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Por Orlando Ruiz Ruiz (*) - Canarias Semanal
Sábado, 12 de enero de 2013
Se derrumba la fantasía socialdemócrata de un "capitalismo con rostro humano"

Europeos, bienvenidos al Tercer Mundo

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Las futuras generaciones de europeos corren el riesgo de quedarse fuera de los sistemas de seguridad social, conforme la crisis de deuda reduce el crecimiento y los países recurren a la austeridad, justo cuando sus ciudadanos más desfavorecidos necesitan más ayuda.

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     El 2012 marcó un hito negativo en la historia económica y social de Europa, y en particular de la Unión Europea (UE). El ascenso ininterrumpido del desempleo, provocado por las políticas de choque derivadas de los déficits fiscales y las exigencias que imponen los millonarios rescates financieros a las naciones más afectadas por las crisis, han hecho detonar protestas sociales sin precedentes en la mayoría de las naciones del Viejo Mundo.


   Realidades antes ignoradas por los grandes medios de prensa salen cotidianamente a la luz ante el impacto de la tragedia que se hace cada vez más aguda y toca incluso a sectores de la población hasta hace poco acomodados económicamente.


    En caracteres destacados un rotativo español publicaba a solo unos días de concluir diciembre: "Asfixiados por el desempleo y la austeridad, millones de europeos cayeron durante el 2012 en la pobreza que golpea a las clases medias, quebranta la cohesión social y alcanza a grupos hasta ahora protegidos como las mujeres y los niños".


    Sin cuantificar diciembre, la zona euro arrojaba durante los 11 meses transcurridos del año precedente 12 % de desempleo, cifra que equivale a 18,7 millones de personas sin laborar. Solo entre el primero y el 30 de noviembre alrededor de 200 mil trabajadores más perdieron sus puestos, con lo cual creció este índice en 1,5 % en relación con igual período del 2011.


   El nivel de desocupación es particularmente grave en algunos países. Según estadísticas oficiales difundidas la pasada semana, España encabeza la lista con 26,2 %, por delante de Grecia, que registra 25,4 % de sus ciudadanos laboralmente activos en paro. Los españoles sufren el más alto índice de desempleo del mundo industrializado.


   Cabe señalar que aun cuando Austria, Luxemburgo, Holanda y Alemania reflejan un menor saldo de personas sin trabajo (entre el 4 y el 5,4 %), Europa de conjunto ha alcanzado o superado durante los últimos 16 meses (hasta noviembre del 2012) el 10 de sus ciudadanos en esta condición.



Jóvenes sin esperanzas



    La cifra de  jóvenes desocupados está cercana a los 14 millones; pero al margen de estos números, la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo, una agencia de la UE, informa al respecto: "hay un grupo enorme tan desmotivado, que se aleja del mercado laboral (los llamados ni-nis, que ni estudian ni trabajan). Estos muchachos y muchachas representan el 15,4 % del total de jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y los 29 años".


    Según la propia agencia oficial: "Tienen poca fe en las instituciones y en las demás personas en general. Se encuentran social y políticamente aislados. También están cercanos a una mayor probabilidad de acabar mezclándose con círculos delincuentes".


   El desempleo juvenil costó a los Estados miembros de la UE 153 millones de euros en el 2011 por concepto de gastos de sanidad, servicios sociales y otros rubros relacionados con los efectos de la delincuencia y el control de esta.


   Un revelador comentario aparecido en las páginas del sitio Rebelión sintetiza el caótico estado actual y el potencial futuro de las otrora sólidas economías del Viejo Continente:


   "En términos laborales y sociales, en Europa está agonizando lo poco que quedaba de estado de bienestar y se ha hecho añicos la pretensión socialdemócrata de que era posible, luego de la desaparición de la URSS, construir un capitalismo con rostro humano... La verdadera cara del capitalismo, con su  cortejo de miseria, injusticia y desigualdad que se sustenta en la explotación intensiva de los trabajadores, ha regresado en forma brutal a Europa. Por ello, puede sugerirse que en los aeropuertos de París, Francfort, Roma, Londres y Madrid, en lugar de los carteles publicitarios en los que se alaban las virtudes mágicas de su cultura y su moneda común, el euro, ahora se coloque una aviso más realista en el que se diga: Europeos, bienvenidos al Tercer Mundo".



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(*) Orlando Ruiz Ruiz periodista y escritor, es jefe de la Sección Internacional del periódico Trabajadores y colaborador de Canarias Semanal.com.

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