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Lunes, 18 de junio de 2018
Cuando las incongruencias cobran "sentido" en la Historia

LA "TRANSMUTACIÓN ACUSATORIA": EL PAPA BERGOGLIO CALIFICA DE "NAZIS" A LAS ABORTISTAS (VÍDEOS)

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"Vivimos unos años - escribe nuestro colaborador Aday Quesada - en los que los retrocesos y los abandonos han alcanzado tal magnitud que aquellos que lucharon en contra de gobiernos dictatoriales y genocidas corren el riesgo paradójico de ser calificados por aquellos otros que los defendieron ideológica y políticamente de "nazis" y "fascistas". claro que si cosas como estas tienen la posibilidad de suceder se debe a que nuestros propios silencios en aras de la "conciliación", han servido de cobertura para que haya generaciones que sean incapaces de comprender esta incongruencia (...).

POR ADAY QUESADA PARA CANARIAS SEMANAL

 

 

   Resulta curioso y significativo lo que sucede hoy en relación con las llamadas "vueltas de la historia" . Con toda facilidad puede usted verse interpelado  con la acusación de "nazi" o de "fascista" por osados personajes, organizaciones o instituciones cuyas concomitancias ideológicas o prácticas con los fascismos de los años 30, 40 Ó 60 son documentalmente evidentes.


 

 

     En España este tipo de "transmutación acusatoria" está particularmente extendida. No es infrecuente verse sorprendido por la exhibición de una supuesta "pureza democrática" exhibida sin pudor por personajes que colaboraron, recibieron dignidades o, incluso, formaron parte del aparato del mismo régimen franquista. Y, para más coña, eso osan hacerlo frente a otros cuyas trayectorias se caracterizaron, precisamente, por comprometerse en la lucha contra aquel sistema autoritario.

 

 

 

      Y es que, en efecto, estamos viviendo unos años en los que los retrocesos ideológicos  han alcanzado tal magnitud que aquellos que lucharon en contra de gobiernos dictatoriales y genocidas corren el riesgo paradójico de ser calificados por aquellos otros que los defendieron  políticamente  como  "nazis" y "fascistas". Claro que si cosas como estas pueden suceder no se debe a otra cosa que a nuestros propios silencios y abandonos en aras de una pretendida e imposible "conciliación" que estaba previamente condenada por la imparable dinámica social. Estas cesiones y concesiones, sin embargo, han servido de  cobertura para que existan generaciones enteras que hoy son  incapaces de comprender estas irritantes incongruencias.

 

 

 

 

     Vienen estas reflexiones al vuelo de unas declaraciones formuladas por el Papa Jorge Bergoglio hace unos días.  En el curso de la celebración del 25 aniversario del Forum Familia de Italia, Bergoglio calificó de "nazis"  a aquellos que se han pronunciado en su país, la Argentina, a favor del derecho al aborto de todas aquellas mujeres que lo deseen. 

 

 

 

     Uno puede entender que en relación con la práctica del aborto existan  diferentes y contrapuestas sensibilidades. Pero lo que resulta realmente inaceptable es que un personaje con la trayectoria biográfica de  Bergoglio  se atreva a usar el calificativo de "nazis"  en contra de aquellos que  se pronuncian a favor de ese derecho.

 

 

 

      ¿Cuáles son las razones que nos impelen a considerar como inaceptable  que Bergoglio se pronuncie de esa manera?  Son dos. Y las dos determinantes.

 

 

 

      La primera viene fundada en el hecho de que durante la cruenta dictadura militar argentina, el entonces cardenal Jorge Bergoglio no solo no levantó un solo dedo, ni pronunció una sola palabra en defensa de quienes  eran "desaparecidos" y asesinados por los equivalentes nazis que ocupaban en aquel momento el gobierno de ese país, sino que entregó a dos sacerdotes a los militares, que luego fueron torturados. Representantes espirituales de la Iglesia argentina que Bergoglio, como cardenal que era entonces, representaba, impartían bendiciones a los detenidos hasta el  pie del avión desde el que serían arrojados a las aguas del Atlántico. Bergoglio no dijo ni mu. Bergoglio "no sabía". Bergoglio  en el curso de aquellos aciagos días estaba afectado por la afonía.

 

 

 

       La segunda razón es mas histórica e indirecta, pero no menos grave. Durante la posguerra mundial, el Vaticano, a través de los múltiples canales que le brindaba el entramado de su organización clerical, sirvió de puente de huida de miles de asesinos nazis que obtuvieron refugio, precisamente, en su país, la Argentina. Ciertamente que Bergoglio no fue, en absoluto, responsable de aquellos macabros encubrimientos y complicidades en los que participó la Iglesia, su iglesia, durante la   posguerra. Pero tanto Jorge Bergoglio, como el Vaticano y la opinión pública internacional son plenamente conocedores de aquellos documentados hechos históricos. Sin embargo, aunque tiempo ha tenido,  Bergoglio no se ha abierto la boca  para denunciar aquella criminal connivencia de su Iglesia con los genocidas.

 

 

 

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