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Por Isidro Santana León
Jueves, 5 de julio de 2018

Un preámbulo para los canarios traidores

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Llegué a la casa más que cansado, hastiado; el último impulso de la jornada fue para tenderme reflexivo sobre la cama. Me creí un hombre solo: como si fuese - escribe ISIDRO SANTANA LEÓN - el único a quien le importara esta patria nuestra (...).

 

   Llegué a la casa más que cansado, hastiado; el último impulso de la jornada [Img #54694]fue para tenderme reflexivo sobre la cama. Me creí un hombre solo: como si fuese el único a quien le importara esta patria nuestra, dudando de si sus indolentes hijos la aman, la notan, la entrañan… Entonces comprendí que la Patria existe para los que la sentimos como algo inherente a nuestra esencia. Cada acto que erosiona mi tierra es como si me desgarrara la carne; cada pastor, labrador o pescador que eliminan de su seno, es como si amputaran diferentes vísceras de mi cuerpo. El dolor me estrangula el alma. Atormentado por ver cómo le cambia su salvaje faz milenaria para entregarla cual fulana a los deseos libidinosos de todos los que con dinero la pueden usar. Irascivo, al verla travestida con un conglomerado de diversos, distantes y extraños lugares: de carreteras y más carreteras, de hormigón y de piche, de urbanizaciones turísticas y no, de puertos deportivos, elitistas campos de golf, superficies comerciales… y toda esa depredación colonial casi siempre asumida y nunca contestada por nuestro pueblo. 

 

 

    Repelo todo lo existente cuando observo, indefenso, cómo deportan los barrios populares para concentrarlos en guetos, desarraigados éstos de nuestras ancestrales costumbres y personalidad. Ver cómo todo forastero que arriba a estos minúsculos lares accede, por imperativo colonial, al trabajo, a la vivienda, a los puestos de decisión…, que les hace gozar de mejor calidad de asentado y distinción social, imponiendo, con su advenediza cultura, las reglas del juego para la forzada convivencia y supervivencia de los legítimos o naturales. Gozan los colonos de tantas comodidades que, tales necesidades y derechos, le niegan al pueblo originario de Canarias. Pueblo el nuestro que, en su mayor proporción, subvive como clase segregada: víctima del abuso, de la vejación, de la marginalidad y de la desprotección de las leyes y tratados internacionales sobre los derechos humanos. Pueblo de existencia sojuzgada, aspirante a las migajas, a las miserables subvenciones europeas y usado fraudulentamente como feudo para legitimar a los partidos políticos españolistas y, por ende, al sistema colonial. ¡Cómo no!, con la implícita connivencia de algunos partidos canarios, colaboracionistas en la oprobia y sistemática sangría de los recursos, propiedad de los naturales del Archipiélago, así como otros individuos a quienes nuestra historia jamás absolverá. Pueblo el nuestro al que se le impide que dirija su destino: que continúe practicando su heredada cultura, que vertebre su economía, que se reconozca capaz, que sea dueño de sí. Pueblo el nuestro empujado a la deriva, a la extinción, al que quieren extirparle el alma.

 

 

    ¡Cuántas veces, irritado, he maldecido esta putrefacción que corroe tierra y conciencia; invocando a los volcanes para que sus erupciones pongan orden y detengan esta progresiva lepra! ¡Cuántas veces he implorado a la lluvia para que su impetuosidad arrastre las horrorosas y degenerativas construcciones que han ocupado cauces y laderas, cuyos regazos, milenariamente, sólo se han ofrecido generosos al Cardón, a la Tabaiba, al Balo, a la Támara…! ¡Cuántas veces, encrespado, he requerido a las mareas para que su vigor abofetee y añique el intrusismo que, provocador, se ha instalado en sus rompientes, aguazales y arenales!; ahí donde su blanca espuma jugaba brutalmente, se desahogaba o sencillamente descansaba. ¿Es que tiene que ser ella sola: ¡tu madre!, ¡tu Matria!, la que se imponga valerosa? ¿Es que hijos tan crueles se merecen su amparo?... Ella, como madre, acogerá al hijo inocente igual que al hijo culpable; ella, como madre, saciará al hijo parásito como al trabajador; ella, como madre, si es preciso, morirá por sus hijos; pero yo, como hermano, deploraré al hermano rastrero y al pusilánime; al traidor y al converso; al especulador y al tramposo; al cobarde y al colaboracionista; al insolidario y al egoísta. Yo, como hermano, sólo aceptaré a sus honrados hijos, ¡sí! ¡A todos aquellos que luchan por nuestra Independencia para dejarle a las venideras generaciones una Canarias mejor!

 

 

   ¡A los que se nos ha quedado grabada para toda nuestra existencia la conmoción sentida por la injusticia que, desde antaño, se ejercita contra la libertad de nuestro sumido Pueblo; en muchos casos por los instintos rebeldes legados de nuestros alzados abuelos precoloniales, perseguidos y asesinados por defender orgullosamente su forma de vivir, su manera de comprender la existencia en armonía y por rechazar la imposición cultural extranjera y su incomprensible Dios; ancestros a los que por negar el dogmatismo y desestimar la superioridad, indigerible, de esa deidad, despectivamente los llamaban “Bárbaros” o “seres sin alma”! Yo, igual que mis remotos abuelos, tampoco tengo alma, tampoco tengo alma española, subyugadora, abusadora… tengo el alma rebelde, por decencia no puedo tener otra y soy Orgullosamente Bárbaro. 

 

 

 

    Me vi obligado a echar mano de este preámbulo de mi obra “Orgullosamente bárbaro”, pues, el destrozo que hacen de nuestra patria es imparable e irreversible, todo ante la indolencia de un pueblo y un independentismo afuncional incapaz de dar respuesta directa y contumaz a nuestro exterminio –sutil- como colectivo humano.

Todos conocemos que son los mismos hermanos de matria quienes la prostituyen al proxenetismo más abominable y, como digo arriba, jamás exculparé ni perdonaré al hermano traidor. Sip, entre esos hermanos traidores están Antonio Morales (presidente del cabildo de Gran Canaria), los “ecologistas” de Ben Magec –hoy la mayoría enchufados en ese Cabildo y en otras administraciones–, algunos grupos y sindicatos que se hacen llamar independentistas, pero que por alguna mísera subvención conniven con esta institución monocolor (los grupos políticos que la componen son iguales aunque se quieran distinguir ideológicamente) y todos esos partidos que se hacen llamar nacionalistas: CC, PNC, NC…

 

 

    El destrozo total de Veneguera vuelve a amputar parte de mi alma, después de ver unas fotos con el barranco apisonado desde la playa hasta el pueblo, destruida toda la flora endémica, fauna, fincas, posos, cuevas, paisaje… un desastre imperdonable.

 

 

    No me vale que te llames de izquierda, ecologista, progresista… ¡me importa un carajo tu orientación ideológica!, siendo tus actos los que te delatan como impostor, vendepatria, cacique, plutócrata, corrupto y no existen epítetos para nominarles. LOPESAN, constructora –hoy metida también en el sector turístico–, empresa amiga de Antonio Morales y de los acólitos que le besan los pies por un trabajo de parásito en la administración colonial cabildicia, es la que se ha llevado todas las obras de destrucción de nuestra tierra y quiero anteponer que ésta –con la aquiescencia de Antonio Morales y su cohorte– seguirá con la urbanización de Tazarte, Tazartico y Gugüi, últimos barrancos vírgenes, con desembocadura en playas, que queda en Gran Canaria.

 

 

    El deterioro de nuestro territorio es irrecuperable –todo por mor de la maquinaria turística que no emplea a los canarios y, además, todo el dinero se va fuera de nuestra tierra– como irrecuperable será nuestra canariedad, nuestra idiosincrasia y nuestra distintidad, pues, ésta queda apisonada junto con los barrancos, el desmatelamiento de nuestro sector primario... No te asombres si algún día te preguntan: ¿qué haces tú aquí en Canarias, canario…? ¡Mandate a mudar!

 

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