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Viernes, 15 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

“EL CHAVISMO DEBE PEDIR PERDÓN”: LA FRASE DE "NICOLASITO" MADURO QUE HA SACUDIDO A VENEZUELA

El hijo de Maduro admite “errores y excesos” en los gobiernos de su padre y abre una grieta inesperada dentro del movimiento chavista

Las declaraciones de Nicolás Maduro Guerra han provocado un auténtico terremoto político en Venezuela. Por primera vez, un personaje político relevante reconoce públicamente “errores y excesos” cometidos durante el gobierno de Maduro. Pero mientras los sectores gubernamentales de Delcy Rodríguez hablan ahora de “reconciliación” y “perdón”, millones de venezolanos se miran atónitos entre sí, sin entender todavía casi nada de lo que está ocurriendo. ¿Qué es lo que está pasando en ese país caribeño?

 

J. A. SÁNCHEZ PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

    La política venezolana acaba de entrar en una nueva fase de tensión y desconcierto. Mientras en Washington, el presidente Donald Trump hacía pública su voluntad de convertir a Venezuela en el Estado 51 integrante de la Unión,   "Nicolasito" Maduro Guerra, hijo del exmandatario Nicolás Maduro y diputado de la Asamblea Nacional, sorprendió al reconocer públicamente que el chavismo debe “pedir perdón” por los “errores y excesos” cometidos durante sus años en el poder.

 

   Estas declaraciones, realizadas en una entrevista concedida al semanario alemán Der Spiegel y reproducida por medios venezolanos, han generado un auténtico terremoto político.

 

 Las palabras de Maduro Guerra no fueron nada ambiguas. Aseguró que en Venezuela hubo “momentos difíciles”, reconoció abusos dentro del sistema judicial y habló incluso de violaciones al derecho a la defensa. “Como chavistas debemos pedir perdón”, afirmó, en una frase que para muchos supone el reconocimiento más explícito realizado por una figura relevante del oficialismo madurista sobre los costos políticos y sociales del período  encabezado por su padre.

 

   La reacción ha sido inmediata. Sectores críticos del chavismo, especialmente vinculados a corrientes de izquierda descontentas con lo que consideran el gobierno entreguista encabezado por Delcy Rodríguez, han respondido con dureza desde medios digitales.

 

  En portales digitales históricamente identificados con el chavismo crítico, han aparecido numerosos artículos calificando las declaraciones del diputado Maduro de “cínicas” y oportunistas.

 

   En uno de los artículos aludidos se recuerda que durante los gobiernos presididos por su padre no se trató solo de “errores”, sino también de auténticas persecuciones politicas, como la realizada contra el Partido Comunista Venezolano (PCV),  la organización más antigua del espectro partidario del país, que  fue puesto fuera de la ley por denunciar la deriva derechista que estaba experimentando el gobierno, así como las detenciones y represión contra trabajadores, militantes populares y dirigentes sindicales.

 

   El impacto de estas declaraciones se entiende mejor observando el contexto actual venezolano. El país atraviesa una etapa extremadamente delicada tras  el secuestro en calidad de rehén de Nicolás Maduro y la posterior "reorganización interna" del movimiento chavista.  

 

  Desde entonces, figuras como Delcy Rodríguez y otros sectores del oficialismo madurista han impulsado discursos centrados en la “reconciliación”, el “perdón” y una transición controlada por más de 400 funcionarios estadounidenses que se han instalado en el país, de manera que permita a un sector denominado boliburguesía, conservar parte de las estructuras de poder construidas durante más de dos décadas.

 

  No obstante, según se hace constar desde esos mismos medios, para no pocos venezolanos, las palabras de "Nicolásito" Maduro Guerra llegan demasiado tarde. Durante años, Venezuela sufrió una combinación explosiva de hiperinflación, colapso salarial, deterioro de servicios públicos, migración masiva y pérdida de poder adquisitivo de los asalariados, mientras las clases sociales históricamente dominantes y una ascendente boliburguesía multiplicaban exponencialmente sus ingresos.

 

  Fue entonces cuando sectores históricamente cercanos al chavismo comenzaron a romper con el Gobierno de Maduro al observar que las promesas de justicia social terminaban chocando contra una realidad marcada por corrupción, desigualdad y concentración de poder.

 

   Esa ruptura interna explica también el crecimiento de medios críticos surgidos desde la propia izquierda chavista. Portales como Aporrea y otros muchos, se convirtieron en espacios donde antiguos simpatizantes del proceso bolivariano comenzaron a denunciar el autoritarismo gubernamental, la burocratización del Estado y el enriquecimiento de nuevas élites económicas, estrechamente vinculadas al gobierno de Maduro.

 

  En ese sentido, la frase de "Nicolasito" Maduro Guerra parece más que una simple autocrítica. Muchos analistas críticos la han interpretado como un intento de "reconstrucción política fake del chavismo", pero ahora desde abiertas posiciones abiertamente socialdemócratas y centristas, en unos momentos de extrema debilidad.

 

   La oportuna admisión de “errores” podría formar parte de una estrategia destinada a continuar conservando una base social todavía importante entre sectores populares. Sin embargo, estos últimos parecen estarse reorganizando al margen y en sentido contrario a la orientación que pretende el oficialismo madurista. 

 

   El problema es que la sociedad venezolana ha vivido un enorme desgaste emocional y político. Millones de personas abandonaron el país en los últimos años buscando escapar de la pobreza y de la falta de perspectivas. Familias enteras quedaron divididas por la emigración. El salario perdió prácticamente todo valor en distintos momentos de la crisis. Y mientras eso ocurría, crecían las denuncias sobre privilegios económicos de sectores cercanos al poder político.

 

    Por eso, las declaraciones de "Nicolasito" Maduro Guerra han provocado tanta tensión. Porque rompen parcialmente el discurso oficial de los gobiernos de Maduro, que durante años negaron cualquier responsabilidad, atribuyéndosela exclusivamente a las sanciones internacionales o conspiraciones externas.

 

    Ahora el madurismo, o lo que queda del mismo, se enfrenta a una interrogante con dilema: si realmente hubo “errores y excesos”, ¿quiénes fueron responsables? ¿Quién debe responder políticamente? ¿Y bastaría con pedir perdón?

 

   Mientras tanto, Venezuela sigue atrapada en una paradójica e incierta transición, en la que el posible ganador parece estar siendo solo Washington. El oficialismo intenta reorganizarse. La oposición derechista continúa fragmentada y ampliamente desacreditada por un verificado pasado corrupto, por su violencia y su vergonzosa fidelidad a los designios marcados por el Imperio del norte.

 

   Mientras tanto, una parte importante de los venezolanos se interroga, con escepticismo, por las razones por las que antiguos dirigentes están reconociendo ahora hechos que durante años habían estado negando.

 

   Lo que parecía impensable hace tan solo unos pocos años,  hoy ya ha empezado a formar parte del debate público venezolano. Dentro de las propias filas del movimiento chavista, empiezan a escucharse voces que admiten que el proyecto político que tantas expectativas de igualdad y soberanía había generado, con Nicolás Maduro, terminó dejando a una sociedad profundamente golpeada.

 
 
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