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Martes, 20 de marzo de 2018
"La mitificación del amor materno se inventa tardíamente en el capitalismo"

MALAS MADRES

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Laura Baena - escribe Lidia Falcón - ha creado un original club que denomina de las malas madres y que ha dado origen a un libro. Laura contaba la otra noche en Radio Nacional que el club, digital, tiene ya 55.000 adeptas (...).

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Laura Baena

 

 

 

Por LIDIA FALCÓN / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

 

   Laura Baena ha creado un original club que denomina de las malas madres y que ha dado origen a un libro. Laura contaba la otra noche en Radio Nacional que el club, digital, tiene ya 55.000 adeptas. Sorprendente en una sociedad en que la categoría de mala madre supone un baldón de infamia para una mujer. Este libro es la expresión de una parte de las presiones, angustias, remordimientos, sentimientos de culpa, que las mujeres acumulan a lo largo de su carrera profesional de madre. Y a la vez es un síntoma, alentador, de que se están rompiendo los silencios y los miedos que han atenazado durante siglos a las féminas que no se habían atrevido nunca antes a expresar con sinceridad su agobio en este destino biológico que la especializa en la reproducción.

 

 

 

    John Stuart Mill, político, filósofo, economista, representante de la escuela económica clásica y teórico del utilitarismo escribió su libro más amado por las feministas De la esclavitud de la mujer, inspirado por su mujer Harriet Taylor que era una feminista convencida, y, como el mismo decía, su mejor amigo. Apasionado defensor de la educación para la mujer y del sufragio femenino, que argumentó en numerosas presentaciones en la cámara de los Comunes, escribió: “Tal como se comporta la sociedad diríase que no hay nada que repugne más a las mujeres que casarse y tener hijos, pero como conviene habrá que obligarlas”. Esta escandalosa declaración quería denunciar el estado de opresión en que se encontraban las mujeres y la exclusión que sufrían de la vida pública y profesional, constreñidas a ser únicamente hembras de reproducción.

 

 

 

    Pero la mayoría de los ideólogos y feministas ignora que la mitificación del amor materno se inventa tardíamente. Cuando el capitalismo necesita más fuerza de trabajo para que le proporcione la plusvalía necesaria a la acumulación del capital. Hacen falta obreros sanos y fuertes que sobrevivan a las desastrosas condiciones en que se desarrollaba la gestación, parto, nutrición y cría de los niños. Hasta ese momento histórico los niños no eran objeto de la atención y mimos que les prodigamos hoy. En las familias ricas se les amamantaba lejos del hogar, con las amas de cría que los tenían sucios y mal alimentados. En las pobres apenas sobrevivían a la falta de leche de la madre, la falta de higiene, los malos tratos y el trabajo precoz. Era preciso por tanto introducir una ideología, la del amor materno, que indujera a la mujer a cuidar al hijo como el mayor tesoro de su vida para que se redujera a la vez la desorbitada mortalidad infantil.

 

 

 

    Y con ello, no solo se conseguía el propósito de controlar la natalidad desbordada de los tiempos precapitalistas y producir generaciones más sanas y más preparadas sino también tener sujetas a las mujeres a los afanes y obligaciones de un cuidado que nunca antes se había exigido. Sobre todo cuando las mujeres estaban ya reclamando la libertad de procrear, de trabajar, de estudiar, de participar en la vida social y con una conducta desprejuiciada y descarada se manifestaban en las calles, se cortaban el pelo y las faldas y tiraban los sombreros. Había que inventar una ideología que aceptando que ya ninguna mujer iba tener catorce hijos, lo que provocaba la muerte prematura de la madre y de la mitad de los niños antes de los cinco años, tampoco abandonaran la sagrada e inevitable función de reproducirse y tuviesen los necesarios bien cuidados. Nada de que se planteen la absoluta libertad para realizar su vida, porque la atención continuada que han de prestarles hoy a sus crías, la obligación de amarlas como a su bien más preciado, las mantiene sujetas a su destino biológico. Si no, ¿cómo se reproduciría la especie?

 

 

 

 

     Lo cierto es que la lucha feminista por controlar la natalidad que ha logrado hasta la legalización del aborto, ha llevado a las sociedades a los niveles de natalidad más bajos de la historia. Porque las mujeres, una vez rotas las puertas de sus cárceles, no quieren volver a ellas. La demografía española está padeciendo las consecuencias de no haber previsto que las mujeres ya nunca más se reproducirían como sus madres y sus abuelas. Con 1,3 niños por mujer adulta no se sustituye la generación anterior, con lo que la población española está descendiendo año por año.

 

 

 

    Y como nuestros políticos son tan ineptos nunca previeron las consecuencias de que el Movimiento Feminista ganara la guerra de los anticonceptivos y el aborto, nunca imaginaron que en cuanto les permitieran elegir, la mitad de las mujeres no tendrían más que un hijo  y la otra mitad ninguno. A sus destinatarias ya no parecen influirles los discursos del instinto y del amor materno, y cuando en la edad fértil tienen que elegir entre la maternidad o la carrera, suelen pronunciarse por esta última opción.

 

 

 

     Pero el poder tiene que intentar seguir dominándonos. No va a rendirse tan fácilmente. Tiene que seguir inventando y difundiendo sus relatos sobre el instinto materno para culpabilizar a las mujeres que no lo sienten, para tenerlas angustiadas y con remordimientos por no haber querido amamantar a la cría, o haberlo hecho poco tiempo y a disgusto, como relataba Laura en la radio, por no sentirse tan contentas y realizadas limpiando las heces y los mocos del cachorro, por desear ir al cine en vez de aguantar la lata de empujar el columpio de la niña en el parque, por no tener paciencia y darle un cachete a los chicos en momentos de estrés, por no sentirse realizada en esa larguísima, aburrida, despersonalizadora tarea de hembra reproductora.

 

 

 

 

    Con estos razonamientos, que en La Razón Feminista desarrollé mucho más, hace ya treinta años, quiero apoyar a esas madres que además de haber tenido que cumplir con el mandato de reproducirse se sienten mal por no haberlo hecho tan pulcramente, tan entregadamente, tan abnegadamente, como le exige la ideología patriarcal y la moral social. Porque los hijos nunca les agradecerán los sacrificios realizados. Siempre las acusarán de no haber sido suficientemente cariñosas, de no haberles acompañado todas las horas del día, de no haber atendido sus requerimientos, de haberles separado de su padre en el divorcio o por el contrario de haber permitido que se los llevara.

 

 

 

    En una época y unas sociedades que disfrutan de tantos beneficios y comodidades, los niños y las niñas se educan en la insatisfacción y la exigencia, los caprichos y la abundancia de todo lo superfluo. Y la madre tiene la obligación de proporcionárselo aún a costa de su propia realización.

 

 

 

    Laura Baena se ha atrevido a expresar estos sentimientos con bastante sinceridad, en la recámara quedarán pensamientos y deseos inconfesables, y a publicarlos y a hacer un llamamiento a sus compañeras de desgracia, y en solitario. Es admirable en momentos de una ciudadanía poco valerosa e intoxicada por la posverdad. Y hay que apoyarla, a ella y a las que igualmente se atrevan a salir del encierro en que esta sociedad patriarcal las silenció y quiere mantenerlas. E instar a las demás a que rompan los prejuicios y las tiranías y digan la verdad contra todo relato endulcorado y falso sobre la pasión y emoción que sienten las mujeres por sus hijos. Porque ni las cifras de natalidad lo corroboran ni las víctimas lo viven así.

 

 

 

   Si de tal denuncia se hiciera un clamor mayoritario quizá conseguiríamos que nos pagaran por tener hijos y entonces el problema demográfico comenzaría a resolverse.

 

 

 

(*) Lidia Falcón es presidenta del Partido Feminista de España.

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7 Comentarios
Fecha: Sábado, 24 de marzo de 2018 a las 18:18
A mi BUENA MADRE.
El llanto amargo de una madre, cuando el azote bestial de su marido en sus alocadas iras furiosas de demonios cuasi reales, la hacían desahogarse con el hijo que gestó en sus entrañas. Ahora al ver eso de Malas Madres, yo pregunto ¿ quién era el malo?. Aquella bestia humana no sabía nada de patriarcados, en sus olvidadas enseñanzas del maestro de escuela. Una vez me dijo >. Yo oía aquellas orgías mentales de egoísmos no escritos y padecía el hecho de que estuviera vivo aquel retrete de heces espirituales, que cada noche rezaba antiguos rezos que ya no se escuchan. Era ladrón de libertades del género opuesto. Era castigo de bienhechores. Era crucifijo en la cuna de un recién nacido. Era el fabricante de la soga con la que se ahorcó Judas. Ahora recuerdo a mi BUENA MADRE, y en mi corazón hay un sitio para ella. Sus amarguras terminaron.
Fecha: Sábado, 24 de marzo de 2018 a las 01:34
feminista de clase
Si tita pero en un sociedad socialista, esto no ocurría, o al menos es patrimonio ( la lacra machista digo) del del capitalismo, por tanto mas que hacer una guerra de sexo como intenta hacer ver el capitalismo patriarcal, es una lucha de clases, que no pongan para que las mujeres engañadas salgan a las calles el 8 marzo " día de las mujeres", que pongan otra fecha para reivindicar toda la lacra y violencia machista y sexista, pero el concepto de clase "día de la mujer trabajadora" que no desaparezca porque quien lo asume, también asume sin darse cuenta el patriarcado machista, pues es este y sólo este quien propone e intenta desaparecer "dia de la mujer trabajadora" para que asi se meta en un mismo saco a las capitalistas y machistas como estas y las presidentas de los estados capitalistas patriarcales.
Fecha: Viernes, 23 de marzo de 2018 a las 12:32
Tita
Hombre, ahora va a resultar que, porque la mortandad masculina es más alta, vivimos en un matriarcado en el que los varones llevan, claro, la peor parte ¿Por qué no das cifras de cuántos hombres son violados y abusados sexualmente, cuántos son asesinados por sus parejas y ex-parejas (alguno hay pero es el 1 por ciento), cuántos son prostituidos, cuántos realizan trabajos temporales y precarios, cuántos emplean tres horas al día, como mínimo, en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos....? El motor de la historia es la lucha de clases, en efecto, pero estas se mantienen y reproducen mejor porque están atravesadas por opresiones de sexo y etnia, fundamentalmente, que son anteriores al desarrollo del capitalismo pero facilitadores de su desarrollo.
Fecha: Jueves, 22 de marzo de 2018 a las 16:45
Gustavo
"Resumiendo las ventajas de los hombres en esta “sociedad patriarcal”:
– por cada mujer que se suicida, hay 3 hombres;
– por cada mujer sin techo, hay 4 hombres;
– por cada mujer fallecida por delitos violentos, mueren 6 hombres;
– por cada hombre que cobra la viudedad, hay 11 mujeres;
– por cada mujer encarcelada, hay 12 hombres;
– por cada mujer que muere en accidentes de trabajo, mueren 19 hombres;
– por cada mujer que muere en guerras, mueren 36 hombres.
- ¡Sí! ... ya vemos que el patriarcado es una “maravilla de ventajas” para la masculinidad." °
No es la lucha de los sexos el motor de la historia, es la lucha de clases sociales: de la minoria poseedora contra la gran mayoria asalariada.

(°Son cifras estimativas de fuentes desconocidas.) ♣♣♣

Fecha: Miércoles, 21 de marzo de 2018 a las 16:26
feminista de clase
Los tratados de lidia falcón, hay que ponerlos en cuarentena, porque eso de que la mujer es una clase social aparte de los hombres explotados es del feminismo burgués.. divide y vencerás. Está con todas las mujeres, explotadoras, presidentas de países explotadores e imperialistas, empresarias como la Koplowitz... reina como la Leticia etc..etc..este engendro de clase aparte le interesa al patriarcado capitalista y machista.
Fecha: Martes, 20 de marzo de 2018 a las 16:35
Tita
Siguiendo con el comentario anterior, hoy en día, si una madre no se halla satisfecha con su maternidad, es bueno que lo diga, en efecto, y que se rompa el tabú. Como también lo es que quien se sienta contenta y recompensada lo exprese. Pero hay condicionantes más poderosos que la simple decisión personal de no querer procrear para la baja tasa de natalidad. Dichos condicionantes son, sobre todo, socio-económicos. Muchas a las que les habría apetecido tener al menos un hijo o hija, no han podido hacerlo por carencia de medios durante su vida fértil. Creo que hay que poner más el acento en estos aspectos estructurales que en factores individuales, en los que, por otro lado, la casuística es de lo más diversa.
Fecha: Martes, 20 de marzo de 2018 a las 16:21
Tita
Es bastante cuestionable que "el mito del amor materno" surge con el capitalismo, como también lo es que en las sociedades pre-capitalistas los niños no eran objeto de atención y mimos (esta fue una hipótesis que hoy pocos historiadores sostienen) Otra cosa son las duras condiciones de vida que soportaba buena parte de la población asalariada y campesina (no toda), que redundaban en corta esperanza de vida y alta tasa de mortandad infantil. Tampoco es generalizable que las mujeres tuvieran en esas épocas muchos hijos. Algunas sí, pero en Madrid o Londres, la media por pareja en el siglo XVIII no superaba los dos o tres.

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