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Martes, 13 de noviembre de 2012
" La heroína, la cocaína y otras drogas causan anualmente la muerte de 200 mil personas"

Drogas: en busca de un nuevo enfoque

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En todo el mundo existen unos 27 millones de consumidores habituales de heroína y cocaína, hecho que revela la gravedad de un fenómeno que es imposible tratar sin tener en cuenta sus implicaciones en la salud humana y la vida.


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    La solicitud de “Revisar el enfoque mantenido hasta ahora por la comunidad internacional en materia de drogas”, presentada de manera conjunta hace poco al secretario general de las Naciones Unidas por parte de  México, Guatemala y Colombia, da continuidad a un debate sobre el tema que ha cobrado particular fuerza en Latinoamérica durante el presente año.


   La presencia y consumo cada vez mayor de estupefacientes, su alarmante tráfico y la secuela dramática que le acompaña habían suscitado ya un álgido debate en abril pasado, cuando en la VI Cumbre de las Américas, realizada en Cartagena de Indias, numerosos mandatarios de la región solicitaron a la Organización de Estados Americanos (OEA) “un informe que analizara los resultados de la actual política de drogas y explorara nuevos enfoques para hacerla más efectiva”.


   Coincidentemente, estudiosos del fenómeno claman en todas partes por un debate a fondo, a partir del fracaso frente a la cada vez mayor presencia de sustancias ilícitas, comerciadas, vendidas y consumidas pese a las medidas legales y represivas instrumentadas para evitarlo. Tal incremento confirma la existencia de graves fallas en las políticas vigentes en la materia, derivadas en parte de documentos adoptados por la Organización de Naciones Unidas hace varios decenios, como la Convención Única de 1961 Sobre Estupefacientes, y los protocolos adicionales de 1971 y 1978.


   Según el Informe Mundial sobre las Drogas 2012, de la propia Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, cerca de 230 millones de personas (el 5 % de la población mundial entre 15 y 64 años), consumieron drogas ilícitas por lo menos una vez en el año 2010. En el reporte también se afirma que en todo el mundo existen unos 27 millones de consumidores habituales de heroína y cocaína, y entre 119 y 224 millones inhalaron cannabis (marihuana), por solo citar los alucinógenos más conocidos.


   Esas sustancias ocasionan graves riesgos para la salud: según datos de la propia entidad, la heroína, la cocaína y otras drogas causan anualmente la muerte de unas 200 mil personas. La misma fuente afirma incluso que las drogas ilícitas y los grupos criminales que las controlan obstaculizan el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, fijados por la comunidad internacional para el 2015, y señala que por esa razón la lucha contra esos flagelos debe pasar a formar parte integral del programa de desarrollo de Naciones Unidas.


   Una de los principales obstáculos para lograr un combate efectivo contra el negocio de las drogas ilegales es que este proporciona enormes recursos financieros a las organizaciones de la delincuencia organizada transnacional, lo cual otorga a esos grupos capacidad para penetrar y corromper las instituciones de los Estados, a la vez que provoca la ingobernabilidad en algunas naciones. En México durante los últimos seis años se han producido unas 60 mil muertes violentas vinculadas al narcotráfico.


   Políticos y analistas coinciden en señalar que a Estados Unidos le corresponde ejercer un papel determinante —no desempeñado hasta el presente— en el enfrentamiento al flagelo, por ser el principal consumidor en todo el planeta. Al propio tiempo califican de fracaso la “guerra contra el narcotráfico” promovida por ese país en Latinoamérica y otras partes, programa que como se ha denunciado en reiteradas ocasiones, persigue el fin no declarado de incrementar la presencia de sus fuerzas militares en una región que cada vez se manifiesta menos insumisa.


   También dentro de la propia nación norteamericana se alzan voces que reclaman discutir los costos y beneficios de la actual política gubernamental en la materia, por considerarla factor determinante en el crecimiento desproporcionado de la población carcelaria —la mayor del orbe—, además de que conlleva millonarios gastos sin los resultados previstos.


   La idea más racional apunta a que uno de los cambios fundamentales debe consistir en tratar el problema del consumo como un tema de salud y no de seguridad, como ocurre hoy.


   De acuerdo con declaraciones de representantes de la UNODC, el debate sobre el espinoso, pero trascendente asunto, podría ser tema principal de la cumbre que antes de concluir el presente año realiza en Roma esa organización. Esperemos pues por el llamado a la racionalidad que ponga freno a uno de los más temibles azotes del bienestar, la salud y la tranquilidad de las sociedades contemporáneas.


(*) Orlando Ruiz Ruiz es periodista, jefe de la Sección Internacional del periódico Trabajadores y colaborador de Canarias-semanal.com


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