda aumenta constantemente de valor, puede resultar más rentable mantenerla como inversión que venderla a precios accesibles En estos casos, la lógica económica entra en conflicto con la función social de la vivienda. Y esa tensión fue precisamente la que Engels identificó hace más de ciento cincuenta años.

 

 

EL GRAN DILEMA: ¿DERECHO O MERCANCÍA?

   La discusión actual sobre la vivienda suele girar en torno a una pregunta fundamental: ¿debe considerarse principalmente un derecho social o una mercancía?

 

  Quienes defienden una mayor intervención pública sostienen que el mercado, por sí solo, no garantiza el acceso universal a una vivienda digna. Por ello proponen medidas como ampliar el parque público de viviendas, regular determinados alquileres o limitar usos especulativos.

 

   Por otro lado, quienes confían más en el funcionamiento del mercado consideran que aumentar la oferta de viviendas mediante nuevas construcciones permitiría reducir los precios y mejorar el acceso. La realidad muestra que ambas perspectivas contienen elementos válidos.

 

  Es evidente que aumentar la oferta resulta importante. Pero también lo es que disponer de muchas viviendas no garantiza automáticamente que todas las personas puedan acceder a ellas en condiciones razonables.

 

  España ofrece un ejemplo significativo. Durante años se construyeron cientos de miles de viviendas nuevas. Sin embargo, ello no evitó la formación de una burbuja inmobiliaria ni las dificultades actuales para acceder a una vivienda asequible.

 

  Esto parece confirmar una de las intuiciones fundamentales de Engels: el problema no depende únicamente del número de viviendas disponibles, sino también de cómo se distribuyen y de los incentivos económicos que determinan su uso.

 

 A LA LUZ DEL PANORAMA ACTUAL,  ¿SE EQUIVOCÓ ENGELS?  

   Reconocer la vigencia de muchas de sus observaciones no significa afirmar que Engels tuviera razón en todo. El pensador alemán tendía a considerar que el problema de la vivienda era, en última instancia, irresoluble dentro del capitalismo. 

 

    Algunos expertos -  Jim Kemeny ,  Peter Marcuse o  Christine Whitehead  -  consideran que la experiencia histórica demuestra que esta afirmación era demasiado categórica.

 

   Argumentan que algunos países europeos han desarrollado políticas públicas muy eficaces para facilitar el acceso a la vivienda. Ciudades como Viena cuentan con amplios parques de vivienda pública que permiten ofrecer alquileres relativamente asequibles a una parte importante de la población.

 

   Otros países han impulsado ayudas al alquiler, cooperativas de vivienda o regulaciones destinadas a proteger a determinados colectivos vulnerables. Para algunos urbanistas estas experiencias indican que los poderes públicos pueden intervenir para reducir significativamente los problemas habitacionales.

 

     Sin embargo, ni mucho menos todos los investigadores consideran que las políticas públicas de vivienda desarrolladas en algunos países europeos desmientan las tesis formulada por Engels. Para algunos autores, estas experiencias demuestran que es posible aliviar temporalmente el problema, pero no resolverlo de forma definitiva mientras la vivienda siga funcionando principalmente como una mercancía sometida a las reglas del mercado.

 

   El geógrafo británico David Harvey, uno de los principales estudiosos contemporáneos del capitalismo y la ciudad, sostiene que el mercado inmobiliario ocupa un papel central en el funcionamiento de las economías capitalistas.

 

   Según Harvey, cuando existen grandes cantidades de capital buscando nuevas oportunidades de inversión, la construcción de viviendas, la expansión urbana y la especulación inmobiliaria se convierten en mecanismos para absorber esos recursos y generar beneficios. Desde esta perspectiva, fenómenos como las burbujas inmobiliarias, la gentrificación o el encarecimiento de determinadas zonas urbanas no serían anomalías puntuales, sino consecuencias recurrentes de la propia dinámica del sistema económico.

 

   Por su parte, el investigador neerlandés Manuel Aalbers ha analizado cómo la vivienda ha pasado a integrarse cada vez más en los circuitos financieros globales. En sus estudios sobre la financiarización de la vivienda, explica que muchas viviendas han dejado de entenderse únicamente como lugares para vivir y se han convertido también en activos de inversión. Fondos de inversión, grandes propietarios y entidades financieras participan hoy en mercados inmobiliarios que responden tanto a necesidades habitacionales como a estrategias de rentabilidad económica.

 

    Desde esta óptica, las políticas de vivienda impulsadas por los Estados pueden mejorar significativamente el acceso a un alojamiento digno, pero están sometidas a una tensión constante. Cambios políticos, presiones del mercado o nuevas estrategias de inversión pueden debilitar o revertir medidas que anteriormente habían funcionado con éxito.

 

    Esta interpretación no implica que las políticas públicas sean inútiles ni que los gobiernos carezcan de capacidad para intervenir. Sin embargo, sí plantea una pregunta inquietante: ¿constituyen estas medidas una solución estable al problema de la vivienda o son, más bien, mecanismos que logran contener temporalmente tendencias económicas más profundas?

 

     Precisamente en esta cuestión es donde algunos autores consideran que el análisis formulado por Engels sigue manteniendo una notable vigencia. La tensión entre la vivienda como derecho social y la vivienda como fuente de beneficios económicos continúa siendo uno de los grandes desafíos de las sociedades contemporáneas.

 

  

   Sin embargo, incluso estos modelos requieren una intervención constante. Allí donde las políticas públicas se debilitan, las tensiones reaparecen.

 

  ENTONCES, ¿TENÍA RAZÓN ENGELS?

   La respuesta más honesta es que Engels tenía razón en lo esencialAcertó al señalar que la vivienda no es un producto cualquiera y que tratarla exclusivamente como una mercancía genera problemas recurrentes de acceso y desigualdad. También acertó al advertir que el mercado no responde a las necesidades sociales, sino a incentivos económicos relacionados con la rentabilidad.

 

  No obstante,  una parte de los estudiosos del tema como hemos referido opinan que fue demasiado pesimista respecto a la posibilidad de desarrollar soluciones parciales dentro de economías capitalistas mediante políticas públicas eficaces. Otros, sin embargo, creen que como en el caso de cualquiera otra mercancia   una tensión constante. Cambios políticos, presiones del mercado o nuevas estrategias de inversión pueden debilitar o revertir medidas que anteriormente habían funcionado con éxito.

 

 

    El debate sigue abierto y, probablemente, no admite respuestas sencillas. Más de ciento cincuenta años después de que Friedrich Engels formulara sus reflexiones sobre la cuestión de la vivienda, la realidad actual continúa ofreciendo argumentos tanto a quienes consideran que el problema es inherente al funcionamiento del sistema económico capitalista como a quienes confían en la capacidad de la acción política para corregir sus desequilibrios.

 

   Por esa misma razón , invitamos a nuestros lectores a participar en esta encuesta y reflexionar sobre una cuestión que afecta especialmente a las generaciones más jóvenes:  

 

     ¿Tenía razón Engels al afirmar que, bajo el sistema capitalista, el problema de la vivienda nunca tendrá una solución definitiva porque esta será siempre considerada una mercancía? ¿Crees que es posible atenuar la presión de los mercados mediante políticas públicas, aunque sus efectos sean temporales? ¿O piensas que la presión ciudadana y la movilización social pueden llegar a transformar la vivienda en un derecho efectivo y duradero?

 

     Tu respuesta no solo expresa una opinión sobre un problema de actualidad; también contribuye a un debate que, desde hace más de un siglo, sigue interrogándonos sobre el tipo de sociedad en la que queremos vivir.

 

  

 

  

 
 
 
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