ESTUDIOS BAJO SOSPECHA: CUESTIONAN DATOS SOBRE CONTAMINACIÓN DEL AGUA EN LA PALMA Y EL HIERRO
Agua para La Palma y el ingeniero Carlos Soler sostienen que las muestras proceden de entornos ya contaminados
Un estudio sobre microplásticos en aguas subterráneas ha desatado una fuerte controversia. La asociación Agua para La Palma y el ingeniero Carlos Soler cuestionan sus resultados. El debate reabre interrogantes sobre la calidad del agua y los intereses en juego.
Por ERNESTO GUTIÉRREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
A través de un comunicado remitido a la redacción de Canarias-semanal, la asociación Agua para La Palma ha denunciado lo que considera "graves deficiencias metodológicas en un estudio científico que alertaba sobre la presencia de microplásticos en las aguas subterráneas de La Palma y El Hierro". El colectivo, apoyado por el ingeniero experto en hidrología Carlos Soler, sostiene que "no existe evidencia concluyente de que los acuíferos de ambas islas hayan perdido calidad por este motivo".
Un estudio bajo sospecha
Agua para La Palma insiste en que las conclusiones del estudio elaborado por investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL), y publicado en la revista Journal of Contaminant Hydrology, "carecen de validez". Según el colectivo, todas las muestras analizadas proceden de puntos que ya estaban contaminados por plásticos ajenos a los acuíferos, lo que "invalidaría de raíz los resultados obtenidos".
El estudio, desarrollado en 2022 por el grupo Ingeniería Geológica, Innovación y Aguas (Ingenia), detectó microplásticos en las nueve muestras analizadas, con concentraciones que alcanzaban hasta 23 partículas por litro. Sin embargo, tanto Agua para La Palma como Carlos Soler consideran que este dato, lejos de confirmar la contaminación, debería haber encendido las alarmas sobre un posible error de base.
Según argumentan, aceptar esos valores implicaría asumir una presencia masiva de plásticos en los acuíferos, algo que consideran "incompatible con la realidad física del subsuelo insular". De hecho, subrayan que los recursos hídricos subterráneos alcanzan cifras colosales: unos 25.000 millones de litros anuales en El Hierro y hasta 260.000 millones en La Palma. Extrapolar esos niveles de microplásticos a tales volúmenes resultaría, a su juicio, "inverosímil".
Argumentos técnicos y físicos
El colectivo también pone el foco en la antigüedad del agua subterránea. Recuerdan que el uso generalizado de plásticos en Canarias no alcanza siquiera un siglo, mientras que el agua almacenada en los acuíferos puede tener cientos o incluso miles de años. Esta circunstancia, destacan, contradice la posibilidad de que dichas aguas estén contaminadas por microplásticos recientes.
A estos argumentos se suma una objeción de carácter físico. Carlos Soler señala que algunos de los fragmentos detectados en el estudio alcanzaban tamaños cercanos a los dos milímetros, lo que "dificultaría enormemente su infiltración y desplazamiento a través de los materiales volcánicos que conforman los acuíferos canarios". Según explica, "la estructura habitual de coladas, piroclastos y otros materiales no permite el paso de partículas de ese tamaño, salvo en condiciones muy excepcionales".
Agua para La Palma refuerza su crítica con un análisis detallado de cada uno de los puntos de muestreo. En varios casos, como las muestras LP1 y LP3, estas fueron tomadas en depuradoras, donde el agua ya ha estado en contacto con múltiples infraestructuras y materiales plásticos. Otras muestras, como la LP4 o la LP5, también habrían sido recogidas tras el paso del agua por tuberías de plástico, lo que comprometería su validez como representación del agua subterránea en estado natural.
El caso de la Fuente Santa (LP2) tampoco escapa a la crítica. El ingeniero señala que no se especifica con precisión el punto exacto de extracción entre varias pocetas, algunas de ellas en contacto directo con materiales plásticos o incluso con agua marina, lo que impediría considerar fiable la muestra.
En El Hierro, las objeciones continúan. Agua para La Palma y Soler cuestionan la validez de muestras procedentes de galerías afectadas por riadas o de sistemas de abastecimiento donde el agua podría no ser subterránea, sino desalada. Asimismo, rechazan las muestras obtenidas en pozos donde el agua es extraída mediante bombas y conducciones con componentes plásticos.
Más allá del debate científico
Más allá del debate técnico, el colectivo plantea interrogantes sobre las posibles motivaciones detrás de este tipo de estudios. Agua para La Palma sugiere que la difusión de resultados que cuestionan la calidad del agua subterránea podría servir para "justificar la implantación de desaladoras y el uso creciente de aguas regeneradas".
En este contexto, recuerdan episodios recientes en los que, según afirman, se atribuyeron problemas en los pozos a causas como la contaminación por dióxido de carbono tras la erupción volcánica, cuando en realidad podrían haber estado relacionados con procesos de intrusión marina derivados de una sobreexplotación de los acuíferos.
El comunicado concluye con una crítica contundente a las políticas hidráulicas impulsadas en la isla. Agua para La Palma denuncia lo que considera una apuesta por el “agua industrial” en detrimento de los recursos naturales, alertando además sobre la creciente dependencia de los combustibles fósiles que implican las desaladoras.
Para el colectivo, este modelo no solo encarece el acceso al agua, sino que también introduce riesgos estratégicos en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas. En definitiva, Agua para La Palma insiste en la necesidad de revisar con rigor los estudios científicos y de priorizar la protección y gestión sostenible de los acuíferos insulares.
Por ERNESTO GUTIÉRREZ PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-
A través de un comunicado remitido a la redacción de Canarias-semanal, la asociación Agua para La Palma ha denunciado lo que considera "graves deficiencias metodológicas en un estudio científico que alertaba sobre la presencia de microplásticos en las aguas subterráneas de La Palma y El Hierro". El colectivo, apoyado por el ingeniero experto en hidrología Carlos Soler, sostiene que "no existe evidencia concluyente de que los acuíferos de ambas islas hayan perdido calidad por este motivo".
Un estudio bajo sospecha
Agua para La Palma insiste en que las conclusiones del estudio elaborado por investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL), y publicado en la revista Journal of Contaminant Hydrology, "carecen de validez". Según el colectivo, todas las muestras analizadas proceden de puntos que ya estaban contaminados por plásticos ajenos a los acuíferos, lo que "invalidaría de raíz los resultados obtenidos".
El estudio, desarrollado en 2022 por el grupo Ingeniería Geológica, Innovación y Aguas (Ingenia), detectó microplásticos en las nueve muestras analizadas, con concentraciones que alcanzaban hasta 23 partículas por litro. Sin embargo, tanto Agua para La Palma como Carlos Soler consideran que este dato, lejos de confirmar la contaminación, debería haber encendido las alarmas sobre un posible error de base.
Según argumentan, aceptar esos valores implicaría asumir una presencia masiva de plásticos en los acuíferos, algo que consideran "incompatible con la realidad física del subsuelo insular". De hecho, subrayan que los recursos hídricos subterráneos alcanzan cifras colosales: unos 25.000 millones de litros anuales en El Hierro y hasta 260.000 millones en La Palma. Extrapolar esos niveles de microplásticos a tales volúmenes resultaría, a su juicio, "inverosímil".
Argumentos técnicos y físicos
El colectivo también pone el foco en la antigüedad del agua subterránea. Recuerdan que el uso generalizado de plásticos en Canarias no alcanza siquiera un siglo, mientras que el agua almacenada en los acuíferos puede tener cientos o incluso miles de años. Esta circunstancia, destacan, contradice la posibilidad de que dichas aguas estén contaminadas por microplásticos recientes.
A estos argumentos se suma una objeción de carácter físico. Carlos Soler señala que algunos de los fragmentos detectados en el estudio alcanzaban tamaños cercanos a los dos milímetros, lo que "dificultaría enormemente su infiltración y desplazamiento a través de los materiales volcánicos que conforman los acuíferos canarios". Según explica, "la estructura habitual de coladas, piroclastos y otros materiales no permite el paso de partículas de ese tamaño, salvo en condiciones muy excepcionales".
Agua para La Palma refuerza su crítica con un análisis detallado de cada uno de los puntos de muestreo. En varios casos, como las muestras LP1 y LP3, estas fueron tomadas en depuradoras, donde el agua ya ha estado en contacto con múltiples infraestructuras y materiales plásticos. Otras muestras, como la LP4 o la LP5, también habrían sido recogidas tras el paso del agua por tuberías de plástico, lo que comprometería su validez como representación del agua subterránea en estado natural.
El caso de la Fuente Santa (LP2) tampoco escapa a la crítica. El ingeniero señala que no se especifica con precisión el punto exacto de extracción entre varias pocetas, algunas de ellas en contacto directo con materiales plásticos o incluso con agua marina, lo que impediría considerar fiable la muestra.
En El Hierro, las objeciones continúan. Agua para La Palma y Soler cuestionan la validez de muestras procedentes de galerías afectadas por riadas o de sistemas de abastecimiento donde el agua podría no ser subterránea, sino desalada. Asimismo, rechazan las muestras obtenidas en pozos donde el agua es extraída mediante bombas y conducciones con componentes plásticos.
Más allá del debate científico
Más allá del debate técnico, el colectivo plantea interrogantes sobre las posibles motivaciones detrás de este tipo de estudios. Agua para La Palma sugiere que la difusión de resultados que cuestionan la calidad del agua subterránea podría servir para "justificar la implantación de desaladoras y el uso creciente de aguas regeneradas".
En este contexto, recuerdan episodios recientes en los que, según afirman, se atribuyeron problemas en los pozos a causas como la contaminación por dióxido de carbono tras la erupción volcánica, cuando en realidad podrían haber estado relacionados con procesos de intrusión marina derivados de una sobreexplotación de los acuíferos.
El comunicado concluye con una crítica contundente a las políticas hidráulicas impulsadas en la isla. Agua para La Palma denuncia lo que considera una apuesta por el “agua industrial” en detrimento de los recursos naturales, alertando además sobre la creciente dependencia de los combustibles fósiles que implican las desaladoras.
Para el colectivo, este modelo no solo encarece el acceso al agua, sino que también introduce riesgos estratégicos en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas. En definitiva, Agua para La Palma insiste en la necesidad de revisar con rigor los estudios científicos y de priorizar la protección y gestión sostenible de los acuíferos insulares.




























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