EL DÉFICIT COMERCIAL DE CANARIAS SE DISPARA UN 28%: CASI 200 MILLONES EN SOLO UN AÑO
El crecimiento económico no reduce los desequilibrios productivos del Archipiélago
.El creciente déficit comercial de Canarias revela una contradicción que los récords turísticos ocultan: cuanto más crece la economía de las Islas, mayor puede ser su dependencia del exterior. Tras las cifras aparece un modelo capaz de generar enormes ingresos, pero mucho menos preparado para producir los bienes que necesita.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
El déficit comercial de Canarias creció un 28% durante el primer semestre del presente año, hasta alcanzar los 876,8 millones de euros, casi 200 millones más que en el mismo periodo anterior. El deterioro se produce mientras las exportaciones retroceden un 1,5%, hasta los 1.567 millones, y las importaciones se mantienen en unos elevados 2.464 millones. Especialmente significativos son los desequilibrios registrados en alimentación, bebidas y tabaco, donde el déficit ronda los 440 millones, y en bienes de equipo, con otros 227 millones.
La noticia podría terminar prácticamente ahí si nos limitáramos a reproducir una estadística. Pero las cifras adquieren otro significado cuando nos preguntamos por qué una economía que bate récords turísticos necesita adquirir fuera una parte tan importante de los bienes que consume.
Porque el déficit comercial no es simplemente el resultado de que Canarias "compre mucho". Toda economía moderna necesita importar. La cuestión verdaderamente relevante es la enorme distancia existente entre la capacidad de Canarias para generar actividad económica y su capacidad para producir los bienes necesarios para sostener esa actividad y abastecer a su población.
Crecer también puede aumentar la dependencia
Durante décadas se ha identificado el crecimiento del turismo con el desarrollo económico de Canarias. Más turistas significan más hoteles ocupados, restaurantes, transporte, comercio y construcción. Y todo ello incrementa el PIB. Pero crecimiento y desarrollo económico no son necesariamente la misma cosa.
Una economía puede aumentar continuamente su actividad sin ampliar proporcionalmente su capacidad productiva. Incluso puede ocurrir que cuanto más crezca su sector dominante, mayores sean sus necesidades de importación.
Canarias constituye un buen ejemplo. Los millones de turistas que llegan anualmente no consumen únicamente habitaciones de hotel, playas o restaurantes. Necesitan alimentos, bebidas, energía, vehículos, maquinaria, tecnología y multitud de productos manufacturados. Y buena parte de esos bienes no se producen en Canarias. Por eso resulta especialmente revelador que uno de los mayores agujeros de la balanza comercial aparezca precisamente en alimentación, bebidas y tabaco, con compras por unos 620 millones frente a exportaciones inferiores a 180 millones. También resulta significativo el déficit existente en bienes de equipo. No estamos, por tanto, únicamente ante un problema comercial. Estamos contemplando el reflejo estadístico de una estructura productiva.
El hotel no produce lo que necesita
La economía canaria se ha especializado extraordinariamente en turismo y en las actividades que crecen alrededor de este: construcción, restauración, comercio, transporte, actividades inmobiliarias y numerosos servicios.
Puede parecer una economía muy diversificada porque existen miles de empresas diferentes. Sin embargo, una parte considerable de ellas depende directa o indirectamente de una misma fuente de demanda: los millones de visitantes que llegan del exterior.
Mientras tanto, agricultura, industria y otras actividades productivas encuentran enormes dificultades para competir por suelo, financiación, inversiones, agua o mano de obra. No existe ninguna conspiración que obligue a que esto suceda. Opera un mecanismo mucho más cotidiano: la rentabilidad. El capital tiende a dirigirse hacia aquellos sectores donde espera obtener mayores beneficios. Durante décadas, inversiones privadas, crédito, infraestructuras y políticas públicas han contribuido a reforzar esa especialización.
El resultado contiene una contradicción evidente: Canarias dispone de una extraordinaria capacidad para vender servicios turísticos, pero de una capacidad mucho menor para producir numerosos bienes necesarios tanto para sus habitantes como para mantener funcionando esa gigantesca industria. Cada expansión del turismo puede generar así nueva actividad económica y, simultáneamente, nueva demanda de importaciones.
Las dos caras del mismo modelo
Esto permite comprender mejor una aparente paradoja de Canarias: los récords turísticos pueden coexistir con una enorme dependencia económica exterior.
Una parte del dinero que entra vuelve a salir para pagar alimentos, combustibles, maquinaria, vehículos, tecnología y manufacturas producidas fuera. A ello hay que añadir otros mecanismos mediante los cuales parte de la riqueza generada abandona las Islas: operadores turísticos, aerolíneas, plataformas digitales, entidades financieras, proveedores exteriores o beneficios distribuidos entre propietarios y accionistas.
Por eso resulta insuficiente medir la fortaleza de una economía observando exclusivamente cuánto crece su PIB. Hay que preguntarse qué produce, quién controla la producción, qué necesita importar y dónde termina el excedente generado por el trabajo social. El crecimiento del déficit comercial aporta una respuesta parcial, pero muy significativa. Canarias genera una enorme actividad económica sin haber construido paralelamente una estructura productiva capaz de retener dentro del Archipiélago una parte suficiente de la demanda creada por esa propia actividad.
Un problema de todo el Estado español
El fenómeno no es exclusivamente canario. El déficit comercial del conjunto del Estado también aumentó con fuerza durante el primer semestre, hasta superar los 32.780 millones de euros.
Especialmente significativo resulta el crecimiento del déficit no energético, porque demuestra que el desequilibrio no puede explicarse solamente por la necesidad de importar petróleo y otras fuentes energéticas.
España también presenta importantes dependencias industriales y tecnológicas y una fuerte especialización en determinados servicios. Canarias comparte esas debilidades, pero las lleva mucho más lejos debido a su insularidad y, fundamentalmente, a la extraordinaria concentración de su economía alrededor del turismo.
Señalar esta dependencia no significa defender una imposible autarquía. La cuestión es diferente: qué parte de las necesidades sociales podría cubrirse mediante una estructura productiva más desarrollada y quién decide hacia dónde se dirige la inversión disponible.
Hablar seriamente de diversificación supone fortalecer la producción alimentaria, desarrollar energías renovables y favorecer actividades industriales y tecnológicas compatibles con las condiciones insulares. Pero también significa intervenir sobre los mecanismos que hacen mucho más rentable invertir continuamente en turismo, construcción o especulación inmobiliaria que hacerlo en actividades productivas necesarias.
Canarias puede continuar recibiendo millones de turistas, aumentando su PIB y batiendo récords de gasto mientras profundiza simultáneamente su dependencia. Porque una economía no se hace necesariamente más fuerte cuando mueve más dinero. Se hace más fuerte cuando aumenta su capacidad para decidir qué produce, para qué lo produce y qué hace con la riqueza que genera.
Por CARLOS SERNA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
El déficit comercial de Canarias creció un 28% durante el primer semestre del presente año, hasta alcanzar los 876,8 millones de euros, casi 200 millones más que en el mismo periodo anterior. El deterioro se produce mientras las exportaciones retroceden un 1,5%, hasta los 1.567 millones, y las importaciones se mantienen en unos elevados 2.464 millones. Especialmente significativos son los desequilibrios registrados en alimentación, bebidas y tabaco, donde el déficit ronda los 440 millones, y en bienes de equipo, con otros 227 millones.
La noticia podría terminar prácticamente ahí si nos limitáramos a reproducir una estadística. Pero las cifras adquieren otro significado cuando nos preguntamos por qué una economía que bate récords turísticos necesita adquirir fuera una parte tan importante de los bienes que consume.
Porque el déficit comercial no es simplemente el resultado de que Canarias "compre mucho". Toda economía moderna necesita importar. La cuestión verdaderamente relevante es la enorme distancia existente entre la capacidad de Canarias para generar actividad económica y su capacidad para producir los bienes necesarios para sostener esa actividad y abastecer a su población.
Crecer también puede aumentar la dependencia
Durante décadas se ha identificado el crecimiento del turismo con el desarrollo económico de Canarias. Más turistas significan más hoteles ocupados, restaurantes, transporte, comercio y construcción. Y todo ello incrementa el PIB. Pero crecimiento y desarrollo económico no son necesariamente la misma cosa.
Una economía puede aumentar continuamente su actividad sin ampliar proporcionalmente su capacidad productiva. Incluso puede ocurrir que cuanto más crezca su sector dominante, mayores sean sus necesidades de importación.
Canarias constituye un buen ejemplo. Los millones de turistas que llegan anualmente no consumen únicamente habitaciones de hotel, playas o restaurantes. Necesitan alimentos, bebidas, energía, vehículos, maquinaria, tecnología y multitud de productos manufacturados. Y buena parte de esos bienes no se producen en Canarias. Por eso resulta especialmente revelador que uno de los mayores agujeros de la balanza comercial aparezca precisamente en alimentación, bebidas y tabaco, con compras por unos 620 millones frente a exportaciones inferiores a 180 millones. También resulta significativo el déficit existente en bienes de equipo. No estamos, por tanto, únicamente ante un problema comercial. Estamos contemplando el reflejo estadístico de una estructura productiva.
El hotel no produce lo que necesita
La economía canaria se ha especializado extraordinariamente en turismo y en las actividades que crecen alrededor de este: construcción, restauración, comercio, transporte, actividades inmobiliarias y numerosos servicios.
Puede parecer una economía muy diversificada porque existen miles de empresas diferentes. Sin embargo, una parte considerable de ellas depende directa o indirectamente de una misma fuente de demanda: los millones de visitantes que llegan del exterior.
Mientras tanto, agricultura, industria y otras actividades productivas encuentran enormes dificultades para competir por suelo, financiación, inversiones, agua o mano de obra. No existe ninguna conspiración que obligue a que esto suceda. Opera un mecanismo mucho más cotidiano: la rentabilidad. El capital tiende a dirigirse hacia aquellos sectores donde espera obtener mayores beneficios. Durante décadas, inversiones privadas, crédito, infraestructuras y políticas públicas han contribuido a reforzar esa especialización.
El resultado contiene una contradicción evidente: Canarias dispone de una extraordinaria capacidad para vender servicios turísticos, pero de una capacidad mucho menor para producir numerosos bienes necesarios tanto para sus habitantes como para mantener funcionando esa gigantesca industria. Cada expansión del turismo puede generar así nueva actividad económica y, simultáneamente, nueva demanda de importaciones.
Las dos caras del mismo modelo
Esto permite comprender mejor una aparente paradoja de Canarias: los récords turísticos pueden coexistir con una enorme dependencia económica exterior.
Una parte del dinero que entra vuelve a salir para pagar alimentos, combustibles, maquinaria, vehículos, tecnología y manufacturas producidas fuera. A ello hay que añadir otros mecanismos mediante los cuales parte de la riqueza generada abandona las Islas: operadores turísticos, aerolíneas, plataformas digitales, entidades financieras, proveedores exteriores o beneficios distribuidos entre propietarios y accionistas.
Por eso resulta insuficiente medir la fortaleza de una economía observando exclusivamente cuánto crece su PIB. Hay que preguntarse qué produce, quién controla la producción, qué necesita importar y dónde termina el excedente generado por el trabajo social. El crecimiento del déficit comercial aporta una respuesta parcial, pero muy significativa. Canarias genera una enorme actividad económica sin haber construido paralelamente una estructura productiva capaz de retener dentro del Archipiélago una parte suficiente de la demanda creada por esa propia actividad.
Un problema de todo el Estado español
El fenómeno no es exclusivamente canario. El déficit comercial del conjunto del Estado también aumentó con fuerza durante el primer semestre, hasta superar los 32.780 millones de euros.
Especialmente significativo resulta el crecimiento del déficit no energético, porque demuestra que el desequilibrio no puede explicarse solamente por la necesidad de importar petróleo y otras fuentes energéticas.
España también presenta importantes dependencias industriales y tecnológicas y una fuerte especialización en determinados servicios. Canarias comparte esas debilidades, pero las lleva mucho más lejos debido a su insularidad y, fundamentalmente, a la extraordinaria concentración de su economía alrededor del turismo.
Señalar esta dependencia no significa defender una imposible autarquía. La cuestión es diferente: qué parte de las necesidades sociales podría cubrirse mediante una estructura productiva más desarrollada y quién decide hacia dónde se dirige la inversión disponible.
Hablar seriamente de diversificación supone fortalecer la producción alimentaria, desarrollar energías renovables y favorecer actividades industriales y tecnológicas compatibles con las condiciones insulares. Pero también significa intervenir sobre los mecanismos que hacen mucho más rentable invertir continuamente en turismo, construcción o especulación inmobiliaria que hacerlo en actividades productivas necesarias.
Canarias puede continuar recibiendo millones de turistas, aumentando su PIB y batiendo récords de gasto mientras profundiza simultáneamente su dependencia. Porque una economía no se hace necesariamente más fuerte cuando mueve más dinero. Se hace más fuerte cuando aumenta su capacidad para decidir qué produce, para qué lo produce y qué hace con la riqueza que genera.


























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