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Lunes, 13 de agosto de 2018
Un síntoma inevitable del capitalismo

LA RACIALIZACIÓN DEL CLASISMO O EL ODIO AL POBRE

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El odio, rechazo, persecución, criminalización y violencia contra las personas pobres se ensaña con los sujetos más visibles, como es el caso -recuerda César Manzanos Bilbao - de los miles de “indigentes” que viven encerrados en la calle (...).

 

 

  Por CÉSAR MANZANOS BILBAO / CANARIAS-SEMNAL.ORG.-

 

 

   Nietzsche decía que habría de prohibirse la mendicidad porque, si das limosna a un pobre, te sientes mal por dar las migajas sobrantes, y si no se la das, también te sientes mal. La mendicidad incomoda al pequeño burgués con conciencia de “izquierdas” mientras que, la persona que la ejerce, es despreciada por la derecha.

 

 

 

    El odio, rechazo, persecución, criminalización y violencia contra las personas pobres (llamada aporofobia y consecuencia del clasismo) se ensaña con los sujetos más visibles, como es el caso de los miles de “indigentes” que viven encerrados en la calle. Pero, sobre todo, se dirige hacia categorías etiquetadas y repudiadas por tener un determinado color de piel, tendencia sexual, nacionalidad, edad o sexo adscrito y que, además, son pobres.

 

 

 

   Efectivamente, la racialización es un mecanismo de discriminación hacia categorías estigmatizadas. No es lo mismo ser mujer, musulmán, negro, joven, menor, marroquí, sudamericano, ciego, cojo o enfermo mental, si se es o no pobre. Por ello, la racialización del clasismo significa que el odio al pobre se vincula a quienes no son hombres, blancos, ricos, adultos y no discapacitados. Moldea una sociedad en la que los estereotipos responden a la valorización de esta minoría, frente al desprecio y consideración como personas de 2ª (o como no personas), a las mayorías que no somos un hombre blanco, rico, adulto y “no discapacitado”.

 

 

 

  Desde aquí, las empresas de la necropolítica y sus estados, no están para atender las necesidades de todas las personas, ni para garantizar sus derechos. Están para servir a esa minoría privilegiada que, se brinda para perpetuarlos. Para ello, se hace servir de una maquinaria de guerra comercial y militar contra las clases pobres, instaurando un derecho privado y mercantil, sacralizador del clasismo, la xenofobia, la homofobia, el patriarcado y la gerontocracia, pilares del capitalismo y génesis de todas las formas de discriminación y violencia.

 

 

Publicado originalmente en Borroka garaia da

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