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Lunes, 28 de agosto de 2017
"La mayoría de los bebés eran robados a las madres de extracción obrera que daban a luz"

EL "SANTÍSIMO" ROBO DE BEBÉS Y LA MUERTE DE ROSA

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El viejo torno de madera para dejar bebés del hospital San Martín consistía en una especie de rueda -escribe Frnacisco González Tejera - donde cualquier persona podía dejar a su criatura sin que los de dentro vieran su identidad (...).

 

  Por FRANCISCO GONZÁLEZ TEJERA / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

  El viejo torno de madera para dejar bebés del Hospital San Martín consistía en una especie de rueda donde cualquier persona podía dejar a su criatura sin que los de dentro vieran su identidad.

 

 

 

     Luego se iniciaba el protocolo, avisaban al ginecólogo y falangista de apellido Alonso que lo revisaba, dando instrucciones a las monjas que iban anotando en una libreta el peso, color del pelo o de los ojos, que si eran claros tenían muchas posibilidades de ser vendidos a clientes de Alemania, el resto serían comprados por familias pudientes de Gran Canaria, Tenerife o de cualquier otro punto de las islas o la península ibérica.

 

 

 

   La mayoría de los bebés eran robados a las madres de extracción obrera que daban a luz. Les quitaban l niño en el momento de nacer, alegando que tenía cualquier dificultad o deficiencia, para más tarde comunicarle a los padres que había muerto y que se lo habían llevado en una cajita para enterrarlo en suelo sagrado, que era mejor que no lo vieran por sus deformidades horribles.

 

 

 

   La trama comenzó a partir del golpe de estado del 36, durante el brutal genocidio de los miles de canarios asesinados por el fascismo, donde Eufemiano Fuentes, Jefe Provincial de Falange organizó toda la trama para quitarle los hijos a los rojos asesinados, que eran ingresados en las Casas del Niño o Casas Cuna para adoctrinarlos en la ideología nacional-católica, mientras iban vendiendo a los que consideraban más agraciados o tenían el pelo rubio.

 

 

 

    Familias de la oligarquía isleña como, entre otras, Los Ríos y un tal Rubio, jefe de Acción Social de Falange, se sumaron enseguida a la iniciativa del empresario tabaquero, criminal y violador en serie de Santa Brigida, junto a los Rosales y un jefe falangista apellidado Quevedo, que fueron construyendo un emporio que derivó en un negocio muy lucrativo con más de 30.000 niñas y niños vendidos a precios millonarios entre los años 40-50.

 

 

 

   El chalé de Casablanca era uno de los centros de operaciones por donde pasaban cada día cientos de bebés que eran clasificados y vendidos, aquel siniestro lugar muy cerca de Firgas, donde se acercaban las familias compradoras dinero en mano, flejes de billetes en efectivo que les permitían salir con los bebés en brazo directos hacia sus hogares.

 

 

 

 

  Rosa Martel llegó de Telde con graves problemas en el parto, enseguida las monjas la llevaron al paritorio, a su madre Teresa Rodríguez la dejaron fuera y entró el doctor Alonso para observarla, “ya está rompiendo aguas” dijo y salió con una mirada de odio que dejó helada a la humilde mujer.

 

 

 

 

   En unas horas se oyeron llantos dentro de la lúgubre habitación entre los gritos de Rosa, al momento se abrió la puerta y salieron dos monjas con una personita envuelta en una manta que daba alaridos, la madre se levantó, “¿Todo bien, todo bien?” y una de las monjas gritó, “tiene problemas, siéntese y cállese señora”.

 

 

 

 

   Dentro se escuchaban los llantos de Rosita, implorando que le devolvieran a su niña, que por favor no se la robaran, en menos de una hora regresaron las monjas y le comentaron a su madre “que había nacido casi muerta”, “que tenía dos bocas y cuatro piernas”, “que era mejor que no la viera”, “que ya la madre superiora había encargado que la llevarán al cementerio de Vegueta por obra y gracia del Espíritu Santo y la santísima Virgen del Pino”.

 

 

 

 

   Teresa entró en la habitación y su hija estaba desvanecida, parecía no respirar, le habían pinchado con una jeringuilla muy grande que estaba rota en el suelo, “¿Qué te han hecho mi niña”, qué te han hecho estas salvajes?”- dijo mientras se arrodillaba junto a la cama llena de sangre y vómitos.

 

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