Jueves, 12 de Marzo de 2026

Actualizada

Jueves, 12 de Marzo de 2026 a las 18:00:07 horas

| 1109
Miércoles, 11 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

LULA DESCUBRE EL "AGUA TIBIA": ENTRE "PROGRESISMO" Y LOS PODERES DEL AGRONEGOCIO

¿Puede un país profundamente desigual hablar de soberanía sin discutir el poder de sus élites? Cuando la "soberanía nacional" tiene dueños

Las recientes declaraciones de Lula sobre el riesgo de invasión a su país, han provocado sorpresa en no pocos analistas. No tanto por lo que dicen, sino por lo que revelan: que el primer mandatario brasileño parece ignorar que no es lo mismo defender la "soberanía del país" que la soberanía de la clase social que manda en el país". Y el caso de Brasil, parece estar claro a cuál de ellas dos se está refiriendo Luiz Inácio Lula da Silva.

POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    Hay descubrimientos históricos que cambian el rumbo de la [Img #90284]humanidad: el fuego, la rueda, la electricidad. Y luego están otros descubrimientos más modestos, más domésticos, más… tibios.

 

   Por ejemplo, descubrir en esta mitad convulsa del siglo XXI, que si un país no se prepara para defenderse, alguien puede intentar invadirlo.

 

     Ese fue, más o menos, el mensaje que lanzó el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva cuando advirtió que, si Brasil no se prepara militarmente, “en cualquier momento nos invaden”.

 

   “La soberanía nacional nunca fue un concepto abstracto; siempre ha sido una relación concreta de fuerzas.”

 

 

    Dicho así, suena a una revelación estratégica de alto nivel. Pero escuchado desde América Latina suena más bien como cuando alguien se atreve a anunciar con solemnidad que la lluvia moja. 

 

    Porque este hemisferio aprendió desde hace mucho tiempo -a veces con tanques, a veces con golpes de Estado, a veces con sanciones económicas-  que las potencias no suelen pedir permiso antes de defender sus intereses.

 

 

AMÉRICA LATINA: LA UNIVERSIDAD DE LAS INVASIONES

   En América Latina las invasiones no son una hipótesis académica. Son una asignatura obligatoria del currículo histórico.

 

    Desde el Caribe hasta el Cono Sur, la región ha conocido de casi todo: intervenciones militares, bloqueos económicos, golpes de Estado patrocinados y gobiernos “recomendados” desde el extranjero.

 

    De modo que escuchar a un presidente latinoamericano descubrir de pronto que la soberanía puede estar en peligro tiene algo de escena pedagógica. Algo así como si un veterano marinero anunciara con tono alarmado que el mar tiene agua.

 

 

PERO EL PROBLEMA NO ES SOLO QUIÉN INVADE

   Sin embargo, la frase de Lula abre una puerta mucho más interesante que la simple amenaza externaPorque cuando un gobierno habla de defender al país, siempre conviene hacer una pregunta incómoda que despeje esa abstracción encubridora:  ¿Defender al país… o defender a quienes mandan en el país?

 

   La diferencia no es menor. Porque Brasil es muchas cosas al mismo tiempo. Es un gigante territorial, una potencia regional  y un actor influyente en el tablero global.

 

   Pero también es uno de los países más desiguales del planeta. Un lugar donde millones y millones sobreviven en barrios precarios, mientras una minoría acumula riquezas que harían ruborizar a los viejos barones del caucho.

 

 

EL GIGANTE AMABLE… QUE A VECES PISA FUERTE

     Brasil suele presentarse en el escenario internacional como una suerte de gigante tranquilo. Un país pacífico, diplomático, inclinado al diálogo. Pero ese retrato amable tiene una letra pequeña. Porque Brasil también tiene aspiraciones de liderazgo regional. Sus grandes empresas, sus bancos, sus constructoras y sus gigantes del agronegocio llevan años expandiéndose por Sudamérica con un entusiasmo que a veces se parece bastante a la geopolítica.

 

   “En política internacional la soberanía no se concede: se defiende.”

 

    En otras palabras: Brasil teme ser presionado por las grandes potencias… - más bien por una de ellas-  pero al mismo tiempo ejerce su propia presión económica sobre su vecindario. La historia internacional está llena de países que sufren las presiones de arriba mientras presionan hacia abajoBrasil no es una excepción.

 

 

LULA: ENTRE EL MITO Y LA ARITMÉTICA DEL PODER

     Durante años Lula ha sido presentado como el obrero que llegó al poder. Como el sindicalista que desafió a las élites. Como el dirigente que hablaba en nombre del pueblo brasileño.

 

    La historia, sin embargo, suele ser menos romántica que los documentales políticos. Para gobernar Brasil -un país donde el poder económico pesa más que un elefante en una bicicleta-  Lula tuvo que hacer lo que hacen casi todos los presidentes: negociar con quienes realmente controlan las palancas del poder. Y eso significó automáticamente alianzas con partidos del más rancio conservadurismoAcuerdos con el todopoderoso negocio  agropecuario. Pactos con los grandes grupos económicos.

 

   El resultado de todo ello ha terminado siendo un curioso equilibrio: un discurso progresista caminando fuertemente asido de la mano de sectores nada progresistas.

 

 

DEFENDER LA SOBERANÍA… ¿DE QUIÉN?

   Así que volvamos a la frase original. “Si no nos preparamos para defendernos, en cualquier momento nos invaden”.

 

     La pregunta inevitable es: ¿qué Brasil pretende Lula defender? ¿El Brasil de las favelas que sobreviven entre la precariedad y la violencia¿O el Brasil de los enormes e interminables latifundios, de las exportaciones agrícolas gigantescas y de los grandes conglomerados empresariales?

 

    Porque una cosa es defender la soberanía de un pueblo. Y otra muy distinta es defender el equilibrio de poder que mantiene a ese pueblo en el último escalón de la escalera social.

 

 

UNA REVELACIÓN… PERO INCOMPLETA

     Que el mundo sea un lugar competitivo donde las potencias compiten por recursos, mercados e influencia no es exactamente un secreto. Es más bien el argumento central de la política internacional desde hace mucho. Lo curioso no es que Lula lo haya recordado. Lo curioso es que la reflexión llegue acompañada de una amnesia selectiva.

 

      Porque la defensa nacional siempre tiene dos dimensiones: la defensa frente a las presiones externas y la defensa frente a las desigualdades internas. Hablar de la primera sin mencionar la segunda es como discutir sobre el techo de una casa… sin mirar las grietas de los cimientos.

 

 

EN DEFINITIVA...

    Lula ha recordado algo muy cierto: ningún país puede confiar ingenuamente en la buena voluntad del actual sistema internacional. La historia demuestra todo lo contrario. Pero esa verdad solo cuenta la mitad de la historiaLa otra mitad resulta mucho más incómoda. Y a ella son pocos los que se atreven a referirse.

     Porque cuando un país habla de defenderse, siempre surge una pregunta decisiva:

¿defender al pueblo… o defender el orden que mantiene al pueblo subordinado?

     Si esa pregunta se quedara flotando en el aire de Brasilia, quizás la discusión sobre la soberanía podría ser mucho más interesante. Y mucho menos tibia.

 
Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.6

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.