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Por Flor de Paz de Lázaro Cubillas
Viernes, 18 de noviembre de 2011
Los científicos polemizan en torno al poblamiento primigenio del continente

SOBRE EL CONTROVERTIDO PRIMER HOMBRE AMERICANO

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Las probables rutas seguidas para llegar a América y el modo en que se produjo su colonización primigenia avivan constantes polémicas científicas. En torno a ese proceso, el doctor Alejandro Terrazas, de la Universidad Autónoma de México, esgrime una visión reveladora de mayores complejidades acerca del poblamiento del continente.

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      No sabían los primeros humanos que atravesaron el estrecho de Bering que habían llegado al único continente deshabitado del planeta, aunque el desafío de un ecosistema desconocido y diferente les hiciera intuir el advenimiento de un “mundo nuevo”.

 

Entre 40 mil y 20 mil años atrás sitúan numerosos investigadores el intervalo de un primer desplazamiento humano por el continente americano, cuando toman en cuenta particularidades climatológicas propicias en el puente geográfico por el que atravesaron desde Asia a finales del pleistoceno superior.

 

Sin embargo, los restos arqueológicos hallados en esta región no evidencian esa antigüedad estimada. “En América apenas hay una docena de yacimientos con fósiles humanos cuya cronología supera los diez mil años”, según enuncian los estudios recogidos por Eudald Carbonell en el libro Homínidos: las primeras ocupaciones de los continentes.

 

Esta aparente contradicción es vista por el doctor Alejandro Terrazas Mata, encargado del Laboratorio de Estudios de Prehistoria y Evolución Humana del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Autónoma de México (UNAM), como una resultante de la carencia de “huellas” de los primeros pobladores americanos, debido a la desaparición de los glaciares que abarcaban en esa época buena parte del norte del planeta.

 

Si los primeros pobladores cruzaron por el estrecho de Bering -reflexiona el antropólogo físico-, tuvieron que recorrer grandes extensiones de tierra helada. En esas regiones del extremo norte del continente nunca vamos a encontrar evidencias; estas empiezan a aparecer por el estado de Nueva York, y más al sur, por lo que ya no pueden considerarse de poblaciones primarias.

 

En todas direcciones

 

Las hipótesis más aceptadas por la comunidad científica acerca del poblamiento de América recurren a modelos de migraciones directas y simples. Estas describen un primer ingreso, protagonizado por las llamadas poblaciones paleoamericanas, y un segundo momento, en que se identifican humanos de filiación mongoloide conocidos como amerindios.

 

[Img #2633]Según estos criterios, el grupo primigenio, de muy baja densidad demográfica y movimiento lento, dejó escasas huellas; mientras que el siguiente, de unos 12 ó 13 mil años de antigüedad, reemplazó al primero con una  tasa de crecimiento tal que en menos de mil años pobló todo el continente. Fueron sus integrantes los portadores de una tecnología que en Estados Unidos se conoce como Clovis.

 

Pero esta idea lineal de movimiento de norte a sur, de solo dos migraciones antagónicas entre sí, que se reemplazan una a la otra, es considerada sumamente simplista e irreal por el doctor Terrazas.

 

El ser humano no se comporta así, señala. “A donde llegamos nos  relacionamos con las poblaciones locales, creamos  antagonismos y alianzas, relaciones humanas muchísimo más complejas. Tenemos el ejemplo cercano del llamado encuentro de las dos culturas, entre europeos y americanos. Y vemos que lo primero que hacemos los humanos es reconocernos entre sí, biológica y reproductivamente, una forma importante de conocer al otro, de estar en contacto directo. Tuvo que haber sido así a finales del pleistoceno en América”.

 

Este análisis, y la diversidad biológica de los fósiles hallados en el continente inducen al antropólogo mexicano a pensar que los movimientos de los primeros habitantes de América fueron como el de los átomos: en todas direcciones, dependiendo de las condicionantes del momento, de cada población y lugar. “Y, al parecer, con tecnologías ya diversificadas”.

 

Falta encontrar los restos humanos más antiguos del continente -acota-,  pero los que tenemos, de entre 11 mil 600 y ocho mil años, pertenecen a muchos grupos distintos. “A algunos, como los de Lagoa Santa, en Brasil, podemos llamarlos paleoamericanos (con cráneos alargados y caras verticales y angostas), porque tienen cierta unidad biológica. En cambio, en Tequendama, en la sabana de Bogotá, a una altura enorme sobre el nivel del mar, con un clima de templado a frío, no es la misma gente.

 

“Al sur de México, en Quintana Roo, hallamos un grupo adaptado al trópico, de baja estatura, cráneos relativamente redondeados y ya gráciles, porque vivieron en condiciones de gran humedad. Otros, como los de Kennewick, en Estados Unidos, tienen cráneos alargados y pudieran confundirse con un brasileño. Sin embargo, hay detalles que indican la diferencia: son altos y robustos, adaptados al clima frío.

 

“De modo que tenemos una gran diversidad en todo el continente y reducirla a dos poblaciones, que arribaron en solo dos momentos temporales diferentes, no tiene nada que ver con la realidad. Minimizar esa complejidad a modelos demasiado simplificados es traicionarla”, agregó el Doctor en Ciencias antropológicas de la UNAM.

 

“Por esas razones nos oponemos a esta hipótesis de dos oleadas migratorias que se sustituyen una a la otra, afirma. La evidencia empírica nos lo indica: el estudio de los cráneos y de los cuerpos humanos en su conjunto en todo el continente conduce a que ese modelo tradicional no puede ser real”.

 

Diversidad tecnológica

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Otro asunto que ha llamado la atención de arqueólogos y antropólogos es la diversidad de la industria lítica hallada en América, “en algunos casos irreconocible, sin ninguna característica que permita asociarla entre sí.

 

“Por ejemplo, en el sitio Monte Verde, Chile, predominan las herramientas de lascas exclusivamente extraídas de núcleos irregulares y, sin embargo, con la misma materia prima y tecnología fueron encontrados allí dos cuchillos bifaciales preciosos. Es decir, que los habitantes prehistóricos del lugar conocían la tecnología bifacial, pero no les interesaba; su tecnoeconomía no lo requería y no perdían el tiempo en practicarla.

 

“Los de Norteamérica, los Clovis, sí desarrollaron esas puntas bonitas que caracterizan a su industria lítica, pero como elemento de identidad. No las necesitaban para matar a un mamut, su sentido era social, por eso les importaba tanto”.


- ¿De qué modo se pobló entonces el continente?

 

  - Tuvo que haber ocurrido hace unos 20 mil años por una población probablemente muy compleja, no eran mongoloides, sino premongoloides que venían de África. Sabemos que entraron al continente americano, pero que también algunos regresaron a Asia. Solo así se explica la diversidad genética de los dos continentes.

 

“Desde el punto de vista ecológico, el problema no era entonces cruzar a América, sino adaptarse a otras condiciones climáticas y a nuevas enfermedades, pero contaban con tecnología y con una concepción de la subsistencia basada en el aprovechamiento de todo cuanto estuviera a la mano.


“Ellos nunca se dieron cuenta de que habían entrado a otro continente y de que estaban colonizando un nuevo ecosistema; fueron pasando de generación en generación”.

 

En cambio –acota el científico-, en Europa los cromañones eran africanos que fueron a vivir al clima frío y debido a que ya tenían una tecnología que los protegía de las bajas temperaturas mantuvieron en parte sus características originarias hasta el mesolítico. En América, cuando son hallados nuevos restos es evidente la adaptación biológica al clima”.



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Los restos humanos de las cuevas sumergidas de Quintana Roo en el contexto del poblamiento de América", a cargo del doctor Alejandro Terrazas, fue una de las conferencias magistrales pronunciadas en el pasado congreso cubano Anthropos 2011.


    "Estos huesos tienen el potencial de dar otra explicación al surgimiento del hombre americano; primero, porque fueron hallados en una región donde nunca se habían encontrado restos humanos; segundo, porque tienen una morfología diferente a todo lo que se había visto en el continente", señaló el científico.

    El hallazgo, ocurrido en el 2006, replantea todo lo que hasta ahora sabíamos sobre el poblamiento de América.  Si regresáramos diez mil años en el pasado, al Pleistoceno, veríamos que en el continente americano los grupos humanos respondían a dos grandes patrones biológicos: el de los paleoamericanos (al que pertenecen los restos más antiguos hallados hasta ahora), y el del amerindio, que exhibía cráneos redondeados y caras cuadradas, sumamente parecidas a las de los indígenas actuales.

"Sin embargo, lo hallado en Quintana Roo no se ajusta a ninguna de estas pautas, más bien tiene características intermedias.  Al comparar el cráneo mejor conservado de nuestra colección, el de la Mujer de Las Palmas, con calaveras de todo el mundo (tanto pleistocénicas como modernas), vemos que no se parece ni a las paleomericanas ni a las amerindias, sino a un grupo de fósiles de diez mil años de antigüedad del sureste de Asia", expuso Terrazas.

"Por tanto, este descubrimiento en las cuevas sumergidas de Quintana Roo, pone en tela de juicio todo lo que se ha dicho hasta ahora sobre el origen del hombre americano".  (Tomado del Boletín UNAM, http://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2010_517.html)




(*) Flor de Paz  de Lázaro Cubillas es una periodista cubana que desde hace más de 15 años desarrolla el periodismo científico, especialmente en temas antropológicos, médicos y de la evolución humana. Colabora con la Fundación Atapuerca y con el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) en la socialización de los conocimientos que generan estas instituciones españolas. Publica en varios medios cubanos y actualmente es jefa de redacción de "Juventud Técnica", una revista científico-popular que fundamenta su labor en los principios del periodismo científico y que está dirigida a los jóvenes, aunque goza de la preferencia de un público mucho más amplio. Recibió la Distinción Félix Elmuza, máxima condecoración que confiere la UPEC  a los periodistas con una trayectoria destacada. Se incorporó como colaboradora de  Canarias Semanal con la sección Tribuna de la Ciencia, de la que es responsable junto a la también periodista científica Daymaris Martínez Rubio.

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7 Comentarios
Fecha: Miércoles, 5 de junio de 2013 a las 06:52
Pedro Jesús
Bueno, mientras no surja la idea de que fueron extraterrestres que se diviertan investigando. De todas formas buenas crías los estadounidenses, que le regalen un casar a Marianito y cree la Asociación Antropológica de la buena Política para la Humanidad.
Fecha: Sábado, 1 de septiembre de 2012 a las 03:01
Julio Martinez
Interesante artículo, el origen del amerindo, se discute por las diferentes teorias existentes sobre su procedencia. Todas tienen su lógica.
Fecha: Jueves, 22 de marzo de 2012 a las 17:26
franco
Muy buena informacion me ha ayudado mucho


Fecha: Sábado, 10 de diciembre de 2011 a las 04:50
erick frank torr
muy importante en las ciencias sociales, para poder tener una visión más compleja o dialéctica de la antrología y la historia, que es lo que corresponde, y no la visión simplista que se utilizaba hace 100 años, la diversificación de las evoluciones, de las culturas de los hominidos, sin sujetarlos a un solo tipo o modelo es algo que tiene mayores perspectivas, además muy bien narrado
Fecha: Viernes, 9 de diciembre de 2011 a las 16:59
Ethel
Bien fundamentado el artículo, interesante y ameno
Fecha: Viernes, 9 de diciembre de 2011 a las 16:13
Rafael Gonto
La leyenda del gráfico sobre las migraciones está errado.
Fecha: Viernes, 9 de diciembre de 2011 a las 12:47
José Torres
Por qué el primer hombre americano??? sí aún no era América!!! EEUU es capaz de decir que el primer hombre americano se declaró estadounidense!!!

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