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Lunes, 21 de mayo de 2018
Una aparente contradicción

¿De verdad rechaza la Iglesia católica las "ideologías de género"?

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Resulta chocante - escribe nuestra colaboradora Tita Barahona - escuchar al cura de Tobarra (Albacete) arremetiendo en su homilía del pasado viernes santo contra las “ideologías de género”, ya que, si por género entendemos lo que realmente significa (conjunto de normas que dictan lo que es ser “hombre” y ser “mujer”), la Iglesia católica ha sido la mayor fábrica de ideologías de género en la historia de Occidente. ¿Se ha vuelto contra sí misma? (...).

 

 

  Por  TITA BARAHONA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

 

   Resulta chocante escuchar al cura de Tobarra (Albacete) arremetiendo en su homilía del pasado viernes santo contra las “ideologías de género”, ya que, si por género entendemos lo que realmente significa (conjunto de normas que dictan lo que es ser “hombre” y ser “mujer”), la Iglesia católica ha sido la mayor fábrica de ideologías de género en la historia de Occidente.  ¿Se ha vuelto contra sí misma?

 

 

 

      Desbordaría el tamaño de la Enciclopedia Británica compilar toda la literatura eclesiástica del último milenio dedicada a dogmatizar acerca de la inferioridad espiritual, moral, intelectual y volitiva de la Mujer respecto del Hombre, rey de la creación. Hallaríamos sintetizada toda esa mitología de marcado carácter patriarcal, que convierte en ley el sometimiento absoluto de la mujer al varón y su rol como mero instrumento reproductivo, de entretenimiento y relax (idea que hallamos hasta en un Rousseau). También encontraríamos perfectamente delineados los arquetipos de virilidad (de vir = virtud) y de feminidad, este último fragmentado en sub-arquetipos opuestos como el de la “mujer viciosa”, la vamp seductora, encarnación de la Eva pecadora; y el de la “mujer virtuosa”, cuyo modelo supremo es María, virgen, madre y “esclava del Señor”. (1) Por mucho que la Iglesia niegue que la fe cristiana sea una ideología, estos estereotipos de género, reproducidos hasta la saciedad en iconografías, representaciones, sermones y manuales, son el vivo ejemplo de una ideología dominante que la Iglesia católica, como órgano de poder al servicio de la clase dominante, ha impreso -a dios rogando y con el mazo dando-, en el cuerpo social durante siglos.  

 

 

 

 

   En los tiempos en que Monarquía e Iglesia constituían las dos vertientes de una sola cima de poder, ya hablemos del siglo XVII o de la dictadura franquista que nos retrotrajo a él, la mujer virtuosa era la que, siendo doncella, guardaba su honra (léase virginidad) apartándose de la compañía de hombres que no fuesen parientes o confesores, con el único fin de entregarse en matrimonio a un varón al que debía absoluta obediencia y sobre todo fidelidad, a modo de certificación pública de que los hijos habidos eran “legítimos”. Además, tanto soltera como casada o viuda, la mujer virtuosa se mantenía recogida en su casa, no osaba discutir a la autoridad ni hablar en las reuniones públicas, si es que asistía a ellas (ya san Pablo mandaba callar a las cristianas en las asambleas). De ahí que no nos pueda sorprender que, tanto en aquellas épocas del absolutismo como en la actualidad, las diócesis publiquen libros con títulos tan sugerentes como Cásate y sé sumisa, (2) tal como sucede en la de Granada, cuyo arzobispo ha declarado que “si una mujer aborta, da al varón la licencia sin límites de abusar de su cuerpo”. (3)

 

 

 

 

       Este tipo de licencia es la que ha dado la Iglesia toda la vida, amparando las agresiones sexuales, los malos tratos en la pareja (a los que las mujeres teníamos que resignarnos) y abusando sin límites de las mentes y cuerpos femeninos (y masculinos) desviados de la norma. En el siglo XVII usaban el potro de tortura, los autos de fe, el confinamiento, la hoguera o el garrote vil. En la actualidad no disponen de estos medios sutiles, pero mantienen los púlpitos, no sólo en las iglesias sino también en radio, prensa y televisión, desde donde los sectores más integristas del clero y la feligresía, organizados en sectas del tipo Lumen Dei, Opus Dei, Neocatecumenales, Legionarios de Cristo, etc., insultan, incitan a la violencia y la legitiman, como hace el arzobispo de La Plata (Argentina), para quien la racha de feminicidios que se producen en su país “tienen que ver con la desaparición del matrimonio”, ya que el presunto desaparecido matrimonio “dignificaba a la mujer y la ponía en un lugar de igualdad con el hombre”. (4)

 

 

 

 

   Últimamente, las sotanas integristas españolas andan revueltas porque el gobierno de Castilla-La Mancha proyecta aplicar en los colegios públicos de primaria y secundaria una asignatura llamada Educación para la Igualdad. El mismo revuelo que provocó la anterior Educación para la Ciudadanía. (5) En este contexto se enmarcan los dicterios del cura de Tobarra contra la “ideología de género” que según él contiene la asignatura proyectada, la que compara nada menos que con la Inquisición y la dictadura, instituciones con las que pretende no tener que ver, y -más cómico si cabe- con la asignatura franquista de Formación del Espíritu Nacional que, en sus palabras, “la usaron nuestros mayores en la dictadura y ocurren en todos los regímenes totalitarios que existen”. (6) Debe de referirse a los mayores de la Iglesia que dictaban el contenido político-religioso de esta asignatura, orientada a la exaltación del régimen, cuyos libros de texto eran diferentes para niños y niñas. A nosotras, aparte de la doctrina católica, nos enseñaban que nuestro futuro era ser buenas esposas y madres (o, si no, monjas) (7).

 

 

 

 

    Hoy también, a pesar de que supuestamente no estamos en un régimen totalitario, los herederos del nacional-catolicismo franquista, que siguen detentando el poder, pretenden imponernos su “ideología de género”. Recordemos cómo el ínclito católico Alberto Ruiz Gallardón, defendiéndose de los ataques que recibió su proyecto de modificación de la ley de interrupción del embarazo, llegó a decir que la mujer, si no es madre, no es “mujer auténtica”; de lo cual se infiere que hay una “mujer falsa”, otra forma de reactivar los vetustos arquetipos de feminidad a los que antes me referí, donde no es la maternidad en sí, sino el sometimiento de la mujer a la maternidad bajo el dominio de Dios-Padre, el elemento decisivo. (8) Afortunadamente, supimos dejarle claro a este señor lo que somos capaces de hacer con sus sentencias sobre nosotras, pues es gracias a una lucha secular contra la opresión que hoy no nos puede poner en la estaca.  

 

 

 

 

    Pero, si son los auténticos campeones del “género” ¿Qué es lo que entienden estos clérigos por esas “ideologías de género” de las que tanto abominan? Aunque partimos del carácter anti-feminista de la Iglesia católica, no parece que sea ese feminismo posmoderno que abusa del término género y al que ya me referí en otro lugar, (9) lo que ellos atacan, sino cosas relacionadas, pero más concretas, como la legalización del matrimonio homosexual, el surgimiento de otros modelos de familia, el cambio se sexo/género, el divorcio, la planificación familiar y la educación laica. La “ideología de género” que ahora persiguen, echando mano de un repertorio inagotable de tergiversaciones y argumentos carentes de todo rigor lógico y verosimilitud, es cualquier tipo de medida que amenace sus privilegios y hegemonía en la regulación de las relaciones sociales y especialmente de la enseñanza.

 

 

 

 

 

      Muchos no creyentes, así como creyentes de buena y diversa fe, se preguntan por qué hemos de consentir que el integrismo católico haga apología de la violencia hacia las mujeres y todo ser que no se adapte a los moldes establecidos por la doctrina de la Iglesia, tratando las agresiones sexuales o los abusos a la infancia como una especie de castigo divino, justificando esa violencia con expresiones como “no son abusos a niñas, es porque van provocando” (obispo de Lima), o “hay menores que desean el abuso e incluso provocan” (obispo de Tenerife), o “el divorcio es causante de que se den abusos sexuales a niños en el ámbito familiar” (arzobispo de La Plata). (10) El clero es doctor horroris causa en estos abusos, curiosamente, único terreno donde no hace distingos de sexo-género. Durante mucho tiempo han gozado de cobertura, impunidad o sentencias suaves, como la reciente rebaja de 42 a 6 años de cárcel a un sacerdote que abusó reiteradamente de una niña de 10 años. (11) Pero el escándalo ha adquirido tales proporciones, que el jefe supremo de la Iglesia ha comenzado a cortar cabezas, como muestra la reciente dimisión en pleno de la Conferencia Episcopal chilena. (12) De igual ocultamiento e impunidad goza hoy en España otro delito, este de lesa humanidad, que implica a la Iglesia católica: el robo de bebés, que también justifican los obispos porque, para juzgarlo, “hay que hacerlo con criterios de aquel tiempo”, según el arzobispo de Barcelona.

 

 

 

 

   Las preguntas son muchas, pero la respuesta es una. La Iglesia católica es todavía una institución privilegiada, como en el Antiguo Régimen. Es la única organización no democrática y compuesta sólo por varones que recibe más de once mil millones de euros de nuestros bolsillos (queramos o no) al año. El grueso de tan generosa subvención no se deriva a las corrientes más progresistas dentro de la Iglesia, sino a las más reaccionarias, donde se cobija el fanatismo “pro-vida”, homófobo, misógino y clasista. La prueba es que estos grupos fundamentalistas constituyen un poderoso lobby ultra-liberal, propietario de importantes medios de comunicación y toda una red de escuelas, institutos, universidades, fundaciones y think tanks (13).

 

 

 

 

     Sin duda, como apuntó alguien que sabía mucho de las relaciones Iglesia-Estado, el saldo de la llamada Transición y de la democracia no puede haber sido más positivo para la Conferencia Episcopal española: mantiene los viejos privilegios económicos y, dado que ya no tiene corresponsabilidad en el Estado, puede criticar al gobierno de turno cuando le conviene (la COPE es uno de sus medios preferidos). (14) La Iglesia no duda en morder la mano de quien le da de comer, porque sabe que sus privilegios -plasmados en el Concordato de 1976-79 y el artículo 16,3 de la Constitución- permanecen bien atados mientras el poder legislativo, judicial y económico siga en manos de los herederos del nacional-catolicismo y de quienes pactaron con él durante la Transición, sea en sus versiones antiguas o actualizadas. (15).

 

 

 

 

    Las demandas de ruptura del Concordato, la efectiva separación Iglesia-Estado y el cese del poder que ejerce la Iglesia en la enseñanza pública, deben ser tenidas muy en cuenta por toda organización que aspire a transformar las estructuras sociales y económicas que hoy apuntalan la sociedad de clases, la subordinación femenina y otras formas de opresión. Debemos decir alto y claro a los obispos y acólitos que tenemos razones de peso para oponernos a que su “ideología de género” siga siendo en las escuelas, como ha sido durante siglos, el “pensamiento único”, que ahora el arzobispo de Toledo cínicamente achaca a la asignatura de Igualdad. (16).

 

 

Mayo de 2018

 

 

Notas y referencias bibliográficas:

 

1. Una cantinela que las niñas y niños de la dictadura oíamos en el colegio y por la radio durante la hora del Ángelus: “Y dijo María: He aquí la esclava del señor, hágase en mí según tu palabra”.

 

 

2. Recordemos otro libro, esta vez abundando en el contra-modelo de mujer viciosa, titulado Todas Putas, que fue publicado en la editorial copropiedad de la directora del Instituto de la Mujer -nada menos-, la PePera Miriam Tey, en 2003: http://www.elmundo.es/elmundo/2003/05/17/sociedad/1053153537.html 

 

 

4. Remito a la nota anterior.

 

 

7. Aprendíamos que “El padre tiene la autoridad en la familia. Esta autoridad le ha sido donada directamente por Dios. Por eso se dice que la autoridad paterna es de “institución divina””: Formación político-social, 1º de Bachillerato, Sección Femenina de FET y de las JONS, Madrid, 1966.

 

 

8. “La libertad de la maternidad es lo que hace a las mujeres auténticamente mujeres”: https://elpais.com/elpais/2012/03/30/mujeres/1333086240_133308.html

 

 

10. Véase nota 3 arriba. 

 

 

13. La universidad CEU San Pablo, por ejemplo, con vinculaciones a la fundación Juan de Mariana.

 

 

14. Me refiero a Gonzalo Puente Ojea, gran intelectual injustamente enviado al ostracismo, que se nos fue hace poco.  En su obra Elogio del Ateísmo. Los espejos de una ilusión, Siglo XXI, Madrid, 1995, el capítulo 26 titulado “Del confesionalismo al Cripto-confesionalismo” (pp. 330-392) y sus “Apuntes para una autobiografía” (pp.393-433) son una referencia indispensable para conocer el proceso real de la transición española.

 

 

15. Parece que la “nueva política” sigue por los mismos derroteros de los PSOE y PCE de transigir con los privilegios de la Iglesia católica.

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2 Comentarios
Fecha: Viernes, 25 de mayo de 2018 a las 14:34
Tita
Aunque no lo creas, el fundador del cristianismo no fue Jesús -que vivió y murió judío-, sino otro judío, funcionario del Imperio Romano, llamado Pablo de Tarso (después san Pablo). Fue el partido paulino quien convenció al imperio de que la nueva fe no era peligrosa para los intereses de éste. Recomiendo la lectura de Gonzalo Puente Ojea, Ideología e Historia: La formación del cristianismo como fenómeno ideológico, Siglo XXI, libro del que se hicieron cinco ediciones desde 1974 a 1991.
Fecha: Jueves, 24 de mayo de 2018 a las 19:14
La cristocracia.
Lo de la iglesia católica es crónico e incurable. Se entiende perfectamente pues su fundador permitió que una mujer le lavara los pies y se los secara con sus cabellos. Y él lavó los pies de sus discípulos que eran todos hombres y no lo hizo con ninguna mujer.

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