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Por Juan Antonio Sánchez Campos
Domingo, 13 de mayo de 2018

La impunidad de los agentes sociales

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Es difícil- escribe JUAN ANTONIO SÁNCHEZ CAMPOS - encauzar dosis de reflexión comedida, no adulterar el carácter reflexivo de estas líneas sin concretar el contexto que dichos párrafos pretenden mantener en relación al concepto de lo que la palabra huelga significa (...).

 

 

 

 

    Es difícil encauzar dosis de reflexión comedida, no adulterar el carácter [Img #54017]reflexivo de estas líneas sin concretar el contexto que dichos párrafos pretenden mantener en relación al concepto de lo que la palabra huelga significa. Sabemos que es una de las herramientas con la que la democracia nos dotó para servir de protesta pacífica a las demandas de los sectores sociales o laborales frente al poder. La ayuda en aquellos años de iniciación democrática de los agentes sociales fue indispensable; en esos tiempos de renovadas satisfacciones una hipnótica libertad engalanó de fertilidad al sistema público,  pero nos confundimos en el núcleo de la cuestión; la Patronal nunca podrá estar del lado de los trabajadores y trabajadoras que luchan por un puesto de trabajo digno, unos horarios acorde con la conciliación familiar y una repartición de beneficios empresariales entre la demanda de carácter social que se pueden inyectar a las plantillas y que lidere el avance hacía una provechosa relación empresa y trabajador, afianzando con ello la competitividad de nuestros mercados.

 

 

    Las guarderías, sin ir más lejos, se pueden convertir en una buena medida de conciliación, en una estrategia veraz que dote a los trabajadores de un alto índice de satisfacción laboral que atraerá múltiples beneficios a la empresa dado el alto grado de satisfacción en el puesto de trabajo y la alta rentabilidad d esa labor para con el empresario.

 

 

    Las cercanías al lugar de residencia es otro añadido de muchas empresas que reparten sus empleados a lo largo de toda una comunidad sin tomar en consideración que dicho acto conlleva riesgos de improductividad, derivando en conflictos con los clientes y usuarios. Algo tan fácil y útil para las partes como cuadrar lugar de trabajo con el de residencia se hace complicado de llevar a cabo, trabajadores que quedan a espera de varias horas para reanudar su jornada sin poder hacer nada en el transcurso de tiempo que va desde el último servicio, caso de los conductores de transportes público urbano o interurbano,

 

 

   Es entonces cuando la línea que separa el equilibrio Patronal, sindicato y trabajador pierde su sintonía; esos agentes sociales antaño cooperantes sin descanso en pos del progreso de nuestra sociedad son hoy en día meros integrantes de derechos no afectos a la realidad de su protagonismo. Sindicatos que reman en dirección contraria con la complacencia de la empresa se mueven desinteresados en pos de un beneficio propio, muy lejano a su papel mediador.

 

 

    Pero una de las herramientas que nos hizo libres, la huelga, se hace entonces presente en el panorama de las demandas de una y otra parte, residiendo bajo techos diferentes inician asambleas angostas en busca de intenciones lucrativas que no sufragan las peticiones de la mayoría. Son los usuarios los que sufren las consecuencias del desagravio, los que sin entender la ofensiva de una y otra parte se ven en el medio de un conflicto hasta entonces ajeno; así las cosas nos vemos en la obligación de entender la libertad de los que mantienen el enfrentamiento pacifico para obtener resultados que al final afecten provechosamente a todas las partes, mientras por el otro lado la Patronal maneja los tiempos, pues al fin y al cabo siempre la empresa será la que tenga el capital en un tira y afloja a su medida.

 

 

    La permisividad de los agentes sociales promueve la desafección de la sociedad que no cree en la verdadera identidad de estos,  desconfiando de la honestidad de sus maniobras y creando incertidumbre en el ambiente.

 

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