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Por Francisco Javier González
Lunes, 30 de abril de 2012
"Arturo ha sido un luchador incansable por la cultura de esta insulana patria"

ARTURO MACCANTI: LA AMARGURA DEL CREADOR EN UNA COLONIA

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  No he hablado mucho con Arturo Maccanti. Si mal no recuerdo las últimas veces fueron en alguna de tantas ilustradas esquinas laguneras, una en compañía de Alberto Pizarro y, la última, con Fidel Campos antes de que pasara a habitar en la memoria de los amigos. No sería, por lo mismo, nada más que un simple conocido de nuestra Guerea a quien saludas al entrar o salir del Ateneo y vas a oírle algún recital poético en la sala San Borondón, por lo que puede entenderse que lo que diga sobre él nada tiene que ver con la amistad sino con la dignidad. Arturo es para mi generación –que sucede a la suya– un paradigma de muchas cosas. Luchador incansable por la cultura de esta insulana patria, desde editoriales como el Taller de Ediciones JB que tanto hizo por el resurgir poético de esta tierra tras la larga noche fascista o la editorial “La fuente que mana y corre” con García Ysábal y González Sosa; como traductor de la moderna literatura italiana; como organizador de aquella magna concentración poética que fue “La Laguna, Ciudad de Poesía” que congrego a más de un centenar de poetas en nuestra Guerea; como mantenedor poético en innúmeras fiestas; colaborador activo en aquellos dos inolvidables “Congresos de Poesía Canaria” en el Ateneo lagunero –lo recuerdo recitando en el Primero el mismo día de 1976 que lo hacía Pedro García Cabrera– y, sobre todo, como POETA, con mayúsculas, actividad intelectual que le valió el Premio Canarias y su nombramiento como miembro de la Academia Canarias de las Letras.



      Pudo haber nacido a la sombra del Bosque de Varrámista pero fue la del Nublo sobre Inagua quien lo arrulló. Pudo corretear de niño cerca de una playa del Alentejo luso, pero fue la dorada arena de Las Canteras, la Barra y la Peña de la Vieja los escenarios de sus juegos infantiles junto a los Padorno, Millares, Monzones y Gallardos, atemorizados por los lejanos ecos de la Guerra de España y los cercanos de los campos de prisión de la Isleta y los lamentos desde los Pozos de Arucas. Desde luego que la elección de Gran Canaria para nacer correspondió a sus padres, pero la de ligar en su corazón a Las Palmas con Aguere fue suya personal. Tan de Aguere que una vez, comentando hace años en Tamarán con Antonio García Ysábal –habitante ya también de memorias y estrellas– sobre poesía isleña y africana, me dijo de Maccanti “ese es más lagunero que tú”. Realmente fue ese, de Maccanti con Guerea, un amor correspondido pues La Laguna lo hizo su hijo adoptivo.

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1 Comentario
Fecha: Lunes, 30 de abril de 2012 a las 00:32
Sebastián
Mi solidaridad, afecto y cariño para Arturo ¡VIVIREMOS y VENCEREMOS!

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