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Martes, 31 de julio de 2018
No Omega 3 no reduce el colesterol en sangre

LA IMPUNIDAD DE LA MENTIRA PUBLICITARIA

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La impunidad de la mentira de la publicidad comercial es sin lugar a dudas una verdadera necesidad existencial del capitalismo. La publicidad comercial requiere llegar al público consumidor para generar los efectos deseados sobre la oferta y la demanda (...).

 

 

Por JULIO ANDRÉS CAPAY PARA CANARIAS SEMANAL. ORG

 

 

    La impunidad de la mentira en la publicidad comercial es, sin lugar a dudas, una verdadera necesidad existencial  del capitalismo. La publicidad comercial requiere llegar al público consumidor para generar los efectos deseados sobre la oferta y la demanda y para dar salida a aquellos productos ofertados por los capitalistas, así como para mantener siempre al alza el negocio.

 

 

 

    En consonancia con este imperativo, en la publicidad comercial se exalta más lo persuasivo que lo informativo; lo emocional más que lo racional y  la mentira se inserta como atributo necesario.

 

 

 

 

    ¿Somos conscientes de la cantidad de veces  que nos engañan cada día en los mensajes publicitarios, de manera “interesante y original"?

 

 

 

 

    Esto podría estar sucediendo también con los aceites Omega 3, y sus supuestas propiedades beneficiosas en la lucha contra la hipercolesterolemia.

 

 

 

 

     Según publica el diario The Guardian, “tras comparar más de 112 000 personas no se hallaron incidencias al respecto de los efectos beneficiosos del Omega 3". Es decir, que no existirían evidencias de que esta grasa poliinsaturada pueda prevenir las enfermedades cardiovasculares, coronarias por su incidencia  en la disminución de los niveles de colesterol en sangre.   Sin embargo, esta noticia tampoco da cuenta de una novedad. Nada menos que una veintena de estudios anteriores en lo que va de siglo apuntan en la misma dirección.  Sus supuestos beneficios para el corazón serían un mito, según los resultados del metaestudio Effects of Omega-3 Fatty Acids on Cancer Risk, publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA). Esta misma investigación, basada en el análisis de otros 38 estudios que suman una muestra de más de 70.000 pacientes, también echa por tierra otra de las creencias más extendidas sobre estos suplementos: “Nada indica que los ácidos grasos omega-3 reduzcan el riesgo de contraer algún tipo de cáncer”.

 

 

 

  Ante  la falta de conocimiento en las poblaciones acerca de temas científicos tan específicos cómo éstos que se refieren a las enfermedades coronarias y los beneficios de los aceites Omega 3, los sujetos se ven obligados a actuar confiando en las información brindada por la empresa o por estudios que, en no pocas ocasiones, están orientados por los propios intereses de la industria.

 

 

 

      Por su parte, el potencial comprador no necesita tener  el menor conocimiento de las cualidades técnicas, las materias primas, o demás características concretas de un determinado producto. Lo que importa es lo este  llega a sentir: deseos irresistibles de adquirirlo por las sensaciones que el mensaje publicitario le trasmite.

 

 

 

    La publicidad comercial recoge las tendencias sociales y culturales de actualidad para fomentar la venta de sus productos. Sobre todo a partir de consolidados símbolos sociales que son la esencia misma de la sociedad capitalista-consumista.

 

 

 

 

El lenguaje publicitario no se centra  en difundir las cualidades y características de un determinado producto desde un punto de vista informativo, sino en persuadir al consumidor.

 

 

 

    Dentro de esta dinámica los consumidores, forman parte de los objetos de consumo al ser  cosificados ante las mercancías y bienes de consumo, que son subjetivados al punto de adquirir personalidad propia: los teléfonos, por ejemplo, son inteligentes.

 

 

 

     Este procedimiento comercial reproduce la ideología dominante necesaria para reproducir y consolidar el funcionamiento del  sistema capitalista.

 

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