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Lunes, 9 de octubre de 2017
2159 suicidios por razones laborales

LA LÓGICA DIABÓLICA DEL CAPITALISMO: TRABAJAR HASTA MORIR, MORIR SIN TRABAJO

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La muerte en 2013 de la periodista Miwa Sado, por exceso de trabajo en Japón, nos recuerda la terrible paradoja que se da en sociedad capitalista: mientras unos pueden morir por exceso de trabajo, otros muchos no encuentran quien page por su fuerza de trabajo porque no se les puede emplear de manera rentable.

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 La madre de la periodista japonesa Miwa Sado, fallecida por un exceso de trabajo

 

 

Por JULIO ANDRÉS CAPEY/CANARIAS SEMANAL.ORG.-

 

 

    La muerte en 2013 de la periodista japonesa Miwa Sado, por exceso de trabajo, nos recuerda la terrible paradoja que se produce en la sociedad capitalista: mientras unos pueden morir por exceso de trabajo, otros muchos no encuentran quien page por su fuerza de trabajo, porque no se les  puede emplear de manera "rentable".

 

 

    Según los resultados de la autopsia realizada a la periodista nipona, publicados la pasada semana, Sado, que en el  momento del deceso tenía  31 años de edad, falleció por un exceso de trabajo que le provocó una “insuficiencia cardíaca congestiva” que acabó con su vida.

 

 

    De acuerdo con los testimonios de la familia, la joven sólo libró dos días en el mes previo a su muerte, período en el cual laboró 159 horas extras. Un dato que también confirmó  la autoridad laboral de Tokio.


 

 

    Sado, quien se desempeñaba como responsable de la información local para la cadena NHK, se vio obligada a cubrir las elecciones al Gobierno de Tokio y las de la Cámara Alta del Parlamento japones a tan solo  tres días de su fallecimiento.

 

 

    Este nuevo caso de muerte por exceso de trabajo vuelve a poner sobre el tapete la letal realidad laboral que se vive en el país asiático. De acuerdo con un informe oficial hecho público en 2016, casi una cuarta parte de los empleados en Japón superan con creces el tope de 80 horas extras al mes que marca la ley en aquel país.

 

 

    En este sentido, otro informe del Ministerio de Trabajo de 2015 reveló que al menos 2.159 personas se suicidaron en Japón por causas relacionadas con el trabajo -675 de ellas por cansancio-.

 

 

    Cuando se reflexiona acerca de un caso como este se hace evidente que el trabajo como un fin absoluto es irracional.

 

 

    Sin embargo, en la conciencia pública se acepta como “mal menor” que “cualquier trabajo y condición es mejor que ninguno”.

 

 

    Parecería lógico pensar que en Japón, con un desarrollo tecnológico extraordinario y 3 % de desempleo, no tuviera sentido tener que trabajar hasta morir. No obstante,  la presión que se impone  a quienes deben “ganarse el pan con el sudor de su frente” se hace cada vez más insoportable.

 

 

    La racionalidad “científica” en el mundo laboral, iniciada en la industria automotriz –concretamente en las fábricas de Henry Ford- ha hecho que el trabajo, en lugar de aliviarse, se haga más explotado de lo que lo ha sido nunca. De manera que el número cada vez más reducido de los se mantienen “contratados” se ven sometidos a unas exigencias de rendimiento irresistibles.

 

 

     En cualquier caso, lo increible dentro de esta pretendida “normalidad” de la llamada  “sociedad del trabajo”, donde el tiempo es dinero- es que este marco marco ideológico no es admitido solamente  por ampliar capas de la población, sino también por   ciertos sectores de la izquierda.

 

 

    Karl Marx, en su trabajo sobre el libro del economista alemán Friedrich List “El sistema nacional de economía política” de 1845, escribió.

 

 

    “El “trabajo” es, por su esencia, una actividad no libre, inhumana e insocial, condicionada por la propiedad privada y creadora de propiedad privada. La abolición de la propiedad privada no se hará realidad hasta que no sea concebida como abolición del “trabajo“.

 

 

    Resulta obvio recordar que siempre habrá que criar hijos, cultivar alimentos y construir casas, para reproducir la vida, pero con una gran diferencia: estas actividades humanas, se realizarían en una sociedad socialista atendiendo siempre a las necesidades y a la voluntad de los implicados y respetando los principios abstractos que dominan las relaciones sociales del “trabajo” y no como una actividad general, “sin relación con nada, robotizada, ajena al contexto social restante y obediente a una racionalidad final ‘empresarial’ ajena a las necesidades humanas”.

 

 

VÍDEO:

 

 

 

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