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DEL DISCURSO DEL “SOCIALISMO DEL SIGLO XXI” A LAS GARANTÍAS PARA LOS INVERSORES DEL "PRIMER MUNDO"

Los estrechos límites del llamado “socialismo del siglo XXI”

Durante los primeros años del siglo XXI, Venezuela, Bolivia y Ecuador fueron presentados como los laboratorios políticos más visibles del llamado “Socialismo del siglo XXI”. Sin embargo, dos décadas después, esos mismos países vuelven a recorrer un camino harto conocido: ofrecer garantías y seguridad jurídica a los capitales internacionales para atraer inversiones, con todo lo que eso significa. ¿Se trata de un simple giro político o del resultado de las presiones estructurales del sistema económico mundial? La respuesta obliga a mirar más allá de los discursos y conocer cuáles son las

 POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    América Latina parece  estar viviendo una suerte de  déjà vu histórico. Es decir, los acontecimientos y las noticias que generan nos transmite la sensación de estar viviendo situaciones que ya hemos conocido en el pasado. Se llega a tener la impresión de que el reloj  de la historia ha retrocedido varias décadas, y que ese continente vuelve a ocupar el lugar que tantas veces  otros le habían asignado desde fuera: proveedor de materias primas.

 

  Tres países que hace dos décadas protagonizaron los experimentos políticos más conocidos del llamado “socialismo del siglo XXI”Venezuela, Bolivia y Ecuador— están reforzando nuevamente un viejo principio de la economía global: garantizar seguridad jurídica a los capitales extranjeros.

 

    ¿Se trata  solo de una coincidencia? Desde una perspectiva marxista, la respuesta es clara: no lo es. Lo que estamos contemplando es el resultado de ciertas dinámicas profundas del capitalismo mundial y de los propios límites que aquellos procesos políticos entrañaron.

 

EL CONTINENTE QUE VUELVE A SU PAPEL TRADICIONAL

      Durante los primeros años del siglo XXI, América Latina vivió un ciclo político que muchos interpretaron como un intento de construir alternativas al modelo neoliberal dominante.

 

   En países como Venezuela, Bolivia y Ecuador surgieron gobiernos que impulsaron reformas constitucionales, ampliaron el papel del Estado en sectores estratégicos y cuestionaron algunos mecanismos de poder del capital internacional.

 

     En Ecuador, por ejemplo, la Constitución de 2008 prohibió someter al país a tribunales arbitrales internacionales en disputas con inversores extranjeros.

 

   Bolivia denunció varios tratados bilaterales de inversión y se retiró del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre Inversiones (CIADI).

 

   Venezuela ya había tomado decisiones similares años antes.

 

    Estas medidas reflejaban un momento político en el que amplios sectores sociales intentaban recuperar mayor control sobre los recursos naturales y limitar el poder de las grandes corporaciones.

 

Sin embargo, justo es precisar que  esos cambios políticos se produjeron sin que sus protagonistas se atrevieran  a  modificar la estructura económica capitalista de estos países.

 

ECONOMÍAS DEPENDIENTES DE LOS RECURSOS

    Desde el punto de vista marxista, el elemento decisivo para comprender un proceso histórico es la estructura económica que lo sustenta. En el caso de Venezuela, Bolivia y Ecuador, sus economías siguieron dependiendo de manera abrumadora de la exportación de materias primas.

 

    Los datos lo muestran con claridad. Durante los años de mayor auge del chavismo, más del 90 % de las exportaciones de Venezuela provenían del petróleo. El Estado financiaba gran parte de su gasto público con los ingresos generados por PDVSA y por los altos precios del crudo durante el llamado "superciclo de materias primas".

 

     Bolivia, por su parte, basó gran parte de su crecimiento en la exportación de gas natural hacia Brasil y Argentina, que llegó a representar alrededor del 50 % de sus exportaciones totales.

 

  Ecuador, mientras tanto, continuó dependiendo fuertemente del petróleo, que durante largos periodos ha aportado entre el 30 % y el 40 % de los ingresos fiscales del Estado. Es decir, aunque hubo reformas políticas importantes, la base económica siguió siendo esencialmente extractiva y su estructura económica, capitalista

 

EL FIN DEL CICLO DE LAS MATERIAS PRIMAS

    El equilibrio de estos modelos dependía en gran medida de un factor externo: los precios internacionales de las materias primas. Entre 2003 y 2013, la economía mundial vivió un período de fuerte demanda de recursos naturales, impulsado principalmente por el crecimiento industrial de China. Ese contexto permitió a algunos países latinoamericanos financiar políticas sociales, aumentar el gasto público y sostener proyectos políticos relativamente autónomos.

 

   Pero el escenario cambió a partir de 2014, cuando los precios del petróleo, los minerales y otras materias primas comenzaron a caerEl impacto fue inmediato.

 

   En Venezuela, la caída del precio del petróleo y las sanciones estadounidenses provocó una crisis económica profunda.

   Bolivia vio disminuir los ingresos provenientes del gas.

  Ecuador enfrentó fuertes presiones fiscales debido a la reducción de sus ingresos petroleros.

  En economías estructuralmente dependientes de las exportaciones primarias, estos cambios externos terminan generando fuertes contradicciones internas.

 

LA PRESIÓN POR "ATRAER A LOS CAPITALES"

    Aquí aparece un elemento central del análisis marxista: la competencia entre Estados por atraer capital.

    En el capitalismo contemporáneo, los capitales internacionales buscan territorios donde invertir con menores riesgos y mayores garantías. Para ello, los gobiernos ofrecen estabilidad jurídica, protección a las inversiones y mecanismos de arbitraje internacional que aseguren lo que ellos denominan los derechos de los inversores.

 

   Incluso países que en el pasado criticaron ese tipo de mecanismos terminan recurriendo a ellos cuando necesitan atraer inversiones.

 

   Eso es precisamente lo que hoy ha empezado a observarse en varios de los países que protagonizaron los experimentos políticos más radicales de la región.

 

     En Ecuador, con un gobierno de signo político drásticamente diferente al reformista que lo había precedido,  ha firmado contratos con empresas mineras que incluyen cláusulas de arbitraje internacional.

     Bolivia ha debatido regímenes especiales de incentivos para grandes inversiones.

    En Venezuela, recientes reformas en el sector petrolero han abierto espacios más amplios para la participación de capital privado y han reintroducido mecanismos de resolución de disputas favorables a los inversores.

 

LA DIVISIÓN GLOBAL DEL TRABAJO

    Para comprender por qué estas dinámicas se repiten, es necesario mirar el sistema económico mundial en su conjunto. La economía global funciona como una gran división internacional del trabajo. Algunas regiones concentran tecnología, industria avanzada y capital financiero. Otras se especializan en la extracción de recursos naturales.  América Latina ha ocupado históricamente este segundo lugar.

 

   Un ejemplo sencillo lo ilustra. El litio extraído en Bolivia, Argentina o Chile es esencial para fabricar baterías de vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos. Pero la mayor parte de esas baterías se producen en países industrializados o en grandes centros manufactureros como China. En otras palabras, la materia prima se extrae en el Sur, pero el mayor valor económico se genera en el Norte.

 

LOS LÍMITES DEL “SOCIALISMO DEL SIGLO XXI”

    Desde una perspectiva marxista, este contexto revela las contradicciones del llamado “socialismo del siglo XXI”.  Aquellos gobiernos, ampliaron el papel del Estado, redistribuyeron parte de la renta generada por los recursos naturales y promovieron importantes políticas sociales. Sin embargo, no transformaron las relaciones de producción fundamentales ni sustituyeron el modo de producción capitalista.

 

     La propiedad privada del capital continuó existiendo, las economías siguieron integradas en el mercado mundial y la dependencia de las exportaciones primarias se mantuvo. Cuando las condiciones económicas externas cambiaron, las presiones del sistema volvieron a imponerse.

 

UNA TENDENCIA QUE NO ES CASUAL

     Por eso, desde este enfoque, el hecho de que Venezuela, Bolivia y Ecuador estén reforzando hoy mecanismos de seguridad jurídica para atraer inversiones no es una coincidencia histórica. Es el resultado de la interacción entre tres factores fundamentales:

- economías estructuralmente dependientes de recursos naturales

- inserción dentro del mercado capitalista mundial

- competencia global por atraer capitales

    Mientras esas bases económicas no cambien, las reglas del sistema tienden a reaparecer una y otra vez.

   

  Lo que hoy ocurre en estos países no puede entenderse simplemente como un giro político o una decisión aislada de sus gobiernos.  En cualquier caso,  es la expresión de una contradicción más profunda:

 

   - la contradicción existente entre los proyectos políticos que intentaron ampliar la soberanía nacional,   y un sistema económico mundial que sigue organizándose en torno a la acumulación de capital y a una división internacional del trabajo profundamente desigual.

 

    En ese contexto, la promesa de “seguridad para los capitales” reaparece como una condición necesaria para mantener en funcionamiento economías dependientes de la inversión y de la explotación de recursos naturales.

 

    La historia latinoamericana ya ha vivido muchas veces este ciclo. Y todo parece indicarnos que nuevamente  el continente vuelto a recorrer ese mismo camino.

 
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