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Martes, 27 de febrero de 2018
¿Un problema de "ovejas negras" o del propio sistema?

¿QUIÉN ES EL CULPABLE DE LA PRESUNTA ESTAFA DEL BANCO POPULAR?

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En el tratamiento mediático de los casos de corrupción se reproduce una matriz de opinión que los atribuye a la presunta "naturaleza" humana, la asocia a menudo al sector público y en todos los casos excluye cualquier relación entre la corrupción y el sistema capitalista (...).

 

Por JULIO ANDRÉS CAPEY PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-

 

 

 

    En la atención y el tratamiento mediático a los innumerables casos de corrupción política lo fundamental no es el interés económico que suscitan las audiencias. En muchos casos, el factor económico no es siquiera la “motivación” más importante en la orientación de estas noticias.  Si se tiene en cuenta el papel esencial que los medios desempeñan para la salvaguarda del sistema y la reproducción del sentido común hegemónico se comprenderá mejor su especial interés y “virulencia” con los casos más sonados de corrupción.  

 

 

 

    Si se analizan con atención sus mensajes al respecto, nos percatamos del uso reiterado de conceptos con los que se  construyen auténticos estereotipos, que inducen a pensar que la corrupción es propia y natural en el ámbito de las instituciones públicas. Este es el núcleo fundamental de una matriz mediática en la que se excluye cualquier relación entre la corrupción y el sistema capitalista. O, lo que es igual, entre la empresa privada y la corrupción. Pareciera que en lo privado dicho fenómeno no existe.

 

 

 

    Este esquema se ha reproducido fielmente en el tratamiento “informativo” sobre la  presunta estafa al Banco Popular a manos de su homólogo español El Santander. En su mayoría, el foco de atención se ha centrado en las responsabilidades individuales detrás de la liquidación y la compra a 1€ del banco quebrado por parte de la entidad presidida por Ana Patricia Botín.

 

 

 

    Ni siquiera el  Diario 16, que ha contado con todas   las  fuentes documentales del caso, apunta alguna posibles causas que no sean individuales.

   

 

    “A medida que se va teniendo acceso a la documentación – escribe Esteban Cano en el citado diario- que demuestra todo lo que ocurrió en aquellos primeros seis días del mes de junio, las piezas van encajando y confirmando que la resolución del Banco Popular fue la gestación de una operación bien orquestada, dirigida y ejecutada por Emilio Saracho.

 

 

    Recordemos que el banquero Emilio Saracho llegó al Banco Popular después de dejar la vicepresidencia  del  JP Morgan y siendo considerado como “el español que más alto ha llegado en el universo de los grandes bancos de inversión norteamericanos". Sin embargo, no pudo, no supo o no quiso salvar al Popular.

 

 

    Lo cierto es que varias cuestiones llaman la atención desde el principio de su gestión.

 

 

 

    Varias fuentes coinciden en afirmar que sin una demostración  convincente que confirmara que el banco estaba quebrado Saracho pidió su disolución y la entidad fue liquidada como si realmente estuviera quebrada.

 

 

    Se asegura que la consultora privada Deloitte jugó sucio con una valoración que no correspondía con la realidad y que acabó provocando la valoración a 0”.

 

 

 

    No obstante, lo que -según Diario 16- parece confirmar la presunta estafa, es la cronología de las actuaciones de los implicados.

 

 

   “El día 1 de junio se redactó un contrato entre el Banco Popular y el Banco de España para la solicitud de una línea de liquidez de urgencia (ELA) de 2.000 millones de euro. Sin embargo, dicho contrato, a pesar de que fue redactado el día 1 de junio, la noche de la intervención no había sido firmado aún”.

 

 

    El diario confirma que  “el correo que envió el día 6 de junio a las 21.23 Miguel Escrig, director general financiero fichado por Emilio Saracho, dirigido al propio Saracho, a Joaquín Hervada, secretario del Consejo, a Iñaki Reyero, apoderado del Popular, y a tres abogados de Uría y Menéndez, el despacho de referencia del Banco de Santander, entre los que destaca nuevamente el socio Juan Miguel Goenechea”, así lo demuestran.

 

 

 

    De acuerdo con esta fuente, “es realmente alarmante conocer que un documento interno del Banco Popular en el que se solicitaba una línea de liquidez de urgencia, teniendo en cuenta las salidas de depósitos que ocurrieron el día 5 y 6 de junio, fuera transmitido con total impunidad a una empresa externa que, además, es el despacho de abogados de referencia del Santander”.

 

 

 

    “En este hecho – subraya Esteban Cano- se comprueba la conexión entre el equipo de Saracho y la entidad presidida por Ana Patricia Botín y la presunta connivencia en la operación. Además, el hecho de que Miguel Escrig envíe el documento sin firmar ni con los datos que solicita el Banco de España como garantías, es la demostración de que ese contrato no se firmó hasta ese mismo día 6 de junio”.

 

 

 

    Y concluye, “la cronología de los hechos, la documentación de la que disponemos y las consecuencias que tuvo la operación que finalizó con la intervención del Popular y la posterior compra por parte del Banco de Santander por un euro demuestran que en todo el proceso se cometió una «presunta» estafa en la que los actores de ésta quedan perfectamente reconocidos y los afectados fueron más de 305.000”.

 

 

    En el fondo, el análisis mediático se reduce al ámbito de las mitologías: la lucha ejemplar entre "el Bien de las leyes  y el Mal de la naturaleza humana”.

 

 

      Ni siquiera, tras reconocer que  la  clara responsabilidad de Emilio Saracho y su presunta culpabilidad va más allá del último presidente del Popular,  se hace mención a los vínculos entre la corrupción y el capitalismo.    Los medios no pueden concluir jamás –por razones obvias- que la corrupción es una de las bases sobre las que se sostiene este sistema, bajo el cual ni el banquero, ni el empresario pueden dejar de caer en conductas corruptas.

 

 

     No por casualidad,  la mayor fuente de beneficios durante la burbuja inmobiliaria provenía de la corrupción, sin la cual el "milagro económico español" no habría sido posible. 

 

 

 

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