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Miércoles, 28 de febrero de 2018

MEGANET: Mientras Europa se congela, el Ártico vive otra ola de calor con temperaturas máximas históricas

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     No importa hacia qué punto del mapa europeo dirijas la mirada: hace frío. "La bestia del este", la peor ola de frío siberiano en cinco años, ha provocado que las temperaturas se desplomen de forma drástica en las cuatro esquinas del continente. Lugares como Barcelona, Roma o Londres han amanecido cubiertas de nieve, en una estampa histórica. Aquellas zonas por encima de los 0º C se pueden considerar afortunadas.

 

 

    Ante semejante panorama es natural pensarlo: "¿No se suponía que el planeta se estaba calentando cada vez más y más?". Los datos indican que la Tierra lleva reventando su máximo de temperaturas históricas tres años seguidos. Y sin embargo, Marsella está cubierta de nieve. ¿Dónde está el cambio climático, que yo lo vea? Pues está en el Ártico, y se ve en esta sencilla gráfica:

 

 

    Es obra del investigador meteorológico Zack Labe, que lleva varios años observando (y divulgando) cualquier tipo de anomalía climática presente en el Océano Ártico, el Polo Norte y las tierras del Señor colocadas más allá del círculo polar. Y no revela nada positivo: puede que en Europa estemos sufriendo un invierno riguroso, pero en el Ártico las temperaturas (línea roja) están muy por encima de su media histórica (línea blanca). Allí hace calor.

 

 

    Hace tanto calor, de hecho, que la media diaria de temperaturas durante los últimos días de febrero ha escalado a los -10º C. Sigue siendo técnicamente frío, sí, pero un frío muy relativo sin pensamos que ciudades como Berlín se han sumergido en tan gélidas temperaturas durante los últimos dos días. Otros lugares como Moscú o Minsk alcanzaron mínimas de -25º C ayer por la noche, lo que quiere decir que podrías disfrutar de un tiempo más agradable navegando el Ártico que en el Kremlin.

 

 

 

    ¿Hasta qué punto el fenómeno es extraordinario? Como explican varios meteorólogos en The Washington Post, el ecosistema climático europeo está conectado al Ártico. Es habitual que cuando una fuerte borraca sumerge al continente en bajas temperaturas y nieves abundantes los vientos cálidos del sur relajen los rigores del Círculo Polar Ártico. Lo extraño no es esto, sino la sospechosa frecuencia del fenómeno y el sistemático aumentó de las temperaturas en el polo.

 

 

    Otros gráficos son más drásticos: sólo durante 2016 y 2017 el Ártico disfrutó de menos días por debajo de la temperatura de congelación (-1,3º C). La última década ha visto cómo, año tras año, las tierras más septentrionales de la Tierra han registrado anomalías climáticas al alza. Los últimos tres años han elevado la media de temperaturas del Ártico tres grados por encima de su media del último siglo. Son cifras muy por encima de lo estipulado por el Acuerdo de París como sostenible.

 

    Si al cuadro anterior sumamos el grave deterioro del hielo que rodea al polo, en irremediable retroceso desde mediados del siglo pasado, y a la pérdida de masas heladas en la Antártida, la perspectiva a corto plazo es más bien desoladora. Por más que haya nieve en el Coliseo.

 

 

 

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