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Viernes, 28 de diciembre de 2012
Las reglas del "Estado de derecho" made in USA

De parto, encadenadas

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En Israel y en la mayoría de los Estados de la Unión Norteamericana se considera esta práctica, “un procedimiento estándar”, aun en el caso de las prisioneras que han cometido delitos menores y no representan peligro alguno.

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   Hay lugares de este mundo donde en pleno siglo XXI las mujeres dan a luz encadenadas. El hecho, aunque insuficientemente divulgado, ha sido objeto de denuncia desde hace mucho tiempo por parte de organismos de Naciones Unidas como el Comité de Derechos Humanos, el Comité Anti-Tortura y el Fondo de Desarrollo para la Mujer (UNIFEM).



   Interrogada por una reportera de Inter Press Service (IPS), la responsable de esta última agencia, Fabrizia Falcione, reproduce el testimonio de una exreclusa palestina liberada hace poco.


   Esta mujer, una de las tantas víctimas de la barbarie israelí relató a la funcionaria:

    “Es difícil intentar describirte la celda, no puedo. Es como una tumba bajo tierra... ¡Hay tantos insectos! Los colchones y la cubierta cubrecama estaban húmedas y malolientes; las aguas residuales se desbordan (…) Las mujeres embarazadas están encadenadas mientras dan a luz y también después”.


    Las prisioneras objeto de esta brutalidad se encuentran  principalmente en las penitenciarías de Hasharon y Damon, situadas fuera de los territorios ocupados (Cisjordania y Franja de Gaza).


    Una visita de ida y vuelta a cualquiera de estas  cárceles significa en el mejor de los casos un viaje de 10 horas, no solo debido a la distancia geográfica, sino también por los controles al movimiento de los palestinos en Israel. Si las familias logran hacerlo, se les permite una estancia de 30 minutos; hablan con la recién parida a través de un vidrio grueso que impide cualquier contacto físico, incluso entre la madre y el niño, que se mantiene separado de ella.


   Pero estas acciones inhumanas no solo son propias del Gobierno de Israel. Encadenar a mujeres durante el  nacimiento de sus bebés, es una práctica habitual en las  cárceles de Estados Unidos.


   Hace apenas un mes, el reportero Aníbal Malvar denunciaba en un comentario aparecido en el sitio Rebelión, que en Virginia —nada menos que uno de los estados de la Unión Norteamericana que más contribuyeron a la Declaración Universal de Derechos de 1789—, las reclusas eran atadas con cadenas que se pasaban sobre su vientre y se sujetaban luego con candados a la camilla donde se realizaba el parto.


     Pero más allá de lo expresado por Malvar, una búsqueda somera acerca del tema en el espectro noticioso permite comprobar que el encadenamiento de las parturientas no es una novedad  dentro del sistema penitenciario estadounidense, aunque sí lo es el caso  de gestantes presas que sufren la degradante experiencia de parir esposadas de pies y manos.


    Narra un internauta que aborda por estos días el tema; “Muchas reclusas, estando incluso en labor de parto, han sido transportadas de la prisión al hospital, esposadas y encadenadas. De hecho en la mayoría de los Estados de la Unión Norteamericana se considera esta práctica, un procedimiento estándar.Y no ocurre solamente en el caso de peligrosas criminales; también son sometidas a la referida tortura mujeres que han cometido delitos menores y no representan peligro alguno”.  


    Fuentes cercanas al propio sistema carcelario aseguran que tampoco se conoce el número de prisioneras que han sufrido este trato degradante ya que los oficiales no están obligados a llevar un recuento del número de partos que se realizan bajo su custodia.


     El hecho es alarmante, si se tiene en cuenta que Estados Unidos es uno de los países con más mujeres presas del mundo, la mayoría de ellas encarceladas por crímenes menores o no violentos.


    A partir del 27 de noviembre del 2012, por una “humanitaria” decisión de las autoridades penitenciarias de Virginia, se ha decidido, según el esclarecedor reporte de Malvar, que las presas ya no tendrán que sufrir el peso de una cadena sobre su adolorido abdomen; ahora se les permitirá parir “con solo unas esposas en las muñecas”.


    Pero lo más sorprendente de la aplicación de este proceder macabro es que solo en 18 de los 50 estados de la Unión Norteamricana está legislado que las reclusas puedan parir sin permanecer encadenadas. Esas son las reglas del derecho Made in USA.



(*) Orlando Ruiz Ruiz periodista y escritor, es jefe de la Sección Internacional del periódico Trabajadores y colaborador de Canarias Semanal.com.

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