Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Lunes, 9 de julio de 2018
"Los cacareados DD.HH. no son más que una cortina de humo para ocultar la verdadera naturaleza del problema"

EE.UU. Y LA CUESTIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS: DONALD TRUMP NO ES EL PROBLEMA

Guardar en Mis Noticias.

El pasado mes de junio -recuerda nuestra colaboradora Tita Barahona - Estados Unidos se retiró del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Según su embajadora, la sionista Nikki Haley, este organismo adolece de un “prejuicio crónico” contra Israel y, además, mantiene como miembros a países como China, Venezuela, Cuba o la República Democrática del Congo, que "no respetan los derechos humanos”, motivos por los cuales el Consejo "no es digno de su nombre".

 

  Por TITA BARAHONA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

 

   El pasado mes de junio, Estados Unidos se retiró del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Según su embajadora, la sionista Nikki Haley, este organismo adolece de un “prejuicio crónico” contra Israel y, además, mantiene como miembros a países como China, Venezuela, Cuba o la República Democrática del Congo, que "no respetan los derechos humanos”, motivos por los cuales el Consejo "no es digno de su nombre". El Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, remató la faena tildando de “hipócrita” a este organismo internacional (1).

 

 

 

 

   Es evidente que la Declaración de los Derechos Humanos no es más que un mero brindis al sol, pues el sistema-mundo capitalista en el que habitamos es incompatible con ellos. De ahí que sea raro el país al que no se le pueda sacar alguna vergüenza, más o menos grave, en este terreno. Sin embargo, la verdadera hipocresía consiste en presentarse al mundo como abanderado de los derechos humanos, acusar a los enemigos de no respetarlos e incluso emprender guerras en su nombre, mientras se violan sistemáticamente todos y cada uno de estos derechos, que es precisamente lo que hace y lleva haciendo desde su fundación el país de la señora Haley, tanto fuera como dentro de sus fronteras.

 

 

 

 

   De entrada, la bandera de los derechos humanos que enarbolan los EEUU tiene bastantes rotos, al no haber ratificado los convenios contra los crímenes de guerra y de lesa humanidad, contra el reclutamiento, la financiación y el entrenamiento de mercenarios, contra la prostitución y pornografía infantil. Tampoco se ha adherido al Convenio para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena, ni a la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, ni a la Convención sobre Derechos de la Infancia, de ahí que la edad penal en muchos estados de la Unión esté en los 10 años y que sea habitual que los escolares, incluso de 5 y 6 años de edad, sean esposados y conducidos en coche policial ante un juez, sin notificación a los padres, por faltas de disciplina -fenómeno llamado “the school-to-prison pipeline” (línea directa de la escuela a la prisión)-; o que los menores sean explotados en las plantaciones de tabaco de Carolina de Norte (2).

 

 

 

 

Es evidente que la Declaración de los Derechos

 

Humanos no es más que un mero brindis al sol,

 

pues el sistema-mundo capitalista en el que

 

habitamos es incompatible con ellos

 

 

 

    Ni siquiera el derecho a la vida, que es el primero en la Declaración, se respeta en el país del Tío Sam, no sólo porque su código penal mantenga en vigor la pena de muerte, sino también porque sobrepasan el millar las personas que anualmente son ejecutadas de forma extrajudicial por las fuerzas policiales que tienen carta blanca para ello, ya se trate de ciudadanos norteamericanos o de inmigrantes que intentan cruzar sus fronteras (3).  Tanto estas víctimas de la police brutality como los más de dos millones de presos de la mayor cárcel del mundo tienen en común que son pobres, aunque trabajen, la mitad de los cuales cumplen largas condenas por delitos no violentos (4). Y, en un Estado racista como EEUU, dentro de este segmento social, las personas negras, indias e hispanas son piezas de caza predilectas. A ello podemos añadir las torturas a las que se les somete, reconocidas y condenadas, aunque con sordina, por organismos como Amnistía Internacional. Sí, pasa en otros muchos países, pero no van de campeones de los derechos humanos como EEUU, en cuyo suelo también existen black sites, especie de “guantanamillos” donde se secuestra y se obliga, mediante tortura, a los detenidos a declararse culpables de crímenes que no han cometido, como el tristemente famoso de Homan Square en Chicago (5).

 

 

 

     El suma y sigue podría llenar cientos de hojas, muchas más de las que ocupa el informe de la ONU terminado en diciembre del año pasado, que forma parte de la campaña que, desde su nombramiento, se ha emprendido contra Donald Trump (no digo inmerecida sino interesada) (6). Señalemos que la situación deplorable que pinta el informe es consecuencia de las políticas anti-sociales de Reagan, Bush senior, Clinton, Bush junior y Obama, que Trump está dispuesto a continuar, pero de las que no es causante. Ya en 2014 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU envió una reprimenda al señor Obama -Obomber para los amigos-, pero esta no hizo titulares en la prensa internacional (7). Encarada con la presentación del último informe referido, la señora Haley agarró otra rabieta, calificándolo de “engañoso y políticamente motivado”. Y, como es habitual, echó balones fuera afirmando que más le habría valido al autor “enfocar a países cuyos gobiernos causan daño y sufrimiento a sus propios pueblos” (8). No cabe mayor cinismo.

 

 

 

    EEUU, país que ostenta el récord en índice de desigualdad social, tiene más de 40 millones de personas que oficialmente viven en la pobreza. Pero la cifra es mucho más alta, pues hay que añadir 95 millones que también oficialmente perciben bajos ingresos (los que no llegan a doblar el establecido como nivel de pobreza); y el Supplemental Poverty Measure (medida de cálculo adicional) eleva la cifra de pobres a 140 millones, nada menos que la mitad de la población del país (9). Son en su mayoría personas que aun trabajando jornadas completas y pluriempleadas, no pueden afrontar un gasto extra de 500 dólares sin tener que vender alguna pertenencia o dejar de pagar las facturas. Aunque la carta internacional de derechos humanos incluye la educación, la sanidad y la protección social a las personas necesitadas, EEUU no reconoce estos derechos sociales como derechos humanos, aunque el de portar armas está grabado a fuego en su constitución (sólo para la población blanca, de hecho). De este modo, salvo en la educación -en proceso galopante de privatización y segregación por clase social-, el Estado norteamericano se desentiende si sus ciudadanos mueren de hambre o por falta de acceso a la atención médica. Los seguros llamados Medicare y Medicaid cuestan a las familias trabajadoras sumas considerables, que aumentan si hay que tomar medicación -que, con precios exorbitantes, tienen que pagar íntegramente- o someterse a tratamientos especiales, lo que lleva a muchas familias a la bancarrota. De ahí que no sorprendan casos como el reciente de una mujer accidentada en el metro que pidió a gritos que no llamaran una ambulancia, ya que por este servicio podía enfrentarse al pago de más de mil dólares (10).

 

 

 

    Tampoco es de extrañar que la desprotección sanitaria, entre otros factores, sea responsable de que EEUU tenga la tasa de mortalidad infantil más elevada de todos los países de la OCDE. Ya en 2012 la esperanza de vida al nacer (81 para mujeres y 76 para hombres) era la más baja de los países desarrollados e inferior a la de algunos considerados pobres como su colonia, Puerto Rico, o Cuba (11). Esta tasa presenta grandes disparidades según clases sociales, y entre los trabajadores pobres ha ido descendiendo debido al deterioro de sus condiciones de vida y al aumento exponencial de muertes y suicidios por ingesta de opiáceos legales e ilegales. En 2016 fallecieron 63.600 personas por este motivo, la mayoría trabajadores blancos (los olvidados en las “progresistas” políticas identitarias). Para estas familias, acceder al raquítico sistema de prestaciones sociales implica pasar por procedimientos humillantes como análisis para detectar ingesta de drogas ilegales (que no se hacen a los ejecutivos de las empresas) y pruebas de ADN para verificar la paternidad de los hijos.  No en vano, con los adicionales recortes sociales que Trump ha anunciado, ya se habla de la “tercermundialización” de la sociedad estadounidense (12).

 

 

 

 

Ni siquiera el derecho a la vida, que es el primero

 

en la Declaración, se respeta en el país del Tío Sam

 

 

 

 

    Otro motivo de denuncia en el informe de la ONU es la criminalización de la pobreza, que, en efecto, sucede en otras partes, pero en el que se supone paraíso de los derechos humanos adquiere una crueldad superlativa. En las ciudades de varios estados han entrado en vigor “leyes de vagancia” que prohíben a los más de tres millones de personas sin hogar descansar, dormir o comer en lugares públicos, llegando incluso al arresto por estos motivos. Los operarios de la limpieza tienen orden de dirigir sus mangueras de agua de alta presión hacia estas personas para desalojarlas. Asimismo, en las últimas décadas -y especialmente bajo el mandato de San Obama- se ha incrementado el encarcelamiento de deudores, trabajadores que no pueden cubrir los pagos de servicios necesarios como luz, agua o hipoteca, por no hablar del cepo que representa para millones de jóvenes la deuda por estudios. Los juzgados estatales y locales imponen a los procesados altas fianzas, imposibles de afrontar, para salir en libertad provisional, pero también sumas elevadas para pagar abogados, procuradores y funcionarios que la supervisan. Algunos municipios recaudan hasta el 80 por ciento de sus ingresos poniendo multas a los vecinos más pobres por faltas insignificantes cuyo impago conlleva requisa de pertenencias (como el coche, que a menudo es medio de trabajo) e incluso arresto, como se descubrió en la ciudad de Ferguson (Missouri), que en 2014 se levantó por el asesinato policial del joven Michael Brown. La clase capitalista no se contenta con la plusvalía que extrae de la explotación de estos trabajadores, sino que también aplica lo que David Harvey llama “acumulación por desposesión”, que no es sino robo descarado (13).

 

 

 

 

    El informe de la ONU también señala que la pérdida de derechos sociales repercute a su vez en los  derechos políticos. En la gran mayoría de Estados, las personas con antecedentes penales -que son legión- pierden para siempre el derecho al voto (aparte de la posibilidad de acceder al empleo, vivienda social y otras prestaciones). Muchas de las normas que se imponen para poder registrarse como votante son inalcanzables para amplias capas de trabajadores pobres y grupos vulnerables, como ancianos e impedidos. Esto, entre otros factores como el de “purgar” de las listas a las minorías raciales, hace que EEUU sea el país desarrollado con el porcentaje más bajo de participación en las elecciones. La que presume de ser la mejor democracia del mundo posee el sistema electoral más antidemocrático, tramposo y susceptible de manipulación de todos los existentes, algo que los medios corporativos no airean, porque al emperador no le gusta que le retraten desnudo (14).

 

 

 

 

 La situación deplorable que pinta el informe es

 

consecuencia de las políticas anti-sociales de

 

Reagan, Bush senior, Clinton, Bush junior y

 

Obama, que Trump está dispuesto a continuar

 

 

 

 

    Un tema que sí ha levantado mucha polvareda en los medios internacionales es la separación de niños inmigrantes de sus padres y madres cuando cruzan la frontera del imperio y su tratamiento inhumano encerrándolos en jaulas. Sin embargo, esta práctica la emprendió el señor Obama sin que suscitara igual indignación. De hecho, el New York Times, nada sospechoso de izquierdista, ventiló estos abusos durante el tramo final de la anterior legislatura (15) durante la cual la práctica de enjaular y marcar con números en el brazo a manifestantes como si fuesen ganado se aplicó a los indios Sioux que se levantaron en Dakota del Norte contra la construcción de un oleoducto en sus tierras (16). Esto apenas trascendió fuera de las fronteras de EEUU. Muy pronto se olvida asimismo que el “progresista” Obama deportó -previa brutal patada en la puerta- a más inmigrantes sin papeles que todos los presidentes anteriores juntos, hazaña que le valió el sobrenombre de deporter-in-chief (“deportante en jefe”) (17).

 

 

 

 

    El escándalo de los niños inmigrantes, procedentes de países destrozados por la política injerencista de los EEUU (México, Honduras y El Salvador principalmente), ha servido de arma arrojadiza contra el presidente Trump como parte de la campaña del partido demócrata para recuperar el poder en las próxima elecciones. De ahí que la señora de la guerra y periodista-estrella de la cadena “progresista” MSNBC, Rachel Maddow, haya vertido lágrimas de cocodrilo ante las cámaras al dar la noticia de lo que estaba ocurriendo en los centros de detención de la frontera (construidos por Obama), cuando los niños del Yemen y otros países a los que anima a su Estado a invadir le importan un bledo (18). También hemos visto a otra señora de la guerra, la mayor de todas, Hillary Clinton, responsable del golpe de estado que implantó en Honduras el régimen del que han huido miles de mujeres y menores solicitantes de asilo, escandalizarse por la crueldad de Trump en una reciente entrevista. Sin embargo, no mostró la más mínima conmiseración por los ocho mil bebés que han sido envenenados con plomo y otros metales pesados cuando en 2014, durante el mandato de su querido jefe, la autoridad de la ciudad de Flint, cerca de Detroit (Michigan) decidió suministrar a la población (de mayoría afroamericana) agua contaminada del río, algo que, por supuesto, afecta a toda ella aunque los niños son más vulnerables. A día de hoy, las familias de Flint siguen con el problema, pagando sumas considerables por el veneno que sale de sus grifos, mientras la multinacional Nestlé se hace de oro vendiendo el agua que embotella, sin coste alguno, en los cercanos Grandes Lagos (19).

 

 

 

 

 

     Esto, muy en síntesis, y más que no cabe aquí, sucede en el país que presume de ser la tierra de la libertad, las oportunidades, la democracia y el respeto a los derechos humanos, que se permite señalar a otros a través de sus múltiples súbditos mediáticos (20). No obstante, tengamos en cuenta que los cacareados derechos humanos no son más que una cortina de humo que sirve para ocultar la verdadera naturaleza del problema, que no es otro que la feroz guerra de clases que la elite capitalista ha declarado contra las clases trabajadoras en EEUU y a nivel mundial, pues lo que ocurre en la barriga de la bestia es el modelo que se intenta implantar, aun recurriendo a la violencia más despiadada, en el resto del planeta y también aquí, en la Unión Europea. Es la lucha de clases, amigas y amigos, una lucha que, por desgracia, están ganando ellos, porque las organizaciones que decían representar a nuestra clase se han pasado al otro bando. Urge, por tanto, que construyamos una oposición sólida desde la base que trascienda fronteras y diferencias de raza, sexo y otro tipo, porque la unión y la organización es lo único que nos puede salvar de la barbarie.

 

 

 

Julio de 2018.

 

 

 

 

 

 

Notas y referencias bibiográficas:

 

 

 

 

2. En estas plantaciones, los menores, de origen hispano, son sometidos a largas jornadas durante las cuales no se les suministra agua suficiente, a pesar de las altas temperaturas, y sufren mareos y vómitos debido a la nicotina, los plaguicidas y fungicidas que inhalan: https://www.youtube.com/watch?v=Y3ukI3ay_ys . Sobre the school-to-prison pipeline, puede consultarse el informe The Poor Get Prison, en el apartado correspondiente:https://ips-dc.org/wp-content/uploads/2015/03/IPS-The-Poor-Get-Prison-Final.pdf

 

 

3. Un caso entre miles: En 2015, a la joven afroamericana Sandra Bland no señalizar un cambio de carril le costó la vida. Fue llevada a comisaría por decir al policía que la paró que no apagaría el cigarro porque estaba en su coche. De ahí a la cárcel, donde tres días después apareció ahorcada. El informe oficial habló de suicidio, pero nadie cree que Sandra se suicidara. Era una activista contra la brutalidad policial -¿casualmente?-, que acababa de ser contratada en la universidad donde se había graduado:  https://www.nytimes.com/2015/12/22/us/grand-jury-finds-no-felony-committed-by-jailers-in-death-of-sandra-bland.html?action=click&module=RelatedCoverage&pgtype=Article&region=Footer

 

 

4. EEUU representa el 5% de la población mundial y el 25% de la población reclusa mundial, superando a China. En otro lugar conté lo que le pasó a un chico del Bronx acusado falsamente de robar una mochila: http://canarias-semanal.org/not/21854/brutalidad-policial-y-politicas-identitarias-made-in-usa/

 

5. Aquí, entre 1972 y 1991, el veterano de Vietnam Jon Burges torturó a más de 100 hombres y muchachos negros y latinos. Tras 20 años de condenas por delitos que no cometieron, el escándalo salió a la luz, las víctimas fueron recientemente excarceladas aunque no indemnizadas, el culpable no ha sido castigado por este horrible crimen y el “sitio negro” sigue funcionando. Véase, p. ej.: https://www.huffingtonpost.com/g-flint-taylor/chicago-homan-square-tort_b_6843750.html?guccounter=1

 

6. El informe en español se puede consultar en http://undocs.org/es/A/HRC/38/33/ADD.1

 

9. Se puede consultar el informe referido en nota 6 y la web de The Poor People's Campaign: https://www.poorpeoplescampaign.org/demands/

 

11.Datos de la ONU para 2012: https://unstats.un.org/unsd/demographic/products/socind/default.htm Un informe más reciente de mortandad infantil, esperanza de vida y muertes por sobredosis, en https://www.americamagazine.org/politics-society/2018/02/07/infographics-infant-mortality-life-expectancy-and-overdose-deaths-us

 

13. Todo esto ha sido también denunciado por la ACLU (Unión para la Defensa de los Derechos Civiles):  https://www.aclu.org/hearing-statement/aclu-statement-human-rights-council-usa-visit-report-special-rapporteur-extreme

 

14. Hasta ellos mismos lo reconocen: https://www.electoralintegrityproject.com/why-american-elections-are-flawed/ Las purgas de votantes las investiga el periodista Greg Palast:  https://www.rollingstone.com/politics/politics-features/the-gops-stealth-war-against-voters-247905/ Aunque es un defecto estructural, con la victoria de Trump el tema se ventila mucho más.

 

16. Se puede ver en este vídeo: Dakota Access Pipeline Protesters Held In Dog Cages: https://www.youtube.com/watch?v=5G1v6mg6DGw

 

19. El cineasta Michael Moore, natural de Flint, lo cuenta en https://michaelmoore.com/10FactsOnFlint/ Y Flint no es un caso aislado. Las infraestructuras, en general, presentan un estado lamentable en un país que gasta más de la mitad de su presupuesto en mantener el aparato militar. https://www.youtube.com/watch?v=fYFcYOHeydM

 

20. Por ejemplo, El País: “EEUU advierte del deterioro de los derechos humanos en Venezuela”: https://elpais.com/internacional/2018/04/20/estados_unidos/1524250012_678891.html

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Fecha: Lunes, 9 de julio de 2018 a las 17:56
ernesto
NOOOO, el problema es el sistema imperialista no trump, o cualquier otro/a...buen analisis.

Canarias-semanal.org • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress