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Viernes, 06 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

RUTTE, MERZ Y TRUMP: CUANDO LA GUERRA SE CONVIERTE EN ESTRATEGIA POLÍTICA

¿Actúa este trío exclusivamente empujado por intereses económicos? ¿O existen otras"pulsiones" vinculadas a su biografía, entorno histórico, educación y cultura?

En un mundo cada vez más marcado por tensiones geopolíticas, tres figuras políticas — Mark Rutte, Donald Trump y Friedrich Merz— simbolizan el regreso de una política internacional donde la fuerza militar vuelve a ocupar un lugar central. Sus trayectorias, sus raíces y su reciente acercamiento revelan una tendencia preocupante: la normalización del discurso belicista en un wagneriano retorno a antiguas pulsiones genocidas

 

POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

      En no pocas ocasiones la historia tiene un sentido del humor bastante peculiar. Uno mira el mapa del mundo, escucha los [Img #90208]discursos solemnes sobre "democracia", "seguridad global" y "valores universales"… y, de repente, descubre que tres de los personajes que hoy influyen en las decisiones militares más importantes del planeta comparten algo realmente  curioso.

 

   No piensen nuestros suspicaces  lectores que se trata de una siniestra  alianza secreta ni de un pacto firmado en una habitación oscura. Es algo más antiguo, más profundo y, quizás, hasta infinitamente más  irónico: un origen cultural sorprendentemente parecido.

 

    Donald Trump, Friedrich Merz y Mark Rutte, - es decir, el presidente de los EE. UU., el canciller alemán y el Jefe supremo de la OTAN -,  proceden de países distintos, hablan idiomas distintos y representan instituciones distintas.   Uno viene del mundo del negocio inmobiliario estadounidense, el otro del más cerril conservadurismo bávaro, y el tercero, del germánico liberalismo pragmático neerlandés. Sin embargo, si uno es curioso, rasca un poco la superficie biográfica del trío y se adentra a investigar en ellas,  aparece una coincidencia interesantísima: los tres pertenecen al mismo universo histórico y cultural del Atlántico Norte, con claras raíces germánicas y europeas occidentales.

 

   ¿Pura casualidad? Probablemente sí. Pero, ya que estamos, ¿por qué no nos permitimos un pequeño ejercicio de ironía histórica?

 

UNA FAMILIA MUY AMPLIA

     Imaginemos por un momento una vieja reunión familiar. No una de esas con paella y de sobremesa como se hacen en España, sino una reunión más bien fría, con trajes oscuros, mapas en la pared y conversaciones sobre la seguridad internacional.

 

     En la cabecera de la mesa, un pariente lejano venido de Nueva York. Habla alto, gesticula mucho y se presenta como Donald Trump, descendiente de un emigrante alemán que dejó Europa en el siglo XIX para hacer fortuna en América.

 

    A su lado, un primo que llega desde Alemania con aire serio, abogado de profesión, experto en finanzas internacionales. Se llama Friedrich Merz, y representa a  la genuina tradición política de la democracia cristiana alemana.

 

    Un poco más allá, con una sonrisa diplomática y un estilo tranquilo, aparece Mark Rutte, neerlandés, ultraliberal y ahora convertido en Secretario General de la OTAN.

 

    Tres personas distintas… pero, curiosamente, todos provenientes de la misma gran familia cultural del mundo germánico atlántico.

 

    Y es justo aquí donde la ironía empieza a hacerse irresistible.

 

LA PREGUNTA INEVITABLE

  Porque, claro, cuando uno observa estas coincidencias, surgen espontáneamente preguntas desasosegadamente incómodas. Preguntas que probablemente nadie se atrevería formular  en una rueda de prensa, pero que se cuelan inevitablemente de las rendijas de la mente de un observador curioso.

 

   Por ejemplo:

    ¿Será una pura casualidad que quienes están tomando tantas decisiones estratégicas sobre el futuro del planeta pertenezcan al mismo espacio histórico y cultural del Atlántico Norte?

 

     ¿O tal vez sea simplemente que el poder global sigue concentrado en una región muy concreta del mundo, aunque se vista con discursos pretendidamente universales?

 

Y una aún más intrigante:

      Si uno mira la historia de los últimos dos siglos, ¿no ha sido precisamente esa misma región —Europa occidental y Estados Unidos— la que ha dominado gran parte de la política internacional, de las alianzas militares, los conflictos bélicos y de las grandes decisiones geopolíticas? La coincidencia étnico-cultural-política de los tres personajes es para hacernos temblar.

 

UN CLUB MUY SELECTO

     En realidad, no hace falta conspirar demasiado. El mundo del poder internacional funciona muchas veces como un club herméticamente cerrado.

     Un selecto club donde las élites políticas, económicas y estratégicas comparten algo más que reuniones diplomáticas:

 

  • Universidades parecidas

  • Redes financieras comunes

  • Alianzas militares permanentes

  • Y, por supuesto, una visión del mundo sorprendentemente similar

 

       Trump, Merz y Rutte no son, ciertamente, clones ideológicos. Sus estilos son diferentes, sus discursos también. Pero todos ellos se mueven dentro de ese mismo ecosistema político y cultural que domina el llamado bloque atlántico.

 

       Pero es aún peor: los tres comparten la misma cuna étnica, cultural e ideológica de aquellos que desataron las dos primeras guerras mundiales del pasado siglo

     Y aquí surge otra pregunta interesante:

 

¿QUIÉN DEFINE LAS REGLAS DEL JUEGO?

      Cuando este trío - que sin llegar a denominar de siniestro, podría llegar a serlo- habla de “seguridad internacional”, de “defensa del orden mundial” o de “protección de los valores occidentales”, ¿desde qué punto del mapa están hablando exactamente?

 

     ¿Desde una perspectiva verdaderamente global?

 

    ¿O desde el punto de vista de un grupo histórico de países que, durante siglos, han ocupado el centro del sistema internacional?

 

    Porque si uno se fija bien, el eje del poder que conecta a Washington, Berlín, Bruselas y La Haya se parece más un círculo político muy compacto que una representación equilibrada del mundo entero.

 

 

UNA HISTORIA CON MUCHA INERCIA

     La explicación, probablemente, no se encuentre en conspiraciones ni en inquietantes genealogías .  Pero sí que podemos afirmar, sin embargo, que se encuentra con toda certeza en algo más simple: la inercia histórica del poder.

 

   Durante siglos, Europa occidental fue el centro político y económico del planeta. Más tarde, Estados Unidos heredó gran parte de ese liderazgo. Y hoy, aunque el mundo se haya vuelto mucho más diverso y multipolar, muchas de las instituciones que gestionan la seguridad global siguen naciendo de ese mismo espacio geográfico y cultural, pese a que ahora su número de habitantes constituye  una parte abrumadoramente minoritaria del conjunto de la población del planeta

 

    Por eso no resulta tan extraño que un empresario estadounidense de ascendencia alemana, un político conservador alemán y un liberal neerlandés  acaben sentados —directa o indirectamente— en la misma mesa estratégica.

   No porque pertenezcan a una misteriosa conspiración ancestral. Sino porque proceden del mismo núcleo histórico de poder internacional.

 

      Así que, sí: Donald Trump, Friedrich Merz y Mark Rutte tienen trayectorias distintas, estilos distintos y discursos distintos. Pero también comparten algo que a veces pasa desapercibido: forman parte del mismo universo histórico y cultural que ha moldeado gran parte de la política global durante los últimos dos siglos.

 

    ¿Significa eso que exista un plan secreto? Muy probablemente no. Pero sí invita a hacerse una última pregunta, quizá la más interesante de todas:

      Si las decisiones que afectan al planeta entero siguen tomándose, en gran medida, dentro del mismo círculo cultural y político…  ¿no será que el mundo ha cambiado mucho más rápido que los han hecho las élites que lo gobiernan?

 

     Para entender mejor a los tres personajes que protagonizan este artículo, - Donald Trump, Friedrich Merz y Mark Rutte -conviene observar tres dimensiones distintas de su origen: étnico, cultural y político.

 

    No se trata solo de datos biográficos; también nos permitirá comprender el tipo de tradiciones sociales y políticas de las que este trio procede.

 

   Finalmente, y por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, le adjunto al lector la siguiente infografía, para ayudarle a comprender la importancia del momento que estamos viviendo:

 

[Img #90202]

 

 

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  • Pablo

    Pablo | Viernes, 06 de Marzo de 2026 a las 09:04:15 horas

    El verdadero origen de estos engendros es, sin duda, su relación con el capital de Wall-Street/ city (es decir, Blackrock, Rostchild co, Goldman-Sach...), que fueron los que financiaron la OTAN y las carreras políticas de estos pollos. Salud!

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