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Martes, 23 de enero de 2018
A propósito de la ejecución extrajudicial de un adolescente

Brutalidad policial y políticas identitarias made in USA

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El pasado miércoles -escribe nuestra colaboradora Tita Barahona - en el pasillo de una sala del tribunal de menores de la ciudad de Columbus (Ohio, EEUU), el enjuiciado, Joseph Heynes, de 16 años, fue abatido de un disparo en el abdomen por uno de los policías presentes en la sala. El muchacho no portaba armas. Esto, que habría sido tratado como un suceso extraordinario, lamentable y condenable de haberse producido en otro país americano o europeo, en EEUU es rutina (...).

   Por TITA BARAHONA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

     El pasado miércoles 17 de enero, en el pasillo de una sala del tribunal de menores de la ciudad de Columbus (Ohio, EEUU), el enjuiciado, Joseph Heynes, de 16 años, fue abatido de un disparo en el abdomen por uno de los policías presentes en la sala. El muchacho no portaba armas. Esto, que habría sido tratado como un suceso extraordinario, lamentable y condenable de haberse producido en otro país americano o europeo, en EEUU es rutina. Ni siquiera la circunstancia de que la víctima sea una criatura y de que su muerte se haya producido en los juzgados despierta indignación. Joseph Heynes hace el número 55 de las 68 personas que han muerto a manos de la policía en lo que va de este recién estrenado año (el anterior se cerró con casi 1.000 víctimas, las no mortales son muchas más).

 

 

 

 

   Como es habitual, de lo que sucedió al joven Heynes hay dos versiones: la del departamento de policía, que es la que transmiten los grandes medios (ABC News, Fox News, CNN, The Washington Post, entre otros) y la de los testigos presenciales que, en este caso, son familiares de la víctima (su madre y abuela) y una abogada que pudo grabar la escena tras producirse el disparo. La nota de la policía sostiene que, cuando el juez ordenó salir al acusado y su familia, se armó una refriega con la familia durante la cual el joven tiró al suelo al policía y a este se le disparó el arma fatalmente.  La versión de la abuela es que el policía ordenó a la madre salir de la sala sin dejar que recogiera sus cosas, a lo que la madre protestó, el agente la empujó violentamente contra la pared y fue entonces cuando el joven gritó “deja a mi madre”, agarró al agente por el hombro, este se dio la vuelta, arrojó al chico al suelo y le disparó. Como en otras ocasiones, el agente en cuestión ha sido mandado a casa (suspendido de empleo pero no de sueldo), mientras se abre una investigación.

 

 

 

 

     Lo que sucederá a partir de ahora es totalmente previsible: el fiscal (prosecutor) decidirá que no hay  causa legal para procesar al policía por homicidio o asesinato, porque mató al muchacho en defensa propia. Y ahí quedará todo, exactamente donde quedan el 98 por ciento de las ejecuciones extrajudiciales que el Estado norteamericano permite a sus fuerzas policiales llevar a cabo a nivel cotidiano. Las víctimas son mayoritariamente varones, de todas las edades y todos los colores: en términos relativos, los nativo-americanos, afro-americanos y latinos son, por este orden, los colectivos más afectados; en términos absolutos son los blancos. Pero esta variedad tiene algo muy en común: es clase trabajadora pobre (mitad de la población en el país más rico, que no tiene para afrontar una emergencia de mil dólares). La misma que, si acusada de un delito, no tiene derecho a la asistencia letrada porque no puede pagarla, como tampoco las cuantiosas fianzas. La clase que ni siquiera tiene el derecho a un juicio, porque si previamente se declara culpable -aunque no lo sea-  (plead deal), ve sus previsibles duras condenas sensiblemente rebajadas y libre de pagar las costas de un juicio (chantaje judicial que permite enjaular a una enorme cantidad de pobres en las cárceles privatizadas de la mayor prisión del mundo). Aquí hay algo más que una cuestión racial: hay una cuestión de clase, una represión de clase ciega a colores, géneros y edades.

 

 

 

 

 

     Esta realidad palpable los grandes medios la ocultan sistemáticamente; pero también lo hacen los medios de comunicación calificados como progresistas y/o independientes, porque estos están más interesados en las “políticas de identidad”, dentro de las cuales la clase social no entra o, si lo hace, de soslayo. Resulta que el joven Joseph Heynes, problemático como tantos otros chicos de su edad, además de pertenecer a una familia de clase trabajadora, era blanquísimo y de melena rubia. Esta circunstancia no le ha hecho elegible para hacer titular en medios como Democracy Now, buque insignia de la progresía norteamericana, que directamente ha ignorado la noticia, aun cuando tiene una sección dedicada a la police brutality. Porque en esta sección sólo caben las víctimas que pertenecen a minorías raciales y colectivos LGTB. La muerte del joven Haynes no deriva ni del racismo (el policía que lo mató también es blanco), ni de la homofobia, ni del sexismo; por tanto, no interesa.

 

 

 

 

 

    Otro chico de 16 años, Kalief Browder, en 2010 fue acusado falsamente de robar una mochila. Pagó muy caro no querer aceptar el trato de declararse culpable, prefiriendo ir a juicio. Le mandaron a la prisión de adultos de Rikers Island, notoria por las torturas que se infligen a los presos. Lo pusieron en incomunicación durante dos años. Recibió palizas de los guardianes y los mismos presos. Pasó tres años en este infierno por una mochila. En 2013 un juez archivó el caso, el joven fue liberado, sometido a tratamiento psiquiátrico, y se suicidó a los 22 años. La madre falleció de pena poco después. El caso de Kalief hizo titulares en Democracy Now y tuvo un amplio seguimiento, merecido sin duda. Él era pobre, como Joseph Heynes, pero era un muchacho afro-americano del Bronx: esa era la diferencia, la identidad que había que resaltar por encima de cualquier otra.

 

 

 

 

 

    No se puede negar que EEUU es un país racista, y con unos elevados índices de violencia contra las mujeres que superan a los de la brutalidad policial. Pero si la mujer negra o latina es una laboring poor, tiene casi todas las papeletas para ser humillada por cualquier representante del Estado, explotada hasta la extenuación, golpeada por la policía incluso si está embarazada (recientemente una mujer ha abortado en una comisaria tras ser paralizada con un taser), abusada sexualmente, encarcelada o despojada de la tutela de sus hijos. Lo hemos dicho otras veces: la raza, el sexo, la clase forman en los EEUU un coctel explosivo de amplia honda que irradia a todo el mundo capitalista. Este es el modelo de ataque de clase que últimamente estamos viendo recrudecerse en nuestras latitudes también, con las llamadas leyes mordazas, con el ataque al derecho de huelga y otros ganados con nuestra lucha.

 

 

 

 

 

    Sin embargo, el periodismo progre se aferra a las políticas de identidad para ocultar esta realidad, exactamente igual que lo hace la clase capitalista. Está más ocupado en denunciar las maldades de Trump, el acoso sexual de las estrellas de Hollywood y el cambio climático (sin negar la importancia que tienen estos temas). Están más interesados, en definitiva, en instrumentalizar los movimientos anti-racistas, feministas y ecologistas -o, perdón, ambientalistas-, que en desvelar el carácter de clase que tienen todas las violencias que confrontan dichos movimientos. Los medios progres no dan mucha publicidad, si alguna, a la brutalidad policial si la víctima -hombre o mujer- es blanca. De esta forma, se da la impresión de que esta violencia sólo se ejerce sobre las racial minorities. Y los trabajadores y trabajadoras pobres de raza blanca ¿Cómo se sentirán al verse ignorados en favor de los y las diferentes? ¿No estaremos, de algún modo, favoreciendo lo que supuestamente pretendemos combatir?

 

 

 

 

    Como otros, el movimiento feminista debe tener cuidado en no caer en la trampa de las políticas liberales de la identidad, que, en definitiva, funcionan para perpetuar el sistema capitalista lavándole la cara, el sistema que se reproduce también con nuestra opresión como mujeres. El mejor medio para sortear este peligro es tener presente que vivimos en una sociedad de clases, que la lucha de clases existe y se ha recrudecido, que las trabajadoras, mayoría de las mujeres del mundo, somos también objetivo de este ataque; que nuestra lucha de liberación es internacionalista (sin fronteras de nación, cultura, raza, sexo o edad) y estamos contra toda forma de explotación y opresión sea sobre mujeres, hombres, niños, adultos, blancos o negros.

 

 

 

 

Referencias:
 

- El número de muertes por brutalidad policial, en http://killedbypolice.net/
 

- La declaración de la abuela de Heynes, en https://www.youtube.com/watch?v=QSRMiMKylW4
 

- La noticia sobre Kalief Browder en Democracy Now: https://www.youtube.com/watch?v=Zd6hCmgmj44
 

- El caso de la mujer que abortó tras ser atacada con un taser, en https://www.mirror.co.uk/news/world-news/woman-20-suffered-miscarriage-jail-11650121

 

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1 Comentario
Fecha: Martes, 23 de enero de 2018 a las 09:07
AMEAUXET
UNA REALIDAD, UNA LECCIÓN Y EL MOMENTO JUSTO PARA EMPEZAR A DESCUBRIR Y A COMBATIR ESTA DICTADURA GENOCIDA CAPITALISTA

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