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Jueves, 4 de abril de 2013
A Yoani Sánchez la han convertido en 'The Golden Girl', el alfil de la política de Washington

Washington y el cambio de género

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     No es la primera vez que los medios convierten un imbécil en astro, un tonto en héroe o a una persona de palabra articulada en alguien representativo.



   Los medios de hoy, controlados por superestructuras de Estados que superan los sueños más controladores y abarcadores que hubieran imaginado las monarquías absolutistas o los príncipes europeos anteriores a los Estados Nación, tienen la capacidad lúgubre tanto de tergiversar realidades, como de crearlas.


   La situación del Estado cubano, declarado enemigo de Estados Unidos por decreto de este último país, lo convierte en víctima de inimaginables conjuras.

 
    Por un lado, la prensa de la ciudad de Miami, representante en el Continente Americano de los más turbios intereses de los departamentos encargados por Washington de controlar las políticas latinoamericanas y del Caribe, y por el otro algunos poderosos medios europeos, en especial españoles y franceses, constituyen unidos la fuerza perfecta para el asedio permanente de esa aislada porción de tierra donde se asienta la pequeña nación.


   Yoani Sánchez es un producto de ese andamiaje diabólico.


   Ninguna persona es resultado de un trabajo de laboratorio.  Yoani no es la excepción.  Estoy seguro que ella eligió el camino y las propuestas vinieron después.  Quizás de manera directa o a lo mejor de forma solapada como bien corresponde a los organismos clandestinos que controlan las políticas de los Estados actuales.


    Estos personajes, como Yoani, aparecen en el horizonte político de los Estados, especialmente de los poderosos y dichos organismos los incorporan a sus obscuras labores, ensamblándolos luego cuidadosamente a través de las diversas instituciones a su disposición y más adelante, con mano de cirujano plástico, los políticos que puedan beneficiarse de su existencia, le dan el toque final a las leyendas.


   No hay que ser brujo, ni científico, ni sociólogo avezado, para darse cuenta de que la señora Sánchez es un producto terminado de ese tipo de conjuras y que ha salidos de la misma cadena productiva que un aparente inofensivo Pánfilo, un Coco Fariñas o aquella doctora de los años noventa que ridiculizó la labor periodística del Nuevo Herald.  Por cierto, un periódico que sin mucha imaginación, no es difícil de ridiculizar.


   Como en Cuba, por razones que pueden ser infinitas, no han surgido personajes contestatarios del proceso, capaces de desafiarlo a la manera que ocurrió en los países del Bloque Soviético, ha surgido la necesidad de fabricarlos fuera, con la intención de proyectarlos dentro del país.


   Curiosamente esta política estrenada desde principios de los años noventa, no ha dado ningún resultado, excepto para los personajes escogidos, quienes, dentro de los parámetros que significa la palabra riqueza para los cubanos, se han enriquecido de la noche a la mañana.


   Todos en Cuba conocen la existencia de estas personas, llamadas disidentes unas y opositores otras, supuestos exponentes de una democracia que definitivamente no parece ser aquella a la que aspira la población cubana.  Prueba de ello es el voto de confianza que una y otra vez la ciudadanía otorga a las fuerzas del poder político, en su búsqueda de soluciones viables, independientes y sostenibles.


   La sinrazón de la campaña mediática internacional a favor de Yoani Sánchez, la cual tampoco ha sido tan abrumadora como la realizada alrededor de los líderes polacos, checos y rusos, así como en menor medida, para el resto de los líderes de los otros países que constituían el mal llamado Bloque Socialista, es que se produce en medio de un debate intenso dentro de los exponentes intelectualmente más preparados del Poder social en Cuba.


   No voy a hacerle propaganda a esos debates porque son fácilmente comprobables leyendo los blog en internet.  Entre ellos pueden recurrir al blog de Yoani, quien vive allí y quien no ha sido detenida o condenada por sus opiniones, porque los tiempos han cambiado y el Poder cubano se siente seguro y no como a veces algunos segmentos pretenden hacer creer, por razones de un gobierno temeroso de enfrentar un holocausto.  De hecho cuando un holocausto podía ser inminente recrudecieron las medidas represivas más que nunca, desafiando ese peligro.


   En cuanto a las limitantes para la ciudadanía acceder internet, Cuba ha creado algo que llaman intranet, lo cual es un sistema similar que no depende de las limitaciones externas impuestas por el Bloqueo estadounidense y donde circulan los más variados criterios.


   Además de todo esto podemos añadir que no son un secreto los profundos cambios efectuados en los últimos años en Cuba, dirigidos a viabilizar las libertades civiles y hacer más eficiente la economía, sin abandonar del todo los necesarios controles sociales de manera que siempre sean las mayorías quienes se beneficien de sus resultados.


   En Cuba, como en todos los países, existe un Poder que no está representado totalmente en el gobierno sino en variadas instituciones, así como en intelectuales, notables y una muy nutrida ciudadanía participante.  Quizás esto explica en parte porqué siendo estos supuestos opositores conocidos dentro de Cuba y sabiendo la ciudadanía que ellos cuentan con una proyección internacional, como si fueran grandes personajes dentro del país, ninguno pasa de ser una persona más de la barriada.


   En el Bloque Socialista no ocurrió igual porque algo faltaba y no vamos a analizarlo ya que no es el objetivo de este artículo.  Pero en Cuba ninguna de estas personas desborda los límites de su vecindario y para muchos, su existencia constituye una impedimenta a la creación de mayores relajamientos políticos internos.


   Criterios más contestatarios y radicales que los de Yoani Sánchez existen en Cuba, la diferencia entre esas otras personas y Yoani, es que ellos saben dónde están los enemigos de Cuba, los que se ufanan de sus miserias y de sus fracasos y quienes ocultan por bajeza sus triunfos.


   Esa es la gran diferencia.  Pero si quieren conocer debates y criterios y posiciones encontradas respecto al gobierno y al Estado cubano, que visiten Cuba y sobre todo que lean.  Les aseguramos que encontrarán algunos criterios que prácticamente discrepan de cuánto se ha hecho hasta el presente, critican con mucha dureza el pasado, pero no ceden un ápice frente a los agresores itinerantes y permanentes que no respetan el derecho del cubano para elegir el Estado que desea.


   A Yoani Sánchez la han convertido en "The Golden Girl", lo cual traducido significa la "Niña de Oro", el alfil del juego de ajedrez de la política de Washington.


    En el pasado existieron dos Niños de Oro: Manuel Artímes representante político en la invasión de Bahía de Cochinos y en los ochenta Jorge Más Canosa.  Esta ha sido la táctica estadounidense de toda la vida: crear personajes, convertirlos en Jefes de Estado de la noche a la mañana como hicieron en Irak con aquel banquero delincuente que en poco tiempo resultó un fiasco, pero no importó porque la labor de ocupación se había realizado envuelta en un halo gris de legitimidad.


    Evidentemente, según nos contó la historia sin que nadie nos la narrara, los varones digo, esos varones, no les dieron mucho resultado a Washington y ahora parece que cambian de género, lo cuál está bien en esta época donde algunos optan por esa cirugía transformadora.


    Algo nuevo se cuece en Washington y el caldo no huele bien, porque nada bueno ha salido jamás de las cocinas de la Casa Blanca y en especial de los consejeros tenebrosos del Consejo Nacional de Seguridad y los demás centros obscuros encargados de gente como Yoani.  No importa si el personaje está conciente de esto, si lo sabe, si no lo sabe o si se deja querer porque el gusta demasiado el halago y el fluir de sus palabras: Ella es quiéralo o no, la Golden Girl del momento.


   Ojalá nos equivocásemos y los moderados de Washington la estén utilizando para aplacar a los iracundos conservadores que aún piensan en la Guerra Fría.


   Esto es, en resumen, cómo lo pienso yo y cómo lo veo.


   Lo escribo para deleite de quienes entienden, para los que no quieren entender y para aquellos que nunca entenderán.

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