Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Por Ángel Cuenca Sanabria
Domingo, 10 de septiembre de 2017

Nueva oportunidad histórica para Canarias

Guardar en Mis Noticias.

La posibilidad de una solución federal asimétrica para el encaje en el Estado español de los diferentes pueblos y naciones que lo integran se va imponiendo -escribe ÁNGEL CUENCA - a medida que se suceden las decisiones del Parlament y la Generalitat (...).

  La posibilidad de una solución federal asimétrica para el encaje en el Estado [Img #50704]español de los diferentes pueblos y naciones que lo integran, respetando sus distintas singularidades, se va imponiendo a medida que se suceden las decisiones del Parlament y la Generalitat, encaminadas a la creación de una República catalana.

 

   La nueva ejecutiva del PSOE ha pisado el acelerador en tal dirección federalista, decantando con ello una clara mayoría parlamentaria, de facto, favorable a dicha salida, para intentar resolver el problema catalán, junto al resto de tensiones territoriales  existentes en el Estado.

 

   Otra cosa es que el  imparable proceso hacia el Estado federal se pretenda iniciar, para intentar ganar tiempo, con comisiones parlamentarias de estudio y subcomisiones de reforma constitucional, adobadas con todo el buen rollito inicial que se quiera. Pero el desbordamiento catalanista ya no es posible frenarlo con los saquitos de arena de las comisiones y subcomisiones dilatorias. Es necesario el  dique de contención del Estado federal asimétrico.

 

  Aclarando, además, que la única vía federal posible implicaría abrir un nuevo proceso constituyente originario, para el que sí existiría mayoría suficiente, al ser inviable una reforma  constitucional, como sabe bien el PSOE aunque la proponga, ante la antidemocrática minoría de bloqueo que permite la actual legislación,  117 diputados, que el PP no va a desaprovechar.

 

   La historia se repite poco más de un siglo después, con similar guión, catalanismo versus centralismo y los consiguientes efectos colaterales sobre los demás territorios, al plantearse a principios del Siglo XX, tras la pérdida de las penúltimas colonias de ultramar, una nueva organización administrativa del Reino.

 

    El Gobierno conservador de Maura la había puesto en marcha en 1907, influenciado sin duda por la espectacular irrupción, un año antes, del movimiento federalista y republicano Solidaridad Catalana, que ganara 40 de los 44 escaños en disputa en las Elecciones Generales. El éxito de sus planteamientos generó simpatías en todo el país, aconteciendo en agosto de 1909 la denominada Semana Trágica catalana, que ojalá no se convierta en precedente de hechos similares, viéndose forzado Alfonso XIII  a entregar el Gobierno a los liberales de Moret.

 

 

   Canarias no estuvo ausente  en aquel proceso, produciéndose destacados movimientos por la autonomía regional y la restauración de los cabildos. Finalmente, la nueva organización administrativa estatal aprobada por Canalejas, restauraba los cabildos en 1912, como logro de las luchas anti centralistas canarias, un siglo después de ser eliminados por ‘La Pepa’. Instituciones exclusivas de los territorios de ultramar y primer reconocimiento post constitucional de un régimen administrativo especial canario con tres niveles: municipal, insular y regional, éste supeditado a la mancomunidad de los siete cabildos prevista por la Ley.

 

 

   Hubo otros intentos de implantar el Estado federal, durante la I y II República, frustrados por los golpes de estado militares. Concretamente para Canarias cabe destacar el Compromiso Estévanez (1873) o los proyectos de Estatutos de Gil Roldán (1932) y Junco Toral (1933).

 

 

    Ya en la génesis del actual Estado de las autonomías, gestionada por el tardo franquismo, Canarias fue una convidada de piedra  representada  por una élite  política  entreguista y servil, pendiente sólo del reparto de la pedrea de cargos y prebendas del nuevo aparato del Estado.  

 

 

   Las consideradas comunidades históricas accedían al máximo nivel de autogobierno mediante referéndum, según el artículo 151 de la nueva Constitución, pero a Canarias se le otorga una autonomía descafeinada, por el 143,  incluida en el pelotón de regiones del régimen común.

 

 

   Mientras la D. A. Primera establece con rotundidad que “La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales”, la Tercera estipula que “La modificación del régimen económico y fiscal de Canarias requerirá Informe Previo del Parlamento de Canarias”, Informe evidenciado como una simple consulta de cortesía o brindis al Sol, para nada vinculante y sin carácter de salvaguarda alguno. Baste con recordar el inútil rechazo del Parlamento de Canarias, en junio de 1985, de las condiciones de adhesión a la CEE.

 

 

   Es decir, para otros plata de ley, para Canarias espejitos y bisutería. Todo ello pese a ser la comunidad más singular del Estado, no sólo por razones históricas. Y es que si la RAE define como Fueros “Cada uno de los privilegios y exenciones que se conceden a una provincia, a una ciudad ó a una persona”, es claro que, desde el Fuero de Gran Canaria, antes de finalizar la Conquista de las Islas, en el Siglo XV, hasta nuestros días, se han venido acumulando en Canarias numeroso e importantes fueros y exenciones  del régimen general estatal.

 

 

    Una foralidad específica, diferenciada de los regímenes forales reconocidos en el Estado español, que nunca podría basarse en derechos pre existentes, como los incorporados por los antiguos reinos o feudos peninsulares a sus pactos con la Corona, ya que Canarias fue anexionada mediante una guerra de conquista, que destruyó el régimen pre colonial anterior.

 

 

    La nuestra es una foralidad propia de los territorios de ultramar, basada en una sucesión de normas excepcionales, fueros y derechos que adquieren carácter de Derecho consuetudinario, por su persistencia a través de los siglos. Aunque se hayan vulnerado sistemáticamente, como la aún vigente Ley Especial de Puertos Francos de 1900, mucho más que simples exenciones aduaneras y fiscales, por originar un conjunto de decretos, reales órdenes y leyes, que conforman todo un modelo de derecho administrativo especial y de desarrollo económico.

 

 

     Una foralidad  que se resume en haber tenido históricamente unos instrumentos económicos, fiscales y administrativos exclusivos, asimétricos respecto al resto del Estado, que nos permitían implementar un modelo económico diferenciado e internacionalizado, para compensar nuestras desventajas y debilidades estructurales. Asimetría primordial ésta a reivindicar como cimiento fundamental de la Constitución del futuro Estado federado canario.

 

 

   Somos la comunidad más singular, también, por nuestra geoestratégica y exclusiva territorialidad extra europea, renta de situación que nos proporciona un plus excepcional, no para desperdiciarlo en victimismos apelantes a la lejanía, sino  para situarnos por encima de cualquier comunidad, por sus potencialidades de profundización en nuestro autogobierno real.

 

 

    Valgan varios ejemplos. Canarias es el único territorio que puede acogerse a un régimen de asociación a la Unión Europea, a través de la IV Parte del Tratado de Funcionamiento,  para diseñar su propio modelo de desarrollo auto centrado, fuera del mercado interior pero dentro de la UE, como de hecho estuvimos hasta que nos estafaran con la plena integración.

 

 

   Pero también es el único que, como parte del Estado, puede llegar a ser sujeto de Derecho internacional, mediante una Plena Autonomía Interna para, entre otras ventajas, gozar de un estatuto de neutralización militar o delimitar nuestros espacios marítimos archipelágicos, como prevé la Convención sobre el Derecho del Mar.

 

 

  No es casual que el paupérrimo tratamiento constitucional de la singularidad canaria  se justificara entonces, sotto voce, por cualificados portavoces del centralismo en las Islas, aduciendo la inconveniencia de celebrar un referéndum, por la vía del 151, mientras el MPAIAC desplegaba su actividad internacional por la independencia de Canarias.

 

 

   En tal contexto, en abril de 1978, nueve meses antes de la aprobación de la Constitución, un comando terrorista organizado desde el Ministerio del Interior atentaba en Argel contra la vida de su Secretario General, Antonio Cubillo, que tuvo que ser indemnizado como víctima de terrorismo de Estado, mediante sentencia judicial que condenaba al Gobierno español.

 

 

   El objetivo de tan injustificable acto era vital para el Estado,  impedir que Cubillo viajara a Nueva York, junto al Secretario General de la OUA, para defender ante la ONU la declaración de Canarias como Territorio No Autónomo (TNA), con bastantes posibilidades de aprobarse según la correlación de fuerzas existente en aquellos momentos en la Asamblea General.

 

 

    Pero que nadie se engañe, llegar a ser  TNA es una posibilidad siempre abierta para Canarias, que ninguna otra comunidad del Estado tiene. Bastaría, aunque hoy no se vislumbre tal hipótesis, con una mayoría independentista en el Parlamento de Canarias para que el Comité de Descolonización de la ONU tomara cartas en el asunto. Por contra, ya  estamos viendo la nula cobertura internacional que suscita el llamado proces catalá.

 

 

   No es inconveniente que se tenga presente que Canarias posee tan poderoso colmillo, afilado por el Derecho internacional,  sin que haya necesidad de levantar el labio para enseñarlo. Pero, eso sí, que nadie pretenda dejarnos atrás en lo que a asimetrías se refiere.

 

 

   Afortunadamente, esta vez, a diferencia del régimen autonómico del 78, el nuevo proceso constituyente federal se plantea desde posiciones progresistas y de izquierdas, que priorizarán  la protección de los derechos sociales de la ciudadanía;  con el apoyo de fuerzas nacionalistas que coadyuvan  también a la profundización en el  autogobierno.

 

 

    Pero para aprovechar esta coyuntura, desde las islas debemos hacernos valer con firmeza, rentabilizando nuestras cartas -destapadas o no-, con astucia y sabiduría. Y con la ventaja de que sólo con  el 10% del ruido que otros hacen, podemos obtener un 90% más de resultados. Sólo tenemos que creérnoslo.

 

 

  Sin recurrir ahora a una desiderata de exigencias, sí creemos que deben plantearse desde una transversalidad canarista, inclusiva e integradora, superadora de la vieja  práctica gangochera y pseudo nacionalista. Si la canariedad es el conjunto de valores que nos identifican, el canarismo –sin más adjetivos- define una actitud decidida en defensa de los mismos. En ese terrero podemos coincidir todas y todos.

 

 

   Se abre pues otra apasionante etapa de nuestra Historia. Aceptemos el envite para lograr un Estado canario federado, con suficiente autogobierno para garantizarnos  un digno  desarrollo económico,  social y humano, base imprescindible para  aspirar a más ambiciosos objetivos.

 

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
2 Comentarios
Fecha: Miércoles, 27 de septiembre de 2017 a las 23:24
Juan Rodríguez
¡Qué desilución! ¡Qué pena! ¡Qué pérdida de tiempo el invertido en este escrito! Tanto la plena autonomía interna como el Estado libre asociado no son mas que subterfugios de los países colonialistas para obviar el proceso de descolonización e independencia que implica indemnización a los países sometidos por el colonialismo por los daños humanos y materiales causados por la opresión.
Además, contra el dislate de un Estado Canario federado a la España monárquica y colonial declaremos la República Democrática Federal Canaria.
Fecha: Lunes, 11 de septiembre de 2017 a las 19:40
maria
Quien vera a esas burguesías burocráticas( oligarquías dependientes rastreras esbirros que no rompen con el centralismo ni aunque les ilumine dios), pactarían y firmarían lo que les pongan delante el estado colonial fascista, en caso de emergencia.
no estamos hablando de los catalanes, esto es otra cosa.

Canarias-semanal.org • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress