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Martes, 3 de abril de 2018
Los 'cementerios' de Volkswagen en EEUU

VOLKSWAGEN, LA VIDA SIGUE IGUAL DESPUÉS DE LOS MOTORES TRUCADOS (VÍDEO)

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Por JOSÉ MELQUIADES PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-

 

 

    En estos días ha vuelto a ser noticia el escándalo protagonizado por la empresa automotriz Volkswagen en 2015, tras descubrirse que había vendido millones de coches en todo el mundo con el software de los  motores diesel trucados para burlar los controles de emisión contaminante a la atmósfera.

 

 

    Las informaciones dan cuenta del destino de los miles de coches que la compañía se vio obligada a retirar del mercado en Estados Unidos.

 

 

   Después de tres años del escándalo, unos 350.000 de sus automóviles rechazados, según cifras de mediados de febrero, permanecen en decenas de enormes terrenos en EEUU.

 

 

  Como parte de las medidas impuestas a la empresa en EE.UU., Volkswagen se vio obligada a pagar una compensación a los propietarios y recomprar millones de automóviles afectados.

 

 

    De acuerdo con la agencia Reuters, el gigante automotriz asegura tener 37 zonas de almacenamiento de vehículos en EEUU. Entre ellos un estadio abandonado en Detroit y el terreno de la antigua fábrica de papel de Minnesota.

 

 

 

    Los representantes de Volkswagen destacan que todos los vehículos se encuentran en estado de funcionamiento y el grupo planea reformarlos para hacerlos conformes a las normativas de emisiones, y puestos de nuevo en circulación.

 

 

    No obstante, y después del tiempo trascurrido, las dudas no desaparecen: ¿qué pasará definitivamente en tantos coches, serán destruidos en desguaces o definitivamente abandonados?

 

 

    Sin lugar a dudas, los cementerios de choches del escándalo de Volkswagen constituyen interesantes noticias periodísticas. No obstante, son mucho más que un simple caso de fraude comercial de grandes proporciones o una singular trampa a las normativas medio ambientales.

 

 

 

   El fraude de la multinacional alemana representa un revelador caso del capitalismo contemporáneo. Ante todo, nos muestra cuáles son las verderas causas de este tipo de estafas. En el centro de la manipulación de la empresa se encuentra una necesidad estratégica de ampliar mercados y ser cada vez más competitivos ante sus competidores. Que no se hayan descubierto nuevos estafas no quiere decir que no existan. Todo ello, sin considerar el bajo nivel de exigencias de la normativa de control de emisiones de carbono.

 

 

 

    Lo que de forma sistemática se pasa por alto es la permisividad de los gobiernos frente a las grandes empresas como Volkswagen, especialmente en Europa.

 

 

 

    Como es habitual, la culpa se achaca exclusivamente a los ingenieros, a “los altos ejecutivos que no podían conciliar los objetivos de la compañía y las demandas de la ley” o a algún cerebro perverso que urdió todo el plan.

 

 

 

 

    Si  limitamos el análisis superficial del caso a este nivel superficial, es lógico concluir que el remedio a  estas prácticas empresariales pasaría por promulgar leyes rigurosas, como la que en Estados Unidos ha obligado a Volkswagen a recomprar o a reparar la mayoría de los vehículos fraudulentos y ofrecer miles de dólares por automóvil a los clientes como compensación por el engaño.

 

 

 

    Pero aunque sean absolutamente exigibles compensaciones de este tipo, otro análisis  atento al funcionamiento habitual de los mercados capitalistas permite constatar, sin demasiado esfuerzo, que fraudes de uno u otro tipo, de mayor o menor importancia, en relación a las características de los productos que se ofertan son habituales. Se trata, simplemente, de otro mecanismo más del mercado para garantizar su objetivo fundamental de garantizar las máximas ganancias para los productores.

 

 

 

 

    A mero título de ejemplo sobre las "prácticas cooperativas",  un dato revelado por la web www.fortuneenespañol.com:

 

 

    “A principios de 2018 aparecieron aún más noticias que ensuciaron a los fabricantes de automóviles alemanes, ya que el documentalista Alex Gibney y el New York Times informaron que las organizaciones de investigación financiadas por esos fabricantes -incluida VW- habían matado a los monos en 2014 con gases de escape diesel… […]”.


 

 

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